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| Robespierre |
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domingo, 12 de octubre de 2025
Para Robespierre el ateísmo era un vicio exclusivo de señoritos ociosos y de sus filósofos falderos
miércoles, 6 de abril de 2022
La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto
“La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto”, dijo Benjamin Constant, el gran constitucionalista del liberalismo francés, que continuaba, en sus Principios de política aplicables a todos los gobiernos representativos : “El pueblo no tiene derecho de castigar a un solo inocente, ni tratar como culpable a un solo acusado, sin pruebas legales. No puede, pues, delegar en nadie semejante derecho. El pueblo no tiene el derecho de atentar contra la libertad de opinión, la libertad religiosa, las garantías judiciales, las formas protectoras. Ningún déspota, ninguna asamblea, puede ejercer un derecho semejante diciendo que el pueblo se lo ha conferido. Todo despotismo es entonces ilegal; nada puede sancionarlo, ni aun la voluntad popular en que pretende fundarse, ya que, en nombre de la soberanía del pueblo, se arroga un poder que no está comprendido en tal soberanía, y, en tal caso, ya no se trata únicamente de un desplazamiento del poder, sino de la creación de un poder que no debe existir”.
lunes, 15 de noviembre de 2021
El poder no es bueno ni malo
El poder no es bueno ni malo, es como un martillo. Lo usas para lastimar a alguien o para clavar un clavo. El poder no corrompe. Será tal como sea el corazón de quien lo manipula. Cuando ese corazón está herido, aparece la prepotencia. Hay personas que tienen el corazón enfermo pero ni ellos lo saben… hasta que tienen poder. Cuando tienen un poco de poder, se vuelven déspotas. Y los demás se sorprenden: “Esta persona no tenía dinero y ahora que lo tiene, lastima a los otros”; “Era buena persona pero ahora que tiene poder, se ha corrompido”. No es que el poder lo corrompió, es que tenía el corazón herido y el poder activó, sacó a la luz sus frustraciones. Si a una persona herida en el trabajo le dan un poco de poder, empezará a maltratar a todos, a gritar, a descalificar a los demás, excepto al hijo del dueño. De él para arriba tratará bien a todos, pero de él para abajo maltratará a todos. Creerán que el poder lo corrompió pero la verdad es que le desató la frustración (que él mismo desconocía tener), escribe el sociólogo argentino Bernardo Stamateas.
lunes, 20 de abril de 2020
Nerón encontraría hoy un trono y Atila un caballo
“Nerón encontraría hoy un trono, y Atila un caballo, porque los hombres tienen miedo y reconocerían enseguida el familiar chasquido del látigo. A falta del déspota histórico, soportan un enjambre de tiranuelos que no les dejan perder la costumbre. Galones y espuelas, cacicatos políticos, espionaje, capital y usura. El pensamiento teme, la lengua calla, y la sinceridad, como en tiempo de Calígula y de Torquemada, es siempre un heroísmo”, escribe Rafael Barrett.
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jueves, 19 de marzo de 2020
Totalitarismo
El totalitarismo es un fenómeno político que no se ha dado sino hasta el siglo XX, y en dos formas tan dispares como el nazismo y el comunismo. Un régimen totalitario no es simplemente un régimen dictatorial. De modo correcto distinguía el profesor de filosofía Alfred Hoernlé, en una conferencia dada en abril de 1937 en la Universidad de Johannesburgo, entre el simple tirano o dictador (que se beneficia del poder pero que no quiere hacer nada con él, salvo conservarlo o acrecentarlo) del líder totalitario, que anda detrás de algo mucho más peligroso, emplear el poder como instrumento para realizar una idea que le resulta personalmente enardecedora, en la visión de cuya pureza se consume, una sociedad organizada de forma perfecta, siguiendo un plan intelectual. Un déspota absoluto, como Luis XIV de Francia, puede decir aquello de “El Estado soy yo” en su intervención ante el Parlamento el 13 de abril de 1655. Pero lo que le faltaba a Luis XIV para convertirse en alguien en verdad temible, dice el filósofo Juan Antonio Rivera, era lo que precisamente distingue al gobernante totalitario, y es verse a sí mismo como el arquitecto de un orden social definitivo en su perfección. El Estado, añade Rivera, con todo su instrumental coercitivo, es el medio para plasmar esta idea de bien común que se ha apoderado de la imaginación del dirigente. Él es el único que conoce en qué consiste la voluntad colectiva, lo que “su pueblo”, “su nación” e inclusive “la humanidad” realmente quieren, lo que les hará felices. Si los individuos tienen proyectos de vida personales, si hay instituciones sociales que persiguen determinados fines, unos y otros han de ser vaciados de sus deseos, de modo tal que únicamente subsista la voluntad del líder, que se confunde con la voluntad general. El totalitarismo tiene, por lo tanto, un efecto devastador tanto sobre las instituciones de la sociedad civil como sobre los individuos y sus planes de vida. En este afán excluyente de cualquier otro centro de voluntad estriba la diferencia entre un régimen meramente autoritario o autocrático y uno totalitario.
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lunes, 17 de junio de 2019
La libertad por su propia naturaleza no es igualitaria
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| Karl Popper |
Un mundo en el que los hombres sean libres e iguales sería el paraíso en la Tierra. Un mundo así es difícil de lograr; y obligados a escoger, debemos poner la libertad por encima de la igualdad. Porque la ausencia de libertad conduce a la más desastrosa de las desigualdades e injusticias, el despotismo. Pero la desigualdad no conduce necesariamente a la ausencia de libertad, dice Karl Popper.
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viernes, 8 de febrero de 2019
Sin el cumplimiento de la ley ninguna democracia puede subsistir.
Sin el cumplimiento de la ley ninguna democracia, ninguna libertad, puede subsistir. Cuenta Heródoto una anécdota por la que no pasa el tiempo. Jerjes llegaba a Grecia con un ejército imponente, y preguntó a Demarato, un espartano exiliado en su corte, si los griegos serían capaces de oponerle resistencia. Demarato le dijo que, por supuesto, lucharían contra él en cualquier caso. Y Jerjes se rió: “¿Cómo podrían los griegos, que eran hombres libres, combatir contra un ejército superior si no tenían detrás un déspota que les obligara? Simplemente se someterían y adaptarían, para salvar el pellejo”. Demarato le contestó: “Son libres, pero no del todo. Tienen un amo, la ley, a la que respetan mucho más, incluso, de lo que tus súbditos te temen a ti. Por eso saldrán a combatirte, tanto si se encuentran mil hombres para poner en línea, o menos, o más”.
jueves, 31 de enero de 2019
Lenin afirmaba que el partido no habría sobrevivido, y que no lo haría en el futuro, de no existir la posibilidad de debatir libremente.
Lenin poseía carisma. El embalsamamiento de su cuerpo, y el consiguiente proceso de "beatificación", se produjo en una ceremonia especialmente preparada para la ocasión, a pesar de las protestas de su esposa y de su familia. Este hecho contribuyó a matarlo políticamente más que si hubiera sido enterrado en una ceremonia normal. Fundador y líder del Partido y del Estado, Lenin jamás se comportó con los suyos como un déspota o un dictador.
Lenin siempre actuaba ciñéndose a los procedimientos del Partido, discutía y protestaba acaloradamente, pero aceptaba que se votaran todas las decisiones importantes, como mandaban los estatutos del Partido, aunque no solía perder las votaciones. Era un líder, no un déspota. Era el líder principal de su Partido, no su propietario. En el célebre episodio de 1917 en el que quiso expulsar a dos líderes, Zinoviev y Kamenev, del Comité Central, Yakov Sverdlov, el presidente de la sesión, le respondió sin inmutarse: “Camarada Lenin, nuestro partido no actúa así”. Toda una revelación, durante una reunión en la que estaba sobre la mesa quién asumía el poder, Lenin, exaltado y dejándose llevar por los sentimientos, fue llamado al orden por otro líder influyente que dirigía la sesión.Durante la guerra civil, compartió el liderazgo con Trotski a ojos del mundo y de la propia Rusia, un fenómeno curioso dado que Lenin y sólo Lenin era el fundador del Partido. Pero Trotski era el corresponsable de la revolución, y tanto Lenin como el Partido lo aceptaban.
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| Lenin (centro, con sombrero de piel oscura y abrigo) y otros líderes comunistas con soldados del Ejército Rojo que participaron en aplastar el levantamiento anti-bolchevique de Kronshtadt. |
Lenin afirmaba que el partido no habría sobrevivido, y que no lo haría en el futuro, de no haber existido la posibilidad de debatir libremente. El bolchevismo era un partido político que ofrecía a sus miembros el derecho a manifestar sus opiniones y a participar en el desarrollo de la línea política, y Lenin quería que las cosas siguieran así. En sus últimas apariciones, declaraciones y escritos, arremetió contra el estilo y la esencia de la política que se habría de seguir tras su muerte con un “No” rotundo. El programa de Lenin, que encabezó una revolución radical e hizo un llamamiento a la moderación después de conquistar el poder, no entró en vigor. La posibilidad de expresarse libremente acerca de los problemas del Partido, de las diferentes corrientes que coexistían o de las amenazas que lo acechaban era patrimonio exclusivo de esta formación política históricamente específica que se bautizó con el nombre de bolchevique.La dictadura estaba en manos del Partido, no en las de Lenin. Cuando cayó en manos de un individuo, la cuota de poder del Partido no tardaría en esfumarse.
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miércoles, 27 de diciembre de 2017
Para no servir a amos debemos servir a las leyes.
El hombre es libre, política y jurídicamente libre, sólo cuando está sometido a la impersonalidad de las reglas generales porque si no vuelve a estar sometido a la voluntad arbitraria de otros hombres, éste es el argumento que marca toda la historia de la libertad. Ya lo sabía Cicerón: legum servi sumus ut liberi esse possimus. Era verdad entonces, y sigue siendo verdad hoy, para no servir a amos debemos servir a las leyes.
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| Giovanni Sartori |
Stalin liquidó a casi todos sus compañeros de promoción revolucionaria. Y desde el principio de los años treinta nadie hubiera osado oponerse si, en hipótesis, lo hubiera hecho ordenando que todos los revolucionarios nacidos en Rusia antes de 1890 deben ser fusilados. El premio Principe de Asturias de Ciencias Sociales Giovanni Sartori se pregunta ¿esta ley hubiera sido aplicable también a él? Sí; como Stalin había nacido en 1879, el principio de la generalidad de la ley la hacía "debida" también para su persona. Lo que hubiera sido un freno más que suficiente tanto para él como para cualquier otro déspota. Para el caso es irrelevante que Stalin hubiera podido violar en su favor el principio de la generalidad de la ley, estableciendo que él era una excepción. El tema sigue siendo que una ley omniinclusiva le habría afectado incluso a él. La ley protege a todos si el que la dicta está sometido a los mismos daños y castigos que su ley impone a los otros. Si no, la ley es sólo una orden que puede ser útil y necesaria para otros objetivos, pero que ya no es un instrumento de libertad en la ley, y que incluso puede convertirse en arbitrio en nombre de la ley.
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martes, 16 de mayo de 2017
El mito del déspota bondadoso.
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| James Buchanan |
El premio Nobel de Economía James Buchanan y el profesor Geoffrey Brennan denunciaron que “los economistas en este siglo han estado muy concentrados en los “fallos de mercado”. Académicos trabajando a este nivel no mostraban recelo alguno en recomendar correctivos del mercado y manejo macroeconómico a los Gobiernos. Implícitamente los economistas parecían encerrados en el presupuesto de que la autoridad política se encuentra revestida de un grupo de súper personas morales cuyo comportamiento puede ser descrito como uno dedicado al bienestar social. El mito del déspota bondadoso parece tener un poder de permanencia considerable”.
martes, 17 de enero de 2017
¿Por qué la Gran Colombia de Bolívar no logró establecerse como núcleo de unos Estados Unidos de Latinoamérica?
¿Por qué la Gran Colombia de Bolívar no logró establecerse como núcleo de unos Estados Unidos de Latinoamérica?
La primera es que los sudamericanos no tenían prácticamente experiencia en tomar decisiones por la vía democrática tal como había sido normal en las asambleas coloniales norteamericanas ya desde el primer momento, dice el historiador y profesor británico Niall Ferguson. De hecho, dado que el poder había estado tan concentrado en las manos de los españoles peninsulares, los criollos apenas tenían experiencia en ninguna clase de responsabilidad administrativa. El sueño de Bolívar resultó ser no la democracia, sino la dictadura; no el federalismo, sino la centralización de la autoridad.
Conforme a la Constitución que él ideó, y que, entre otras
particularidades, preveía una asamblea tricameral, Bolívar había de ser el dictador vitalicio, con derecho a designar a su sucesor. “Estoy convencido hasta el tuétano, declaraba, de que América solo puede ser gobernada por un hábil déspota… no podemos permitirnos poner a las leyes por encima de los líderes y a los principios por encima de los hombres.” Su Decreto Orgánico de la Dictadura de 1828 dejaba claro que en la Sudamérica bolivariana no habría democracia de propietarios ni imperio de la ley.
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| Bolivar. |
El segundo problema tenía que ver con el hecho mismo de la distribución desigual de la propiedad. Al fin y al cabo, la propia familia de Bolívar tenía cinco grandes fincas, que abarcaban más de 48.500 hectáreas. En la Venezuela inmediatamente posterior a la independencia, casi toda la tierra era propiedad de una élite criolla de solo 10.000 personas, el 1,1 por ciento de la población. El contraste con Estados Unidos resulta especialmente llamativo en ese sentido.Todavía en 1958, en Perú, el 2 por ciento de los terratenientes controlaban el 69 por ciento de toda la tierra cultivable; y un 83 por ciento poseían solo el 6 por ciento, consistente en parcelas de cinco hectáreas o menos.
La tercera dificultad ,estrechamente relacionada con las dos anteriores, era que el grado de heterogeneidad y división racial era mucho más elevado en Sudamérica. Los criollos como Bolívar odiaban a los peninsulares con extraordinaria amargura, dice Ferguson. Pero los sentimientos de los pardos y esclavos hacia los criollos no eran más amistosos. La apuesta de Bolívar para recabar el apoyo negro no se basaba en una auténtica creencia en la igualdad racial; era un tema de conveniencia política.
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| Estatua en Londres de Simón Bolivar. |
Para entender por qué las divisiones raciales fueran más complejas en Sudamérica que en Norteamérica, es vital apreciar las profundas diferencias que surgieron en el tiempo de Bolívar. En 1650, los indios americanos representaban alrededor del 80 por ciento de la población tanto en Norteamérica como en Sudamérica, incluido también Brasil. En 1825, en cambio, las proporciones eran radicalmente diferentes. En la América española los pueblos indígenas todavía representaban el 59 por ciento de la población. En Brasil, sin embargo, la cifra estaba por debajo del 21 por ciento, mientras que en Norteamérica no llegaba al 4 por ciento. En Estados Unidos y Canadá se había iniciado ya la inmigración masiva desde Europa, mientras que la expropiación de los pueblos indios y su traslado a reservas de tierras marginales se logró con relativa facilidad por la fuerza militar. En la América española los indios no solo eran más numerosos, sino que asimismo configuraban, en ausencia de una inmigración de envergadura comparable, la mano de obra indispensable para el sistema de las encomiendas.
Nada ejemplifica mejor el contraste entre las dos revoluciones americanas que esto: la Constitución única de Estados Unidos, enmendable pero inviolable, y las 26 constituciones de Venezuela, todas ellas más o menos desechables. Solo la República Dominicana ha tenido más constituciones desde su independencia ; Haití y Ecuador figuran en tercera y cuarta posición, respectivamente, con 24 y 20. A diferencia de Estados Unidos, donde la Constitución se diseñó para sustentar “un gobierno de leyes, no de hombres”, en Latinoamérica las constituciones se utilizan como instrumentos para subvertir el propio imperio de la ley.
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