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domingo, 7 de junio de 2026

Causa de sí

Para el filósofo Ludwig Wittgenstein creer en un Dios significa comprender que la vida tiene un sentido…¿Dios antes de la Creación? Nada, responde san Agustín, pero es que en verdad antes no había nada (pues todo “antes” presupone el tiempo). Sólo había el “perpetuo hoy” de Dios, que no es un día (¿con qué sol medirlo, si todo sol depende de Dios?), ni una noche, sino que precede y contiene cada día, cada noche que vivimos, que viviremos, así como todos aquellos días, incontables, que nadie ha vivido. No es la eternidad la que está en el tiempo; es el tiempo el que está en la eternidad. No es Dios el que está en el universo; es el universo el que está en Dios. ¿Creer en Dios? Parece ser lo más natural del mundo. Sin este ser absolutamente necesario, nada tendría razón de existir. 
Dios está fuera del mundo, en tanto que su causa y su fin. Todo procede de él, todo está en él (nuestro ser, nuestro movimiento y nuestra vida están en El, decía san Pablo), todo tiende hacia él. Dios es el alfa y omega del ser; el Ser absoluto (absolutamente infinito, absolutamente perfecto, absolutamente real) sin el cual nada relativo podría existir. ¿Por qué hay algo y no más bien nada? Por Dios.
Dios sería ese Ser que responde (desde sí mismo, por sí mismo, en sí mismo) a la pregunta por su propia existencia. Dios es causa de sí, como dicen los filósofos, y este misterio (¿cómo puede un ser ser causa de sí mismo?) es parte de su definición. “Entiendo por causa de sí aquello cuya esencia contiene la existencia, escribe Spinoza, o, dicho de otro modo, aquello cuya naturaleza no puede concebirse sino como existente”. Esto sólo es válido para Dios; esto es Dios mismo. «¿Cómo entra Dios en la filosofía?», se pregunta Heidegger. Como causa de sí, responde: “El ser del ente, en el sentido de fundamento, no puede concebirse sino cómo causa sui. Este es el concepto metafísico de Dios”.


Referencia: Invitación a la filosofía (André Comte-Sponville)

jueves, 26 de febrero de 2026

El ser humano está siempre en una circunstancia

José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883-Madrid, 18 de octubre de 1955) manifiesta que el conocimiento de las circunstancias se impone como una necesidad, de lo contrario el individuo sucumbe. Su tarea es vivir y vivir consiste en que el ser humano está siempre en una circunstancia. A cada instante el sujeto tiene que andar diciendo lo que va a hacer, cómo resuelve el paso de los días, cómo los orienta, es decir, adonde quiere ir, que es una forma de saber a donde va. Es una tarea intransferible, imprescindible para la propia supervivencia como sujeto poseedor de una verdad. Aunque se ponga en manos de otra persona y deje que sea ella quien decida, él es quien decide, aunque su decisión sea que otro dirija el timón…..El no hacer es una forma de hacer puede elevarse a norma de conducta. De nuevo entonces el sujeto puede verse abocado a la errancia o el sonambulismo. Porque no puede darse un solo paso sin anticipar, con más o menos claridad, el porvenir imaginado, lo que va a ser, lo que se ha decidido ser, independientemente del resultado.

viernes, 20 de febrero de 2026

Con el sí que va a comprometer toda su vida, dos seres consagran su amor

La fe es como la respuesta de dos prometidos. Con el sí que va a comprometer toda su vida, dos seres consagran su amor. Ese sentimiento amoroso descansa sobre una fe mutua que cree en el otro y cuenta con su fidelidad para el futuro. De este modo, los dos se convierten en una sola carne. En el amor cada uno, humildemente, se hace nada ante el otro, se desarrolla y crece en el otro. “¡El amor ha crecido en mí!”, decía tímida y apasionadamente santa Teresa de Lisieux. En la fe y en el amor, Dios crece en mí y me eleva hasta Él…….Es importante entender que la fe es una alianza de amor, que nos lleva a convertirnos en un único y mismo ser con la persona amada.

Referencia: Dios o nada (Mundo y Cristianismo) (Spanish Edition) (Cardenal Robert Sarah;Nicolas Diat)

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Lo que parece ser, realmente es


Existe una persona, un lugar y un tiempo trascendentes en el mundo material. La creación ha recibido a Dios en la persona de Jesucristo. Afirma Ireneo en Contra las herejías que “la propia creación de Dios, que depende para su existencia del poder, el arte y la sabiduría de Dios, ha engendrado a Dios”. “Lo que parece ser, realmente es”. San Efrén el Sirio afirma que “María llevó al Niño en silencio, ¡y en Él estaban ocultas todas las lenguas! José lo llevó en sus brazos, ¡y en Él  se ocultaba una naturaleza más antigua que cualquier cosa antigua!… Siendo Altísimo, bebió la leche de María, ¡y de su bondad beben ahora todas las criaturas! Él es el pecho de la vida y el aliento de la vida”. La encarnación no es solo un acontecimiento pasado, sino una realidad continua.

domingo, 21 de diciembre de 2025

¿Dudar de todo?

Descartes
Descartes fue científico además de filósofo, hasta el punto de que la obra donde debía exponer todo su sistema, Principios de la filosofía, contiene mucho más material científico que estrictamente filosófico.Aunque su física ejerció una notable influencia durante el siglo XVII, e incluso en los primeros años del XVIII, tanta, de hecho, que el propio Isaac Newton (1642-1727) construyó en parte su obra en discusión con aquella, la historia de la ciencia reserva un lugar relativamente modesto a las contribuciones de Descartes. Ciencia y filosofía no tomaron caminos distintos, como quizá pueda ocurrir hoy. La teoría física general que pretendió construir se concibió desde el principio en estrecha y estricta continuidad con su teoría filosófica acerca del “ser”, imposible de separar una de la otra en su obra. La física general, que, a partir de una concepción mecanicista de la realidad, pretendió aunar las explicaciones astronómicas, meteorológicas, mecánicas, biológicas, etc., hasta construir una imagen unificada del mundo, a ojos de Descartes era inseparable de la cuestión de cómo era esencialmente la realidad, es decir, de cuáles eran las estructuras constitutivas del ser en tanto que ser. Según la célebre imagen que estableció Descartes en los Principia, el saber era un único árbol cuyas raíces eran la filosofía, el tronco la física general o la filosofía natural, y las ramas y los frutos las distintas ciencias particulares, como la mecánica, la astronomía, la biología, la psicología y la medicina, entre otras.
El primer precepto del Discurso del método era no aceptar nunca ninguna cosa como verdadera sin saber evidentemente que lo era “y no incluir en mis juicios nada más que lo que se presentara a mi espíritu tan claramente y tan distintamente que yo no tuviese ningún motivo de ponerlo en duda”. Por tanto, Descartes se impuso como método filosófico el método de la duda, dispuesto como estaba a no tomar por verdadero nada de lo que pudiera dudarse. Es lo que se conoce como la “duda metódica”. ¿Dudar de todo? Esta duda era, evidentemente, artificial y provisional. No fue ni real ni permanente, como la duda que asalta al espíritu escéptico, sino metódica o programática, de tipo radical, en el sentido de no aceptar nada de lo que uno no pudiera estar completamente seguro. Si se ejerció como método filosófico fue con vistas a alcanzar las certezas a partir de las cuales reconstruir todo el sistema del conocimiento.
¿Esta duda alcanza a las ciencias matemáticas, que no presuponen la existencia de sus objetos ni se valen de los sentidos para conocerlos? En este momento de sus reflexiones, Descartes parecerá afirmar que no, que las matemáticas pueden salir airosas de estas dudas. Si los sentidos no son fiables, en cambio sí que pueden merecer nuestra confianza enunciados tales como 2 + 3 = 5. Aun pudiendo ser imaginarias estas cosas generales (ojos, cabezas, manos y otras semejantes) es preciso confesar, de todos modos, que hay cosas aún más simples y universales realmente existentes, por cuya mezcla (ni más ni menos que por la de algunos colores verdaderos) se forman todas las imágenes de las cosas que residen en nuestro pensamiento, ya sean verdaderas y reales, ya fingidas y fantásticas.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Europa será un producto de la voluntad de vuestro espíritu

“Europa, escribía Julien Benda en 1933, será un producto de vuestro espíritu, de la voluntad de vuestro espíritu, no un producto de vuestro ser. Y si me contestáis que no creéis en la autonomía del espíritu, que vuestro espíritu no puede ser más que un aspecto de vuestro ser, entonces os diré que jamás construiréis Europa, pues no existe un ser europeo”.

martes, 17 de junio de 2025

Cuando comienza la desgracia de la existencia

El filósofo Paul Watzlawick escribe que “la desgracia de la existencia humana comienza cuando se considera lo sabido científicamente como el ser mismo y cuando todo lo que no es posible saber de modo científico es tenido por no existente”.

martes, 3 de junio de 2025

Maternidad

Rosa María Puelma Salas, profesora en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en la Universidad Finis Terrae escribe que “la maternidad, en sentido biológico, ocurre cuando a partir de la donación total del propio ser al varón, un nuevo semejante es llamado a la existencia. Esa donación recíproca es tan total, que exige un compromiso para toda la vida, el matrimonio. En nosotras, esta entrega es eminentemente receptiva (no pasiva), a diferencia del varón, cuya entrega es más bien activa. Esta es la matriz común a toda fecundidad maternal, a partir de una entrega receptiva y total, se concibe nueva vida”.


jueves, 1 de mayo de 2025

A los hijos se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes

Natalia Ginzburg en su libro Las Pequeñas virtudes escribe que “ en relación con la educación de los hijos pienso que se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia ante el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber”.

martes, 14 de enero de 2025

Dos formas de conocimiento

El contraste entre dos formas de conocimiento. Por un lado, el conocimiento humilde y relacional, humanista y realista, que se abre a la tecnología, la respeta y a la vez la sitúa constantemente en su adecuada perspectiva. Por otro lado, el conocimiento que tiende a dominar y poseer, tecnocrático, en principio legítimo, pero que en nuestro tiempo conlleva de hecho el riesgo de acabar con el primer tipo de conocimiento, el humanismo. La armonía entre estos dos tipos de conocimientos, pertenece, efectivamente, a la buena salud de nuestras raíces. Este argumento lo planteaba ya Romano Guardini hace un siglo: “En estos días he comprendido más que nunca que hay dos formas de conocimiento, una conduce a la inmersión en el objeto y su contexto, por lo que el hombre que quiere saber trata de vivir en él; la otra, al contrario, reúne las cosas, las descompone, las ordena en cajas, adquiere dominio y posesión, las domina”.El primer tipo de conocimiento, observa el papa Francisco, es humilde, y se sitúa al servicio de las personas y de la naturaleza creada; el segundo, en cambio, analiza para transformar la vida. Romano Guardini no demoniza la tecnología, pero advierte del peligro de que se convierta en reguladora, sino en gobernante de la vida. Y se preguntaba Guardini: si este tipo de conocimiento prevalece ¿podrá la vida permanecer viva?.“Pensemos, proponía el Papa a los universitarios, en el deseo de poner en el centro de todo no a la persona y sus relaciones, sino al individuo centrado en sus propias necesidades, ávido de ganar y voraz de aferrar la realidad”. No quiere el Papa generar pesimismo, sino ayudar a reflexionar sobre la “arrogancia de ser y de tener”, “que Homero ya veía como amenazante en los albores de la cultura europea y que el paradigma tecnocrático exaspera, con un cierto uso de algoritmos que pueden representar un riesgo más de desestabilización de lo humano”.
Y se refiere el papa Francisco a la novela “El amor del mundo”, de Robert Benson (escrita en 1907), que describe ya un mundo dominado por la tecnología y el mito de un progreso estandarizado. Y esto, en nombre de un nuevo humanismo, que busca anular las diferencias y suprimir las religiones. “Este es el drama, observa el Papa, señalando el parecido con nuestra situación, la colonización ideológica; el hombre, en contacto con las máquinas, se aplana cada vez más, mientras que la vida común se vuelve triste y enrarecida”. En un mundo así “parece obvio descartar a los enfermos y aplicar la eutanasia, así como abolir las lenguas y culturas nacionales para lograr la paz universal, que en realidad se transforma en un persecución basada en la imposición del consenso, tanto que un protagonista afirma que 'el mundo parece a merced de una vitalidad perversa, que todo lo corrompe y confunde'".Desde ahí vuelve Francisco la mirada a la Universidad y su papel: “el lugar donde nace, crece y madura el pensamiento abierto y sinfónico; no monocorde, no cerrado: abierto y sinfónico. Es el ‘templo’ donde el saber está llamado a liberarse de los estrechos confines del tener y del poseer para convertirse en cultura, es decir, ‘cultivo’ del hombre y sus relaciones fundantes con lo trascendente, con la sociedad, con la historia, con la creación”.Con palabras del papa Francisco, “lo que libera es la verdad, lo que libera al hombre de sus dependencias y encierros”. Y “la clave para acceder a esa verdad es un saber nunca desconectado del amor, relacional, humilde y abierto, concreto y comunitario, valiente y constructivo”. Esta es una propuesta de Francisco para que la universidad sea una fecunda cantera de humanismo y un laboratorio de esperanza.

viernes, 13 de diciembre de 2024

¿Existe Dios?

¿Qué es Dios? Es el ser absolutamente necesario (causa de sí),absolutamente creador (causa de todo),absolutamente absoluto (no depende de nada, todo depende de él): es el Ser de los seres, y el fundamento de todos ellos. ¿Existe Dios? Existe por definición.
¿Cómo se define a Dios? Como el ser supremo (san Anselmo: el ser en relación con el cual es imposible concebir nada más grande), el ser soberanamente perfecto (Descartes), el ser absolutamente infinito (Spinoza, Hegel). Ahora bien, si no existiera, no sería ni el más grande ni realmente infinito. A su perfección, esto es lo menos que se puede decir, le faltaría algo. Por lo tanto,existe por definición; pensar a Dios (concebirlo como ser supremo, perfecto, infinito…), es pensarlo como existente. “De la esencia de Dios no puede separarse su existencia,escribe Descartes, del mismo modo que de la esencia de un triángulo rectángulo no puede separarse el que la suma de sus tres ángulos sea igual a dos rectos, o de la idea de una montaña la idea de un valle; de modo que no es menos contradictorio concebir un Dios (esto es, un ser soberanamente perfecto) al que le faltara la existencia (esto es, al que le faltara alguna perfección), que concebir una montaña sin valle alguno”. Se replicará que esto no demuestra que existan montañas y valles… Ciertamente, responde Descartes, pero sí que demuestra que montañas y valles son inseparables. Lo mismo sucede en el caso de Dios, su existencia es inseparable de su esencia, inseparable de él, pues, y por eso existe necesariamente. El concepto de Dios, escribirá Hegel, “incluye en él el ser”; Dios es el único ser que existe por esencia.
Referencia:Invitación a la filosofía (André Comte-Sponville)

sábado, 29 de junio de 2024

Ninguna contradicción es tan importante para Goethe y ninguna armonía tan fecunda como la de lo interno y lo externo

Goethe
Ninguna contradicción es tan importante para Goethe y ninguna armonía tan fecunda como la de lo interno y lo externo. En contra de la tendencia de aquella época a construir desde dentro, Goethe da a lo exterior mucha más independencia y valor; sólo del contacto de lo interno con lo externo le parece desprenderse una vida y una producción fecundas. Lo interno y lo externo se apoyan mutuamente; lo interno sólo se encuentra, y toma forma, en el exterior; lo externo sólo descubre su ser en la apropiación espiritual; sólo su relación y compenetración mutuas crean un producto viviente. Esta experiencia de la producción artística se convirtió en Goethe en una necesidad personal del ser; esa exteriorización de lo interno e interiorización de lo externo se convirtió para él en un taller creador de la vida y en la liberación de toda miseria, pues todo lo que le alegraba o le preocupaba debía transformarlo en una imagen, en una poesía, esta separación y encarnación le traía una calma espiritual y una satisfacción definitiva. Aun cuando esta confesión del propio estado del alma en la producción artística no puede considerarse como un aligeramiento moral, ha contribuido a dar a la obra de Goethe su grandiosa variedad y su admirable sencillez.


miércoles, 12 de junio de 2024

La soledad que nace de una época que se ha empleado a fondo en la destrucción de todos los vínculos

La soledad que no es ni buscada ni querida, ni ensancha el espíritu, ni arroja frutos agradables al apetito de un público deseoso de acoger testimonios veraces acerca de las laberínticas complejidades del ser. Es la soledad que horada las entrañas de quienes la incuban, como una carcoma insomne, y se hace presente a poco que uno alce la vista por encima de la línea de sus intereses inmediatos y aplique su mirada a la tarea de traspasar la membrana de lo evidente. Es la soledad que nace de una época que se ha empleado a fondo en la destrucción de todos los vínculos, que se ha mofado de las lealtades primigenias y ha situado la idea de autorrealización individual en la cima de las aspiraciones personales, escribe Carlos Marín-Blázquez.
Olof Palme
En los años setenta, en la Suecia del socialdemócrata Palme, el Gobierno puso en marcha un vasto proyecto de ingeniería social destinado a que los hijos se emancipasen lo antes posible de sus padres y pudieran emprender una vida sin ataduras ni servidumbres generacionales. Se cumplía de ese modo la gran aspiración de todo gobierno con ínfulas totalitarias, convertirse en el garante de la felicidad del individuo. Transcurridos unos años, fue necesario crear un organismo gubernamental consagrado a la tarea de localizar a los cientos de personas que cada año mueren en sus casas, en el más absoluto abandono, sin que nadie las eche de menos.A medida que el proyecto moderno avanza, da miedo pensar que bajo los eslóganes y consignas con que se falsifica la realidad lo que nos estén ocultando sea un páramo inhabitable. Veremos surgir soluciones imaginativas que nos convencerán de lo afortunados que somos por existir en un mundo urdido con tales mimbres.  

lunes, 22 de abril de 2024

La alegría es un lenguaje de miradas

Susanna Tamaro, novelista italiana, escribe en Querida Mathilda que “hay que convertirse en difusores de alegría, cultivarla en nosotros y expandirla hacia el exterior.…Cultivar la alegría no significa no ver las fealdades y desperfectos del mundo, no significa arrojar sobre la realidad un velo color de rosa para crear una felicidad ilusoria; por el contrario, vivir en la alegría significa vivir en la consciencia extrema, atestiguando, en el mundo oscuro, una pertenencia diferente del ser. La alegría no es un lenguaje de palabras sino de miradas; la alegría no convence, contagia. La alegría es poderosamente revolucionaria porque revolucionario es el amor sin distinciones al que sirve de vehículo…….en el camino de la fe, un testimonio de alegría es mucho más poderoso que mil razonamientos. Quien está lejos del Espíritu a menudo imagina que la vida del que cree es una sucesión de deberes casi claustrofóbicos, un horizonte cerrado y sombrío ofuscado por las oscuras nubes del Juicio…..La vida abandonada al Espíritu es una vida de total apertura, de total comprensión. No hay ya divisiones, separaciones, juicios ni condenas; ya no nos escatimamos, no nos entregamos con cuentagotas, quitamos de los días las sumas y sustracciones, los “está bien” y los “no está bien”. En el abandono dejamos de ser nuestros propios jueces. Y cuando uno deja de ser juez, cuando, en vez de analizar e indagar, se acepta a sí mismo y acepta el conmovedor misterio de la vida, entonces en nuestro interior la alegría se inflama con toda su poderosa ligereza.


miércoles, 28 de febrero de 2024

Importa mucho más el hacer que el haber

“La existencia de cada individuo se resume en tres verbos, hacer, haber y ser. En una sociedad en la que se dice: “Fulano vale tanto”, y con esto se alude a su cuenta bancaria y sus haberes en la bolsa de valores, se confunde el ser con el haber, o mejor dicho se reduce el ser al solo haber”, escribe Jacques Lafaye. “Acumular capital supone indiscutible talento, pero si aumentar el capital se convierte en finalidad en sí, es una forma de indigencia. Lo que importa más es lo que se hace con el capital; por eso los hombres que poseían riquezas en el pasado edificaron conventos, hospitales, basílicas… a expensas propias, para la salvación de su alma. Los millonarios modernos: los Nobel, Warburg, Getty, Thyssen… han creado fundaciones caritativas, académicas o artísticas, para rescatar su imagen pública (y burlar la administración fiscal). Pero todos los demás, la gente común que es la inmensa mayoría, se desviven por hacerse ricos a cualquier precio, pierden su vida por una meta fuera de alcance, y por ello acuden a cualquier medio mágico, como la lotería o los negocios sucios. El capital especulativo empobrece a la mayoría de la humanidad; el capital cultural, al contrario, acrecienta la humanidad del género humano, aunque sea sólo de una reducida elite, lo cual es invaluable. Pero lo que tenemos a la vista es la enajenación fomentada por los grandes medios de comunicación para abastecer el consumismo, neurosis colectiva, cultivo de frustraciones multitudinarias. Se ha perdido de vista que importa mucho más el hacer que el haber, porque “el placer acompaña al acto como la belleza a la juventud”, según aseguró Aristóteles; un juicio de valor permanente.”

domingo, 11 de febrero de 2024

En el Fausto de Goethe,Mefistófeles aparece como el eterno adversario del Ser

En el Fausto de Johann Wolfgang von Goethe, el personaje principal, un estudioso llamado Heinrich Faust, vende su alma inmortal al diablo, Mefistófeles. A cambio, recibe todo lo que desee mientras aún esté en la Tierra. En la obra de Goethe, Mefistófeles aparece como el eterno adversario del Ser. Este es su credo fundamental: “Soy el espíritu que siempre niega, y con razón, pues todo cuanto nace digno es de perecer; por eso sería mejor que nada naciera. Así pues, todo cuanto llamáis pecado y destrucción, en resumen, el mal, es mi elemento natural”. A Goethe este sentimiento de odio le parecía tan importante, tan indispensable para comprender el elemento central de la capacidad destructiva de un humano vengativo, que en la segunda parte de la obra, escrita muchos años después, hace repetir a Mefistófeles la misma idea con una formulación algo distinta. 

domingo, 14 de enero de 2024

La creación es un acto genuino de la autorrevelación de Dios

Mons. Gerhard L. Müller escribe que “en el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien…" (Gn 1, 1-4). Estas pocas líneas contienen la respuesta de la fe a la pregunta originaria del ser humano y de la humanidad: ¿de dónde vengo y por qué estoy en la Tierra? ¿Qué es el ser y qué es el hombre? La Sagrada Escritura, en sus primeras líneas, nos ha dado la primera respuesta válida hasta el día de hoy en la fe en Dios creador y consumador. Todo lo que existe ha sido llamado por Dios a la existencia. El ser fue fundado a partir de su amor y de su voluntad.
La fe cristiana en la creación introduce al ser humano en una relación especial con Dios. Le concede la libertad, e incluso lo llama a la libertad. Esta libertad, sin embargo, implica un deber y no significa por tanto darle la espalda a Dios. Quien, sin embargo, reconoce la libertad como don de Dios ve en ella las posibilidades de configurar y ejercer una influencia positiva sobre el mundo. La creación en sí misma es sacada al principio del caos y conducida a un orden y estructura más profundos, que sólo podrá percibir quien reconozca el fundamento auténtico de todo lo creado en el hecho de que mantiene una relación con Dios en cuanto origen y consumador de todo el ser. El caos del principio retrocede ante el orden bueno del Creador: “Tú todo lo dispusiste con medida, número y peso” (Sb 11, 20).
La creación es un acto genuino de la autorrevelación de Dios, quien le ofrece un acceso a la misma al ser humano, al dotarle de la capacidad de la razón. El mundo creado no es un medio intercambiable al que Dios recurre arbitrariamente para revelarse. A través del ser del mundo que se trasluce en el acto de conocimiento, penetra Dios de forma irrefutable dentro de la realización racional del hombre. Donde quiera que el hombre, en su auto experiencia trascendental, se plantea la pregunta por el sentido y el fin del ser humano, encuentra a Dios como fundamento trascendente del ser y del conocimiento finitos. Y dado que Dios se revela en la experiencia que el hombre tiene de sí y del mundo como el origen libre del mundo y del hombre, del ser y del conocimientos finitos, como el misterio santo, hay que hablar aquí, en un sentido explícito, de autorrevelación de Dios. Este originario conocimiento de Dios como creador desborda ampliamente incluso la posibilidad del acceso filosófico a Dios como causa trascendente del universo, porque este encuentro originario con Dios significa ya de por sí un encuentro con Dios del que nace la salvación. 

miércoles, 29 de noviembre de 2023

La experiencia de la proximidad de la muerte

                                  Finis Gloriae Mundi, de Juan Valdez Leal 

En inglés lo llaman the near death experience (la experiencia de la proximidad de la muerte), vinculada a la aceptación de haber llegado al punto final. Existen estudios detallados, basados en declaraciones de personas que escaparon de la muerte por un pelo, y todas ellas tienen un punto en común,en el instante de la muerte inevitable, y en contra de lo que quizás se opina, no hace acto de presencia el miedo a morir, sino un estado que el implicado quizás no ha vivido con anterioridad. Se experimenta una paz increíble, un sentimiento de armonía y de sintonía, el repentino ser uno con el mundo, escribe Paul Watzlawick, filósofo y psicólogo.



miércoles, 19 de julio de 2023

¿Cómo queremos que sean nuestros hijos?

Uno de los tópicos más escuchados reza así: ¿qué mundo queremos dejar a nuestros hijos? Señala el filósofo francés Pascal Bruckner que la pregunta verdaderamente adecuada y relevante sea más bien ¿cómo queremos que sean nuestros hijos, esos que tendrán que afrontar el mundo imperfecto y problemático de mañana? Porque nuestra capacidad de influir en el mundo es limitada incluso en el más optimista de los casos, por la concurrencia de tantos otros factores, mientras que orientar la formación de nuestros hijos (de los niños y adolescentes de quienes tenemos responsabilidad) es algo más a nuestro alcance y que además entra en el campo directo de nuestras obligaciones.

viernes, 16 de junio de 2023

La vida quiere ser, y querer ser es querer no ser la nada

Si el hombre cuando vive y para vivir tiene que manejar las cosas, tiene que comer los frutos, protegerse de la lluvia y, en fin, hacer una porción de cosas; si el hombre, cuando se ocupa y preocupa de las cosas, no tuviese el arranque de afirmar que esas cosas no son la nada, sino algo, el hombre no podría vivir. Justamente el vivir y ocuparse el hombre con las cosas arranca de que él a sí mismo en el fondo de su alma se dice: algo es esto, ¿qué es esto? y se pone en busca del ser. Cuando tropieza con alguna dificultad, cuando encuentra los límites de su acción, cuando ve que su acción no puede llegar a un término completo, sino que hay obstáculos para ella, entonces el hombre siente la angustia y ve ante sí el espectro de la nada; y reacciona contra esa angustia y contra ese espectro de la nada, suponiendo que las cosas son y buscándoles el ser por los medios científicos que tenga a su mano, con el pensamiento, con los aparatos en el laboratorio, etc. Pero ese ser (el ser de las cosas reales, de los objetos ideales, el ser de los valores) todo ese ser que está “en” mi vida, está en mi vida como negación de la nada; surge en mi vida porque la vida no quiere la nada; porque la vida quiere ser, y querer ser es querer no ser la nada. Llegamos aquí a una transformación profunda en el sentido que puede darse a un adagio metafísico cristiano, que es aquel de que “ex nihilo omne ens qua ens fit” (de la nada es de donde nace todo ente en cuanto ente). El ser no sería plenamente existencia, si no estuviese por decirlo así flotando sobre el inmenso abismo de la nada. Porque justamente para salvarse del abismo de la nada, para afirmarse como ser para seguir siendo, para existir como ente, es por lo que el hombre hace todas esas cosas de pensar el ser de las cosas, de discurrir la ciencia, la alimentación, el vestido, la civilización, todo eso, escribe Manuel García Llorente.