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miércoles, 30 de octubre de 2019

Las revoluciones son actos de ruptura con la ley



Para la policía es legítimo emplear la violencia porque están haciendo cumplir la ley; la ley es legítima porque está arraigada en la constitución; la constitución es legítima porque emana del pueblo; el pueblo creó las leyes de la constitución mediante actos de violencia ilegal. La pregunta evidente es, pues, ¿cómo diferencia uno entre el pueblo y una mera turba enfurecida? No hay una respuesta obvia. La respuesta de las opiniones mayoritarias y respetables es intentar alejar el problema lo más posible.


Las revoluciones son actos de ruptura con la ley. Es completamente ilegal alzarse en armas, derrocar un gobierno y crear un nuevo sistema político. En realidad, nada puede ser más ilegal. Cromwell, Jefferson y Danton eran, todos ellos, culpables de traición, según las leyes bajo las que habían crecido, tanto como lo habrían sido de intentarlo nuevamente, bajo los regímenes que crearon, digamos veinte años después. Ahora podemos cambiar la constitución, o estándares legales, por medios legales. Esto significa, dice el profesor David Graeber, que las estructuras básicas nunca van a cambiar.



sábado, 26 de agosto de 2017

George Orwell quizá haya sido el único escritor occidental que ha conseguido comprender la naturaleza profunda del mundo soviético.

Simon Leys
Cuando leemos los escritos de los disidentes y exiliados soviéticos y europeos del Este, sorprende un tema recurrente, su estupor, su indignación y su ira frente a la estupidez, ignorancia e indiferencia de la opinión pública occidental, muy en particular de la clase intelectual, que se mostró completamente incapaz de captar la patente realidad de esa peste totalitaria que afectaba a la existencia de una mitad del género humano. Y, sin embargo, dice Simon Leys, los países occidentales empleaban vastos recursos para reunir información sobre los diversos regímenes comunistas, ya fuera financiando la investigación universitaria u organizando costosas redes de espionaje. Estos enormes esfuerzos apenas si producían resultados. 


Robert Conquest
Robert Conquest, uno de los rarísimos sovietólogos que vieron claro desde un principio, se sintió enormemente frustrado cada vez que trató de comunicar lo que sabía. Tras la desintegración de la URSS, su editor le sugirió reeditar una recopilación de sus antiguos escritos y le preguntó qué título se podría poner a ese volumen. Conquest se lo pensó unos segundos y dijo: “¿Qué le parece Ya os lo dije, jodidos cretinos?”. Cosa digna de tenerse en cuenta, en los escritos de los grandes disidentes de los países del Este se
George Orwell
menciona con frecuencia el nombre de un escritor occidental; se le rinde homenaje como al único autor que fue capaz de percibir completamente la realidad concreta de su estado, hasta en sus ruidos y olores: George Orwell. Aleksander Nekrich resumió perfectamente esta opinión: “George Orwell quizá haya sido el único escritor occidental que ha conseguido comprender la naturaleza profunda del mundo soviético”.

sábado, 13 de mayo de 2017

¿Libertad, para qué?

Libertad.
Cuanto más libres somos en el uso de la palabra, más posibilidades tendremos de elegir las palabras justas y la decisión adecuada. Y más posibilidades de enmendar el error. Si algo da miedo, por tanto, es que los ciudadanos libres dejen de valorar la libertad de la palabra en aras de la seguridad o la supervivencia. Y dejen de creer que la libertad merece el precio que casi siempre tiene en la historia. Porque acaban siempre en la pregunta de Lenin: “¿Libertad, para qué?”. Por ahí comienza siempre la tentación que lleva a la miseria, a la guerra y al crimen. Y el crimen llega antes de lo que algunos creen. Llega en cuanto se acepta el discurso de la fuerza de los regímenes que aplastan las libertades.

Cuanto más libres somos en el uso de la palabra, más posibilidades tendremos de elegir las palabras justas y la decisión adecuada.