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miércoles, 12 de junio de 2024

La persona dominada por las pasiones, por el ambiente, por los vaivenes de un humor incontrolado, es incapaz de amar

La libertad personal no es fruto de ninguna conquista humana. Es más bien un elemento esencial al ser humano. Nos la hemos encontrado en nuestra naturaleza sin haber hecho nada para ganarla. Simplemente, está ahí; forma parte de nuestro ser. Al toparnos con ella, la pregunta que podemos hacernos es: ¿para qué somos libres? Y la respuesta es: para amar, porque la única manera posible de amar es hacerlo libremente. No se puede amar por imposición. Si descubres tu verdad, que es el amor, y la vives, harás un buen uso de la libertad, escribe el profesor de derecho Javier Vidal-Quadras.
Tomás Melendo, Catedrático de Metafísica en la Universidad de Málaga, explica que “la persona que no ha hecho operativa su libertad, extendiendo el imperio de la voluntad y del entendimiento al resto de sus facultades y potencias, la persona dominada por las pasiones, por el ambiente, por los vaivenes de un humor incontrolado, esa persona, si no lucha por dominarse, es incapaz de amar. Sólo quien ejerce el señorío de su propio ser puede, en un acto soberano de libertad, entregarlo plenamente a los otros, al hombre o mujer elegidos, a quien haya hecho objeto de sus amores”.

miércoles, 1 de junio de 2022

La vida humana se mueve entre dos elementos

La vida humana en sentido estricto, la de cada cual, se mueve entre dos elementos que no se eligen. Uno de ellos es la circunstancia, que nos es impuesta, con la cual nos encontramos, queramos o no; el otro, la vocación, que no nos es impuesta, porque frente a ella somos libres, pero que nos es propuesta, y si somos infieles a ella, una vez que la hemos ido descubriendo, la consecuencia es la inautenticidad, la falsedad de nuestra vida, escribe el filósofo Julián Marías.

jueves, 7 de abril de 2022

Lo característico de la democracia moderna es que los ciudadanos son iguales

Cuenta el filósofo español Fernando Savater que “la democracia tiene mucha historia a cuestas; reducir su esencia a urnas, votos, voluntad popular y otros tópicos simplificadores es abusar de la credulidad ignara de la gente, aprovechando sus pasiones identitarias, esa xenofobia de fábrica que traemos al mundo hasta que la educación nos la borra… si puede. Lo característico de la democracia moderna es que los ciudadanos son iguales más allá de su genealogía, su lugar de nacimiento, su sexo, su color de piel, sus creencias religiosas o filosóficas, sus capacidades… Esos rasgos son relevantes para la biografía personal de cada uno, en parte propiciada por las circunstancias pero también creada por uno mismo. Desde el punto de vista político no hay varones, negros, catalanes, mahometanos, aficionados al billar o dotados de buena voz; sólo ciudadanos libres e iguales que comparten una ley común, a partir de la cual eligen su trayectoria en libertad. Si en nombre de una determinación particular una fracción de la ciudadanía pretende segregarse políticamente de y contra los demás, abandonamos la democracia moderna y volvemos al feudalismo medieval o algo peor”.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Los santos


Los santos son los hombres que, a través de su entrega total a Dios, se han hecho completamente libres. Por eso reinan, por eso las cosas cumplen su voluntad, por eso hacen milagros. Por eso podemos invocarles, y son más efectivos que todo señor terreno, escribe Robert Spaemann, filósofo alemán que se ha preocupado durante toda su trayectoria por los problemas filosóficos más importantes. 

domingo, 11 de abril de 2021

¿Un océano entero para producir una pequeña perla?


Dios nos ha hecho libres, incluso para pecar y mostrarnos crueles. Pero esa misma libertad nos permite escoger el camino del arrepentimiento, y no se nos negará el perdón. Su voluntad está en los Evangelios. La capacidad de discernir y tomar el sendero correcto es su legado. No blasfemes culpándole de la necedad humana, escribe Ferrándiz. 

               

¿Un océano entero para producir una pequeña perla?


sábado, 4 de abril de 2020

Una sociedad basada en la esclavitud puede producir grandes obras de arte, pero no un crecimiento económico



En la Antigua Grecia, cuenta el profesor estadounidense de historia económica Rondo E. Cameron, los griegos carecían tanto de experiencia como de afición para hacer experimentos con los medios de producción, pues el trabajo era algo deshonroso, el estigma del sirviente. Arquímedes fue un científico genial que despreció sinceramente la aplicación de la ciencia; su única concesión a la practicidad fue el diseño de una catapulta mecánica para la defensa (fallida) de su Siracusa natal contra los romanos. Aristóteles, quien probablemente poseía el conocimiento más enciclopédico de todos los filósofos o científicos de la Antigüedad, estaba convencido de que la distinción entre amos y esclavos venía determinada biológicamente. Según él, que los esclavos trabajaran para que sus amos pudieran disponer de tiempo libre con el que desarrollar las artes de la civilización formaba parte del orden natural del universo. Y san Pablo escribió: “Amos y esclavos deben aceptar su situación actual, pues el reino de la Tierra no podría sobrevivir si unos hombres no fuesen libres y otros esclavos”. En vista de tales actitudes, no resulta sorprendente que apenas se dedicase algún pensamiento a inventar métodos para aligerar la carga del trabajo o para mejorar la situación de los siervos. Una sociedad basada en la esclavitud puede producir grandes obras de arte y literatura, pero no un crecimiento económico. 

martes, 26 de septiembre de 2017

La democracia debe otorgar un lugar capital a la garantía de la discusión libre, y a la interacción nacida de la deliberación.

debate publico y abierto
Amartya Sen define la democracia como “gobierno a través de la discusión implica que los valores individuales pueden cambiar, y de hecho cambian en el proceso de toma de decisiones”. En realidad, las elecciones son sólo una forma de hacer eficaces las discusiones públicas, especialmente cuando la posibilidad de votar se combina con la oportunidad de hablar y escuchar sin miedo a la represión. La fuerza y el alcance de las elecciones depende crucialmente de la existencia de un debate público y abierto. Reducir la democracia a sólo votar resulta lamentablemente
 muro lleno de carteles electorales
inadecuado, como queda ampliamente ilustrado con las asombrosas victorias electorales de las tiranías gobernantes en regímenes autoritarios; desde Stalin en la Unión Soviética, hasta Sadam Hussein en Iraq. El problema en estos casos reside no sólo en la presión a la que se somete a los votantes durante las elecciones, sino a la forma en que la discusión pública se ve frustrada, transgredida y alterada a consecuencia de la censura, la supresión de la oposición política y la violación de los derechos civiles y de las libertades políticas fundamentales.


Samuel P. Huntington 
Samuel P. Huntington en La Tercera Ola, plantea la existencia de “elecciones libres, abiertas y justas como la esencia de la democracia, como condición sine qua non”. En la perspectiva más amplia del debate público, la democracia debe otorgar un lugar capital a la garantía de la discusión libre, y a la interacción nacida de la deliberación.

martes, 13 de junio de 2017

Frente al proyecto igualitarista de la izquierda, se opone un ingenieril concepto de eficiencia.

Axel Kaiser, considerado una de las voces liberales más influyentes de la nueva corriente en Hispanoamérica, dice que el Estado sigue siendo visto universalmente como el referente central de la vida en sociedad. El individuo se encuentra completamente olvidado y debe ser rescatado del pantano paternalista en que derechas e izquierdas lo han ahogado.


Hoy, a lo sumo, dice Kaiser, frente al proyecto igualitarista de la izquierda, se opone un ingenieril concepto de eficiencia, como si la libertad fuera deseable en la medida en que la eficiencia lo permite. La izquierda, en cambio, está dispuesta a sacrificar la eficiencia por la igualdad porque cree que la igualdad es la idea fuerza sobre la que debe basarse una sociedad justa. Su lema es algo así como “toda la eficiencia posible dentro de lo que una sociedad igualitaria permita”. Su fuerza está en la ventaja moral que obtiene por hacer de un valor como lo es la igualdad, su idea central. 

Personas libres y dignas.
La eficiencia, en cambio, no es un valor que pueda proveer de estatus moral, sino una aspiración de la técnica puramente utilitaria. No se puede construir una épica de la eficiencia, y una utopía de la eficiencia sería, sin duda, una distopía espantosa al estilo del “mundo feliz” de Aldous Huxley. El corazón humano jamás se ha motivado para luchar por la eficiencia. Pero sí lo ha hecho por la libertad, incluso al punto de arriesgar y perder la vida. La “centroderecha”, como se llama a quienes se oponen a la izquierda, no tiene una filosofía política, es decir, carece de una idea sobre lo justo. Cree qu e lo justo es que el dinero de los contribuyentes se gaste bien. Pero la idea de lo justo debería ser la de la responsabilidad personal. La llamada “centroderecha” debiera decir "toda la eficiencia posible dentro de lo que permite una sociedad de personas libres y dignas".

miércoles, 24 de mayo de 2017

Mentir a los hombres o engañarles es tratarles como subhumanos.

Kant.
“Nadie puede obligarme a ser feliz a su manera”, decía Kant. “El paternalismo es el mayor despotismo imaginable”. Esto es así porque es tratar a los hombres como si no fuesen libres, sino material humano para que yo, benevolente reformador, los moldee con arreglo a los fines que yo he adoptado libremente, y no con arreglo a los suyos. Precisamente esta es, por supuesto, la política que recomendaron los primeros utilitaristas. Helvétius y Bentham  creían que no se debía contradecir, sino utilizar, la tendencia que tienen los hombres a ser esclavos de sus pasiones, y querían ofrecerles premios y castigos, la forma más aguda posible de heteronomía, si mediante éstos se podía hacer más felices a los “esclavos”. 
Helvétius.

Manipular a los hombres y lanzarles hacia fines que el reformador social ve, pero que puede que ellos no vean, es negar su esencia humana, tratarlos como objetos sin voluntad propia y, por tanto, degradarlos. Por esto es por lo que mentir a los hombres o engañarles, es decir, usarlos como medios para los fines que yo he concebido independientemente, y no para los suyos propios, incluso aunque esto sea para su propio beneficio, es, en efecto, tratarles como subhumanos y actuar como si sus fines fuesen menos últimos y sagrados que los míos, dice Isaiah Berlin.

sábado, 13 de mayo de 2017

¿Libertad, para qué?

Libertad.
Cuanto más libres somos en el uso de la palabra, más posibilidades tendremos de elegir las palabras justas y la decisión adecuada. Y más posibilidades de enmendar el error. Si algo da miedo, por tanto, es que los ciudadanos libres dejen de valorar la libertad de la palabra en aras de la seguridad o la supervivencia. Y dejen de creer que la libertad merece el precio que casi siempre tiene en la historia. Porque acaban siempre en la pregunta de Lenin: “¿Libertad, para qué?”. Por ahí comienza siempre la tentación que lleva a la miseria, a la guerra y al crimen. Y el crimen llega antes de lo que algunos creen. Llega en cuanto se acepta el discurso de la fuerza de los regímenes que aplastan las libertades.

Cuanto más libres somos en el uso de la palabra, más posibilidades tendremos de elegir las palabras justas y la decisión adecuada.

sábado, 8 de octubre de 2016

Una cultura libre no es una cultura sin propiedad.

Abogar por la cultura libre no significa necesariamente apostar por la cultura gratuita. Es libre en el sentido de libertad de expresión, libertad de empresa, libre albedrío. Una cultura libre no es una cultura sin propiedad, más bien protege y apoya a creadores e innovadores concediendo derechos de propiedad intelectual, pero también limitando el alcance de estos derechos para que los innovadores posteriores sean lo más libres posible respecto al control por parte del pasado.


Los derechos de autor, en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se encuentran desligados del artículo que regula el derecho de propiedad. Se ubican en el artículo 27, el mismo que establece el derecho a participar en el progreso científico, y después de todos los artículos que regulan los derechos a un adecuado nivel de vida, a la salud y a la educación. El triunfo del derecho de propiedad se sacraliza en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en las Constituciones contemporáneas: Declaración Universal de los Derechos Humanos: 17.1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. 17.2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad. Constitución Española: Artículo 33. 1. Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. 2. La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes. 3. Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes. Y no obstante, la Declaración Universal no habla del derecho a cobrar por copias, ni de la prohibición de hacerlas, sino del derecho de los creadores a la protección de sus intereses morales y materiales. 

El problema no está en el marco general, sino en la formulación concreta del derecho de autor según el Convenio de Berna y en las legislaciones nacionales; un cuerpo jurídico que se ha ido construyendo a medida de las empresas que se han apropiado del trabajo de los creadores. Además, existen diferencias notables entre DD.HH. y derechos de autor: la propiedad es ilimitada en el tiempo, los derechos de autor, no; la propiedad es transmisible a los herederos de forma indefinida, lo que no sucede con los derechos de autor,