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viernes, 17 de julio de 2026

La cultura, el trabajo y la religión son los modos a través de los cuales todos los hombres han socializado

Para el filósofo Stefano Abbate, “la cultura, el trabajo y la religión son los modos a través de los cuales todos los hombres han socializado con el ambiente exterior. Los hombres han entendido su vida desde esos tres ejes. Entendemos nuestra vida a través de la cultura que vivimos, el trabajo que realizamos y las respuestas que damos a las cuestiones fundamentales que nos plantea el orden sagrado de la vida. Cuando esto se desmorona, la persona vive una serie de incomprensiones con el mundo exterior que hace que su vida sea ininteligible. Esto causa una serie de patologías, enfermedades y vicios en el alma que son muy difíciles de arrancar. Esto es lo que la socióloga Simone Weil llamaba desarraigo. Es una enfermedad espiritual que nuestro tiempo sufre de modo muy agudo. Cuando la persona vive en un contexto cultural tan pobre, el mundo familiar se desmorona, el trabajo se convierte en algo estandarizado, monótono, asalariado en el sentido peor de la palabra y esclavizante. Cuando lo religioso niega lo sagrado porque ha sido mercantilizado y el negocio, la ausencia de ocio, es lo que se impone, evidentemente se da un desarraigo.
Cuando el negocio entra en la vida religiosa, la sociedad se cierra a la trascendencia porque de algún modo ha encontrado sustitutos y otros medios de poder vivir esta sombra de eternidad en la tierra. Todo esto se debe al idealismo alemán y a todas las formas existencialistas que ofrecen al hombre un entorno futuro inmanente que le da una cierta esperanza. Podemos hablar de religiones políticas, de secularización de la esperanza cristiana, en las cuales el mundo moderno ofrece al hombre un sustitutivo de la salvación. En el siglo XX se hablaba de un hombre nuevo, de una esperanza de justicia, de igualdad y todo esto eran secularizaciones que se dan en contextos que ya no son cristianos. Usan categorías cristianas, pero ya secularizadas. Tenemos el marxismo, el nazismo, el liberalismo…No dejan de ser formas secularizadas de la recta esperanza cristiana, de que la redención llegue a su plenitud y haya un cielo nuevo y una tierra nueva, una esperanza escatológica. Los hombres cansados de esperar que Dios obre este último paso de la redención buscan hacerlo ellos por su cuenta y riesgo. Es un voluntarismo.”

martes, 2 de junio de 2026

La única cuestión que interesa

Manuel Fraijó

No se puede entender que la trascendencia del ser humano acabe definitivamente con la muerte. Es como pensaba Johann Gottlieb Fichte. El profesor de filosofía de la religión en la UNED, Manuel Fraijó, explica muy bien su sentir: “Fichte pensaba que el hombre no puede estar destinado a ser un mero “portador de fardos.” Como Kant, Fichte auguraba al hombre una paz perpetua. Se resistía a que “la vida consista en comer y beber, para volver luego a tener hambre y sed y poder de nuevo comer y beber hasta que se abra ante mis pies el sepulcro y me trague, y ser yo mismo alimento que brota del suelo. No me resigno a que todo gire en torno a engendrar seres semejantes para que también ellos coman y beban y mueran y dejen detrás de sí otros seres que hagan lo mismo que yo hice”. “No es necesario acumular trazos patéticos de la vida como el que nos ofrece Fitche. Pero sería fácil hacerlo. Mircea Eliade evoca el terror de la historia. Y Bloch se rebelaba, “por dignidad personal”, contra la sangrante evidencia de que el hombre acaba igual que el ganado”.Cuentan que cuando Paul de Man estaba en su lecho de muerte, rodeado de alumnos, todos ellos estructuralistas que no dejaban de hablar del estructuralismo, de repente dijo: “¡No puedo más! La única cuestión que interesa es saber si existe o no Dios”.
Parece claro entonces que el fantasma del absurdo acecha y que a veces se impone. Es entonces cuando para muchos la vida aparece carente de todo sentido. Según Paul Tillich a ello contribuye lo que él llama la ‘falta de profundidad‘, es decir, una existencia en la que no hay ninguna clase de espiritualidad y que se vive sin esperanza. Una sociedad en la que impera el reino de la banalidad, el “cinismo de la obviedad”, que carece incluso de capacidad de asombro y que se resiste a reconocer con humildad que todo lo que nos rodea nos supera absolutamente porque es en realidad un enorme misterio.

jueves, 16 de abril de 2026

En el siglo XIV un gran esfuerzo de reconstrucción moral se hacía preciso para sacar a la Cristiandad del abismo

El siglo XIV, tiempo de depresión, había visto pasar, como un terrible viento, castigo de Dios, a los cuatro jinetes del Apocalipsis: hambre, guerra, peste y muerte. Un gran esfuerzo de reconstrucción moral se hacía preciso para sacar a la Cristiandad de aquel abismo. No cabe duda de que la presencia del cardenal de Luna durante un decenio influyó de modo muy poderoso para que la reforma española, que se situó en posiciones de vanguardia. Durante la legación del cardenal Luna, San Vicente Ferrer, que precisamente en 1379 había renunciado al priorato sobre los dominicos de Valencia para disponer de entera libertad, volcándola en la enseñanza y la predicación, se convirtió en un gran orador, según el gusto del tiempo, que hacía la propaganda en orden a demostrar que aquellas ondas de desorden, vicio y división, anunciaban ya el fin del mundo, empujando a sus oyentes a considerar como negocio casi exclusivo la salvación.San Vicente trataba de comunicar precisamente aquellos esquemas doctrinales que empleara en la redacción de su libro De vita spirituali: como hacían también los maestros de la devotio moderna, reclamaba una estricta imitación de Cristo en el desasimiento de toda clase de bienes en este mundo, sin incurrir, sin embargo, en el exceso de reputarlos como males; la frecuencia en la recepción de sacramentos de penitencia y eucaristía era el puente que permitía al hombre entrar en directa relación con la Trascendencia.
La señal de partida para la reforma fue dada, presente el cardenal, en las Cortes de Segovia (setiembre/octubre de 1383), en donde se promulgaron leyes en relación con la vida de la Iglesia. Siendo definido el reino como una comunidad religiosa (sólo los bautizados podían entrar en la categoría de súbditos), el proceso tenía que incluir necesariamente decisiones temporales y espirituales.Todas las decisiones de los gobernantes deben someterse a la ley de Dios, lo cual significaba abundantes límites en sus competencias. En aquellas Cortes de Segovia aproximadamente la mitad de las cincuenta y cinco leyes que se promulgaron estaba relacionada con la disciplina de la Iglesia, no es difícil reconocer la mano del cardenal. En aquellas Cortes se dictaron disposiciones para desarraigar el juego de azar, pecado grave, el amancebamiento de los clérigos y el adulterio tanto de éstos como de laicos.
La propuesta de reforma, conducente a conseguir una sociedad moralmente más sana, sometida a las estructuras jerárquicas y llamada a anteponer la conciencia del deber a las prerrogativas y privilegios que comportaba el estado eclesial, era, sin duda, arma de dos filos; establecía fuertes limitaciones, más eficaces de lo que suele juzgarse, a los excesos del poder político, pero al mismo tiempo se inclinaba en favor de un verdadero clericalismo. La reforma española pudo avanzar en el reconocimiento de los derechos humanos y en la apertura a otros pueblos idólatras.Pero, al mismo tiempo, carecía de solución adecuada para aquellos sectores de población que, al profesar la fe mosaica o musulmana, no podían ser aceptados como parte del reino. Judaísmo e Islam tampoco tenían propuestas.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

¿Puede una cultura sobrevivir al culto que la engendró?

Mathieu Bock-Còté (sociólogo, profesor, ensayista y columnista en la prensa canadiense) escribe que la Revolución Francesa fue fundamentalmente anticatólica. Se trataba de arrancar la matriz de una civilización y sustituirla por otra, portadora de la promesa de un nuevo gran comienzo, de un nuevo año cero. El hombre iba a renacer liberado de toda trascendencia, capaz por fin de autoengendrarse. Pero para ello, el mundo de ayer debía ser arrasado con furia iconoclasta; el hombre moderno se sentía humillado por la grandeza del pasado y quería conseguir plenos poderes sobre el mismo, deconstruyéndolo piedra a piedra, confiscando sus obras, profanando sus tumbas, arrancando la cruz de la faz del mundo.
La hipnosis nihilista duró evidentemente poco tiempo, pero algo quedó de ella, en particular una aversión a la religión católica, que el moderno militante sigue considerando, en el fondo, como el último obstáculo a su tentación demiúrgica. Resulta, no obstante, menos importante saber si el hombre cree en Dios que saber si se cree Dios. Pues esta pretensión es el origen de muchos desastres.
El hombre creyó crecer reduciéndolo todo a su medida… y al final se descubrió minúsculo. Sin Dios, o al menos sin la posibilidad o la búsqueda de un Dios cuya posible existencia escruta por todas partes, el hombre tiende a perder la conciencia de su singularidad y acaba fundiéndose en el magma indiferenciado de lo vivo. De vez en cuando, incluso llegamos a creer que estamos de más. El fantasma de la omnipotencia y el paradójico orgullo de la reivindicación de una insignificancia ontológica son inseparables. 
El cristianismo, en Europa, no es sólo una fe, no es sólo un encuentro personal, sino que es una civilización, estructurada en torno a una propuesta que ha permitido al hombre desplegar plenamente su genio. Pero, ¿puede una cultura sobrevivir al culto que la engendró? Puede ser que el hombre que busca un rastro de Dios lo encuentre en la grandeza de un mundo que otros muchos han construido mientras le buscaban o le rendían culto.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

El antisemitismo durará tanto como el tiempo mismo


¿Cómo es posible que el destino de un país más pequeño que una región italiana o que dos departamentos franceses pueda tener tanta repercusión en el futuro del mundo? ¿Por qué 9 millones de judíos que reclaman una tierra tan diminuta son un escándalo para 2.000 millones de musulmanes, que poseen 57 países y afirman la unidad de la Ummah? También podríamos preguntar directamente: ¿por qué el Verbo se hizo judío?
No podemos dejar de verlo, aunque hay que creerlo. Este pueblo está marcado por una elección que es el primero en no comprender. El judío puede no tener fe en Dios, pero Dios sigue teniendo fe en él, apartándolo de las naciones, casándose con él para bien o para mal, y encargándole finalmente la misión de aguafiestas y revelador... Tan pronto como el orden mundial quiere cerrarse sobre sí mismo, ahí está él, desconcertante e inquietante, irrupción de la trascendencia a pesar suyo. En la era de los nacionalismos se le critica por ser demasiado cosmopolita; en la era de la globalización, por ser demasiado nacionalista. ¿Se le retrata como un Rothschild? Aquí está Einstein. Aquí está Marx (Karl o Groucho). Incluso sus esfuerzos por asimilarse completamente acaban discriminándole. Se convierte en el más austriaco de los escritores austriacos, como Stefan Zweig, algo que el Hitler austriaco no podía soportar. Incluso Super-Man es una invención de Siegel y Shuster, descendientes de inmigrantes judíos de Ucrania y Lituania; y Astérix el Galo, de Goscinny, nieto de un rabino polaco...
Con semejante escándalo, podemos predecir que el antisemitismo durará tanto como el tiempo mismo. Al igualitarista no le gusta el judío porque es recalcitrante a su máquina niveladora; el antisemita es superior a él porque tiene el instinto de lo sobrenatural. Presiente que algo extraño sucede con el judío, algo más extraño que lo que sucede con el simple extranjero.Esta elección no es precisamente ningún enchufe, al contrario, es la exigencia de una rectitud a prueba de todo, a no sucumbir a la tentación del orgullo y del desprecio, a mantener, una vez más, el honor en medio del horror.
Al hacer esta constatación, no estoy ofreciendo una solución (¡gracias a Dios! una solución sólo serviría para separar el trigo de la paja). En realidad redoblo el problema. No se puede ser pacifista, hay que responder a la agresión; no se puede ser belicista, no basta con reaccionar. Necesitamos un jefe de guerra llevado en las alas de la Paloma, que sólo desenvaine la espada para plantar el olivo.Este doble problema era ya el de Juana de Arco. 

martes, 23 de septiembre de 2025

La Verdad católica y la verdad masónica

Si en la masonería la Verdad proviene del hombre, en la fe católica la Verdad es revelada al hombre por Dios. Cuando para el católico todo hace referencia a la ley natural, para el masón el derecho, la ética, son relativos y provienen de la concepción humana de la sociedad. 
La noción de “secreto” articula todo el recorrido masónico, en virtud de ello la Verdad está reservada a algunos iniciados, mientras que en la religión católica, es revelada por Dios y anunciada a todos (en particular a los más humildes y los más pequeños), sin distinción alguna. Para la masonería, la felicidad y la Verdad estaban disociadas. La Verdad masónica es algo inaccesible, mientras que la felicidad se podía encontrar en la tierra. La felicidad masónica no participa de trascendencia alguna. No existe ningún “paraíso masónico” y todo se juega en este mundo. La concepción masónica de la felicidad era puramente social y no espiritual. Puesto que, para la masonería, la Verdad no es trascendente, no conduce a la felicidad.Si la felicidad de la Humanidad depende de un trabajo secreto realizado por un pequeño grupo de “elegidos”, es necesario que ese grupo influya sobre la marcha de la Humanidad.
La masonería reposa sobre la práctica de un ritual y sobre principios que excluyen toda referencia a otra ley, como se extrae del ritual de iniciación de Derecho Humano, que precisa que “la masonería es una institución que no procede más que de sí misma”. Ello conduce al rechazo de todo lo que pudiera ser concebido como principio superior, como ley natural, de ahí el combate entre el orden masónico y la civilización cristiana. Paul Gourdeau, antiguo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, afirma que “lo que es importante que comprendamos hoy es que el combate que se libra actualmente condiciona el porvenir, más todavía, el devenir, de la sociedad. Reposa sobre el equilibrio de dos culturas; la una fundada sobre el Evangelio y la otra sobre la tradición histórica de un humanismo republicano. Y estas dos culturas son fundamentalmente opuestas. O la Verdad es intangible y revelada por un Dios en el origen de todas las cosas, o se encuentra fundamentalmente en las construcciones del hombre, siempre cuestionables en cuanto perfectibles hasta el infinito”. 
Algunos representantes de la Iglesia Católica manifiesta que “la masonería ensalza el relativismo doctrinal. Dicho de otra manera, las verdades profundas concernientes al hombre y su destino no pueden ser conocidas con certeza. En ese sentido, no existe ni Verdad definitiva ni Verdad universal. El creyente por el contrario, afirma que Jesús es el camino, la Verdad y la vida."La orden masónica mixta internacional Derecho Humano no profesa dogma alguno. Trabaja en la búsqueda de la Verdad”. Afirmar que no se debe profesar ningún dogma, ¿no es acaso, en esencia, una afirmación dogmática? No reposa, de hecho, sobre la experiencia, ni es demostrable en el sentido racionalista. Además, sobre la cuestión de la Verdad, la masonería, cuando afirma su inaccesibilidad, es tan dogmática como la Iglesia cuando proclama que la Verdad ha sido revelada. La doctrina masónica se opone frontalmente a la de la Iglesia católica al sostener de manera perentoria que, aunque la Verdad le fuese revelada al Hombre, éste seguiría sin poder aprehenderla. “No le basta al Hombre situarse en presencia de la Verdad para que ésta pueda ser inteligible”. 

Referencia: Por qué dejé de ser masón (Serge Abad Gallardo)

domingo, 1 de junio de 2025

¿Por qué creer que este mundo nuestro está bajo el control de una inteligencia moral?

¿Por qué creer que este mundo nuestro está bajo el control de una inteligencia moral? Porque si no fuera así, hace mucho que se hubiera hecho añicos. El Nuevo Testamento reconoce, una y otra vez, el poder del mal en nuestro mundo. Pero sabemos que Dios está con nosotros en nuestra lucha contra esos males, y que Cristo Jesús ya los ha vencido. Podemos, entonces, con esperanza, unirnos a la lucha por la paz, la seguridad y la justicia en nuestro mundo, porque Dios lucha con nosotros. La victoria final no está en nuestras manos, sino en las de Dios, y Él prevalecerá, escribe el reverendo Howard Mumma.
En París, el existencialista Albert Camus entabló amistad con el reverendo Howard Mumma. Camus añoraba una trascendencia que alejase al mundo sin sentido, y en su búsqueda puso en juego toda la racionalidad que desplegó en sus obras.

domingo, 27 de abril de 2025

Religión

Agustín de Hipona otorga al termino latino religio un nuevo significado, el que hoy en día tiene el termino religión. En sus escritos se observa que para él este concepto designa un encuentro personal con la trascendencia, siendo ahora la religión no solo un vinculo ritual colectivo ( culto cívico del mundo antiguo), sino un encuentro espiritual e intimista del individuo con la divinidad. (W.C.Smith, El sentido y el fin de la religión).


jueves, 23 de enero de 2025

Retorno a la religión

La rebeldía del hombre moderno y su reivindicación de total autonomía frente a poderes mundanos y espirituales llevó a un nuevo orden político, social y cultural donde la religión no tenía cabida, salvo en la esfera privada y casi por condescendencia. No obstante, los intentos de desarraigar al hombre de sus creencias religiosas, de anular o apagar su sed de trascendencia, no han surtido efecto o, al menos, no en el grado esperado.Hoy en día cobra fuerza entre algunos pensadores y sociólogos la crítica al axioma del antagonismo entre modernidad y religiosidad. Es más, uno de los frutos maduros de la época actual es que el hombre vuelve a creer, y lo hace por decisión propia, no por imposición o por la presencia institucional de la religión en la vida política, social o cultural. Así lo ponen de manifiesto autores como Charles Taylor, Karen Armstrong, Peter Berger o Jürgen Habermas. Con distintos matices propios de sus diferentes puntos de partida (Taylor y Amstrong, inicialmente católicos; Berger, luterano; Habermas, inicialmente posestructuralista), estos pensadores coinciden en afirmar que, entre los cambios culturales que ha traído la posmodernidad, se encuentra el regreso a la creencia, fruto ahora de una decisión libre y reflexiva.La fe se vuelve valiosa porque inspira el actuar del hombre y le proporciona un sentido en medio de un mundo al que mira desencantado. A nivel político y social, la religión ofrece unos criterios de comportamiento éticos. Al fin, ese vivir «como si Dios no existiera» (Grocio), propio del secularismo más radical o ateo, parece dejar paso a unos nuevos aires en los que, dentro de la asfixia inmanentista, el hombre intenta conseguir unas bocanadas de oxígeno trascendente.El eclipse o muerte de Dios da paso nuevamente a la sed de Dios.
Como explica muy bien Ratzinger, el cristianismo es la síntesis entre fe y razón, y por ello mismo no puede tratarse como “una religión más”, sino la religio vera. Frente a las antiguas creencias mitológicas o naturales, el cristianismo significó un triunfo de la racionalidad de la religión, de la desmitologización, y con ella una victoria del conocimiento y de la verdad, que por su misma fuerza había de ser considerada universal. Fue precisamente esta síntesis entre razón y fe la que transformó el cristianismo en una religión global. Y no solo por su coherente racionalidad, sino también porque no se quedaba en una simple teoría ética, sino que conducía a una praxis moral. Ratzinger manifiesta que no existe certidumbre acerca de la verdad sobre Dios, sino solo opiniones. El pluralismo religioso que invocan los nuevos secularistas, basado en un falso ethos de la tolerancia, implica una verdad por consenso; o, mejor dicho, una imposibilidad de saber la verdad, ya que cada cual está capacitado o dispuesto para conocer solo una parte. La única vía de salida posible es recuperar la primacía de la razón, y su capacidad de alcanzar la verdad última y objetiva. Y junto con ella, la del amor como recuerda Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est. Defender la verdad y testimoniarla mediante la propia vida es expresión auténtica de la caridad, que todos los hombres perciben en su interior.Así, pues, y siguiendo de nuevo a Ratzinger, si en medio de esta crisis posmoderna se quiere recuperar el sentido del cristianismo como religio vera, se debe apostar tanto por la ortopraxia como por la ortodoxia. Bien (amor) y verdad (razón) coinciden como pilares fundamentales de las relaciones humanas: “La razón verdadera es el amor y el amor es la razón verdadera”.
Referencia: Alejandro Pardo

domingo, 31 de marzo de 2024

Ir siempre agarrado de la mano de Dios

Jean-Ambroise Duvergier de Hauranne

Dios es total, Dios nuestro Señor es también el Padre de la clemencia, pero no le hace falta al hombre vivir muchos años para descubrir la tremenda presencia de Dios en la trama de los sucesos de la vida. ¡Pobre del hombre educado de niño sin el sentimiento del temor de Dios! Adquirir la convicción de la trascendencia de ir siempre agarrado de la mano de Dios, es fundamental en la vida del hombre, escribía Jean-Ambroise Duvergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran.

lunes, 27 de marzo de 2023

El eterno problema del hombre ante Dios que tan dramáticamente sintió Miguel de Unamuno.

Miguel de Unamuno

Hablando de Miguel de Unamuno el agustino y escritor Félix García  comenta que por el camino de la mística y de la poesía busca Unamuno la trascendencia de la vida y de las cosas, y se debate con Dios y con los hombres, y manifiesta él su hambre de Dios y su exaltación hacia lo absoluto y su constante mirar y buscar en lo insondable. Él se consideraba, y con razón, un escultor de nieblas y un buscador de eternidad…..El eterno problema del hombre ante Dios, ante la vida y la muerte, que tan dramáticamente sintió don Miguel de Unamuno.


domingo, 29 de noviembre de 2020

El miedo es comienzo de la derrota

Pierre de Villiers

Pierre de Villiers, general ex jefe del Estado Mayor de la Defensa en Francia, destaca un elemento que tiene en su vida, “esta fuerza para saber de dónde soy y hacia dónde voy es una gracia formidable porque la necesidad de arraigo, que la globalización individualista niega por ideología, es profunda en el hombre. Es la necesidad de sentido, trascendencia y esperanza.


Civilización cristiana

Con respecto al atentado en Niza asegura que "es un acto de guerra que tiene como objetivo la existencia misma de nuestra nación y nuestra civilización cristiana”. En su opinión, “es hora de tomar medidas contundentes a largo plazo. No es una cuestión que afecte a las próximas elecciones, sino a las próximas generaciones. Debemos unir a quienes quieren transmitir nuestra civilización y no dejarse conquistar por el miedo. Porque el miedo es comienzo de la derrota”. “Los católicos practicantes simplemente encarnan la civilización cristiana”. Lo explica asegurando que “esta civilización es el objetivo preferencial de los terroristas islamistas que quieren imponer un nuevo modelo de sociedad en torno a la sharia. Están luchando contra el modelo occidental y su fundamento cristiano. Estado Islámico ha sido derrotado, pero la ideología islamista todavía sueña con establecer califatos. Repito, su objetivo es borrar del mapa nuestra herencia judeocristiana”.


Nos eleven hacia lo bello, lo verdadero, lo bueno

Sobre los jóvenes que caen en las garras del islamismo radical en Francia y en otros países europeos. De Villiers los define como chicos “sin esperanza que son presa fácil del salafismo y el islam radical”. Ante una situación como esta es necesaria mostrar “auctoritas”, es decir, autoridad. “Significa poder elevarse a algo más grande que está más allá de nosotros. Por falta de autoridad, algunos jóvenes caen en la fascinación de una ideología en la que la barbarie no es un simple medio sino un fin. Depende de Francia saber ofrecer algo más. Yo propongo pasar de una sociedad de contramodelos a una de modelos que nos eleven hacia lo bello, lo verdadero, lo bueno”.


jueves, 2 de julio de 2020

Al renunciar a la divinidad, el héroe renuncia a la esclavitud



Al renunciar a la divinidad, el héroe renuncia a la esclavitud. Todos los planes de la existencia se invierten, todos los efectos del deseo metafísico son sustituidos por efectos contrarios. La mentira es reemplazada por la verdad, la angustia por el recuerdo, la agitación por el reposo, el odio por el amor, la humillación por la humildad, el deseo según el Otro por el deseo según Uno Mismo, la trascendencia desviada por la trascendencia vertical. Ya no se trata esta vez de una conversión falsa sino verdadera. El héroe triunfa en la derrota; triunfa porque ha llegado al final de sus fuerzas; necesita, por primera vez, mirar de frente su desesperación y su nada. Pero esta mirada tan temida, esta mirada que es la muerte del orgullo, es una mirada salvadora. Todos los finales novelísticos hacen pensar en el cuento oriental cuyo héroe se aferra con los dedos al borde de un acantilado; agotado, acaba por dejarse caer al abismo; espera aplastarse contra el suelo pero el aire lo sostiene; la gravedad ha sido abolida, escribe René Girard.

miércoles, 25 de abril de 2018

Amar significa mezclar dos biografías.

Erich Fromm
Erich Fromm captó el dilema en su esencia cuando observó que “la satisfacción en el amor individual no se puede alcanzar… sin verdadera humildad, valentía, fe y disciplina”. Pero añadía que, “en una cultura en la que dichas cualidades son raras, la consecución de la capacidad de amar debe seguir siendo un extraño logro”. Amar significa estar decidido a compartir y a mezclar dos biografías, cada una con su diferente carga de experiencias y recuerdos y su propia singladura. Por la misma razón, significa un acuerdo cara al futuro y, por tanto, cara a ese gran desconocido. Significa hacerse dependiente de otra persona dotada con una libertad parecida para elegir y con voluntad para mantener dicha elección, y, por tanto, de otra persona llena de sorpresas, imprevisible. Mi deseo de amar y de ser amado sólo puede culminarse si una auténtica disposición a que sea en las “duras y en las maduras” lo respalda, a
comprometer mi propia libertad si fuera necesario, de modo que la libertad de la persona amada no sea violentada. En el Banquete de Platón, Diotima de Mantinea le señala a Sócrates, con el acuerdo incondicional de este último, que el “amor no es para la belleza, como piensas”, “es para engendrar y dar a luz en la belleza”. Amar es desear “engendrar y procrear” y, por tanto, el amante “va buscando de un lado a otro la cosa hermosa en la que poder engendrar”. El amor no encuentra su sentido en el ansia por cosas conclusas, terminadas y fabricadas de antemano, sino en la urgencia por participar en y contribuir a que dichas cosas se hagan realidad. El amor es afín a la trascendencia; sólo es otra denominación del impulso creativo y está plagado de riesgos, como lo están todos los procesos creativos, que jamás saben dónde van a ir a parar.

Como ha sugerido Anthony Giddens, la vieja y romántica idea del amor como elección de una pareja exclusiva “hasta que la muerte nos separe” se ha sustituido, a lo largo del proceso de liberación individual, por un “amor confluente”, una relación que sólo dura en la medida en que (y ni un instante más) satisfaga a ambos miembros de la pareja. En el caso de las relaciones, uno quiere que el “permiso para entrar” conlleve un “permiso para salir” en cuanto uno vea que no hay motivo alguno para quedarse.

Zygmunt Bauman
Dice Zygmunt Bauman que como el comienzo de una relación requiere el consentimiento de dos y para acabar con ella basta con la decisión de uno solo de sus miembros, toda relación de pareja está condenada a ser blanco constante de la ansiedad. ¿Y qué pasa si el otro se aburre antes que yo? La disponibilidad de una salida fácil constituye en sí misma un obstáculo formidable para la consumación del amor. Hace que sea mucho menos probable el tipo de esfuerzo a largo plazo que dicha consumación requeriría, que se sea susceptible de ser abandonado mucho antes de alcanzar una conclusión gratificante, rechazado por “no salir mucho a cuenta”, molesto por un precio que uno considera que no hay motivo alguno para pagar, teniendo en cuenta los sustitutos aparentemente más baratos asequibles en el mercado.

domingo, 20 de agosto de 2017

El Camino de Santiago, importantísimo nexo de unión en la historia europea.

El Camino de Santiago supuso un importantísimo nexo de unión en la historia europea y un foco catalizador de la sociedad cristiana. El hallazgo del sepulcro del apóstol Santiago el Mayor significó encontrar un punto en común para distintos pueblos ya cristianizados, pero carentes de unidad en aquel momento.
El Camino de Santiago ha tenido un peso trascendental en la cultura y la transmisión del conocimiento. Por él circulaban y se expandían todos los avances e innovaciones en todos los campos del saber y de la fe. Gracias a su influjo en el arte y la literatura, Compostela, junto con Jerusalén y Roma, se convirtió en una de las metas clave de la cristiandad, especialmente a partir del siglo XI hasta el XIV. El 11 de enero de 1993, el conjunto de monumentos, edificios civiles y religiosos, paisajes y tradición cultural del Camino de Santiago fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. Hoy en día, el Camino, a través de sus diversas variantes (el Camino Francés, el Camino del Norte, el Inglés, el Portugués y el del Sureste-Vía de la Plata), sigue siendo testimonio de la enorme trascendencia que tienen la espiritualidad y la fe en millones de personas.

lunes, 10 de julio de 2017

La muerte ya no es visible.


La isla de los muertos de Arnold Böcklin
Expulsar la meditación sobre la muerte de las ocupaciones cotidianas de la vida. Estas son, en opinión de Pascal, diversiones, que ocupan de principio a fin el tiempo disponible, sin dejar el más mínimo instante vacío y ocioso en el que pudiesen vagar sin propósito los pensamientos, no sea que incurran por casualidad en la suprema vanidad de las preocupaciones vitales, supuestamente importantes y absorbentes, en virtud de su consumo de tiempo y energía. “No es ese estado flojo y apacible y que nos permite pensar en nuestra desgraciada condición lo que buscamos, sino el ajetreo que nos aparta de pensar en ello y nos divierte”. Esta preferencia nos hace poner la caza por encima de la presa: “Esa liebre no nos protege contra la visión de la muerte y de las miserias, pero la caza nos protege contra dicha visión” (o, según el adagio de Robert Louis Stevenson, viajar con ilusión es mejor que llegar). Una liebre muerta puede estar al final de la lista de prioridades del cazador, mas la caza se halla en cabeza de dicha lista, y ahí ha de permanecer, pues, por vana que pueda ser en sí misma, su vanidad es indispensable para encubrir esa otra vanidad que realmente importa. 
Evocación (El entierro de Casagemas), Pablo Picasso.

Max Scheler reparó en las consecuencias de la aplicación por extenso de la “estratagema de la diversión”. No obstante, a diferencia de Pascal, Scheler veía la huida a través de la diversión como un acontecimiento de la historia más que como una perpetua encrucijada humana, una consecuencia de la revolución moderna en el modo de ser. Deploraba esa novedad como un peligro mortal para el anhelo humano de trascendencia. La muerte se ha apartado de la vista de los hombres y mujeres contemporáneos, “ya no es visible”. En opinión de Scheler, esa “no existencia de la muerte” se ha convertido en la “ilusión negativa de conciencia del tipo de hombre moderno”. Ya no una parte del destino humano al que es preciso hacer frente en toda su majestad y respetar debidamente, la muerte se ha degradado a la categoría de una catástrofe deplorable, como un disparo de pistola o un ladrillo que cae de un tejado. Con el horizonte de la mortalidad efectivamente apartado de su visión y no orientando ya proyectos a largo
plazo ni organizando los afanes cotidianos, la vida ha perdido su cohesión interna. La vida se vive de un día para otro, “hasta que súbitamente y por modo extraño no haya ningún nuevo día”. Pero, una vez que el miedo a la muerte se hubo retirado o desvanecido de la vida cotidiana,dice Zygmunt Bauman, no logró traer en su lugar la ansiada tranquilidad espiritual. Le sustituyó rápidamente el miedo a la vida. Ese otro miedo, a su vez, provoca una “aproximación calculadora a la vida”, que se nutre de una sed insaciable de posesiones siempre nuevas y del culto al “progreso”, en sí misma una idea carente de sentido, desprovista de propósito.

lunes, 30 de enero de 2017

Mi conciencia trasciende mi mero ser hombre.

Maria von Ebner-Eschenbach
Frase imperativa de Maria von Ebner-Eschenbach: «Sé dueño de tu voluntad y siervo de tu conciencia». De esta frase, de esta exigencia ética, partimos para explicar lo que entendemos por trascendencia de la conciencia, escribe Viktor Frankl en su libro La presencia ignorada de Dios. He aquí la forma que toman nuestras reflexiones:”Sé dueño de tu voluntad…”. Dueño de mi voluntad lo soy ya por el hecho de ser hombre, pero con la condición al mismo tiempo de entender debidamente este mi ser hombre, de comprenderlo precisamente como ser libre, de concebir todo mi ser existente como plenamente ser responsable. Empero si además he de ser “siervo de mi conciencia”, más aún, si he de poderlo ser en absoluto, la conciencia entonces debe ser otra cosa, algo distinto de mí mismo; tiene que ser algo que esté por encima del hombre, este hombre que escucha “la voz de la conciencia”; tiene que ser algo extrahumano. Dicho de otra manera, sólo podré ser siervo de mi conciencia si, al entenderme a mí mismo, entiendo esta última como un fenómeno que trasciende mi mero ser hombre, y por tanto me comprendo a mí mismo, comprendo mi existencia, a partir de la trascendencia. Así pues, no he de concebir el fenómeno de la conciencia simplemente en su facticidad psicológica, sino en su trascendentalidad esencial; sólo puedo por tanto ser propiamente “siervo de mi conciencia” cuando el intercambio con esta es un auténtico diálogo, por consiguiente más que un mero monólogo, cuando mi conciencia es algo más que mi propio yo, cuando es portavoz de algo distinto de mí mismo.

Victor Frankl.
La conciencia como hecho psicológico inmanente nos remite, pues, ya por sí misma a la trascendencia; es decir que sólo puede entenderse a partir de la trascendencia, únicamente como un fenómeno él mismo de alguna manera trascendente, dice Frankl.La conciencia sólo se nos hace comprensible a partir de una región extrahumana, y sólo, por lo tanto, propia y plenamente cuando comprendemos al hombre en su condición de criatura, de tal modo que podamos decir: Como señor de mi voluntad soy creador, como siervo de mi conciencia soy criatura. En otras palabras, para explicar la condición humana de ser libre basta la existencialidad; para explicar la condición humana de ser responsable debo empero remitirme a la trascendentalidad del tener conciencia.


El hombre irreligioso no es sino aquel que ignora esta trascendencia de la conciencia. Porque también el hombre irreligioso tiene, en efecto, conciencia, también él tiene responsabilidad; sólo que no pregunta más allá, no pregunta ni por el “ante qué”, de su responsabilidad ni por el “de dónde” de su conciencia.El hombre irreligioso se ha detenido antes de tiempo en su camino en busca de sentido porque no ha ido, no ha preguntado más allá de la conciencia. Es como si hubiera llegado a una cumbre inmediatamente inferior a la más alta. ¿Por qué no sigue adelante? Porque no quiere dejar de seguir teniendo “tierra firme bajo sus pies”; porque la verdadera cima se esconde a su vista, se halla oculta por la niebla, y en esta niebla, en esto desconocido, nuestro hombre no se atreve a internarse. A ello sólo se atreve precisamente el hombre religioso, cuenta Frankl.


Sé dueño de tu voluntad y siervo de tu conciencia

domingo, 8 de enero de 2017

Lo que explica la preeminencia de Occidente en todo el mundo.

Academia de Ciencias Sociales de China
Según un erudito de la Academia de Ciencias Sociales de China: Se nos pidió que examináramos qué era lo que explicaba la preeminencia… de Occidente en todo el mundo… Al principio pensamos que era porque vosotros teníais armas más poderosas que nosotros. Luego pensamos que era porque vosotros teníais el mejor sistema político. Luego nos centramos en vuestro sistema económico. Pero en los últimos veinte años hemos comprendido que el corazón de vuestra cultura es vuestra religión: el cristianismo. Es por eso por lo que Occidente ha sido tan poderoso. El fundamento moral cristiano de la vida social y cultural fue lo que hizo posible el surgimiento del capitalismo y, luego, la exitosa transición a la política
Zhuo Xinping
democrática. No tenemos ninguna duda de ello. Otro académico, Zhuo Xinping, ha identificado “la concepción cristiana de trascendencia” como un elemento que ha desempeñado “un papel muy decisivo en la aceptación popular del pluralismo en la sociedad y en la política del Occidente contemporáneo. Solo aceptando esta concepción de trascendencia como nuestro criterio podemos entender el verdadero significado de conceptos tales como libertad, derechos humanos, tolerancia, igualdad, justicia, democracia, imperio de la ley, universalidad y protección medioambiental”.


Zhao Xiao
Yuan Zhiming, un cineasta cristiano, opina lo mismo: “Lo más importante, el corazón de la civilización occidental…es el cristianismo”.Según el profesor Zhao Xiao, él mismo un converso, el cristianismo ofrece a China un nuevo “fundamento moral común” capaz de reducir la corrupción, reducir la brecha entre ricos y pobres, promover la filantropía y hasta evitar la contaminación. “La viabilidad económica requiere serios valores morales, en palabras de otro erudito, antes que un mero consumismo hedonista y una estrategia deshonesta.”

Lo más importante, el corazón de la civilización occidental…es el cristianismo

La viabilidad económica requiere serios valores morales