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viernes, 21 de marzo de 2025

Distracción estratégica


El Partido Comunista Chino anunció en 2014 que había alumbrado “el sistema de crédito social como un mecanismo de recompensa y castigo para construir una sociedad socialista armoniosa”. Creo, dice el periodista y escritor Álex Rosal, que poco más se puede decir. Es el nuevo totalitarismo que está llamando a nuestra puerta. Técnicamente ya estamos preparados para que el Gran Hermano controle nuestras vidas.
Los bárbaros del Poder, añade Rosal, se han dado cuenta de que el mejor medio para ganar una discusión es evitarla, y en eso están. Ya no se implican en rebatir las críticas, simplemente las ignoran y las sepultan con un arsenal de noticias para distraer al ciudadano medio y que así cambie de tema. El objetivo es distraer, distraer y distraer. Distraer a todas horas. Distraer es mejor que debatir cualquier crítica o reprobación.
En este sentido, los popes de la izquierda reaccionaria en España han comprobado las bondades de aplicar el principio de la “distracción estratégica” que tan eficaces resultados ha tenido en China, y que consiste en introducir temas de debate, muchas veces superficiales o tontos, que obliguen al interlocutor a dejar de hablar de Puigdemont, la amnistía o el apoyo de Pedro Sánchez a los terroristas de Hamás. Y están aprendiendo del Partido Comunista Chino a marchas forzadas, y del llamado “Ejército de los cincuenta centavos”, que es posiblemente la mayor organización de propaganda que existe en el mundo. El “Ejército de los cincuenta centavos” son jóvenes universitarios y militantes del Partido Comunista chino que reciben cincuenta céntimos (o cinco jiao, que corresponden a 0,007 euros) por publicar comentarios de distracción que tienen como finalidad sepultar las críticas a la dictadura. Nunca entran en el debate. Tan solo sacan a colación el último affaire amoroso de la actriz de moda, o la injusta expulsión del jugador Wu Lei, por ejemplo, hasta que logran que la masa enfurecida se calme y se ponga a debatir sobre otros asuntos.


sábado, 16 de noviembre de 2024

La confianza en el poder de la razón

El liberalismo político y económico depende de la confianza en que los individuos pueden manejar sus propias vidas. Se les da poder político y libertad económica sólo en la medida en que se piensa que son capaces de usarlos sabiamente. Esa confianza en ellos es fundamentalmente la confianza en el poder de la razón, siendo esta última el medio por el cual los individuos pueden acceder a conocer su mundo, planificar sus vidas e interactuar socialmente en la forma en que las personas razonables lo hacen, por el intercambio, la discusión y la fuerza de los argumentos.
Haber institucionalizado la confianza en el poder de la razón es el logro más sobresaliente de la Ilustración. Una señal de ello es que, de los miles de brillantes y laboriosos individuos que hicieron que la Ilustración tuviera lugar, los tres hombres, todos ellos ingleses, que frecuentemente son identificados como los que en mayor grado influenciaron e hicieron posible la Ilustración, son Francis Bacon, por su trabajo sobre el empirismo y el método científico; Isaac Newton, por su trabajo en física; y John Locke, por su trabajo sobre la razón, el empirismo y la teoría política del liberalismo, escribe Stephen Hicks, profesor de filosofía en el Rockford College.

martes, 7 de mayo de 2024

A gritos nadie gana

Los gritos son la forma menos efectiva para persuadir a los demás porque desencadenan una serie de cambios a nivel fisiológico que se convierten en una barrera prácticamente infranqueable para el diálogo. A eso se refería Miguel de Unamuno cuando dijo que “los hombres gritan para no oírse”. Como regla general, cuanto más alcemos la voz, más sordo se volverá nuestro interlocutor y más fuerza perderán nuestros argumentos.Nuestro cerebro percibe los gritos como un ataque. No hay medias tintas ni espacio para la interpretación. Percibimos que la persona que nos grita está enfadada o frustrada, lo cual activa nuestra amígdala, que es la zona del cerebro encargada de procesar las emociones y dar la voz de alarma cuando detecta un peligro. Entonces se liberan una serie de neurotransmisores, como el cortisol y la adrenalina, que nos ponen a la defensiva. Cuando nos gritan nuestra capacidad para razonar disminuye. Reaccionamos como si nos estuvieran atacando y es fácil que la discusión suba de tono.
En una discusión a gritos nadie gana. Es mejor comprender que no estamos en un campo de batalla y que el entendimiento es el único camino para que todos ganemos. Mostrarnos abiertos a debatir las ideas de nuestro interlocutor contribuirá a que este baje la guardia para poder encontrar puntos comunes.La clave para persuadir no se encuentra en nuestros argumentos sino en la capacidad para hacer reflexionar a la otra persona. Podemos lograr más con la pregunta adecuada que con afirmaciones contundentes. Podemos lograr que reflexione haciéndole preguntas que le animen a analizar sus propios argumentos. Cuando notemos que estamos gritando, debemos dar un paso atrás, apagar el megáfono y comenzar de nuevo. No importa quién alzó la voz primero, lo importante es comprender que así no llegaremos a ninguna parte, aconseja la psicóloga Jennifer Delgado.

jueves, 29 de febrero de 2024

Uno de los desafíos más difíciles en nuestras relaciones afectivas es el manejo de los desacuerdos

Escribe John Gray en su libro Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus que “uno de los desafíos más difíciles en nuestras relaciones afectivas es el manejo de las diferencias y los desacuerdos. A menudo, cuando las parejas no están de acuerdo, sus diferencias pueden transformarse en discusiones y luego, sin mucho aviso, en verdaderas batallas. De repente dejan de hablar en forma afectuosa y automáticamente comienzan a herirse mutuamente; se culpan, se quejan, exigen, caen en el resentimiento y en la duda. Así como la comunicación constituye el elemento más importante en una relación, las discusiones pueden ser el elemento más destructivo….. Como pauta básica, no discuta nunca. En lugar de ello, analice los pros y los contras de algo. Negocie lo que quiere pero no discuta. Es posible ser sincero, abierto y expresar incluso sentimientos negativos sin discutir ni pelear. Algunas parejas se pelean todo el tiempo y gradualmente su amor muere. En el otro extremo, algunas parejas suprimen sus sentimientos sinceros a fin de evitar el conflicto y no discutir. Como resultado de suprimir sus verdaderos sentimientos, también pierden contacto con sus sentimientos afectuosos. Una pareja está librando una guerra mientras que la otra está pasando por una guerra fría. Es mejor que una pareja encuentre un equilibrio entre estos dos extremos. Al recordar que somos de diferentes planetas y al desarrollar así buenas comunicaciones, resulta posible evitar discusiones sin tener que suprimir los sentimientos negativos y las ideas y deseos conflictivos”.

miércoles, 26 de julio de 2023

El desacuerdo público, una fuerza creadora


Monumento a los liberales del siglo XIX 

Las prácticas nucleares de un orden político liberal son la tolerancia religiosa, la libertad de debate, las limitaciones al comportamiento policial, las elecciones libres, el gobierno constitucional basado en la separación de poderes, la inspección pública de los presupuestos del Estado para evitar la corrupción y una política económica comprometida con el crecimiento sostenido basado en la propiedad privada y la libertad de contrato. Las cuatro normas o valores nucleares del liberalismo son la seguridad personal (monopolio de la violencia legítima por agentes del Estado, estos últimos sometidos al control y la regulación de la ley), imparcialidad (un único sistema legal que se aplica a todos por igual), la libertad individual (una amplia esfera de libertad con respecto a la supervisión colectiva o del Estado, lo que incluye la libertad de conciencia, el derecho a la diferencia, el derecho a perseguir ideales que el prójimo pueda considerar equivocados, la libertad de desplazamiento y emigración, etc.), y la democracia, o derecho a participar en la elaboración de las leyes por medio de elecciones y la discusión pública mediante el concurso de una prensa libre. Que el desacuerdo público sea una fuerza creadora puede haber sido el principio liberal más novedoso y radical de la política liberal, escribe Stephen Holmes, profesor de derecho en la Universidad de Nueva York.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Es preciso mantener la calma


Walter Dresel aconseja que no hay que olvidar quiénes están al otro lado de la mesa de negociación. Debemos tratar de ocultar nuestras debilidades, que de otro modo serán utilizadas rápidamente. En la negociación, la inspección será sinónimo de permanecer en silencio el mayor tiempo posible, a fin de no mover las piezas en el tablero apresuradamente dándole la posibilidad a nuestro ocasional adversario de sacar ventaja de nuestros errores. Dicho de otro modo, hablar mucho y antes de tiempo puede estar demostrando nuestra necesidad o nuestra urgencia por llegar a un acuerdo, que en estas condiciones nunca será favorable a nuestros intereses. Callar, escuchar, escudriñar a nuestro interlocutor, hacer el intento de presentir cuál será su próximo movimiento, actúa mucho más a nuestro favor que exponer todo lo que nos sucede en una catarata de palabras, que sólo pone de manifiesto nuestra desesperación y nuestra necesidad de que se nos otorgue por lo menos algo de lo que estamos solicitando.



Hay una diferencia abismal entre necesitar algo y querer algo. En el transcurso de una negociación de cualquier naturaleza, poner de manifiesto nuestra necesidad es ceder totalmente el terreno a nuestro oponente, permitiéndole de ese modo llevar el diálogo hacia donde lo prefiere. Nuestra necesidad de llegar a un acuerdo, que aunque no sea bueno para nosotros por lo menos nos salve transitoriamente, es, en definitiva, una derrota de la cual nos costará mucho recuperarnos. Es preferible que la necesidad la manifieste la otra parte y que nosotros la podamos captar con rapidez. La necesidad debe estar siempre del otro lado de la mesa de negociación, aunque también la tengamos nosotros. Pero pensemos en lo que queremos obtener, e inmediatamente tomaremos conciencia de que no podemos mostrar flaquezas a la hora de sentarnos a negociar. Nuestra atención debe estar firme y nuestros nervios templados para afrontar una situación.



Es preciso mantener la calma aun en los momentos más encendidos de la discusión; es una buena señal tomar nota de todo lo que se dice para no olvidar ningún detalle. Mantener la calma es la clave que hará dudar a nuestro adversario, que espera que caigamos de rodillas pidiendo perdón por nuestros errores, pretendiendo que a través de su malhumor y de su agresión nos amedrentemos y aceptemos rápidamente y sin discusión sus propuestas. Tengamos siempre presente que toda cuestión que se dirime a través de una negociación involucra tanto nuestro estado emocional como el de quien está sentado al otro lado de la mesa. El control de nuestras emociones será una herramienta de enorme valor para que no transmitamos nuestra ansiedad o angustia por llegar a un acuerdo rápidamente. Un rostro inexpresivo, un gesto adusto y de seriedad, pero que no deje entrever resentimiento o rencor por todo lo previo a esta instancia, en la que pretendemos llegar a un convenio, será también un apoyo importante a la hora de comunicar lo que queremos como resultado de esta negociación. Negarse a aceptar desde el principio el planteamiento de nuestro adversario nos da tiempo a reflexionar y a realizar una contrapropuesta. Debemos evitar el “posiblemente”, el “si acaso”, porque no sólo no configuran ningún tipo de decisión, sino que le dan a nuestro oponente la sensación de que él está muy cerca de ganar la partida, de que hemos bajado nuestra defensa, y de que atacando nuestros puntos débiles terminará obteniendo una aprobación por nuestra parte. La aprobación debe dejarse para el final, y no dejar traslucir que queremos que de una vez llegue ese final para sentirnos más aliviados. Negarnos a aceptar las condiciones no es una señal de soberbia, sino simplemente la intención de ganar tiempo para poder pensar de qué modo queremos redactar la solución final del desacuerdo. Nosotros necesitamos una solución, pero la otra parte también. La eficacia en la negociación se logra en la medida que sepamos cuáles son nuestros objetivos.

domingo, 12 de enero de 2020

La incredulidad surge de la aversión al contenido de las Escrituras



Opinaba el Cardenal Newman que la incredulidad surge de la aversión al contenido de las Escrituras, de ahí que lo que convence no son tanto los sólidos argumentos a favor del cristianismo, sino el silencio; porque hay en el fondo una antipatía secreta a las doctrinas del cristianismo, que esta absolutamente fuera del alcance de la discusión.

jueves, 31 de mayo de 2018

¿Acaso el juez de toda la tierra no hará justicia?


Si recordamos Sodoma, el santo patriarca Abraham trata de salvar a la pecadora ciudad de la ira de Dios, que quiere destruirla. Y regatea con Él como un astuto vendedor de coches de segunda mano. Cincuenta hombres rectos, cuarenta hombres rectos, treinta, veinte, tal vez diez. Cuando pierde la discusión vuelve los ojos a lo alto y pronuncia la osadísima sentencia: “¿Acaso el juez de toda la tierra no hará justicia?"

Esto es blasfemo, es osado, implica decirle al propio Dios; puede que seas el jefe ejecutivo pero no estás por encima de la ley. Puede que seas el legislador pero no estás por encima de la ley. Puede que seas la fuente de autoridad pero tendrás que justificarte ante un tribunal supremo de justicia. La justicia está por encima de ti… Una teoría difícilmente concebible en otras religiones. Y no es el único ejemplo. Los profetas solían discutir con Dios y a veces llegaban incluso a la acusación.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Como ser feliz en casa de tu hija.


Me pregunta una amiga si le puedo dar alguna idea de como comportarse en casa de su hija. Acaba de quedarse viuda y ha decidido vender su piso e irse a vivir con ella. Aqui van  cinco ideas: 

1° No sientas pena ni resentimiento por ser vieja. Muchas veces, los ancianos menos felices son lo que luchan contra los años, como si fuesen su enemigo; no son capaces de disfrutar como deberían sus años maduros.

2° Habiendo aceptado con garbo tu edad, actúa de acuerdo
con ella. Relacionate con amigos de tu generación. Aunque no hay inconveniente en que trates a personas más jóvenes que tú, no esperes ser incluida en todas las invitaciones que tu hija recibe, ni acompañarla con su marido cada vez que salen de noche para divertirse. Cuando invitan a casa a sus amigos, recuerdas “un buen libro que estoy leyendo o una carta que tengo que escribir” y te retiras después de un tiempo prudencial a tu habitación, a menos de que insistan lo suficiente en que te quedes como para no dudar de la sinceridad de esa petición. Nunca recurras a la táctica de decir: “pobre de mí; ya sé que sólo soy una vieja”.

3° Controla heroicamente tu lengua. Cuando tu hija y su marido tengan sus discusiones, inevitables por lo demás, te quitas de en medio. Nunca te pongas de parte de ella, independientemente de lo equivocada que consideres la postura de su marido. Niégate a comentar los defectos de éste con tu hija.

Abuela y nieto.
4º Nunca, nunca te entrometas en cómo educar a sus hijos, aunque con frecuencia sientas la tentación de hacerlo. Muchas veces no estarás de acuerdo con los métodos que tienen de educar a los niños, pero te cortarás la lengua antes de decírselo a ellos o a sus hijos.


5º No trates de decir nunca cómo debe vestir, o cómo debe hacer la comida, o cómo debe llevar la casa. Tienes con tu hija y su marido el detalle maravilloso de permitirles que tengan sus propios defectos.

jueves, 19 de octubre de 2017

Dostoievski.

Dostoievski
En Los hermanos Karamazov, que representa la cara más potente y natural de esa capacidad de Dostoievski, común a la mayoría de los grandes autores, de escribir sin darse cuenta como si cuestionara sus propias creencias, incluso como si se opusiera a ellas, nos expone sus convicciones en forma de conflictos espirituales y enfrentamientos entre personajes vivos. Lo más milagroso de esta gran obra está en cómo es capaz de que el lector se represente mentalmente a tal cantidad de personajes con personalidades tan distintas en todos sus pequeños detalles, colores y profundidad verosímil. Los personajes de otros autores, por ejemplo Dickens, también se nos quedan en la memoria pero por lo general los recordamos como extraños, o simpáticos, o por sus características caricaturescas. La gran fuerza de la
novelística de Dostoievski consiste en que es sobre todo el alma de los personajes lo que se nos queda en la cabeza, lo que se nos graba en el corazón. El hecho de que los tres hermanos Karamazov sean también, con una extraña lógica, hermanos espiritualmente, obliga al lector a que elija entre los personajes, a que se identifique con ellos, a hablar y a discutir sobre ellos. Por eso es por lo que una discusión sobre cualquiera de los hermanos Karamazov se convierte en una discusión sobre la vida.

Anna Grigórievna Dostoyévskaya
Dostoievski murió un año después de la publicación de Los hermanos Karamazov. Años más tarde, en sus memorias, su mujer nos cuenta cuánto se había cansado su marido por aquellos días al subir cuatro tramos de escaleras para participar en una reunión literaria, cómo se había quedado sin aliento y, con toda su inocencia, explica su silencio a lo largo de la reunión afirmando que, por desgracia, era un hombre demasiado orgulloso. A pesar de sus crisis de epilepsia y de su enfermedad del hígado, Dostoievski no renunció hasta sus últimos días a los placeres de tomar té, fumar y escribir novelas hasta el amanecer.

martes, 26 de septiembre de 2017

La democracia debe otorgar un lugar capital a la garantía de la discusión libre, y a la interacción nacida de la deliberación.

debate publico y abierto
Amartya Sen define la democracia como “gobierno a través de la discusión implica que los valores individuales pueden cambiar, y de hecho cambian en el proceso de toma de decisiones”. En realidad, las elecciones son sólo una forma de hacer eficaces las discusiones públicas, especialmente cuando la posibilidad de votar se combina con la oportunidad de hablar y escuchar sin miedo a la represión. La fuerza y el alcance de las elecciones depende crucialmente de la existencia de un debate público y abierto. Reducir la democracia a sólo votar resulta lamentablemente
 muro lleno de carteles electorales
inadecuado, como queda ampliamente ilustrado con las asombrosas victorias electorales de las tiranías gobernantes en regímenes autoritarios; desde Stalin en la Unión Soviética, hasta Sadam Hussein en Iraq. El problema en estos casos reside no sólo en la presión a la que se somete a los votantes durante las elecciones, sino a la forma en que la discusión pública se ve frustrada, transgredida y alterada a consecuencia de la censura, la supresión de la oposición política y la violación de los derechos civiles y de las libertades políticas fundamentales.


Samuel P. Huntington 
Samuel P. Huntington en La Tercera Ola, plantea la existencia de “elecciones libres, abiertas y justas como la esencia de la democracia, como condición sine qua non”. En la perspectiva más amplia del debate público, la democracia debe otorgar un lugar capital a la garantía de la discusión libre, y a la interacción nacida de la deliberación.