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miércoles, 19 de noviembre de 2025

El antisemitismo durará tanto como el tiempo mismo


¿Cómo es posible que el destino de un país más pequeño que una región italiana o que dos departamentos franceses pueda tener tanta repercusión en el futuro del mundo? ¿Por qué 9 millones de judíos que reclaman una tierra tan diminuta son un escándalo para 2.000 millones de musulmanes, que poseen 57 países y afirman la unidad de la Ummah? También podríamos preguntar directamente: ¿por qué el Verbo se hizo judío?
No podemos dejar de verlo, aunque hay que creerlo. Este pueblo está marcado por una elección que es el primero en no comprender. El judío puede no tener fe en Dios, pero Dios sigue teniendo fe en él, apartándolo de las naciones, casándose con él para bien o para mal, y encargándole finalmente la misión de aguafiestas y revelador... Tan pronto como el orden mundial quiere cerrarse sobre sí mismo, ahí está él, desconcertante e inquietante, irrupción de la trascendencia a pesar suyo. En la era de los nacionalismos se le critica por ser demasiado cosmopolita; en la era de la globalización, por ser demasiado nacionalista. ¿Se le retrata como un Rothschild? Aquí está Einstein. Aquí está Marx (Karl o Groucho). Incluso sus esfuerzos por asimilarse completamente acaban discriminándole. Se convierte en el más austriaco de los escritores austriacos, como Stefan Zweig, algo que el Hitler austriaco no podía soportar. Incluso Super-Man es una invención de Siegel y Shuster, descendientes de inmigrantes judíos de Ucrania y Lituania; y Astérix el Galo, de Goscinny, nieto de un rabino polaco...
Con semejante escándalo, podemos predecir que el antisemitismo durará tanto como el tiempo mismo. Al igualitarista no le gusta el judío porque es recalcitrante a su máquina niveladora; el antisemita es superior a él porque tiene el instinto de lo sobrenatural. Presiente que algo extraño sucede con el judío, algo más extraño que lo que sucede con el simple extranjero.Esta elección no es precisamente ningún enchufe, al contrario, es la exigencia de una rectitud a prueba de todo, a no sucumbir a la tentación del orgullo y del desprecio, a mantener, una vez más, el honor en medio del horror.
Al hacer esta constatación, no estoy ofreciendo una solución (¡gracias a Dios! una solución sólo serviría para separar el trigo de la paja). En realidad redoblo el problema. No se puede ser pacifista, hay que responder a la agresión; no se puede ser belicista, no basta con reaccionar. Necesitamos un jefe de guerra llevado en las alas de la Paloma, que sólo desenvaine la espada para plantar el olivo.Este doble problema era ya el de Juana de Arco. 

sábado, 15 de noviembre de 2025

Nada en el mundo está destinado a perdurar


Escribe el filósofo Zygmunt Bauman en Vidas desperdiciadas que “nada en el mundo está destinado a perdurar, y menos aún a durar para siempre. Con escasas excepciones, los objetos útiles e indispensables de hoy en día son los residuos del mañana. Nada es realmente necesario, nada es irreemplazable. Todo nace con el sello de la muerte inminente; todo sale de la cadena de montaje con una etiqueta pegada de fecha de caducidad; las construcciones no comienzan a menos que se hayan concedido los permisos para la demolición (si fuese necesaria), y los contratos no se firman a no ser que se establezca su duración o se permita su terminación en función de los riesgos del futuro. No hay pasos ni elecciones definitivos ni irrevocables. Ningún compromiso dura lo suficiente como para alcanzar un punto sin retorno. Todas las cosas, nacidas o fabricadas, humanas o no, son hasta nuevo aviso y prescindibles. Un espectro se cierne sobre los moradores del líquido mundo moderno y sobre todas sus labores y creaciones, el espectro de la superfluidad. La modernidad líquida es una civilización del exceso, la superfluidad, el residuo y la destrucción de residuos.”
“Nosotros, los seres humanos, sabemos que somos mortales, que estamos destinados a morir. Resulta difícil convivir con este conocimiento. Vivir con semejante conocimiento sería completamente imposible de no ser por la cultura. La cultura hace más que eso, consigue redefinir de algún modo el horror ante la muerte como una fuerza motriz de la vida. Moldea la significatividad de la vida sobre la base de la absurdidad de la muerte. Tal como señala Ernest Becker, “la sociedad es un mito viviente del significado de la vida humana, una creación desafiante”.”

viernes, 1 de agosto de 2025

La condición humana siente horror a todo lo impuesto

Una peculiaridad de la condición humana, que siente horror a todo lo que le es impuesto. Por ello “así como hay personas que, por agradable que sea un medicamento, lo toman de mala gana, solo porque es medicamento, así hay almas que tienen horror a lo que se les manda por el hecho mismo de ser mandado”, escribe Francisco de Sales. “En este sentido, continúa, se cuenta que un hombre había vivido a gusto en la gran ciudad de París sin salir de ella durante ochenta años y en cuanto el rey le ordenó permanecer allí para siempre, salía a diario a disfrutar del campo, cosa que antes nunca había echado de menos”. Es cierto que este humor caprichoso se remonta a los comienzos de la humanidad. “Eva, de cien mil frutos deliciosos, escogió el que se le había prohibido, y seguro que, si se le hubiera permitido probarlo, no se lo habría comido”. Gusto por la independencia, ciertamente, pero también debilidad de nuestra naturaleza, que se asusta a veces de las exigencias de los mandamientos, dice el obispo de Ginebra. 

miércoles, 11 de junio de 2025

Donde se queman libros, al final también se quema a gente

El 10 de mayo de 1933 los universitarios alemanes organizaron procesiones de antorchas por todo el país y quemaron veinticinco mil libros considerados antigermánicos, entre ellos los del poeta Heinrich Heine, un judío convertido al cristianismo. En su obra de teatro Almansor de 1821, Heine escribió: «Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen», donde se queman libros, al final también se quema a gente.
No es posible representar campos de exterminación. Las películas y las fotografías existen como registros documentales del horror, pero no pueden ser arte. Es interesante señalar que en el Atlas de Gerhard Richter, entre los cientos de fotografías que recopila durante años hay tomas de los campos de exterminación, de lo que describió como “imposible de pintar”. Richter, que es trece años mayor que Kiefer, tiene recuerdos específicos de la guerra. Kiefer no tiene ninguno. No fue participante sino heredero de los crímenes de los progenitores, especialmente de los padres; tanto él como su generación fueron producto de las secuelas de Alemania, un país que los bombardeos habían reducido a escombros y que estaba habitado por ciudadanos que eran incapaces de hablar de su pasado nazi, escribe Siri Hustvedt.

lunes, 10 de marzo de 2025

Es en Israel donde Europa será derrotada o conservará el derecho a perdurar

El horror nos deja estupefactos, aturdidos, y tiende a hacernos perder toda otra consideración. Ése es el objetivo del terrorismo, no sólo matar, sino matar de tal manera que los vivos vean afectada su capacidad de juicio, de modo que ya no puedan responder, sino sólo reaccionar, de manera pulsional, para dar la vuelta a la tortilla. Los familiares de las víctimas, las mismas víctimas, entran en una furia ciega, sobre reaccionando con una violencia que permite a la violencia anterior reclamar una justificación a posteriori. Ya se ha dicho que, para llevar a cabo tales atrocidades (el secuestro de niños, el atentado suicida, por ejemplo), el terrorista tiene que verse acorralado por poderes imperialistas que no le dejan otra opción que la resolución de la desesperación. Se convierte en el pequeño David filisteo que se enfrenta al gigante Goliat judío. Vamos a tener que excusarle y acusarnos a nosotros mismos, una pendiente tanto más fácil porque tenemos la sensibilidad judeocristiana. Pero al excusar así su inhumanidad, les deshumanizamos, no les reconocemos ninguna libertad para hacer el bien, ningún sentido del honor, ninguna capacidad para ir más allá de la mecánica de la venganza. Por el contrario, castigarles como conviene significa reconocerles su responsabilidad de hombres.
El diluvio está ahí, ahogando nuestra razón. En esas imágenes de horror que llueven a raudales y que los propios terroristas difunden para llegar a nuestros jóvenes. El coronel Weissberg, rabino jefe del Ejército israelí dice: “¿Qué se puede decir cuando se descubre el cadáver de una mujer embarazada asesinada por un terrorista a quien le abrieron el vientre y luego le extrajeron el feto antes de cortarles la cabeza a ambos? ¿Y qué decir cuando ves los cuerpos de madres o abuelas que han sido violadas tan violentamente que les han roto los huesos del pubis?”
El filósofo israelí Michaël Bar Zvi escribió en 2009: “Cuando escuché las vociferaciones de la calle parisina contra Israel, me acordé de la frase de Erasmo: Ah, ¿para quién escribir, si entre los aullidos y los gritos de la política los oídos se han vuelto sordos a las sutilezas de los semitonos? No es el odio lo que me molesta, es prehistórico, ni es la violencia lo que me asusta, es visceral, y menos aún la mentira, es inherente a la causa. No, lo que más me perturba es la pesadez, el peso, la opacidad de la nube, o quizá deberíamos decir la niebla, bajo la que estamos sepultados. La finura de los semitonos ya no se adapta al discurso de la calle, de las pantallas, de los escenarios”. Para quienes conocen algo del espíritu del Talmud, esta finura parece profundamente judía. Pero también es el alma del continente europeo, y es esta alma la que el fundamentalismo, ya sea tecnológico o religioso, se esfuerza por erradicar. Pierre Boutang osó escribir en La Nation française el 1 de junio de 1967, poco antes de la Guerra de los Seis Días: “El hombre europeo ya no está eminentemente en Europa, o no está despierto allí. Está, paradójica y escandalosamente, en Israel; es en Israel donde la Europa profunda será derrotada o conservará, con su honor, el derecho a perdurar”. Michaël Bar Zvi, representante del Keren Kayemet LeIsrael (Fondo Nacional Judío), se sabía de memoria aquellas palabras de Erasmo: ¿qué miembro de los Hermanos Musulmanes podría citar a Erasmo con admiración? Si Israel cae, Europa no podrá otra cosa que caer también.
Referencia: Fabrice Hadjadj en Le Figaro 

miércoles, 12 de febrero de 2025

La industria del aborto depende de encubrir los horrores que tienen lugar a sus puertas

Industria del aborto

Abby Johnson, ex directora de un centro abortista de Planned Parenthood, ha explicado que si la gente pudiera ver cómo se descuartiza a los bebés en el útero, se opondría a la «barbarie» del aborto. “Creo que, si la gente viera realmente el aborto tal y como es, creo que más gente estaría en contra. Creo que una de las razones por las que el aborto sigue aumentando en este país, por las que tanta gente protesta contra la anulación de Roe contra Wade, es porque no se ve a la víctima del aborto”, dijo Johnson, la conocida activista provida estadounidense. Johnson fue directora de un centro abortista de Planned Parenthood. Más tarde abandonó el sector tras ser testigo directo del horror del aborto.“No ves a ese niño siendo desmembrado en el vientre de su madre, explica Johnson. No se ven las partes del cuerpo apiladas unas encima de otras. Creo que, si la gente pudiera ver realmente la barbarie del aborto, si pudieran ver lo terrible que es el aborto, más gente estaría en contra”. 
Un portavoz de SPUC dijo: “La industria del aborto depende de encubrir los horrores que tienen lugar a sus puertas. Ver para creer, y el aborto es tan horrible que mucha gente simplemente no puede comprender la brutalidad de un bebé desmembrado en el vientre de su madre.Por eso son tan importantes Abby Johnson y otros antiguos trabajadores abortistas, que transmiten la estremecedora verdad sobre el aborto a gente buena pero poco comprensiva, que hasta ahora no sabe lo que es un aborto y lo que se destruye. Hay ciertas verdades, imágenes particulares, que no pueden dejar de verse. La imagen del asesinato deliberado y la destrucción de un bebé no nacido es una de esas imágenes: la de una vida inocente desarticulada. Eso es un aborto y lo que Johnson vio; una espina dorsal dando vueltas en el vientre de la madre antes de sucumbir”.

sábado, 9 de noviembre de 2024

Pocos términos históricos, o políticos, admiten una polisemia tan diversa como el de fascista

Para el historiador Julio Gil Pecharromán “el nacionalsocialismo alemán se engloba dentro de lo que, genéricamente, definimos como el totalitarismo fascista, un modelo de organización de la sociedad y del Estado, con variantes nacionales, que se convirtió en sinónimo de triunfo en la Europa de entreguerras. Pocos términos históricos, o políticos, admiten una polisemia tan diversa como el de fascista. Desde su primitiva vinculación a la identidad de un partido político y de una propuesta ideológica, luego a una forma de Estado, más tarde a un bloque geopolítico y militar en guerra, para alcanzar en nuestros días el valor de exabrupto o descalificación de una conducta personal. Pese a su estrepitosa derrota de 1945, la connotación histórica del fascismo ha conservado un cierto aura de prestigio, o siquiera de fascinación, entre colectivos sociales concretos. En la Europa centro-oriental, caído el Muro de Berlín, durante los años noventa se produjo una cierta reivindicación de la fascistización de entreguerras por la vía de un renacido anticomunismo y de la reafirmación nacional frente a los vecinos. En el Oeste, la herencia del fascismo de los años treinta siempre ha sido reivindicada por opciones nacionalistas que, en no pocas ocasiones, han sentado diputados en los Parlamentos democráticos.”
Para el historiador Álvaro Lozano Cutanda, “el nazismo fue un período único y brutal, y su historia levanta todavía una terrible polémica. En Alemania los debates en torno al nazismo son seguidos con gran atención por parte de una opinión pública que se debate todavía entre el olvido y el doloroso recuerdo. El dilema de olvidar fue enfrentado por Chaim Herzog en 1987, cuando se convirtió en el primer presidente de Israel que visitaba Alemania tras la creación del Estado de Israel. En el transcurso del viaje visitó el antiguo campo de concentración de Bergen-Belsen, que él había conocido cuando servía como oficial del ejército británico en 1945. Enfrentado al horror del recuerdo de aquel campo afirmó: “No traigo el perdón conmigo, ni tampoco el olvido. Los únicos que pueden perdonar están muertos, los vivos no tienen derecho a olvidar”.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Nada antes de 1914 había preparado el mundo para lo que iba a suceder

Nada antes de 1914 había preparado el mundo para lo que iba a suceder. Todos los horrores de la Europa del siglo XX nacieron de aquella guerra, “la calamidad de la que surgieron todas las demás calamidades”, como la definió el historiador estadounidense Fritz Stern. El año 1914 fue, en efecto, la crisis por excelencia de esa historia, por lo que provocó y por lo que ocurrió después, porque por el camino se llevó al imperio ruso, a cuya caída siguió pocos meses después, un año antes de que esa guerra terminara, la conquista del poder por los bolcheviques.Los altos dirigentes, emperadores y reyes acudían a los actos públicos con uniforme militar; las revistas militares eran una parte esencial del ceremonial público, y, según Christopher Clark, “el culto a la exhibición militar se introdujo en la vida pública y privada de sus comunidades”.
Había una falta de transparencia diplomática en la mayoría de las maniobras de los ministros de Asuntos Exteriores, especialmente cuando trataban de los Balcanes, el escenario que sirvió de detonante al conflicto y que ya había conocido dos guerras, en 1912 y 1913, antes de que la tercera se extendiera en cinco semanas del verano de 1914 a todo el continente.Cuando el archiduque Francisco Fernando (1863-1914) y su esposa, Sofía Chotek (1868-1914), fueron asesinados en Sarajevo el 28 de junio de 1914, la elite europea estaba disfrutando de su vida privilegiada y exquisita. La noticia del asesinato sorprendió al emperador Guillermo II de Alemania (1859-1941) navegando en su yate. El presidente de Francia, Raymond Poincaré (1860-1934), aunque recibió un telegrama en el hipódromo, donde estaba en compañía de otros miembros del cuerpo diplomático, se quedó a disfrutar de las carreras.
Se esperaba que la guerra fuera corta y aunque los gobiernos de los principales poderes contribuyeron a poner en riesgo la paz con sus movilizaciones bélicas, ninguno de ellos había hecho planes militares o económicos para un prolongado combate. Sabían que si entraban en guerra todos la vez, algo que posibilitaba el sistema de alianzas pactado unos años antes, el dinero y las energías gastadas podrían conducir a la bancarrota de la industria y del crédito en Europa. Al declarar la guerra general en agosto de 1914, escribe Ruth Henig, “los poderes europeos contemplaban una serie de encuentros militares cortos e incisivos, seguidos presumiblemente de un congreso general de los beligerantes en el que confirmarían los resultados militares mediante un arreglo político y diplomático”. Guillermo (1885-1951), el príncipe heredero de la corona alemana, ansiaba que la guerra fuera “radiante y gozosa”. La guerra, ideada para garantizar la sobrevivencia y continuidad de los imperios alemán y austrohúngaro, acabó con su estrepitosa derrota y desaparición cuatro años después. Por el camino se llevó al imperio ruso, desacreditó la democracia liberal y de la batalla salieron también el comunismo y el fascismo, alternativas y después polos de atracción para intelectuales, vehículos para la política de masas, viveros de nuevos líderes que, subiendo de la nada, arrancando desde fuera del establishment y del viejo orden monárquico e imperial, propusieron rupturas radicales con el pasado.
Referencia:La venganza de los siervos de Julián Casanova




jueves, 24 de octubre de 2024

Por cada suicida, hay una conciencia del sufrimiento

En su artículo de 1973 para la Enciclopedia Británica, Edwin Shneidman escribe que “probablemente sea exacto decir que el suicidio siempre implica una lógica torturada y tunelizada de un individuo en un estado de emoción intolerable sentida interiormente”. “Más vale un final con horror que un horror sin final”, escribió un hombre en su carta de despedida. Estos dos aspectos de la experiencia consciente, una emoción intolerable y un debate interior sobre el acto, deben estar presentes en el suicida. Ni una “emoción intolerable sentida interiormente” ni una “lógica torturada y tunelizada” pueden comprenderse sin examinar la visión única y subjetiva que una persona tiene del mundo. 
Por cada suicida, hay una conciencia del sufrimiento, un estado prerreflexivo pero corporal e intensamente sentido, y hay una lógica torturada o una historia que la persona se cuenta a sí misma que hace que la muerte parezca necesaria, y correcta, su reflexión.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Nunca en la historia se había visto un odio tan encarnizado hacia la religión y sus hombres

Cuenta Vittorio Messori que en la España de la Segunda República la matanza de católicos (y sólo de católicos, porque las iglesias y pastores protestantes no fueron tocados) no tuvo por finalidad castigar a hombres específicos y sus presuntas culpas. Constituyó un intento de hacer desaparecer a la Iglesia misma. Como escribe el historiador  Hugh Thomas, “nunca en la historia de Europa y quizá en la del mundo, se había visto un odio tan encarnizado hacia la religión y sus hombres”. Salvador de Madariaga dice que “nadie que tenga buena fe y buena información puede negar los horrores de aquella persecución. Durante años, bastó únicamente el hecho de ser católico para merecer la pena de muerte, infligida a menudo en las formas más atroces”.

viernes, 24 de noviembre de 2023

Cuando fue hecha la señal terrible del Armageddon

La Gran Guerra se diferencia de todas las anteriores en la inmensa potencia de los contendientes y de los medios de destrucción empleados, y de las guerras modernas, en la extrema crueldad con que se combatió. Entraron en acción todos los horrores de todas las épocas, y no solo los ejércitos, sino también la población en masa, fueron arrojados a ellos. Los estados más civilizados implicados en la contienda creyeron, con razón, que su misma existencia estaba en peligro. Alemania, que había desencadenado este infierno, mantenía el régimen de terror; pero era seguida, paso a paso, por las desesperadas y castigadas naciones que había sojuzgado. Todo ultraje contra la humanidad y las leyes internacionales fue cobrado en represalias, muchas veces a gran escala y duraderas. Ni treguas ni negociaciones mitigaron el uso de las armas. Los heridos morían entre las líneas de fuego; abandonados, se convertían en polvo. Los barcos mercantes neutrales y los barcos hospital eran atacados y echados al fondo del mar, y los que iban a bordo, abandonados a su suerte, o se los mataba cuando intentaban salvarse. Se hizo toda clase de esfuerzos para someter por hambre a las naciones, sin consideración alguna al sexo y a la edad de sus habitantes. Las ciudades y los monumentos eran arrasados por la artillería, las bombas se lanzaban desde el aire indiscriminadamente, los gases asfixiantes ahogaron o marchitaron a los soldados en la flor de su juventud y se proyectaba fuego líquido sobre sus cuerpos, los hombres caían en llamas desde los aires o eran ahogados, muchas veces lentamente, en los lugares más apartados.
En el siglo XX, su sistema nervioso fue capaz de soportar tensiones físicas y morales ante las cuales se hubieran derrumbado las simples naturalezas humanas de los tiempos primitivos. Luchó una y otra vez bajo los espantosos bombardeos, una y otra vez del hospital al frente, una y otra vez frente a los terribles submarinos; siempre, inflexible. Y con todo ello, individualmente, siempre conservó, aun a través de tanto tormento, las glorias de una mentalidad razonable y compasiva….Y cuando fue hecha la señal terrible del Armageddon, se mostró que la humanidad era mucho más fuerte en valor, tenacidad, cerebro, ciencia, maquinismo y organización, no solo de todo lo conocido hasta entonces, sino de cuanto hubiera podido imaginar el más audaz optimista.
Referencia: La crisis mundial 1911-1918  de Winston Churchill


viernes, 11 de noviembre de 2022

En la naturaleza humana encontramos un elemento malvado del que Dios puede librarnos

Tzvetan Todorov.

La oración cristiana más extendida en el mundo, la que empieza dirigiéndose a Dios con las palabras “Padre nuestro que estás en los cielos”, concluye con una petición llena de sentido: “… mas líbranos del mal”. Por lo tanto, en la naturaleza humana encontramos un elemento malvado del que Dios puede librarnos, y rezamos para que lo haga. Sabemos que algunas veces los hombres han estado tentados de desempeñar por sí mismos este papel de purificadores, y conocemos los resultados catastróficos que han provocado estas aspiraciones en los regímenes totalitarios, escribe el filósofo Tzvetan Todorov. Añade que cuando los horrores apenas han concluido en un lugar, empiezan en otro, y resulta extremadamente difícil constatar el progreso moral colectivo en el avance de la humanidad.

lunes, 14 de febrero de 2022

El progre defiende la paz, pero defiende el uso de la violencia para defender su ideología política

Hoy en día el mundo civilizado se encuentra bajo la amenaza permanente del ataque terrorista por parte de elementos pertenecientes a grupos como Daesh o Al-Qaeda. España, Reino Unido, Francia y más recientemente Bélgica y Alemania, se han convertido en escenarios del más absoluto e inútil horror por obra y gracia de una pandilla de desalmados. Sin embargo, pese a ser los primeros que expresan su solidaridad con las víctimas a través de las redes o llevan flores de recuerdo a los asesinados, el progre está en contra de que se combata sobre el terreno el desarrollo y el entrenamiento de los terroristas que después atentan en territorio occidental, escribe la escritora, nacida en la Ciudad de Guatemala, Gloria Alvarez.


El progre, añade Alvarez, defiende la paz, pero a la vez defiende el uso de la violencia cuando se utiliza para defender su ideología política. En estos términos es en América Latina donde hallamos ejemplos de muchos tipos de violencia que son justificados abiertamente por los progres. Los casos más evidentes los ofrecen las dictaduras de Cuba o Venezuela.

sábado, 15 de enero de 2022

Stalin quitó importancia al Holocausto

                Un médico del Ejército Rojo, camina con un grupo de supervivientes.


El 27 de Enero de 1945 Auschwitz fue liberado por el Ejército Rojo. De todos los campos de exterminio nazis, el de Auschwitz fue el más terrible. Terrible por el gran número de personas que fueron asesinadas allí, un número que se estima en, al menos, un millón; en su gran mayoría, judíos de toda Europa, y más de 200.000 niños. Cuenta Michael Jones que “preparar una crónica sobre el horror de Auschwitz supuso un gran reto para los corresponsales del Ejército Rojo, y la realidad de lo que encontraron allí fue distorsionada luego por el régimen soviético. Los soldados del Ejército Rojo eran una simple pieza más dentro de la despiadada y brutal maquinaria política de Stalin. Durante el transcurso de la guerra, aquel régimen estuvo quitando importancia de forma progresiva al impacto del Holocausto……el estado soviético raramente se refería a las matanzas de judíos, y por lo general describía a las víctimas del Holocausto dentro de sus propias fronteras con la fórmula anodina de “ciudadanos soviéticos pacíficos”. Los motivos de Stalin eran complejos, en parte antisemitas y en parte nacidos de la desconfianza política hacia cualquier grupo religioso o racial que pudiera ostentar una identidad autónoma dentro de la Unión Soviética”.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Es del alma

Poe

Es Borges quien cuenta que cuando Poe fue acusado de imitar los cuentos de Hoffmann, contestó: “El horror no es de Alemania, es del alma”. Lo mismo podrían haber dicho Novalis de la belleza, Beethoven de la pasión, William Turner del deslumbramiento, Caspar David Friedrich de la reverencia, Whitman del entusiasmo, Hölderlin de la divinidad.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Tráfico de niños

La agrupación de derechos humanos Terre des Hommes informó que hasta la fecha unos 20.000 niños provenientes de Malí fueron secuestrados y llevados a las plantaciones de cacao de Costa de Marfil. Estos niños son golpeados, maltratados y explotados. “Lo que ocurre allí se llama lisa y llanamente esclavitud”, dice Pierre Poupard, quien está al frente de UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) en Malí. “La mayoría ni siquiera sabe de dónde proviene, menos que menos dónde está. Los que intentan escapar del horror corren peligro de ser azotados o incluso asesinados por sus dueños”.

Costa de Marfil. La ex colonia francesa se independizó en 1960. Sin embargo, con el tráfico de niños, se calcula que en África Occidental hay un total de 200.000 niños usados como mano de obra barata, se ha desarrollado una nueva forma de esclavitud. Por paradójico que suene, la culpa la tiene la riqueza del país. Costa de Marfil es el primer productor mundial de cacao.

domingo, 1 de agosto de 2021

Junto al horror del Holocausto, los regímenes de Hitler y Stalin asesinaron a otros ocho millones de civiles


Es sabido que la Alemania nazi asesinó cerca de seis millones de judíos. Lo que no lo es tanto es que, junto al horror del Holocausto, los regímenes de Hitler y Stalin asesinaron a otros ocho millones de civiles, la mayoría mujeres, niños y ancianos. Se suele identificar el horror del siglo XX con los campos de concentración. Sin embargo, la mayoría de las víctimas del nacionalsocialismo y del estalinismo nunca vieron un campo de concentración ni de exterminio. Del mismo modo, los asesinatos en masa en Europa suelen asociarse con la muerte en cámara de gas. Pero no fue el gas el método más empleado. Más de siete millones de civiles y prisioneros de guerra murieron porque se les negó la comida. El historiador Timothy Snyder  manifiesta la amplitud del horror que supuso el asesinato de catorce millones de ciudadanos europeos en solo doce años, los que van desde 1933 a 1945. En 1941, en Leningrado, una niña rusa de once años terminaba su diario: escribiendo:“Sólo queda Tania”. Adolf Hitler había traicionado a Stalin, los alemanes habían sitiado la ciudad, y la familia de la niña se encontraba entre los cuatro millones de ciudadanos soviéticos a los que los germanos mataron de hambre. El verano siguiente, en Bielorrusia, una niña judía de doce años escribía su última carta a su padre: “Te digo adiós antes de morir. Me da miedo la muerte, porque arrojan vivos a los niños a las zanjas”. La niña era una de los más de cinco millones de judíos que fueron gaseados o pasados por las armas por los alemanes. En la Europa central y del este, a mediados del siglo XX, los regímenes nazi y soviético asesinaron a unos catorce millones de personas.


Catorce millones murieron en el curso de sólo doce años, entre 1933 y 1945, años durante los cuales Hitler y Stalin coincidieron en el poder. Aunque en el tramo central de este periodo sus tierras natales se convirtieron en campos de batalla, todas esas personas fueron víctimas de políticas criminales, no bajas de guerra. Ni uno sólo de los catorce millones de asesinados era soldado en servicio activo. La mayoría eran mujeres, niños y ancianos. Ninguno llevaba armas, y muchos habían sido despojados de sus posesiones, incluidas sus ropas.

viernes, 3 de julio de 2020

El bolchevismo debería alertarmos sobre las consecuencias inhumanas de ciertas ideologías redentoristas




Para el periodista y escritor español Federico Jiménez Losantos el hecho que el holocausto de los seis millones de judíos en la II Guerra Mundial siga vivo en la memoria histórica y que, sin embargo, poco después del derrumbe soviético apenas tengamos testimonios de un horror que ha sido, en términos cuantitativos, incomparablemente mayor. Sin duda, el hecho de que los judíos de todo el mundo hayan asumido el Holocausto como permanente bandera reivindicativa nos ayuda a no olvidar ese terrible episodio. Pero la experiencia comunista, los setenta años de leninismo en la URSS, debería ser también una experiencia universal. Del mismo modo que el Holocausto es un alegato permanente contra el racismo y la crueldad que padecen las minorías sociales, también el bolchevismo debería alertamos sobre las consecuencias inhumanas de ciertas ideologías redentoristas que prometen el Paraíso a cambio de la libertad.

domingo, 12 de abril de 2020

Se limitó a decir: “Yo soy el Señor”. “Soy el que Es”, “Yo Soy”.

C. S. Lewis


*Lo que realmente temía era que si creía seriamente incluso en un “Dios” o un “Espíritu” como el que yo aceptaba, se desarrollaría toda una situación nueva. Igual que los huesos secos produjeron un estremecimiento y se juntaron unos a otros en aquel temible valle de Ezequiel, ahora un teorema filosófico, aceptado cerebralmente, empezó a agitarse, levantarse y quitarse el sudario, se puso en pie y se convirtió en una presencia viva. No se me volvería a permitir jugar con la filosofía.

Mi adversario renunció a esto. Se hundió en algo de mayor importancia. No lo discutiría. Se limitó a decir: “Yo soy el Señor”. “Soy el que Es”, “Yo Soy”. Es difícil que los que son religiosos por naturaleza entiendan el horror de una revelación como ésta. Los agnósticos afables hablarán animadamente de la “búsqueda de Dios por el hombre”. Para mí, tal y como me sentía entonces, podrían haber hablado igualmente de la búsqueda del gato por el ratón……Dios era la Razón misma. Pero, ¿también Él sería razonable en ese otro sentido más cómodo? No se me ofreció ni la más ligera seguridad en este punto. Se exigía el sometimiento total, el salto absoluto en el vacío. La realidad con la que no se puede pactar estaba sobre mí. La exigencia ni siquiera era “todo o nada”. Creo que ese estado ya había pasado, en el piso de arriba del autobús, cuando desabroché mi armadura y el hombre de nieve se empezó a derretir. Ahora la exigencia era, simplemente, “todo”.


Cada vez que mi mente se apartaba por un momento del trabajo, el acercamiento continuo, inexorable, de Aquél con quien, tan encarecidamente, no deseaba encontrarme. Aquél a quien temía profundamente cayó al final sobre mí. Hacia la festividad de la Trinidad de 1929 cedí, admití que Dios era Dios y, de rodillas, recé; quizá fuera, aquella noche, el converso más desalentado y remiso de toda Inglaterra. Entonces no vi lo que ahora es más fulgurante y claro, la humildad divina que acepta a un converso incluso en tales circunstancias. Al fin el hijo pródigo volvía a casa por su propio pie. Pero ¿quién puede adorar a ese amor que abrirá la puerta principal a un pródigo al que traen revolviéndose, luchando, resentido y mirando en todas direcciones buscando la oportunidad de escapar? Las palabras compelle intrare, obligadles a entrar, han sido tan manoseadas por hombres impíos que debemos temblar ante ellas; pero, bien entendidas, llenan la profundidad de la misericordia divina.

* C.S. Lewis

domingo, 22 de marzo de 2020

El infierno, un lugar de gran abandono y soledad


Lo que más caracteriza al infierno es un abandono, una soledad que no se pueden imaginar. Solemos pensar, y es cierto, que en el infierno están aquellas personas que han muerto en pecado mortal, dice Leo  Trese, pero sería más exacto decir que están quienes han rechazado el amor de Dios, pues el pecado mortal es precisamente eso. Irremediablemente apartados de Dios por tal rechazo, los pecadores no podrán gozar jamás de la presencia de Dios. 


Ahora bien, apartarse de Él es también separarse de todas las almas creadas por Él, por lo que el condenado se encuentra en una vasta y vacía soledad, tan absoluta, que la soledad de algunos en la tierra es sólo un juego de palabras. Aquí, todavía podemos acompañarnos a nosotros mismos. Buena prueba de ello es que, cuando nos relacionamos mucho con otras personas, anhelamos quedarnos solos para estar tranquilos y pensar en nosotros, entre otras cosas, porque todavía nos amamos. En el infierno, sin embargo, la ausencia de amor es total; no podemos amar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Aún peor, nos odiamos, nos detestamos. Hemos rechazado a Dios y, con Él, todo cuanto existe. Tal es el supremo horror del abandono y la soledad del infierno. Por si no bastara con habernos condenado a una existencia eterna en soledad, tenemos que coexistir con nosotros mismos, odiándonos con un odio salvaje y atroz. Para un alma en el infierno, la aniquilación total sería mil veces preferible. Si pudiera, se haría pedazos. Su eterno lamento, si se pudiese oír, sería algo así: “¡Odio a Dios! ¡Detesto a todo el mundo!... Pero eso no es nada en comparación con lo que me odio a mí mismo…”. El infierno es un lugar de gran abandono y soledad.