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viernes, 19 de junio de 2026

El amor no hace al hombre ciego

Un amor sólido y verdadero es aquel que no sólo desea la capa externa de la otra persona, sino que ama, sobre todo lo espiritual que hay en ella, su persona espiritual, eso que hay de único e irrepetible en el ser humano, lo que existe detrás de las paciencias sexuales y puramente psíquicas. Quien ama de verdad no ve solo el mero ropaje físico de la otra persona, ve al ser humano mismo, a la persona misma a quien ama, como alguien incomparable e insustituible, cuenta Viktor Frankl. Hasta el hombre más pobre y sencillo reconoce que el amor verdadero busca siempre lo que hay de único e irrepetible en la persona y en la esposa que el ama…..El amor si es verdadero, no tiene en cuenta sólo las cualidades físicas o psíquicas; no mira solo lo que el ser amado tiene, sino lo que el ser amado es, como algo único en el mundo, insustituible. En definitiva, el amor se dirige hacia la persona espiritual. Por eso el amor no hace al hombre ciego, como a veces se dice, al contrario, le abre los ojos para percibir la personalidad espiritual de quien se ama y todos sus valores. Lo que realmente ciega al hombre son las pasiones.  


Referencia: Cuando el mundo gira enamorado de Rafael de los Ríos

viernes, 20 de febrero de 2026

Con el sí que va a comprometer toda su vida, dos seres consagran su amor

La fe es como la respuesta de dos prometidos. Con el sí que va a comprometer toda su vida, dos seres consagran su amor. Ese sentimiento amoroso descansa sobre una fe mutua que cree en el otro y cuenta con su fidelidad para el futuro. De este modo, los dos se convierten en una sola carne. En el amor cada uno, humildemente, se hace nada ante el otro, se desarrolla y crece en el otro. “¡El amor ha crecido en mí!”, decía tímida y apasionadamente santa Teresa de Lisieux. En la fe y en el amor, Dios crece en mí y me eleva hasta Él…….Es importante entender que la fe es una alianza de amor, que nos lleva a convertirnos en un único y mismo ser con la persona amada.

Referencia: Dios o nada (Mundo y Cristianismo) (Spanish Edition) (Cardenal Robert Sarah;Nicolas Diat)

lunes, 16 de febrero de 2026

El amor abre el espíritu al mundo en su plenitud de valor

El amor no es ningún “mérito”, sino sencillamente una “gracia”. No solamente gracia, sino también encanto. Para el amante, el amor hechiza el mundo, lo transfigura, lo dota de un valor adicional. El amor aumenta y afina en quien ama la resonancia humana para la plenitud de los valores. Abre el espíritu al mundo en su plenitud de valor, a la “totalidad de los valores”. De este modo, debido a su entrega al tú, el yo, el amante, adquiere una riqueza interior que trasciende del tú, del ser amado. El cosmos entero gana, para él, en extensión y en profundidad de valor, resplandece bajo la luz brillante de aquellos valores que sólo el enamorado acierta a ver, pues el amor no hace al hombre ciego, como a veces se piensa, sino que, por el contrario, le abre los ojos y le aguza la mirada para percibir los valores.
El amor (en el exacto sentido de la palabra) es la más alta forma posible de lo erótico (en el sentido más amplio del término), como la más profunda penetración posible en la textura personal de la otra parte, la vinculación con algo espiritual. La relación directa con lo espiritual en la otra parte constituye, por tanto, la más alta forma posible de emparejamiento. Quien ama en este sentido no se ve tampoco excitado en su propia corporalidad, ni conmovido en su propia emotividad, sino afectado en lo más hondo de su espíritu por el portador espiritual de lo que en el ser amado hay de corpóreo y de emocional, por su meollo personal. El amor es, por tanto, la orientación directa hacia la persona espiritual del ser amado, en cuanto algo único e irrepetible (rasgos que hacen de ella una persona espiritual)…….No ve un “tipo” de cuerpo capaz de excitarle, ni tampoco un tipo de alma capaz de conmoverle, sino que ve al mismo ser humano, a la persona misma a quien ama como un ser incomparable e insustituible.
En su amor, quien verdaderamente lo siente, no “tiene en mientes” (mentar, intendere) jamás esas o las otras cualidades psíquicas o físicas que puedan darse “en” la persona amada, este o aquel modo de ser que la persona “tenga”, sino lo que el ser amado “es” como algo único en el mundo. Por serlo, precisamente, no es nunca ni en modo alguno sustituible por ninguna especie de “doble”.

Referencia: Psicoanálisis y existencialismo (Viktor Frankl)

miércoles, 24 de enero de 2024

No escuchen a los que hablan de sueños pero venden ilusiones

“Los juicios y los prejuicios, explicaba el Papa Francisco en su viaje a Eslovaquia, solo aumentan la distancia. Los conflictos y las palabras fuertes no ayudan. Encerrar a las personas en un gueto tampoco resuelve nada. Cuando se alimenta la segregación, tarde o temprano estalla la ira. El camino para una convivencia pacífica es la integración. Es un proceso orgánico, lento y vital, que comienza con el conocimiento mutuo, avanza con paciencia y mira hacia el futuro. ¿Y a quién pertenece el futuro? A los niños. Ellos son nuestros guías. Sus grandes sueños no pueden romperse contra nuestras barreras. Quieren crecer junto con los demás, sin obstáculos ni exclusiones. Merecen una vida integrada y libre”. Por ellos "hay que tomar decisiones valientes, por su dignidad, por su educación, para que puedan crecer bien arraigados en sus orígenes pero al mismo tiempo sin que queden excluidos de cualquier posibilidad”.
El Papa Francisco recomendaba que no escuchen a los que "hablan de sueños", pero "venden ilusiones". “Cada uno de nosotros es único y está en el mundo para sentirse amado en su singularidad y para amar a los demás como nadie puede hacerlo en su lugar. Nadie vive sentado en el banco para ser el suplente de otro. No, cada uno es único a los ojos de Dios. Y no se dejen homologar; no estamos hechos en serie, somos únicos y libres, y estamos en el mundo para vivir una historia de amor con Dios, para vivir la audacia de abrazar elecciones fuertes, para aventurarnos en el maravilloso riesgo de amar”. “No banalicemos el amor porque el amor no es solo emoción y sentimiento, en todo caso, ese es el comienzo. El amor no es tenerlo todo y de inmediato, no responde a la lógica de los descartables. El amor es fidelidad, don, responsabilidad. Hoy la verdadera originalidad, la verdadera revolución, es rebelarse contra la cultura de lo provisorio, es ir más allá del instinto y más allá del instante, es amar para toda la vida y con todo lo que uno es”.

miércoles, 8 de junio de 2022

Cada uno intente vivir con sentido

Todo hombre es algo personal y único, y querer colocar en lugar de la conciencia personal una colectiva, es lo que se llama abuso y el primer paso hacia todo lo totalitario. 


El hombre ha conquistado el gobierno de la tierra y no es un buen gobernante. Pero los despiertos y bien intencionados tienen que realizar su parte, no con enseñanzas y sermones, sino de manera que cada uno intente vivir con sentido dentro de su esfera. 

martes, 19 de noviembre de 2019

Para entender un acontecimiento histórico



Decía el historiador Tony Judt que entender un acontecimiento histórico exige que el historiador renuncie a un único marco y acepte la validez de varios a la vez. Esto produce mucha menos satisfacción inmediata, pero conduce a un logro mucho más perdurable.

sábado, 29 de junio de 2019

Los hijos no son un problema de biología reproductiva


Los duques de Cambridge, con sus hijos Jorge y Carlota, 
Dice el Papa Francisco que los hijos son la alegría de la familia y de la sociedad. No son un problema de biología reproductiva, ni uno de los tantos modos de realizarse. Y mucho menos son una posesión de los padres. Los hijos son un don, son un regalo. Los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible y, al mismo tiempo, está inconfundiblemente unido a sus raíces. 

Una sociedad avara de procreación, afirma el Papa, a la que no le gusta rodearse de hijos que considera, sobre todo, una preocupación, un peso, un riesgo, es una sociedad deprimida. Pensemos en las numerosas sociedades que conocemos aquí, en Europa, son sociedades deprimidas, porque no quieren hijos, no tienen hijos; la tasa de nacimientos no llega al uno por ciento. Si a una familia numerosa la miran como si fuera un peso, hay algo que está mal. La procreación de los hijos debe ser responsable, tal como enseña la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, pero tener más hijos no puede considerarse automáticamente una elección irresponsable. No tener hijos es una elección egoísta. 

domingo, 2 de junio de 2019

Dios

Sztajnszrajber
Cuenta Sztajnszrajber que no hay noción más compartida por todas las culturas y más comprensible que la idea de Dios. ¿Qué es Dios? Llámalo como quieras y dótalo de las funciones que quieras, pero si hay un inicio, si hay un origen, si tiene que haber un origen, si hay un principio que no está afectado por todas las limitaciones de este mundo cambiante, eso sería Dios, lo que no muere, lo que no cambia, lo que hace que todo sea, la perfección, el absoluto, Dios.

Si definimos a Dios como el ser más perfecto concebible, decía san Anselmo, entonces por ser lo más perfecto no puede carecer de nada, ya que, si careciera de algo, no sería lo más perfecto concebible. Ahora bien, si no hay ningún tipo de carencia, entonces Dios tiene que existir, ya que su no existencia estaría vista como una carencia. Lo que es perfecto no puede carecer de nada, luego, la inexistencia es vista como una carencia. En la esencia misma de Dios, o sea, en su definición se encuentra ya su existencia.


Hay Dios porque Dios es. Antes de ser Dios, tuvo que haber el ser para que Dios luego pueda haber sido. Hay algo previo a Dios, el ser. Lo que queda es dilucidar de qué hablamos cuando hablamos del ser. ¿Hablamos del ser? ¿Pero hablar ya no es de por sí ser? Y al revés, ¿no es ser ya una palabra? 

Parménides sostiene que hay una primera opción frente a la cual la evidencia toma partido, (la cosa, el mundo) es o no es. Y la respuesta es simple: es, ya que, si no, esto mismo no podría ser dicho. ¿Hay o no hay? Hay, porque aunque sea hay estas palabras y esta prueba es irrefutable. El ser, lo
Parménides
que hay, además es único, es lo único que hay, ya que, si hubiera dos seres, tendría que haber aquello que los diferenciara, esto es, la nada. Si hubiera dos entes, dos seres, lo único que los diferenciaría sería que uno no es el otro, y por eso deberíamos admitir la presencia del no ser, o sea de la nada. Pero como bien explica Parménides, la nada no es nada y por eso no puede haber dos seres, sino solo uno.

Parménides es quien en realidad sienta las bases de nuestra idea omnipotente, omnisciente de Dios. Parménides explica que el ser es único, inmutable (no puede cambiar ya que debería cambiar a lo otro de sí y lo otro de sí es el no ser, la nada, pero la nada no es nada y por eso el cambio es imposible), intemporal, inengendrado (no pudo haber nacido, ya que debería haber provenido de lo otro de sí y lo otro de sí del ser es la nada, pero la nada no es nada y por eso el ser siempre ha sido), imperecedero; o sea, Dios. La tradición posterior homologa al ser de Parménides con el Dios bíblico y da origen a la idea de Ser Supremo.

sábado, 16 de febrero de 2019

¿Quién puede conocer las intenciones, las excusas o los méritos de otro?


¿Quién puede conocer las intenciones, las excusas o los méritos de otro? Moralmente, sólo podemos ser juzgados por Dios o por nosotros mismos, dice el filósofo André Comte-Sponville. ¿Has sido egoísta? ¿Has sido ruin? ¿Te has aprovechado de la debilidad de otro, de su indefensión, de su ingenuidad? ¿Has mentido, robado, violado? Lo sabes perfectamente, y este tu saber de ti mismo es lo que se denomina conciencia, el único juez, siempre el único, que moralmente importa. ¿Un proceso? ¿Una multa? ¿Una pena de cárcel? Esto es tan sólo la justicia de los hombres. ¿Cuántos canallas hay en libertad? ¿Cuántas personas honradas en prisión? Puedes estar en regla con la sociedad, pero esto no te exime de estar en regla contigo mismo, con tu conciencia, que en verdad es la única regla. ¿Existen, pues, tantas morales como individuos? No. Es la paradoja de la moral, ésta sólo es válida en primera persona pero universalmente, o, dicho de otro modo, para todo ser humano (pues todo ser humano es un “yo”).

viernes, 25 de mayo de 2018

Hay muchas mujeres que tienden a ocultar cuanto haya en ella de personal.

Hoy en día hay muchas mujeres que tienden a ocultar con todo cuidado cuanto haya en ella de personal para no agobiar con ello al hombre, para no ser para el hombre más de lo que este busca en ella, el tipo por el preferido.

Ese tipo de mujer, dice Viktor Frankl, quiere que los hombres se fijen en ella simplemente como un ser genérico; de aquí que se preocupe siempre de destacar en primer plano su corporalidad, lo que tiene de no específico; de ser impersonal y de presentar un tipo cualquiera, el que está de moda, el que más alto se cotiza en la feria de las vanidades eróticas. Trata de imitarlo con la mayor fidelidad posible aun a trueque de ser, con ello, infiel a sí misma, a su propio yo. No experimenta siquiera la ambición de crear por sí misma un nuevo tipo de mujer, de “marcar” la moda. Se contenta con representarlo. Gusta de presentar al hombre, espontáneamente, el “tipo” que él prefiere. Jamás se da a sí misma, jamás entrega amorosamente su propio yo. Por ese camino falso, la mujer va desviándose cada vez más de la auténtica vivencia amorosa, de la realización del verdadero amor.
Viktor Frankl

En vez de buscarse el uno al otro, añade Viktor Frankl, se repelen en realidad, pues para poder encontrarse es necesario que cada cual busque en el otro lo que tiene de único, lo que sólo se da una vez en la vida, es decir, lo que verdaderamente puede hacer de él un ser digno de ser amado, lo que hace digna de ser amada la vida propia.

viernes, 20 de abril de 2018

Conciencia de la propia muerte.

Una de las características que hace del homo sapiens un fenómeno único en la naturaleza es la de tener conciencia de su propia muerte. No sólo conciencia,      también temor y, .de alguna manera, una especie de rito de celebración.

lunes, 5 de marzo de 2018

Si el cerebro deja de funcionar, la mente desaparece, pero el cerebro aún puede existir.


Para los científicos cognitivos, la palabra “mente” denomina esa parte de cada uno de nosotros que encarna nuestras ideas, esperanzas, deseos, recuerdos, creencias y experiencias. El cerebro por otra parte es un órgano del cuerpo, una colección de células y agua, sustancias químicas y vasos sanguíneos, que reside en el cráneo. La actividad del cerebro da origen a los contenidos de la mente. Los científicos cognitivos usan a veces la analogía de que el cerebro es como la unidad central de procesamiento, o el hardware, de un ordenador, mientras que la mente es como los programas, o el software, que la hace funcionar. Con esencialmente el mismo hardware pueden funcionar programas diferentes, de cerebros muy similares pueden surgir mentes distintas.

Neuroquímica
La impresión mayoritaria de los científicos hoy en día es que la mente es algo único y distintivo, separado de lo que constituye sólo un conjunto de procesos neuroquímicos. Tenemos la sensación de saber cómo es ser yo, cómo es lo de que yo esté leyendo un libro y cómo es lo de pensar en qué es ser yo. ¿Cómo puedo yo quedar reducido sin más a axones, dendritas y canales iónicos? Da la impresión de que somos algo más.

La mayoría de los científicos y de los filósofos
Ejemplar de un cerebro humano contenido en una tinaja.
contemporáneos creen que el cerebro y la mente son dos partes de la misma cosa, y algunos creen que la distinción en sí es errónea. El punto de vista predominante hoy es que la suma total de tus pensamientos, creencias y experiencias está representada en pautas de activaciones (actividad electroquímica) en el cerebro. Si el cerebro deja de funcionar, la mente desaparece, pero el cerebro aún puede existir, sin pensamiento, en un recipiente del laboratorio de alguien.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Donde está nuestra pupila, no está la de los demás.

“Cada hombre tiene una misión de verdad”, pues donde está nuestra pupila, no está la de los demás. “ Lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios”, afirma Ortega y Gasset. Cada ser, cada sociedad, supone un punto de vista único que no puede ser desechado, salvo riesgo de despreciar una parte importante de la humanidad como conjunto de seres que afrontan una misma realidad desde distintos puntos de vista.