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sábado, 15 de noviembre de 2025

Nada en el mundo está destinado a perdurar


Escribe el filósofo Zygmunt Bauman en Vidas desperdiciadas que “nada en el mundo está destinado a perdurar, y menos aún a durar para siempre. Con escasas excepciones, los objetos útiles e indispensables de hoy en día son los residuos del mañana. Nada es realmente necesario, nada es irreemplazable. Todo nace con el sello de la muerte inminente; todo sale de la cadena de montaje con una etiqueta pegada de fecha de caducidad; las construcciones no comienzan a menos que se hayan concedido los permisos para la demolición (si fuese necesaria), y los contratos no se firman a no ser que se establezca su duración o se permita su terminación en función de los riesgos del futuro. No hay pasos ni elecciones definitivos ni irrevocables. Ningún compromiso dura lo suficiente como para alcanzar un punto sin retorno. Todas las cosas, nacidas o fabricadas, humanas o no, son hasta nuevo aviso y prescindibles. Un espectro se cierne sobre los moradores del líquido mundo moderno y sobre todas sus labores y creaciones, el espectro de la superfluidad. La modernidad líquida es una civilización del exceso, la superfluidad, el residuo y la destrucción de residuos.”
“Nosotros, los seres humanos, sabemos que somos mortales, que estamos destinados a morir. Resulta difícil convivir con este conocimiento. Vivir con semejante conocimiento sería completamente imposible de no ser por la cultura. La cultura hace más que eso, consigue redefinir de algún modo el horror ante la muerte como una fuerza motriz de la vida. Moldea la significatividad de la vida sobre la base de la absurdidad de la muerte. Tal como señala Ernest Becker, “la sociedad es un mito viviente del significado de la vida humana, una creación desafiante”.”

lunes, 23 de diciembre de 2024

¿Es en la prosperidad o en la desdicha cuando los amigos son más necesarios?

“¿Es en la prosperidad o en la desdicha cuando los amigos son más necesarios? En ambas situaciones son buscados, pues los desgraciados necesitan asistencia, y los afortunados, amigos con quienes convivir y a los cuales puedan favorecer, porque quieren hacer el bien”, escribe Aristóteles.

jueves, 14 de septiembre de 2023

Lo que no es útil es caro

Catón (234-149 a. C.) aconsejaba que había que  comprar no lo que es útil sino lo que es necesario; lo que no es útil es caro aun al precio de un as; economiza el tiempo; conócete a ti mismo. El remedio para las injurias es su olvido. La fortuna ayuda a los intrépidos, el perezoso es para sí un obstáculo.

jueves, 6 de abril de 2023

Ayudar al hermano necesitado

La obligación de ayudar al hermano necesitado refleja, una vez más, la función social que tienen los bienes temporales. “Si alguno tiene bienes en este mundo, y viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo es posible que resida en él el amor de Dios?” (1 Jn 3,17). Sabido es con qué firmeza los Padres de la Iglesia han precisado cuál ha de ser la actitud de los que poseen, respecto de los que se encuentran en necesidad. “No es parte de tus bienes, dice San Ambrosio, lo que tú das al pobre; lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos” (De Nabuthae historia 12,53). Es decir, la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario, dirá Pablo VI en  Populorum Progressio.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Platón se dio cuenta de que la posesión de bienes era un esfuerzo por compensar una vida espiritualmente empobrecida

Platón veía claramente que una comunidad ideal debía tener un nivel de vida material común, y que la riqueza desaforada o los deseos y los placeres inmoderados nada tenían que ver con que éste fuera satisfactorio. El bien era lo necesario, y lo necesario no era, esencialmente, contar con muchos bienes. Como Aristóteles, Platón deseaba un modo de vida que no fuese ni de privaciones ni de lujo. Quienes hayan leído algo sobre la historia de Grecia comprobarán que este ideal ateniense de la vida buena se encuentra simbólicamente a mitad de camino entre Esparta y Corinto, entre las ciudades que, respectivamente, asociamos con una vida militar dura y con un esteticismo suave y extremadamente sensual. ¿Deberíamos moderar nuestras necesidades o incrementar la producción? Platón no veía dificultades en responder a esta pregunta. Mantenía que un hombre razonable moderaría sus necesidades y que si desease vivir como un buen granjero o como un buen filósofo, no intentaría imitar los gastos de un vulgar jugador que acabase de hacer un buen negocio con el trigo, o los de una vulgar cortesana que acabase de conquistar a un vulgar jugador que acabase de hacer un buen negocio con el trigo. La riqueza y la pobreza,afirmaba Platón,son las dos causas del deterioro de las artes. Es probable que, bajo el influjo de la una o de la otra, tanto el trabajador como su trabajo degeneren, “porque la una engendra la molicie, la holgazanería y el amor a las novedades; y la otra este mismo amor a las novedades, la bajeza y el deseo de hacer el mal”.
Platón se dio cuenta de que la posesión de bienes no era un medio para alcanzar la felicidad, sino más bien un esfuerzo por compensar una vida espiritualmente empobrecida.

jueves, 21 de mayo de 2020

Los viejos tienen una misión que le da sentido a su existencia



Los viejos de pelo blanco tienen, igual que todos nuestros hermanos más jóvenes, una misión que le da sentido a su existencia; incluso un enfermo de muerte y moribundo que en su lecho apenas recibe ya la llamada de este mundo tiene su misión, tiene que cumplir algo importante y necesario. Ser viejo es una misión tan hermosa y sagrada como ser joven, aprender a morir, y morir es una función tan importante como cualquier otra, siempre que se lleve a cabo con profundo respeto al sentido y a su santidad de todo lo que es la vida, escribe el escritor suizo Hermann Hesse.

Y añade que entre los dones que nos depara la vejez, el más valioso es el tesoro de imágenes que uno lleva en la memoria después de una vida larga y hacia las que uno, disminuidas ya las otras actividades, recurre con un interés completamente distinto al de antes.

domingo, 5 de abril de 2020

Sin Dios nada tendría razón de existir


Instante eterno
Es verdad que de la nada no nace nada, la mera existencia de algo, el mundo, el universo, parece implicar que siempre ha habido algo; que el ser es eterno, increado, tal vez creador, y es a esto a lo que algunos llaman Dios, dice André Comte-Sponville.¿Qué hacía Dios antes de la Creación? Nada, responde san Agustín, pero es que en verdad antes no había nada (pues todo “antes” presupone el tiempo); sólo había el “perpetuo hoy” de Dios, que no es un día (¿con qué sol medirlo, si todo sol depende de Dios?), ni una noche, sino que precede y contiene cada día, cada noche que vivimos, que viviremos, así como todos aquellos días, incontables, que nadie ha vivido. No es la eternidad la que está en el tiempo; es el tiempo el que está en la eternidad. No es Dios el que está en el universo; es el universo el que está en Dios. ¿Creer en Dios? Parece ser lo más natural del mundo. Sin este ser absolutamente necesario, nada tendría razón de existir. Así pues, ¿cómo no habría de existir?



¿Por qué hay algo y no más bien nada? Por Dios, responde Comte-Sponville. Se replicará que esto no elimina la pregunta por la existencia de Dios (¿por qué Dios y no más bien nada?), lo cual es muy cierto. Pero Dios sería ese Ser que responde, desde sí mismo, por sí mismo, en sí mismo, a la pregunta por su propia existencia. Dios es causa de sí, como dicen los filósofos, y este misterio (¿cómo puede un ser ser causa de sí mismo?) es parte de su definición. “Entiendo por causa de sí aquello cuya esencia contiene la existencia, escribe Spinoza, o, dicho de otro modo, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente”. Esto sólo es válido para Dios; esto es Dios mismo. Al menos el Dios de los filósofos. “¿Cómo entra Dios en la filosofía?”, se pregunta Heidegger. Como causa de sí, responde,”El ser del ente, en el sentido de fundamento, no puede concebirse sino cómo causa sui. Este es el concepto metafísico de Dios”.

lunes, 6 de mayo de 2019

Muchedumbres carecen de lo estrictamente necesario



“Mientras numerosas muchedumbres carecen de lo estrictamente necesario, algunos, aun en los países menos desarrollados, viven en la opulencia o malgastan sin consideración. El lujo pulula junto a la miseria. Y mientras un pequeño número de hombres dispone de un amplísimo poder de decisión, otros están privados de toda iniciativa y toda responsabilidad, viviendo con frecuencia en condiciones de vida y trabajo indignas de la persona humana” (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes).

viernes, 3 de noviembre de 2017

Donde está nuestra pupila, no está la de los demás.

“Cada hombre tiene una misión de verdad”, pues donde está nuestra pupila, no está la de los demás. “ Lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios”, afirma Ortega y Gasset. Cada ser, cada sociedad, supone un punto de vista único que no puede ser desechado, salvo riesgo de despreciar una parte importante de la humanidad como conjunto de seres que afrontan una misma realidad desde distintos puntos de vista.

domingo, 2 de abril de 2017

Amistad.

Amistad.
Para la cultura clásica, la amistad es la relación humana por excelencia, pues en ella se dan las condiciones para una relación libre y de plena reciprocidad entre las personas. Es considerada una condición sine qua non para la vida feliz. 
Según Aristóteles, la amistad es lo más necesario para la vida; de modo que, “el hombre feliz necesita amigos”. Sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera los demás bienes, porque la prosperidad no sirve de nada si se está privado de la posibilidad de hacer el bien, la cual se ejercita sobre la base de la amistad: “es propio del amigo hacer el bien”, manifiesta Aristóteles. Pero, además de necesaria, la amistad es bella; y se alaba a los que aman a sus amigos, e incluso se equiparan los hombres buenos a los buenos amigos. De esto se sigue que la amistad requiere reciprocidad; sin algún tipo de reciprocidad, la amistad es imposible. La reciprocidad propia de la amistad perfecta reside en querer. La virtud del amigo es querer. Por eso piensa Aristóteles que la amistad va acompañada de virtudes; sin ellas no se da.