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lunes, 15 de noviembre de 2021

El poder no es bueno ni malo

El poder no es bueno ni malo, es como un martillo. Lo usas para lastimar a alguien o para clavar un clavo. El poder no corrompe. Será tal como sea el corazón de quien lo manipula. Cuando ese corazón está herido, aparece la prepotencia. Hay personas que tienen el corazón enfermo pero ni ellos lo saben… hasta que tienen poder. Cuando tienen un poco de poder, se vuelven déspotas. Y los demás se sorprenden: “Esta persona no tenía dinero y ahora que lo tiene, lastima a los otros”; “Era buena persona pero ahora que tiene poder, se ha corrompido”. No es que el poder lo corrompió, es que tenía el corazón herido y el poder activó, sacó a la luz sus frustraciones. Si a una persona herida en el trabajo le dan un poco de poder, empezará a maltratar a todos, a gritar, a descalificar a los demás, excepto al hijo del dueño. De él para arriba tratará bien a todos, pero de él para abajo maltratará a todos. Creerán que el poder lo corrompió pero la verdad es que le desató la frustración (que él mismo desconocía tener), escribe el sociólogo argentino Bernardo Stamateas.

jueves, 9 de mayo de 2019

Los niños, los grandes excluidos

Los niños son un gran don para la humanidad pero también son los grandes excluidos porque ni siquiera les dejan nacer, dice el Papa Francisco. Los niños traen vida, alegría, esperanza, incluso complicaciones. Pero la vida es así. Ciertamente causan también preocupaciones y a veces muchos problemas; pero es mejor una sociedad con estas preocupaciones y estos problemas, que una sociedad triste y gris porque se quedó sin niños.

Con demasiada frecuencia caen sobre los niños las consecuencias de vidas desgastadas por un trabajo precario y mal pagado, por horarios insostenibles, transportes ineficientes… Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables. 
Ellos son las primeras víctimas, sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos agudizados, y se convierten luego en los hijos más precoces. A menudo absorben violencias que no son capaces de “digerir”, y ante los ojos de los grandes se ven obligados a acostumbrarse a la degradación, manifiesta el Papa. 

"Es verdad que no somos perfectos y que cometemos muchos errores. Pero cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres".