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lunes, 27 de abril de 2026

Las necesidades primordiales del hombre

Como afirmó Frazer,“vivir y hacer vivir, comer y engendrar hijos, tales han sido las necesidades primordiales del hombre en el pasado, y tales serán las necesidades primordiales del hombre en el futuro mientras el mundo exista. Se pueden añadir otras cosas para enriquecer y embellecer la vida humana, pero si antes no fueran satisfechas estas necesidades, la propia humanidad dejaría de existir”. 


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Lo que parece ser, realmente es


Existe una persona, un lugar y un tiempo trascendentes en el mundo material. La creación ha recibido a Dios en la persona de Jesucristo. Afirma Ireneo en Contra las herejías que “la propia creación de Dios, que depende para su existencia del poder, el arte y la sabiduría de Dios, ha engendrado a Dios”. “Lo que parece ser, realmente es”. San Efrén el Sirio afirma que “María llevó al Niño en silencio, ¡y en Él estaban ocultas todas las lenguas! José lo llevó en sus brazos, ¡y en Él  se ocultaba una naturaleza más antigua que cualquier cosa antigua!… Siendo Altísimo, bebió la leche de María, ¡y de su bondad beben ahora todas las criaturas! Él es el pecho de la vida y el aliento de la vida”. La encarnación no es solo un acontecimiento pasado, sino una realidad continua.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

La unión del hombre y de la mujer es concepción. Esta concepción es obra divina

Diotima
El célebre pasaje del Banquete de Platón, en el cual Diotima, la extranjera de Mantinea, define para Sócrates lo que es el amor y de qué forma está ligado a la reproducción, pero también cómo solo es posible esta reproducción si va precedida del deseo: “Cuando llegamos a cierta edad, dijo Diotima, nuestra naturaleza siente el deseo de engendrar, pero solo puede engendrar en la belleza, no en la fealdad; y en efecto, la unión del hombre y de la mujer es concepción. Esta concepción es obra divina, y el ser mortal participa de la inmortalidad por la fecundación y la generación; pero esta mortalidad es imposible de alcanzar en lo que es discordante. Ahora bien, lo feo no armoniza con lo divino, en tanto que lo bello sí lo hace. Por ello, cuando el ser impaciente por dar a luz se aproxima a lo bello se vuelve gozoso, y, en su júbilo, se dilata y da a luz y produce; en cambio, cuando triste y ceñudo se aproxima a lo feo, se da la vuelta y no engendra; retiene su germen y sufre. Ahí se origina el éxtasis que siente el ser fecundo y lleno de vigor en presencia de la belleza, porque esta le libera del profundo sufrimiento del deseo…” (Platón, Banquete).
Menandro
El amor, el deseo, incluso la pasión, desempeñaban un papel no desdeñable en las relaciones entre hombres y mujeres, incluso en el marco de la vida conyugal. Además, es significativo que a finales del siglo IV, y en relación con la decadencia de la vida poética, cuando se incrementa la importancia de la esfera privada, el amor se convierte en uno de los motivos principales de las intrigas teatrales, un amor cuyo desenlace normal y deseado es el matrimonio. Así es el amor que siente Sóstrato por la hija de Cnemón el misántropo, en la obra del mismo título de Menandro, El misántropo, amor que nace desde el mismo momento en que ve a la joven y que él experimenta como un mal que solo podrá ser mitigado cuando su padre se la entregue y pueda quererla siempre (Menandro, Misántropo).


martes, 19 de agosto de 2025

Vivir y hacer vivir

Afirma Frazer que “vivir y hacer vivir, comer y engendrar hijos, tales han sido las necesidades primordiales del hombre en el pasado, y tales serán las necesidades primordiales del hombre en el futuro mientras el mundo exista. Se pueden añadir otras cosas para enriquecer y embellecer la vida humana, pero si antes no fueran satisfechas estas necesidades, la propia humanidad dejaría de existir” (La Rama Dorada, parte IV, volumen I, pág. 5).


jueves, 10 de julio de 2025

Creemos que podemos hacer lo que queramos y escapar de las nefastas consecuencias

Creemos, dice el filósofo Rémo Brague, que podemos hacer lo que queramos, dejarnos llevar por cualquier capricho, y la humanidad encontrará la manera de escapar de las nefastas consecuencias que tendrá a largo plazo las políticas que seguimos. Dejamos que la próxima generación haga puenting, y esperamos que alguien le abroche el elástico o le de un paracaídas para que se lo ponga durante la caída. No engendramos hijos, pero esperamos que la cigüeña nos traiga nietos para que puedan limpiar nuestro desorden ecológico, y, no olvidemos, pagar nuestra jubilación.

miércoles, 25 de abril de 2018

Amar significa mezclar dos biografías.

Erich Fromm
Erich Fromm captó el dilema en su esencia cuando observó que “la satisfacción en el amor individual no se puede alcanzar… sin verdadera humildad, valentía, fe y disciplina”. Pero añadía que, “en una cultura en la que dichas cualidades son raras, la consecución de la capacidad de amar debe seguir siendo un extraño logro”. Amar significa estar decidido a compartir y a mezclar dos biografías, cada una con su diferente carga de experiencias y recuerdos y su propia singladura. Por la misma razón, significa un acuerdo cara al futuro y, por tanto, cara a ese gran desconocido. Significa hacerse dependiente de otra persona dotada con una libertad parecida para elegir y con voluntad para mantener dicha elección, y, por tanto, de otra persona llena de sorpresas, imprevisible. Mi deseo de amar y de ser amado sólo puede culminarse si una auténtica disposición a que sea en las “duras y en las maduras” lo respalda, a
comprometer mi propia libertad si fuera necesario, de modo que la libertad de la persona amada no sea violentada. En el Banquete de Platón, Diotima de Mantinea le señala a Sócrates, con el acuerdo incondicional de este último, que el “amor no es para la belleza, como piensas”, “es para engendrar y dar a luz en la belleza”. Amar es desear “engendrar y procrear” y, por tanto, el amante “va buscando de un lado a otro la cosa hermosa en la que poder engendrar”. El amor no encuentra su sentido en el ansia por cosas conclusas, terminadas y fabricadas de antemano, sino en la urgencia por participar en y contribuir a que dichas cosas se hagan realidad. El amor es afín a la trascendencia; sólo es otra denominación del impulso creativo y está plagado de riesgos, como lo están todos los procesos creativos, que jamás saben dónde van a ir a parar.

Como ha sugerido Anthony Giddens, la vieja y romántica idea del amor como elección de una pareja exclusiva “hasta que la muerte nos separe” se ha sustituido, a lo largo del proceso de liberación individual, por un “amor confluente”, una relación que sólo dura en la medida en que (y ni un instante más) satisfaga a ambos miembros de la pareja. En el caso de las relaciones, uno quiere que el “permiso para entrar” conlleve un “permiso para salir” en cuanto uno vea que no hay motivo alguno para quedarse.

Zygmunt Bauman
Dice Zygmunt Bauman que como el comienzo de una relación requiere el consentimiento de dos y para acabar con ella basta con la decisión de uno solo de sus miembros, toda relación de pareja está condenada a ser blanco constante de la ansiedad. ¿Y qué pasa si el otro se aburre antes que yo? La disponibilidad de una salida fácil constituye en sí misma un obstáculo formidable para la consumación del amor. Hace que sea mucho menos probable el tipo de esfuerzo a largo plazo que dicha consumación requeriría, que se sea susceptible de ser abandonado mucho antes de alcanzar una conclusión gratificante, rechazado por “no salir mucho a cuenta”, molesto por un precio que uno considera que no hay motivo alguno para pagar, teniendo en cuenta los sustitutos aparentemente más baratos asequibles en el mercado.