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martes, 7 de mayo de 2024

A gritos nadie gana

Los gritos son la forma menos efectiva para persuadir a los demás porque desencadenan una serie de cambios a nivel fisiológico que se convierten en una barrera prácticamente infranqueable para el diálogo. A eso se refería Miguel de Unamuno cuando dijo que “los hombres gritan para no oírse”. Como regla general, cuanto más alcemos la voz, más sordo se volverá nuestro interlocutor y más fuerza perderán nuestros argumentos.Nuestro cerebro percibe los gritos como un ataque. No hay medias tintas ni espacio para la interpretación. Percibimos que la persona que nos grita está enfadada o frustrada, lo cual activa nuestra amígdala, que es la zona del cerebro encargada de procesar las emociones y dar la voz de alarma cuando detecta un peligro. Entonces se liberan una serie de neurotransmisores, como el cortisol y la adrenalina, que nos ponen a la defensiva. Cuando nos gritan nuestra capacidad para razonar disminuye. Reaccionamos como si nos estuvieran atacando y es fácil que la discusión suba de tono.
En una discusión a gritos nadie gana. Es mejor comprender que no estamos en un campo de batalla y que el entendimiento es el único camino para que todos ganemos. Mostrarnos abiertos a debatir las ideas de nuestro interlocutor contribuirá a que este baje la guardia para poder encontrar puntos comunes.La clave para persuadir no se encuentra en nuestros argumentos sino en la capacidad para hacer reflexionar a la otra persona. Podemos lograr más con la pregunta adecuada que con afirmaciones contundentes. Podemos lograr que reflexione haciéndole preguntas que le animen a analizar sus propios argumentos. Cuando notemos que estamos gritando, debemos dar un paso atrás, apagar el megáfono y comenzar de nuevo. No importa quién alzó la voz primero, lo importante es comprender que así no llegaremos a ninguna parte, aconseja la psicóloga Jennifer Delgado.

jueves, 31 de enero de 2019

Lenin afirmaba que el partido no habría sobrevivido, y que no lo haría en el futuro, de no existir la posibilidad de debatir libremente.

Lenin poseía carisma. El embalsamamiento de su cuerpo, y el consiguiente proceso de "beatificación", se produjo en una ceremonia especialmente preparada para la ocasión, a pesar de las protestas de su esposa y de su familia. Este hecho contribuyó a matarlo políticamente más que si hubiera sido enterrado en una ceremonia normal. Fundador y líder del Partido y del Estado, Lenin jamás se comportó con los suyos como un déspota o un dictador.

Lenin siempre actuaba ciñéndose a los procedimientos del Partido, discutía y protestaba acaloradamente, pero aceptaba que se votaran todas las decisiones importantes, como mandaban los estatutos del Partido, aunque no solía perder las votaciones. Era un líder, no un déspota. Era el líder principal de su Partido, no su propietario. En el célebre episodio de 1917 en el que quiso expulsar a dos líderes, Zinoviev y Kamenev, del Comité Central, Yakov Sverdlov, el presidente de la sesión, le respondió sin inmutarse: “Camarada Lenin, nuestro partido no actúa así”. Toda una revelación, durante una reunión en la que estaba sobre la mesa quién asumía el poder, Lenin, exaltado y dejándose llevar por los sentimientos, fue llamado al orden por otro líder influyente que dirigía la sesión.Durante la guerra civil, compartió el liderazgo con Trotski a ojos del mundo y de la propia Rusia, un fenómeno curioso dado que Lenin y sólo Lenin era el fundador del Partido. Pero Trotski era el corresponsable de la revolución, y tanto Lenin como el Partido lo aceptaban.

Lenin (centro, con sombrero de piel oscura y abrigo) y otros líderes comunistas con soldados del Ejército Rojo que participaron en aplastar el levantamiento anti-bolchevique de Kronshtadt.
Lenin afirmaba que el partido no habría sobrevivido, y que no lo haría en el futuro, de no haber existido la posibilidad de debatir libremente. El bolchevismo era un partido político que ofrecía a sus miembros el derecho a manifestar sus opiniones y a participar en el desarrollo de la línea política, y Lenin quería que las cosas siguieran así. En sus últimas apariciones, declaraciones y escritos, arremetió contra el estilo y la esencia de la política que se habría de seguir tras su muerte con un “No” rotundo. El programa de Lenin, que encabezó una revolución radical e hizo un llamamiento a la moderación después de conquistar el poder, no entró en vigor. La posibilidad de expresarse libremente acerca de los problemas del Partido, de las diferentes corrientes que coexistían o de las amenazas que lo acechaban era patrimonio exclusivo de esta formación política históricamente específica que se bautizó con el nombre de bolchevique.La dictadura estaba en manos del Partido, no en las de Lenin. Cuando cayó en manos de un individuo, la cuota de poder del Partido no tardaría en esfumarse.