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sábado, 5 de septiembre de 2026

Bar Dickens, Manhasset, Long Island

J. R. Moehringer escribe en El bar de las grandes esperanzas:
Hijo único, abandonado por mi padre, necesitaba una familia, un hogar. Y hombres. Sobre todo hombres. Los necesitaba para que me sirvieran de mentores, de héroes, de modelos, y como una especie de contrapeso masculino de mi madre, mi abuela, mi tía y las cinco primas con las que vivía. El bar me proporcionaba a todos los hombres que necesitaba, más dos o tres que no me hacían ninguna falta. Mucho antes de servirme copas, el bar me sirvió la salvación. Me devolvió la fe cuando era niño, cuidó de mí de adolescente, y me acogió cuando me convertí en un hombre joven. Aunque me temo que nos sentimos atraídos por aquello que nos abandona, y por lo que parece más probable que vaya a abandonarnos, finalmente creo que nos define lo que nos acoge. Yo, naturalmente, correspondí al bar y lo acogí también, hasta que una noche el bar me rechazó y, con ese acto de abandono final, el bar me salvó la vida. Siempre había habido un bar en esa esquina, con un nombre u otro, desde el principio de los tiempos, o desde el final de la Prohibición, lo que en mi pueblo, Manhasset, Long Island, en el que tanto se bebía, era lo mismo. En la década de 1930, el bar era una escala para las estrellas de cine que iban camino de sus clubes náuticos y sus urbanizaciones exclusivas frente al mar. En la de 1940, el bar era un refugio para los soldados que regresaban de las guerras. En la de 1950, un lugar de encuentro para chicos engominados y novias con falda de capa. Pero el bar no se convirtió en referente, en terreno sagrado, hasta 1970, cuando Steve compró el local, le cambió el nombre y le puso Dickens.

jueves, 11 de junio de 2026

El cancer de la soledad

Un filósofo danés comparaba al teórico que conoce su fe, pero que, a la hora de la verdad, no llega a vivirla, con un joven que se ha construido una espléndida mansión y se entrega a la tarea de amueblarla y dotarla con los últimos aditamentos y comodidades que ha logrado encontrar. Pero con estas ocupaciones y con las preocupaciones de la vida se olvida de algo esencial, encontrar la persona que acepte compartir con él las alegrías y los sinsabores de la vida. A pesar de la estupenda casa que se ha fabricado y amueblado no dejará de ser un hombre desgraciado. Lo único que podrá hacer por su amplia morada tan espléndidamente decorada es pasear por ella su soledad como por una sala de exposiciones, o quizá llevar a algún matrimonio amigo para hacerle admirar sus cuadros, su vajilla, los sillones, las alfombras, los inventos de su moderna cocina… Pero cuando el visitante se haya marchado, y la puerta se haya cerrado tras él, nuestro amigo se sentirá terriblemente solo y comprenderá la frialdad y lo vacío de todo lo que le rodea. Y esto, ¿por qué? Porque no ha tenido un verdadero encuentro con la persona que sería capaz de transformar esa casa en un hogar, un lugar para compartir, donde uno ama y se siente amado y protegido contra ese cáncer de la soledad, escribe Francisco Fernández-Carvajal.


domingo, 22 de marzo de 2026

La vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro

Decía el papa Francisco en Fratelli Tutti que “hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente……..ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son síntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor”.
“La sociedad se encamine a la prosecución del bien común y, a partir de esta finalidad, reconstruya una y otra vez su orden político y social, su tejido de relaciones, su proyecto humano…. La existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás. La vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro.”

domingo, 27 de abril de 2025

Religión

Agustín de Hipona otorga al termino latino religio un nuevo significado, el que hoy en día tiene el termino religión. En sus escritos se observa que para él este concepto designa un encuentro personal con la trascendencia, siendo ahora la religión no solo un vinculo ritual colectivo ( culto cívico del mundo antiguo), sino un encuentro espiritual e intimista del individuo con la divinidad. (W.C.Smith, El sentido y el fin de la religión).


domingo, 16 de junio de 2024

Negar la vida espiritual es negar lo que hace nuestra dignidad

El Cardenal Robert Sara afirma que la gente acude a un sacerdote porque busca a Dios y no por salvar el planeta.”Vamos a ver a un sacerdote porque buscamos a Dios, no porque queramos salvar el planeta”.“Me llamó la atención que cuidamos la vida de los cuerpos, pero dejamos morir las almas. La vida espiritual es, sin embargo, lo más íntimo en nosotros, lo más precioso que tenemos. Es nuestra vida interior. El lugar de nuestro encuentro con Dios. Negar la vida espiritual es negar lo que hace nuestra dignidad como hombres o mujeres”.

martes, 28 de noviembre de 2023

Nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar

Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud “si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: “Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro”. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar, escribe el Papa francisco en Fratelli Tutti. 


domingo, 4 de diciembre de 2022

La cultura del encuentro

Ese arraigo al barrio, a la tierra, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias, porque las hay, las tenemos, y su heroísmo cotidiano, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino entre personas, necesitamos instaurar esta cultura del encuentro, porque ni los conceptos ni las ideas se aman, nadie ama un concepto, nadie ama una idea; se aman las personas. La entrega, la verdadera entrega surge del amor a hombres y mujeres, niños y ancianos, pueblos y comunidades… rostros, rostros y nombres que llenan el corazón. De esas semillas de esperanza sembradas pacientemente en las periferias olvidadas del planeta, de esos brotes de ternura que lucha por subsistir en la oscuridad de la exclusión, crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo, decía el Papa Francisco en su viaje por Bolivia y Paraguay. 

miércoles, 27 de abril de 2022

No se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro


El Papa Francisco decía en Egipto que no habrá paz sin una adecuada educación de las jóvenes generaciones. Y no habrá una adecuada educación para los jóvenes de hoy si la formación que se les ofrece no es conforme a la naturaleza del hombre, que es un ser abierto y relacional. La educación se convierte de hecho en sabiduría de vida cuando consigue que el hombre, en contacto con Aquel que lo trasciende y con cuanto lo rodea, saque lo mejor de sí mismo, adquiriendo una identidad no replegada sobre sí misma. La sabiduría busca al otro, superando la tentación de endurecerse y encerrarse; abierta y en movimiento, humilde y escudriñadora al mismo tiempo, sabe valorizar el pasado y hacerlo dialogar con el presente, sin renunciar a una adecuada hermenéutica. Esta sabiduría favorece un futuro en el que no se busca la prevalencia de la propia parte, sino que se mira al otro como parte integral de sí mismo; no deja, en el presente, de identificar oportunidades de encuentro y de intercambio; del pasado, aprende que del mal sólo viene el mal y de la violencia sólo la violencia, en una espiral que termina aislando. Esta sabiduría, rechazando toda ansia de injusticia, se centra en la dignidad del hombre, valioso a los ojos de Dios, y en una ética que sea digna del hombre, rechazando el miedo al otro. 


Añadía el Papa que no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o de sacrificar el bien para complacer al otro.… Al que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta….El diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación. 

sábado, 18 de diciembre de 2021

El signo patológico de los tiempos actuales no es la represión, es la depresión

Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual. La proliferación de lo igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las que está aquejado el cuerpo social. Lo que lo enferma no es la retirada ni la prohibición, sino el exceso de comunicación y de consumo; no es la represión ni la negación, sino la permisividad y la afirmación. El signo patológico de los tiempos actuales no es la represión, es la depresión. La presión destructiva no viene del otro, proviene del interior, manifiesta Byung-Chul Han, filósofo surcoreano y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín.

La interconexión digital total y la comunicación total no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelva cada vez más estrecho. Nos enredan en un inacabable bucle del yo y, en último término, nos llevan a una “autopropaganda que nos adoctrina con nuestras propias nociones” escribe Elí Pariser.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Agencias de citas


Existe la práctica universal de las agencias de citas, que organizan encuentros entre potenciales objetos de deseo de acuerdo con las preferencias declaradas por sus clientes potenciales, como el color de la piel o del pelo, la altura, la talla de pecho, los intereses, los pasatiempos etc. La aceptación tácita es que los seres humanos a los que ayudan estas agencias en su búsqueda de parejas necesitan y pueden formar parejas a partir de sus selecciones de caracteres. Durante esta “descomposición en nombre de la recomposición”, algo vital desaparece física y mentalmente a todos los efectos, la persona humana, “el Otro” de la moral, el sujeto por derecho propio y el objeto de mi responsabilidad. Cuando otro ser humano es tratado como un bien que se selecciona según el color, el tamaño y otros detalles superficiales, la adiaforización está en marcha y tiene efectos devastadores. Un conjunto de características, sean animadas o inanimadas, difícilmente puede ser un objeto moral, cuyo tratamiento esté sujeto a un juicio moral. Esto se puede aplicar a las agencias de citas en la misma medida que a las agencias policiales, aunque tengan propósitos claramente distintos. Sea cual sea la función manifiesta del ejercicio, la función latente, pero inseparable, es la exclusión del objeto de descomposición/recomposición de la categoría de entidades moralmente relevantes y del universo de las obligaciones morales, escribe el filósofo Zygmunt Bauman.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Las relaciones sexuales es construir una unión de dos personas que se aman



Un acto sexual verdaderamente humano conmueve a las personas que se aman, tanto a nivel espiritual como psíquico y fisiológico, incluye reacciones de todo su ser, de su espíritu, de su corazón y de su cuerpo. El objetivo de las relaciones sexuales no es el placer en sí, sino algo mucho más duradero, construir una unión, vivir la unidad en un encuentro íntimo de dos personas que se aman.

La mujer, al recibir al hombre, cuenta Ksawery Knotz, al abrazarle de manera que solo ella es capaz de hacerlo, se siente llena. El hombre experimenta en sus brazos la feminidad, la mujer experimenta la masculinidad. Es así como se forma la unión. El hecho de concentrarse excesivamente en el aspecto físico de las relaciones sexuales nos lleva a disminuir sus aspectos más importantes.

lunes, 17 de septiembre de 2018

En la amistad, el encuentro siempre es una revelación.


Francesco Alberoni, catedrático de sociología, dice que cuando dos personas dicen que se encuentran únicamente en la cama, para hacer el amor, significa que tienen muy poco en común o que su relación esta por llegar a su fin. En la amistad, el encuentro siempre es una revelación, el descubrimiento de algo de nosotros mismos y del mundo gracias al otro. Cada encuentro deja una reserva de simpatía, de confianza, de afecto.

El encuentro erótico, declara Alberoni, puede salir bien o salir mal y se lo juzga en cada ocasión. En la amistad no emitimos un juicio sobre el encuentro. Si algo se malogró, si hubo alguna incomprensión, no lo tomamos en cuenta, lo borramos de la lista. Habrá una próxima vez. La amistad no quiere juzgar, es paciente. En el erotismo masculino cada encuentro se juzga de modo independiente, se valora olvidando el pasado. Si ya hay amor, ocurre como en la amistad, las desilusiones no cuentan. Pero si no hay amor, si el amor debe nacer precisamente de los encuentros eróticos, todo se cuestiona y siempre, porque algunas desilusiones bastan para causar irritación y disgusto en la misma medida en que interrumpe la relación.


domingo, 16 de septiembre de 2018

La sociedad es una tarea.

Cada ser humano, pensaba san Josemaría Escrivá, se encuentra en medio de una red de relaciones que constituyen el ámbito en el que se desarrolla y en el que influye. La sociedad es, en este sentido, una tarea, en cuanto que cada hombre se encuentra llamado a contribuir a vitalizar todos los sectores de la sociedad que le incumben, para que sean cada vez más un lugar de libertad, de convivencia y de paz. La convivencia es ocasión de encuentro y de colaboración, de apreciar a los demás como personas, dotadas de dignidad.

sábado, 7 de octubre de 2017

Cuando un soldado tiene su primer encuentro con la muerte.


En el libro Psychology for the Fighting Man se lee: “Cuando (un soldado) tiene su primer encuentro con la amenaza inmediata de muerte; cuando debe matar y ver muertos; cuando ha de endurecerse y desoír los gritos desatendidos de los heridos de muerte y resistir el fétido hedor de la batalla, un hombre puede vomitar hasta las tripas”.