Hijo único, abandonado por mi padre, necesitaba una familia, un hogar. Y hombres. Sobre todo hombres. Los necesitaba para que me sirvieran de mentores, de héroes, de modelos, y como una especie de contrapeso masculino de mi madre, mi abuela, mi tía y las cinco primas con las que vivía. El bar me proporcionaba a todos los hombres que necesitaba, más dos o tres que no me hacían ninguna falta. Mucho antes de servirme copas, el bar me sirvió la salvación. Me devolvió la fe cuando era niño, cuidó de mí de adolescente, y me acogió cuando me convertí en un hombre joven. Aunque me temo que nos sentimos atraídos por aquello que nos abandona, y por lo que parece más probable que vaya a abandonarnos, finalmente creo que nos define lo que nos acoge. Yo, naturalmente, correspondí al bar y lo acogí también, hasta que una noche el bar me rechazó y, con ese acto de abandono final, el bar me salvó la vida. Siempre había habido un bar en esa esquina, con un nombre u otro, desde el principio de los tiempos, o desde el final de la Prohibición, lo que en mi pueblo, Manhasset, Long Island, en el que tanto se bebía, era lo mismo. En la década de 1930, el bar era una escala para las estrellas de cine que iban camino de sus clubes náuticos y sus urbanizaciones exclusivas frente al mar. En la de 1940, el bar era un refugio para los soldados que regresaban de las guerras. En la de 1950, un lugar de encuentro para chicos engominados y novias con falda de capa. Pero el bar no se convirtió en referente, en terreno sagrado, hasta 1970, cuando Steve compró el local, le cambió el nombre y le puso Dickens.
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sábado, 5 de septiembre de 2026
Bar Dickens, Manhasset, Long Island
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miércoles, 22 de julio de 2026
La verdadera privación es que te traicionen tus propios padres
La verdadera privación es que te traicionen tus propios padres. A un niño le destrozaría la vida verse abandonado y maltratado por las personas en las que más confiaba, escribe Anchee Min en La buena lluvia sabe cuando caer.
martes, 2 de septiembre de 2025
En la cultura del descarte, los ancianos son apartados
“En esta sociedad del descarte, dice el Papa Francisco, en esta cultura del descarte, los ancianos son apartados y sufren por estas cosas. De hecho, no faltan quienes se aprovechan de la edad de los mayores, para engañarlos, para intimidarlos de mil maneras. A menudo leemos en los periódicos o escuchamos noticias de personas mayores que son engañadas sin escrúpulos para apoderarse de sus ahorros; o que quedan desprotegidos o abandonados sin atención; u ofendidos por formas de desprecio e intimidados para renunciar a sus derechos. Los ancianos descartados, abandonados en las residencias, sin que sus hijos los visiten o si van, van pocas veces al año. El anciano dejado justo en el rincón de la existencia. Y esto pasa. Pasa hoy, pasa en las familias, pasa siempre. Necesitamos reflexionar sobre esto”.
“La vejez llega para todos. Y como te gustaría ser tratado o tratada en el momento en la vejez, tratas tú hoy a los ancianos. Son la memoria de la familia, la memoria de la humanidad, la memoria del país. Proteger a los ancianos que son sabiduría.”
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lunes, 5 de julio de 2021
Los pequeños se disparan a quemarropa y los efectos son aterradores
Niños solos y abandonados van allí donde se estacionan las tropas, donde hay cuarteles, campamentos o etapas. A fuerza de ayudar y trabajar, acaban formando parte del ejército; son “hijos del regimiento”. Reciben un arma y no tardan en pasar por el bautismo del fuego. Sus colegas mayores, también niños, a menudo se muestran perezosos, y cuando hay una batalla con el enemigo a la vista, mandan a los pequeños al frente, a la primera línea de fuego. Estas escaramuzas armadas de la chiquillería resultan especialmente encarnizadas y sangrientas, porque el niño carece del instinto de conservación, no siente ni comprende el horror de la muerte, desconoce el miedo que sólo la madurez le hará conocer. Las guerras de niños se han hecho posibles también gracias al desarrollo tecnológico. Hoy las armas de repetición de mano son ligeras y cortas; sus nuevas generaciones se asemejan cada vez más a juguetes infantiles. El viejo máuser era demasiado grande, pesado y largo para un crío. El niño pequeño tenía el brazo demasiado corto para llegar al gatillo sin esfuerzo y, también, el punto de mira resultaba excesivamente lejano para su ojo. Las armas modernas, al eliminar tales inconvenientes, solucionan estos problemas. Su tamaño se ajusta tan perfectamente a la silueta de un niño que más bien causan un efecto infantil y gracioso en manos de un soldado alto y fornido. El hecho de que el niño sólo sea capaz de usar armas de mano, de alcance corto (pues no sabe dirigir el fuego de una batería de artillería ni tampoco pilotar un bombardero), ha hecho que los combates en las guerras de niños adquieran la forma de un choque directo, de un contacto físico, casi de un cuerpo a cuerpo. Los pequeños se disparan a quemarropa, hallándose a un paso los unos de los otros. Los efectos de estos duelos suelen ser aterradores, pues no sólo mueren los que caen fulminados en el campo de batalla. Dadas las condiciones en que se desarrollan aquellas guerras, también pronto acaban muriendo los heridos, de hemorragias, de infecciones y por falta de medicinas. (Ébano de Ryszard Kapuściński)
miércoles, 2 de junio de 2021
El gobierno chino ha decretado el cierre de todos los orfanatos católicos
Se ha rogado al Papa y a la Iglesia universal para que hablen en defensa de los huérfanos, niños con discapacidades mentales y físicas , que son entregados a las estructuras estatales. El gobierno chino ha decretado el cierre de todos los orfanatos católicos. No solo es un daño para estos niños, sino que también es un daño para la Iglesia, porque el objetivo es suprimir lo más posible la visibilidad de la fe y sus obras. La reflexión sobre los orfanatos clausurados lleva al P. Wendao a replantearse el entusiasmo por el Acuerdo provisional de China-Vaticano. El P. Wendao es un sacerdote del norte de China.En los últimos tiempos han aparecido muchas noticias sobre la clausura o supresión de hogares para niños discapacitados o huérfanos que administra la Iglesia Católica. Algunos de los casos más recientes son el hogar San José para niños discapacitados en Renqiu, Xianxian (diócesis de Cangzhou) y el hogar Liming (del amanecer) en Zhaoxian, ambos en Hebei. También hay noticias sobre los orfanatos católicos de Zhangjiakou y Zhengding, también en Hebei. Hace dos años sucedió lo mismo con un orfanato en Baoji (Shaanxi), atendido por las Hermanas del Sagrado Corazón. Muchos chinos miran estos hogares para niños discapacitados con respeto y amor; mucha gente los visita y ayuda en el servicio, dando buenos frutos de amor en la Iglesia y en la sociedad. En estos lugares la gente aprende a cuidar y respetar a los "pequeños" de Dios.
El gobierno no solo ignora el maravilloso aporte y el servicio social de alta calidad que ofrece la Iglesia Católica, sino que lo está destruyendo. Las autoridades ordenaron a las religiosas que cierren los orfanatos y trasladen a los niños huérfanos y discapacitados que estaban con ellas a instituciones estatales. Cabe señalar que estas personas son los mismos representantes del gobierno que en el pasado consideraban que el registro de la identidad de esos niños era una molestia y no tenía sentido. ¿Qué sucedió? ¿Han cambiado, se han vuelto bondadosos de la noche a la mañana? Está claro que el propósito del gobierno no es servir a los niños abandonados, sino seguir las órdenes políticas de sus superiores, hacer todo lo posible para reducir la influencia de la Iglesia católica en China. Por eso, ya sean los servicios sociales o la vida de la Iglesia, el gobierno lo está reprimiendo todo sin descanso, o imponiendo medidas de control.
martes, 26 de noviembre de 2019
Un pobre chico asustado
“Cada vez que se encontraba con un niño que estuviera en la droga o que atacara a sus vecinos con una navaja, ella veía a un pobre chico asustado del que habían abusado o que había sido abandonado por sus padres y por la sociedad”, cuenta Michael Ridpath en su novela El caso del anillo.
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miércoles, 5 de junio de 2019
Consumir el amor
Quien pretende querer todo y enseguida, luego cede también en todo,y enseguida, ante la primera dificultad (o ante la primera ocasión). No hay esperanza para la confianza y la fidelidad del don de sí, si prevalece la costumbre de consumir el amor como una especie de “complemento” del bienestar psico-físico. No es esto el amor. El noviazgo fortalece la voluntad de custodiar juntos algo que jamás deberá ser comprado o vendido, traicionado o abandonado, por más atractiva que sea la oferta, dice el Papa Francisco.
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jueves, 9 de mayo de 2019
Los niños, los grandes excluidos
Los niños son un gran don para la humanidad pero también son los grandes excluidos porque ni siquiera les dejan nacer, dice el Papa Francisco. Los niños traen vida, alegría, esperanza, incluso complicaciones. Pero la vida es así. Ciertamente causan también preocupaciones y a veces muchos problemas; pero es mejor una sociedad con estas preocupaciones y estos problemas, que una sociedad triste y gris porque se quedó sin niños.
Con demasiada frecuencia caen sobre los niños las consecuencias de vidas desgastadas por un trabajo precario y mal pagado, por horarios insostenibles, transportes ineficientes… Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables.
Ellos son las primeras víctimas, sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos agudizados, y se convierten luego en los hijos más precoces. A menudo absorben violencias que no son capaces de “digerir”, y ante los ojos de los grandes se ven obligados a acostumbrarse a la degradación, manifiesta el Papa.
"Es verdad que no somos perfectos y que cometemos muchos errores. Pero cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres".
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martes, 23 de abril de 2019
Crecen abandonados a sí mismos
La mayor parte de los niños, desde el punto de vista espiritual, crecen abandonados a sí mismos. Para que se vuelvan dueños de su propio tiempo se les enseña el uso del ordenador y después el idioma inglés, “porque si no sabes inglés no tienes ningún futuro”; y, además, tenis, o danza clásica o natación. En otras palabras: sus días se llenan con una infinidad de cosas, en la convicción de que esas cosas los convertirán en seres humanos completos, capaces de hacer frente a la existencia en calidad de triunfadores. Muchas actividades prácticas y nada que se refiera a la vida interior. Toman la comunión, claro, pero, en la mayor parte de los casos, “porque lo hacen todos”; si la familia no cree en los valores cristianos y no vive en ellos, es muy difícil que pueda participar en este paso tan importante. Así es como se crean niños hiperinformados, a los siete u ocho años ya lo saben todo, hablan con términos competentes y con la sabiduría algo sabihonda de pequeños adultos, manipulan ordenadores y videojuegos con la misma naturalidad con que nosotros, cuando niños, lanzábamos las canicas; contemplan sin pestañear películas de horror que quitarían el sueño a mas de un adulto. Nada los asombra, manifiesta Susanna Tamaro, nada los asusta y nada los deja boquiabiertos, están sentados en medio del caos de nuestros días con la distante imperturbabilidad de unos pequeños bonzos.
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sábado, 7 de enero de 2017
Separación.
Si los muertos no están en el tiempo, o por lo menos en nuestra clase de tiempo, ¿hay alguna diferencia notoria, cuando hablamos de ellos, entre era, es y será?, dice Lewis.
¿Por qué la separación, esa separación que es agonía para el amante abandonado, habría de ser indolora para el amante que nos deja?
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