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viernes, 19 de junio de 2026

El amor no hace al hombre ciego

Un amor sólido y verdadero es aquel que no sólo desea la capa externa de la otra persona, sino que ama, sobre todo lo espiritual que hay en ella, su persona espiritual, eso que hay de único e irrepetible en el ser humano, lo que existe detrás de las paciencias sexuales y puramente psíquicas. Quien ama de verdad no ve solo el mero ropaje físico de la otra persona, ve al ser humano mismo, a la persona misma a quien ama, como alguien incomparable e insustituible, cuenta Viktor Frankl. Hasta el hombre más pobre y sencillo reconoce que el amor verdadero busca siempre lo que hay de único e irrepetible en la persona y en la esposa que el ama…..El amor si es verdadero, no tiene en cuenta sólo las cualidades físicas o psíquicas; no mira solo lo que el ser amado tiene, sino lo que el ser amado es, como algo único en el mundo, insustituible. En definitiva, el amor se dirige hacia la persona espiritual. Por eso el amor no hace al hombre ciego, como a veces se dice, al contrario, le abre los ojos para percibir la personalidad espiritual de quien se ama y todos sus valores. Lo que realmente ciega al hombre son las pasiones.  


Referencia: Cuando el mundo gira enamorado de Rafael de los Ríos

lunes, 16 de febrero de 2026

El amor abre el espíritu al mundo en su plenitud de valor

El amor no es ningún “mérito”, sino sencillamente una “gracia”. No solamente gracia, sino también encanto. Para el amante, el amor hechiza el mundo, lo transfigura, lo dota de un valor adicional. El amor aumenta y afina en quien ama la resonancia humana para la plenitud de los valores. Abre el espíritu al mundo en su plenitud de valor, a la “totalidad de los valores”. De este modo, debido a su entrega al tú, el yo, el amante, adquiere una riqueza interior que trasciende del tú, del ser amado. El cosmos entero gana, para él, en extensión y en profundidad de valor, resplandece bajo la luz brillante de aquellos valores que sólo el enamorado acierta a ver, pues el amor no hace al hombre ciego, como a veces se piensa, sino que, por el contrario, le abre los ojos y le aguza la mirada para percibir los valores.
El amor (en el exacto sentido de la palabra) es la más alta forma posible de lo erótico (en el sentido más amplio del término), como la más profunda penetración posible en la textura personal de la otra parte, la vinculación con algo espiritual. La relación directa con lo espiritual en la otra parte constituye, por tanto, la más alta forma posible de emparejamiento. Quien ama en este sentido no se ve tampoco excitado en su propia corporalidad, ni conmovido en su propia emotividad, sino afectado en lo más hondo de su espíritu por el portador espiritual de lo que en el ser amado hay de corpóreo y de emocional, por su meollo personal. El amor es, por tanto, la orientación directa hacia la persona espiritual del ser amado, en cuanto algo único e irrepetible (rasgos que hacen de ella una persona espiritual)…….No ve un “tipo” de cuerpo capaz de excitarle, ni tampoco un tipo de alma capaz de conmoverle, sino que ve al mismo ser humano, a la persona misma a quien ama como un ser incomparable e insustituible.
En su amor, quien verdaderamente lo siente, no “tiene en mientes” (mentar, intendere) jamás esas o las otras cualidades psíquicas o físicas que puedan darse “en” la persona amada, este o aquel modo de ser que la persona “tenga”, sino lo que el ser amado “es” como algo único en el mundo. Por serlo, precisamente, no es nunca ni en modo alguno sustituible por ninguna especie de “doble”.

Referencia: Psicoanálisis y existencialismo (Viktor Frankl)

jueves, 4 de mayo de 2023

El otro, el amado, se convierte en aquel que no puede ser sino él

Escribe Francesco Alberoni que la relación sexual se convierte en un deseo de estar en el cuerpo del otro, un vivirse y un ser vivido por él en una fusión corpórea pero que se prolonga como ternura por las debilidades del amado, sus ingenuidades, sus defectos, sus imperfecciones. Entonces logramos amar hasta una herida de él transfigurada por la dulzura. Pero todo esto se dirige a una persona sola y sólo a ella. En el fondo no importa quién sea, sino que con el enamoramiento nace una fuerza terrible que tiende a nuestra fusión y hace a cada uno de nosotros insustituible, único para él otro. El otro, el amado, se convierte en aquel que no puede ser sino él, el absolutamente especial. Y esto ocurre aun contra nuestra voluntad y no obstante durante mucho tiempo seguimos creyendo que podemos pasar sin él y encontrar esa misma felicidad con una persona diferente. Pero no es así, basta una breve separación para volvernos a confirmar que él es portador de algo inconfundible, algo que siempre nos faltó y que se ha revelado a través de él y que sin él no podremos volver a encontrar. Y a menudo hasta podemos identificar un detalle; las manos, la forma del seno, un pliegue del cuerpo, la voz, cualquier cosa, que representa, simboliza su diversidad y su unicidad. Es el signo, el carisma. 

jueves, 10 de enero de 2019

Lo que hace de la vida algo insustituible.

Para Viktor Frankl lo importante no es, en modo alguno, la profesión que se ejerce, sino el modo como se la ejerce; que es de nosotros mismos, y no de la profesión concreta en cuanto tal, de quienes depende el que se haga valer en nuestro trabajo ese algo personal y específico que da un carácter único e insustituible a nuestra existencia, y con ello un sentido a la vida.

Lo que hace de la vida algo insustituible e irremplazable, algo único, algo que sólo se vive una vez, depende del hombre mismo, depende de quién lo haga y de cómo lo haga, no de lo que se haga.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Donde está nuestra pupila, no está la de los demás.

“Cada hombre tiene una misión de verdad”, pues donde está nuestra pupila, no está la de los demás. “ Lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios”, afirma Ortega y Gasset. Cada ser, cada sociedad, supone un punto de vista único que no puede ser desechado, salvo riesgo de despreciar una parte importante de la humanidad como conjunto de seres que afrontan una misma realidad desde distintos puntos de vista.

viernes, 6 de octubre de 2017

La imperfección del hombre es la que determina que cada individuo sea insustituible.


Si todos los hombres fuesen perfectos, todos serían iguales entre sí, cada individuo podría remplazarse por otro sustituto cualquiera. La imperfección del hombre es la que determina que cada individuo sea indispensable o insustituible, pues si el individuo es necesariamente imperfecto, cada uno lo es a su manera. El individuo no es nunca omnifacético, sino siempre unilateral y, por lo mismo, peculiar.

Dice Viktor Frankl que es en la comunidad, y sólo en ella, donde cobra su pleno sentido la individualidad. En este aspecto podemos decir que el valor del individuo depende de la comunidad, se halla condicionado por ella. Ahora bien, para que la comunidad misma tenga un sentido, no debe prescindir nunca de la individualidad de los hombres que la forman, a diferencia de lo que ocurre con la masa, en la que desaparece necesariamente el sentido del individuo, la existencia única e individual, ya que en ella todo lo que sea peculiaridad única representa una perturbación. El sentido de la comunidad depende constitutivamente de la individualidad, y a la inversa, el de ésta depende constitutivamente del de aquélla. En cambio, el “sentido” de la masa se ve perturbado por la individualidad de los individuos que la forman, y el sentido de la individualidad desaparece en la masa que la absorbe, al paso que en el seno de la comunidad se destaca y fortalece.

martes, 11 de abril de 2017

Médicos rurales.

Imaginemos un hombre renunciando a una brillante carrera exterior y, con ella, a muchos placeres y bienes materiales de la vida, para encerrarse en la especialidad fija que su vocación o sus aptitudes le dictan, encuentra el sentido de su vida y su consumación interior en el cumplimiento de lo que él puede realizar mejor que nadie, o de lo que tal vez puede realizar exclusivamente él. Así considerado el problema, podemos llegar a la conclusión de que muchos  médicos rurales, arraigados durante su vida entera en el medio concreto en que viven, son más “grandes” que no pocos de sus colegas que logran acomodarse en la capital; y más de un teórico encastillado en un puesto remoto de la ciencia puede, bajo esta óptica, ocupar un lugar más alto que muchos de los prácticos que en medio de la vida se dan aires de conducir la lucha contra la muerte.  En el frente de
lucha de la ciencia, allí donde ésta afronta o prosigue la batalla contra lo desconocido, por muy pequeño que sea el frente de combate que el teórico defienda, no cabe duda de que puede lograr en él cosas preciosas e insustituibles,considerándose en justicia como insustituible también él, por el carácter único de esta obra personal. Este hombre, dirá Viktor Frankl, habrá encontrado y llenado su sitio en la vida y podrá, con ello, considerarla como consumada.