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viernes, 26 de junio de 2026

Los padres educan fundamentalmente con su conducta

Los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo que los hijos y las hijas buscan en su padre o en su madre no son sólo unos conocimientos más amplios que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría, un testimonio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas circunstancias y situaciones que se suceden a lo largo de los años. Los hijos han de percibir que la conducta que ven hecha vida en sus padres no es un agobio, sino fuente de libertad interior. Y los padres, sin amenazas, con sentido positivo, deben “estructurar” interiormente a sus hijos, educarles para esta libertad, dándoles razones para que entiendan la bondad de lo que se les pide, de modo que lo hagan suyo.

Referencia: La educación en familia (José Manuel Martín)

domingo, 18 de mayo de 2025

Cuando la hija dice a sus padres que está esperando

Leo J. Trese escribe que “cuando la hija dice a sus padres que está “esperando”, la primera reacción de ellos suele ser disgustarse horrorizados. ¿Cómo ha podido sucederle eso a su niña (que quizá no ha cumplido los veinte) a la que tanto han querido y mimado? Había sido siempre tan buena... ¡Y ahora esto! ¿Cómo ha podido convertirse en un ser tan inconsciente? ¿Dónde han fallado ellos (los padres) al formarla? De este tipo son las acusaciones y recriminaciones que los padres pueden sentirse tentados de hacer a su hijo y a ellos mismos. El shock es comprensible, pero una reacción así es la peor respuesta posible a la situación. En primer lugar, la muchacha no se ha vuelto mala por el hecho de su embarazo.El hecho de que tener un hijo no es un pecado. La unión extramatrimonial fue un pecado, pero el embarazo resultante no lo es. La criatura que esta hija lleva en su vientre está destinada a ser un hijo de Dios. Cuando ella y su novio concibieron el cuerpo del niño, pusieron en movimiento el poder creador de Dios; y Dios insufló un alma espiritual e inmortal a ese cuerpo.”
“La muchacha puede confesar su situación llorando o como de pasada o, incluso, con actitud desafiante. Sea como fuere, es de esperar que los padres traten de disimular sus sentimientos de pesar y afronten el hecho con garbo. Si hay alguna ocasión en que su hija pueda necesitar de su comprensión y de su amor, es ésta. La chica está atemorizada, dolorida, apenada y confundida.El matrimonio con el padre del niño no será indicado a menos de que se pueda confiar firmemente en que será feliz y duradero. Cuestiones del tipo de si será mejor el matrimonio que tener al niño secretamente, o de si será mejor conservar al niño o dejar que lo adopten, sólo pueden ser decididas después de un cambio de impresiones sereno y realista con consejeros cualificados.”

jueves, 30 de enero de 2025

Cuando nuestro hijo puede hablarnos sobre cualquier cosa, se protege su salud mental

El 90% de los padres dice que sabrían si su hija tuviera dificultades. Pero también admiten que, en realidad, no saben la diferencia entre si un hijo o hija está realmente mal o si simplemente tienen altibajos normales. De hecho, los padres no saben cuándo sus hijos tienen pensamientos suicidas. Una de las cosas más importantes que sabemos es que cuando nuestro hijo o hija puede hablarnos sobre cualquier cosa, sin importar cuán difícil sea, eso protege enormemente su salud mental.Un estudio de Johns Hopkins muestra que los jóvenes tienen 12 veces más probabilidades de progresar cuando pueden hablar con sus padres sobre cualquier cosa. Pero los jóvenes me dicen que tienen problemas para hablar con sus padres sobre estos factores estresantes. Les preocupa que sus padres no puedan manejar su angustia porque ya están de por sí muy estresados. Entonces, una de las cosas más importantes es aprender los pasos para hablar con nuestros hijos sobre estas cosas en una forma que llamo neuroprotectora.Los pasos de la escucha neuroprotectora son transformadores porque permiten que nuestros hijos nos cuenten lo que están experimentando en este mundo muy, muy tóxico, incluyendo las redes sociales. La mayoría de los jóvenes no sienten que pueden hablar con sus padres sobre lo que están experimentando en las redes sociales y sobre lo estresados que se sienten, escribe Donna Jackson Nakazawa, una escritora especializada en neurociencia, inmunología y emoción.
La escucha neuroprotectora es bastante simple. Yo la divido en pasos, dice Donna .El primero, es aceptar el hecho de que algunos temas son realmente difíciles de discutir. "Oye, es difícil hablar de este tema incluso para mí como adulto".El segundo es no lanzarse sobre la conversación. Dígale a su hijo antes de empezar a hablar: "Te prometo que seré un buen oyente y no haré preguntas". Los estudios muestran que hablará más y de forma voluntaria cuando no le hacemos ni una sola pregunta.El tercero es estar preparado para ser cambiado por lo que escucha. No asuma que sabe lo que siente su hija. No sabemos lo que están sintiendo. Puede que ellas no sepan lo que sienten.El cuarto es ofrecer validación: "Tus sentimientos son reales, son importantes, son comprensibles, cualquiera se sentiría así". El quinto es mantenerse en segundo plano si el adolescente quiere saber su opinión porque él todavía se está formando la suya. Solamente diga: "Te prometo que te diré mi opinión, pero primero quiero saber lo que tú piensas y sientes ahora mismo, porque eso es mucho más importante que lo que yo pienso".El sexto es pedir permiso antes de compartir cualquier observación. "Oye, ¿te importa si te hago algunas preguntas? Es que me gustaría entender mejor".El séptimo es destaque los comportamientos y cualidades positivas. "Realmente estás manejando esta situación tan compleja y confusa muy, muy bien".El octavo es simplemente recordar que está bien si comete un error; eso sí, cuanto antes se disculpe o arregle la situación es más probable que su hijo continúe hablándole. Puede decir: "¡Oye!, cuando dije XYZ me salió mal. Lamento mucho que no haya sido útil. Quiero ser útil. ¿Qué necesitas ahora?".El noveno es dar las gracias a su hijo por hablar con usted. Queremos que sea una buena experiencia para ellos. Dígale lo contento que está de que pudiera hablar con usted sobre esto.


miércoles, 28 de junio de 2023

En Pakistán existe una epidemia silenciosa de secuestros, matrimonios forzados y conversiones forzosas de niñas y mujeres cristianas

Confesión en la iglesia católica de San Juan de Lahore

En Pakistán, viven cinco millones de cristianos,el 1,9 % de la población. El general Zia-ul Haq, que gobernó de 1980 a 1986, se alineó con los musulmanes extremistas e introdujo las leyes contra la blasfemia, lo que permitió que arraigara la persecución de los cristianos en Pakistán; la mera acusación a un creyente de calumniar al profeta Mahoma conlleva penas de cárcel automáticas.Los gobiernos posteriores de Pakistán han intentado suavizar la normativa, pero la cultura ha seguido islamizándose;se calcula que los mulás extremistas islámicos, controlan más del 20 % de la población con su ideología violenta. 

Niñas rezando

En Pakistán existe una epidemia silenciosa de secuestros, matrimonios forzados y conversiones forzosas de niñas y mujeres cristianas. Niñas cristianas de apenas 12 años, principalmente de familias pobres, son secuestradas, casadas a la fuerza, agredidas sexualmente y obligadas a convertirse al islam so pena de muerte. También se ha seducido a niñas cristianas para convertirlas al islam. Muchas familias no vuelven a ver a sus hijas, ya que las autoridades rara vez llevan a los autores ante la justicia. Si el caso llega a los tribunales, las niñas pueden verse obligadas a declarar que se convirtieron voluntariamente. Esto supone una enorme carga emocional para las familias, que temen constantemente las represalias de los agresores y de quienes les apoyan. Para las víctimas que se recuperan, la vergüenza del secuestro y la violación ensombrece enormemente sus vidas dentro de la cultura de Pakistán, basada en el honor. Las mujeres y niñas cristianas corren peligro de sufrir violencia sexual en el lugar de trabajo y en las escuelas. Muchas son criadas o limpiadoras, y son objeto de explotación sexual. Las mujeres que trabajan en condiciones de servidumbre, como en las fábricas de ladrillos, también pueden estar expuestas a la violencia sexual.

miércoles, 6 de julio de 2022

Algunos musulmanes no pueden soportar la idea de educar a sus hijos, en el seno de una sociedad a la que ellos juzgan impura

Cuenta Zana Muhsen en su libro Vendidas que “actualmente los países occidentales cuentan con un número creciente de parejas mixtas y muchos niños reciben la doble nacionalidad. A menudo, los musulmanes como mi marido o el padre de Zana Muhsen, venidos a integrarse en una sociedad occidental, están en desacuerdo con la cultura de su país de adopción. Algunos no pueden soportar la idea de educar a sus hijos, especialmente a sus hijas, en el seno de una sociedad no islámica a la que ellos juzgan impura. Hacen lo que consideran su deber. Secuestran a sus hijos y los retienen como rehenes en su país”.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Buscar un marido



Barnaby Rudge, subtitulada A Tale of the Riots of Eighty (Relato de los disturbios del año 80), es una novela histórica del escritor inglés Charles Dickens. En ella Dickens escribe: “Todos los días digo a mi hija, cuando hablamos de buscarle un marido, que no se fíe nunca de su buena estrella, sino que se asegure con tiempo de que tiene un joven excelente y fiel, porque una vez casada, no será su estrella la que la hará feliz ni desgraciada”.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Como ser feliz en casa de tu hija.


Me pregunta una amiga si le puedo dar alguna idea de como comportarse en casa de su hija. Acaba de quedarse viuda y ha decidido vender su piso e irse a vivir con ella. Aqui van  cinco ideas: 

1° No sientas pena ni resentimiento por ser vieja. Muchas veces, los ancianos menos felices son lo que luchan contra los años, como si fuesen su enemigo; no son capaces de disfrutar como deberían sus años maduros.

2° Habiendo aceptado con garbo tu edad, actúa de acuerdo
con ella. Relacionate con amigos de tu generación. Aunque no hay inconveniente en que trates a personas más jóvenes que tú, no esperes ser incluida en todas las invitaciones que tu hija recibe, ni acompañarla con su marido cada vez que salen de noche para divertirse. Cuando invitan a casa a sus amigos, recuerdas “un buen libro que estoy leyendo o una carta que tengo que escribir” y te retiras después de un tiempo prudencial a tu habitación, a menos de que insistan lo suficiente en que te quedes como para no dudar de la sinceridad de esa petición. Nunca recurras a la táctica de decir: “pobre de mí; ya sé que sólo soy una vieja”.

3° Controla heroicamente tu lengua. Cuando tu hija y su marido tengan sus discusiones, inevitables por lo demás, te quitas de en medio. Nunca te pongas de parte de ella, independientemente de lo equivocada que consideres la postura de su marido. Niégate a comentar los defectos de éste con tu hija.

Abuela y nieto.
4º Nunca, nunca te entrometas en cómo educar a sus hijos, aunque con frecuencia sientas la tentación de hacerlo. Muchas veces no estarás de acuerdo con los métodos que tienen de educar a los niños, pero te cortarás la lengua antes de decírselo a ellos o a sus hijos.


5º No trates de decir nunca cómo debe vestir, o cómo debe hacer la comida, o cómo debe llevar la casa. Tienes con tu hija y su marido el detalle maravilloso de permitirles que tengan sus propios defectos.

lunes, 23 de octubre de 2017

Justicia comunista.

Jemeres rojos entrando en Phnom Penh
Lo que narro es un suceso real que en su momento escribió un periodista, como notario de la historia de la humanidad:
Tras la muerte de su mujer, un padre criaba solo a su hija de cinco años. Una mañana, mientras estaba arando, encontró dos caracoles en la tierra húmeda. Los mostró con orgullo a su hija, que se había quedado en el talud. En plena hambruna, era un verdadero tesoro. En el momento en que se guardaba los caracoles en el bolsillo, se aproximaron unos jemeres rojos. Era un individualista, un enemigo del Angkar. Lo golpearon y lo ataron a un poste, junto al arrozal.
El genocidio de los Jemer Rojo en Camboya
Pasaron las horas. La temperatura se volvió insoportable. El hombre gemía. Las hormigas trepaban por su cuerpo, a cientos y luego a miles. Invadieron su boca y su garganta, sus orejas y sus ojos. El hombre se retorcía y gritaba tanto como podía y se desplomó. Entonces se acercó una campesina, tomó de la mano a la niñita que llevaba ahí desde la mañana y le dijo: “Ven conmigo”. Las dos fueron hasta el pueblo andando.