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domingo, 20 de febrero de 2022

Un niño concebido en el seno de la madre no es nunca un agresor injusto


Derecho a la vida significa derecho a venir a la luz y, luego, a perseverar en la existencia hasta su natural extinción……Un niño concebido en el seno de la madre no es nunca un agresor injusto, es un ser indefenso que espera ser acogido y ayudado, escribe Juan Pablo II.

domingo, 15 de septiembre de 2019

La dignidad de la mujer es un noble e importante combate, pero no pasa por la muerte de los niños no nacidos



En octubre de 2014, durante el Sínodo extraordinario sobre la familia, monseñor Paul Bui Van Doc, arzobispo de Hô Chi Minh, señaló a Vietnam como el caso más dramático del mundo. Este país practica 1.600.000 abortos al año, de los cuales 300.000 se llevan a cabo en jóvenes de entre 15 y 19 años. Para el país representa una auténtica catástrofe. En Francia se practican cada año 220.000 interrupciones voluntarias del embarazo, es decir, un aborto por cada tres nacimientos. Dice Robert Sarah que se está librando una guerra declarada contra la vida con medios económicos gigantescos. Es inconcebible que se elimine a tantos niños indefensos en el seno de su madre, con el pretexto del derecho de la mujer a la libertad de su cuerpo. 

Juan Pablo II
La dignidad de la mujer es un noble e importante combate, pero no pasa por la muerte de los niños no nacidos. Juan Pablo II comprendió que esas generosas intenciones ocultaban un auténtico programa de ataque a la vida. 



Cuando veo las asombrosas cantidades que promete a África la Fundación Bill y Melinda Gates, destinadas a aumentar exponencialmente el acceso a la contracepción de mujeres y de niñas solteras, abriendo así la vía al aborto, no puedo sino rebelarme contra una voluntad de muerte, afirma Robert Sarah.

viernes, 6 de octubre de 2017

La imperfección del hombre es la que determina que cada individuo sea insustituible.


Si todos los hombres fuesen perfectos, todos serían iguales entre sí, cada individuo podría remplazarse por otro sustituto cualquiera. La imperfección del hombre es la que determina que cada individuo sea indispensable o insustituible, pues si el individuo es necesariamente imperfecto, cada uno lo es a su manera. El individuo no es nunca omnifacético, sino siempre unilateral y, por lo mismo, peculiar.

Dice Viktor Frankl que es en la comunidad, y sólo en ella, donde cobra su pleno sentido la individualidad. En este aspecto podemos decir que el valor del individuo depende de la comunidad, se halla condicionado por ella. Ahora bien, para que la comunidad misma tenga un sentido, no debe prescindir nunca de la individualidad de los hombres que la forman, a diferencia de lo que ocurre con la masa, en la que desaparece necesariamente el sentido del individuo, la existencia única e individual, ya que en ella todo lo que sea peculiaridad única representa una perturbación. El sentido de la comunidad depende constitutivamente de la individualidad, y a la inversa, el de ésta depende constitutivamente del de aquélla. En cambio, el “sentido” de la masa se ve perturbado por la individualidad de los individuos que la forman, y el sentido de la individualidad desaparece en la masa que la absorbe, al paso que en el seno de la comunidad se destaca y fortalece.