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miércoles, 19 de febrero de 2025

Informe Cook


 John Cook del Global Change Institute

"El hombre es el causante del calentamiento global". Esta afirmación es, hoy por hoy, incuestionable, a la vista del amplísimo consenso científico que existe en torno al origen antropogénico del cambio climático. ¿Pero dónde y cuándo nace ese supuesto consenso? En mayo de 2013, el presidente de EEUU, Barack Obama, afirma que "el 97% de los científicos está de acuerdo, el cambio climático es real, es provocado por el hombre y es peligroso”. Obama se hacía eco de un estudio elaborado por el activista climático John Cook, que, tras examinar casi 12.000 artículos científicos sobre el clima, concluía que el 97% apoyaba la teoría del origen humano del cambio climático. Una reciente actualización de dicho informe eleva este porcentaje al 99,9%, tras analizar más de 88.000 artículos sobre el clima publicados entre 2012 y 2020. El informe original de Cook incluía un total de 11.944 folios en cuyo resumen constaba el término "calentamiento global" o "cambio climático global". Y los dividía en siete categorías:
El 50% o más del cambio climático es causado por el hombre: 64 artículos (0,54%)
El hombre juega algún papel en el calentamiento, pero sin cuantificar: 922 (7,7%)
El aumento total de CO2, no sólo de las emisiones que causa el hombre, juega algún papel en el calentamiento: 2.910 artículos (24%)
No se pronuncian sobre el papel del hombre porque desconocen si las emisiones humanas tienen o no impacto real sobre el calentamiento: 7.970 artículos (67%)
El hombre tiene un impacto mínimo: 54 artículos (0,45%)
Las emisiones del hombre probablemente no tienen impacto: 15 artículos (0,13%)
El 50% o menos del calentamiento es causado por el hombre: 9 artículos (0,1%)
Así pues, según el propio informe de Cook, tan sólo el 33% de los artículos respaldan explícita o implícitamente que el hombre juega un papel relevante en el cambio climático, mientras que la mayoría (67%) no se pronuncian al respecto. Para pasar del 33% al famoso 97%, lo que hace Cook es sumar los tres primeros grupos, a pesar de que el segundo y el tercero no especifican la influencia del hombre, y, al mismo tiempo, elimina casi todo el grupo de los artículos neutrales, que representaban el 67% de la muestra total. El resultado de esta particular cocina es que el 97% de los estudios científicos respaldan el origen antropogénico del calentamiento. Es decir, que el principal causante del cambio climático es la actividad del hombre. Investigaciones posteriores comparan varios estudios acerca del consenso científico sobre el cambio climático antropogénico y arrojan resultados muy diferentes en función del tamaño de la muestra. Si se excluyen los científicos neutrales (que no saben o no se posicionan sobre la cuestión), la horquilla va del 47% al 100% de los artículos que respaldan la teoría dominante (97% en el caso de Cook).
Todo apunta al gran interés político que suscita la materia. Si el 97% o más de los científicos afirman estar de acuerdo, los escépticos son percibidos como algo marginal y, por tanto, sus teorías pueden ser fácilmente descartadas o ridiculizadas, hasta el punto de ser tildados de "negacionistas". Pero si, por el contrario, el porcentaje de disidentes no es el 3%, sino el 20% o 30%, el debate científico en torno al cambio climático seguiría estando muy vivo.

martes, 14 de enero de 2025

Dos formas de conocimiento

El contraste entre dos formas de conocimiento. Por un lado, el conocimiento humilde y relacional, humanista y realista, que se abre a la tecnología, la respeta y a la vez la sitúa constantemente en su adecuada perspectiva. Por otro lado, el conocimiento que tiende a dominar y poseer, tecnocrático, en principio legítimo, pero que en nuestro tiempo conlleva de hecho el riesgo de acabar con el primer tipo de conocimiento, el humanismo. La armonía entre estos dos tipos de conocimientos, pertenece, efectivamente, a la buena salud de nuestras raíces. Este argumento lo planteaba ya Romano Guardini hace un siglo: “En estos días he comprendido más que nunca que hay dos formas de conocimiento, una conduce a la inmersión en el objeto y su contexto, por lo que el hombre que quiere saber trata de vivir en él; la otra, al contrario, reúne las cosas, las descompone, las ordena en cajas, adquiere dominio y posesión, las domina”.El primer tipo de conocimiento, observa el papa Francisco, es humilde, y se sitúa al servicio de las personas y de la naturaleza creada; el segundo, en cambio, analiza para transformar la vida. Romano Guardini no demoniza la tecnología, pero advierte del peligro de que se convierta en reguladora, sino en gobernante de la vida. Y se preguntaba Guardini: si este tipo de conocimiento prevalece ¿podrá la vida permanecer viva?.“Pensemos, proponía el Papa a los universitarios, en el deseo de poner en el centro de todo no a la persona y sus relaciones, sino al individuo centrado en sus propias necesidades, ávido de ganar y voraz de aferrar la realidad”. No quiere el Papa generar pesimismo, sino ayudar a reflexionar sobre la “arrogancia de ser y de tener”, “que Homero ya veía como amenazante en los albores de la cultura europea y que el paradigma tecnocrático exaspera, con un cierto uso de algoritmos que pueden representar un riesgo más de desestabilización de lo humano”.
Y se refiere el papa Francisco a la novela “El amor del mundo”, de Robert Benson (escrita en 1907), que describe ya un mundo dominado por la tecnología y el mito de un progreso estandarizado. Y esto, en nombre de un nuevo humanismo, que busca anular las diferencias y suprimir las religiones. “Este es el drama, observa el Papa, señalando el parecido con nuestra situación, la colonización ideológica; el hombre, en contacto con las máquinas, se aplana cada vez más, mientras que la vida común se vuelve triste y enrarecida”. En un mundo así “parece obvio descartar a los enfermos y aplicar la eutanasia, así como abolir las lenguas y culturas nacionales para lograr la paz universal, que en realidad se transforma en un persecución basada en la imposición del consenso, tanto que un protagonista afirma que 'el mundo parece a merced de una vitalidad perversa, que todo lo corrompe y confunde'".Desde ahí vuelve Francisco la mirada a la Universidad y su papel: “el lugar donde nace, crece y madura el pensamiento abierto y sinfónico; no monocorde, no cerrado: abierto y sinfónico. Es el ‘templo’ donde el saber está llamado a liberarse de los estrechos confines del tener y del poseer para convertirse en cultura, es decir, ‘cultivo’ del hombre y sus relaciones fundantes con lo trascendente, con la sociedad, con la historia, con la creación”.Con palabras del papa Francisco, “lo que libera es la verdad, lo que libera al hombre de sus dependencias y encierros”. Y “la clave para acceder a esa verdad es un saber nunca desconectado del amor, relacional, humilde y abierto, concreto y comunitario, valiente y constructivo”. Esta es una propuesta de Francisco para que la universidad sea una fecunda cantera de humanismo y un laboratorio de esperanza.

lunes, 11 de noviembre de 2024

En las guerras civiles, el objetivo no suele ser la paz, sino la eliminación total del enemigo

Como Dan Diner y otros autores han señalado, fue durante la guerra civil estadounidense cuando surgió la expresión “rendición incondicional”, que “descarta cualquier compromiso que pueda permitir la existencia continua de ambos bandos. En una entidad política no partida, solo un bando puede ostentar el monopolio del… uso de la fuerza… Por esta razón, las guerras civiles son las más brutales de todas, acentuando la animadversión y el ejercicio de la violencia hasta llevarlo a límites extremos…”. En las guerras internacionales que enfrentan a dos estados consolidados se produce con frecuencia cierto grado de reconocimiento, tanto del enemigo como de las normas de la guerra, que “no se esfuerza por destruir totalmente al enemigo”. Por el contrario, las guerras civiles “generan un ilimitado grado de radicalización”. Las contiendas civiles y las internacionales están “conceptualmente en las antípodas”, ya que las primeras “se impulsan gracias a cuestiones de índole religiosa, valores, factores ideológicos y principios”.
Carl Schmitt recalca que la guerra civil es especialmente cruel porque, al ser un combate de carácter interno, tiende a pasar por encima del orden legal, lo cual conlleva la justificación de métodos extremos y hace necesario un triunfo total que, a su vez, conlleva la necesidad de la absoluta eliminación política y, en ocasiones, física del enemigo. Mostrar clemencia hacia él se considera signo de debilidad y falta de compromiso. En las guerras civiles, el objetivo no suele ser la paz, sino la eliminación total del enemigo. Así lo señaló Tucídides en la Guerra del Peloponeso, la primera crónica histórica de una guerra civil de la que disponemos. Tucídides escribió que durante la guerra civil registrada en Corcira (Corfú) durante el 427 a. C. se acabó con todas las leyes, al tiempo que se cometían desenfrenadamente actos homicidas y los combatientes trataban de demostrar su compromiso y su lealtad asesinando a sus conciudadanos.

jueves, 13 de mayo de 2021

Hay que ver en el niño la fuerza creadora que plasma y sostiene el futuro


“El niño aparece en gran medida como una suerte de peligro o como un accidente que hay que evitar. El arte de mantenerle cerrada la puerta es considerado como contenido del espíritu ilustrado y de la posesión de tal espíritu. Aplastar la vida más indefensa, la vida en gestación, parece verse muchas veces no ya como un mero delito caballeresco, sino incluso como indicador del grado de emancipación. Seamos honestos, en el pensamiento de nuestro tiempo, el niño se presenta como un competidor de nuestra libertad, como el competidor de nuestro futuro, que nos quita el lugar. Llenamos el espacio de nuestra vida con cosas, con productos, y nunca nos hartamos de cosas, que podemos planear y después, descartar. A lo sumo tenemos espacio para un animal, que se somete por completo a nuestras veleidades. Pero para una nueva libertad, para una nueva voluntad, que entre en nuestra vida y que no podamos planear y regular, para ella no tenemos más espacio, nos es demasiado molesta. Solo nos gusta lo planificado, el producto, lo que nosotros mismos hacemos y que podemos después descartar. El niño llama a la puerta. Si lo aceptáramos, tendríamos que revisar de nuevo a fondo nuestra propia relación con la vida, estar dispuestos a no acaparar la vida solamente para nosotros, a dejar de verla solamente como una breve oportunidad de sacar algo de las posibilidades del ser, sino vivirla y contemplarla como un regalo para otros. Tendríamos que aprender a ver en el niño, en la nueva libertad de otro ser humano que entra, no la destrucción de nuestra libertad, sino su oportunidad, no al competidor que nos arrebata futuro y espacio para vivir, sino la fuerza creadora que plasma y sostiene el futuro”, escribe Joseph Ratzinger.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Cultura del descarte.


El papa Francisco comentaba en uno de sus viajes por Iberoamérica, que nuestras relaciones sociales o el juego político en el sentido más amplio de la palabra, no olvidemos que la política, decía el beato Pablo VI, es una de las formas más altas de la caridad, muchas veces este actuar nuestro se basa en la confrontación, que produce descarte. Mi posición, mi idea, mi proyecto se consolidan si soy capaz de vencer al otro, de imponerme, de descartarlo. Así vamos construyendo una cultura del descarte que hoy día ha tomado dimensiones mundiales, de amplitud. 

sábado, 14 de julio de 2018

Las entrevistas laborales tienen muy poca o ninguna utilidad para predecir el éxito en el trabajo.

“En una entrevista se puede saber si una persona es un conversador agradable, y se pueden hacer algunas preguntas técnicas para descartar a quien es un verdadero inepto, pero por lo demás es una cuestión de suerte”, escribió el fundador de Bit-Torrent, Bram Cohen. El jefe de recursos humanos de Google, Laszlo Bock, dijo: “Las entrevistas son una forma pésima de predecir el rendimiento”. En la práctica, las entrevistas laborales tienen muy poca o ninguna utilidad para predecir el éxito en el trabajo, salvo lo que de todos modos puede predecirse por la experiencia laboral o la educación.

Con respecto a contratar a los candidatos cualificados con el mayor coeficiente de inteligencia, la realidad es que los tests de inteligencia tienen un escaso valor discernible a la hora de contratar. Con eso no se quiere decir que la inteligencia carece de importancia, sino que el historial laboral y la educación transmiten la misma información o incluso más. Igualmente significativo es el hecho de que las personas con un elevado coeficiente de inteligencia no son siempre unos empleados muy buenos, ya que algunos son unos holgazanes intelectuales que jamás consiguen nada, manifiesta William Poundstone.