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viernes, 31 de marzo de 2023

Ninguna corona se ciñe lo suficiente como para no caerse

Eulalia de Borbón

Eulalia era la menor de las hermanas de Alfonso XII. En 1935 apareció la primera edición de las memorias de la ex infanta de España, en las que decía que “no basta con nacer en las gradas de un trono para ser feliz”, así como que “ninguna corona se ciñe lo suficiente como para no caerse”.

lunes, 10 de octubre de 2022

La vida es una continua batalla


El historiador Ricardo de la Cierva critica la actitud de Alfonso XIII al abandonar el trono sin lucha: “Las nobles palabras y su desinterés apreciable como hombre no le elevan en cambio como rey”, porque “la vida es una continua batalla”. Hay que llegar a la posesión de la verdad y entonces defenderla con tenacidad, distinguiendo los principios irrenunciables de los matices en que se puede ceder.


jueves, 23 de septiembre de 2021

Isabel I de Inglaterra y Felipe II de España


El culto a Isabel I de Inglaterra convirtió a la soberana prácticamente en una diosa. Su régimen era la versión protestante más exitosa de un poder real sagrado durante la Reforma inglesa. En los escritos de la época, su figura se encarnó en papeles de diosa, reina, Venus, madre y hasta de hombre. Llevó a cabo los rituales mágicos propios de los reyes medievales, donde se tocaba a los enfermos de escrófula y quedaban curados. Distribuía dinero a los pobres el quinto día de Semana Santa (su reinado destacó por un aumento del hambre y la pobreza entre la población). El culto a la reina, exacerbado por la crisis de la defensa nacional durante las décadas en las que se temía una invasión española, facilitó que los ingleses evitaran comentar los aspectos menos agradables de su reinado. Si los ingleses tuvieron un concepto insustancial o poco claro del imperio durante la mayor parte o todo el reinado, lo mismo puede decirse de los españoles. Uno de los aspectos más sorprendentes del sistema imperial español fue que sus teóricos invirtieron la mayor parte de su tiempo criticando al imperio y defendiendo los derechos de los ciudadanos que lo habitaban.Los españoles, y especialmente los soldados, se sentían orgullosos del prestigio internacional del que gozaban, y se expresaban de forma agresiva, pero raramente usaban el término “imperio” para referirse a la entidad a la que servían. De hecho, muchos de ellos invirtieron gran parte de su tiempo en argumentar que la noción de imperio era “un cuento de niños”, producto de la imaginación.


Entre las piezas de la colección Wingfield Digby, en el castillo de Sherborne, figura un cuadro de la reina Isabel durante un desfile, tendida en una litera bien alta transportada a hombros de nobles y cortesanos. El retrato de Su Majestad Real conducida por sus fieles súbditos no tiene equivalente en ninguna obra de arte producida en ninguna parte de España durante el reinado de Felipe II. Ninguna de las comparecencias públicas de los gobernantes de España fue recibida con la adulación divina del pueblo.Felipe II no perseguía ni precisaba hacer pública ostentación de magnificencia. Su trono era seguro. Por el contrario, Isabel I de Inglaterra cooperaba por completo con sus consejeros y sus súbditos a fin de fomentar su propia imagen. Era algo esencial que debía hacer para proteger su dinastía (amenazada por otros pretendientes a la corona, especialmente María, reina de Escocia) y su sucesión (en peligro por la falta de un heredero).
 

Fuente:El enigma del Escorial de Henry Kamen


viernes, 7 de agosto de 2020

Lo admirable del orden universal de las cosas es la acción de los seres libres que están bajo el dominio divino



El filósofo saboyano Maistre, al comienzo de las Consideraciones manifiesta que “estamos todos encadenados al trono del Ser Supremo por una cadena flexible que nos retiene sin esclavizarnos. Lo admirable del orden universal de las cosas es la acción de los seres libres que están bajo el dominio divino. Libremente esclavos, actúan a la vez voluntaria y necesariamente; hacen realmente lo que desean, pero sin poder perturbar los planes generales”.
  

jueves, 9 de julio de 2020

Los rebeldes catalanes de 1714 eran firmes partidarios de la unidad de España



En 1714 Cataluña luchó por "la libertad y por España" y el mártir de los separatistas era un patriota español


Amaulry proporciona información reveladora sobre las ideas de los líderes rebeldes. Apunta que durante una de las conversaciones mantenidas en la primavera de 1714 entre los representantes de Barcelona y los mandos militares realistas, un joven oficial rebelde, Sebastián de Dalmau y Oller, afirmó tajantemente que ellos no eran rebeldes, porque lo único que estaban haciendo era servir a un príncipe que los había conquistado, y que además tenía pretensiones al trono. Era un argumento interesante, y no contenía ni un ápice de nacionalismo. Muchas otras personas en Barcelona también ignoraban cualquier relación con ideas nacionalistas.


Los rebeldes de 1714 eran firmes partidarios de la unidad de España, que ellos entendían que representaba el reconocimiento de un rey (Carlos III) y de una nación con comunidades autónomas que preservaban sus constituciones históricas. Ni el año 1714 dio luz a ningún fervor nacionalista, ni de allí nació ninguna ideología separatista. En ningún momento y por ningún aspecto puede deducirse que los rebeldes de Cataluña entendieran que había una divergencia entre sus intereses y los de España. Continuaban compartiendo ideas, aspiraciones y la vida social y económica de la vieja España que siempre habían conocido.

lunes, 20 de abril de 2020

Nerón encontraría hoy un trono y Atila un caballo




“Nerón encontraría hoy un trono, y Atila un caballo, porque los hombres tienen miedo y reconocerían enseguida el familiar chasquido del látigo. A falta del déspota histórico, soportan un enjambre de tiranuelos que no les dejan perder la costumbre. Galones y espuelas, cacicatos políticos, espionaje, capital y usura. El pensamiento teme, la lengua calla, y la sinceridad, como en tiempo de Calígula y de Torquemada, es siempre un heroísmo”, escribe Rafael Barrett.

martes, 25 de julio de 2017

Las relaciones de los reyes con Godoy señalaban una relación paterno y materno filiales.

Godoy.
Godoy había salvado a España de una guerra destructiva contra la Francia revolucionaria, y en el conflicto con Inglaterra, si bien perdimos la batalla de Trafalgar, recuperamos Menorca para España. Éstos fueron los méritos de Godoy. Las calumnias contra la reina María Luisa achacándole relaciones carnales con Godoy son absurdas. Cuando Godoy llega a Madrid, María Luisa ya tiene ocho hijos y ha sufrido otros tantos abortos, con un total de dieciséis embarazos. No es creíble que una mujer en su situación tuviera ganas ni salud, para meterse en aventuras carnales. Pero además observadores de la época e historiadores coinciden en que las relaciones de los reyes con Godoy señalaban una relación paterno y materno filiales. Lo que autoriza la sospecha o hipótesis de un parentesco auténtico aunque en bastardía. El afecto entre el infante don Carlos y Godoy tenía mucho de fraterno, y de aquí que el odio de Fernando hacia Godoy se hiciera extensivo a Carlos. Esto explicaría que ante la dificultad de Fernando VII para engendrar un varón que le sucediera en el trono, Fernando presionase a su padre para que anulase la ley Sálica de 10 de mayo de 1713, por la cual se excluía a las hembras de poder heredar el trono, una ley que fue emitida por Felipe V. 

Familia de Carlos IV
Fernando VII obligó a su padre Carlos IV a derogar dicha ley, con lo que evitaría que su hermano Carlos pudiera heredar el trono si la descendencia de Fernando era únicamente femenina. Presionado por su hijo, Carlos IV emitió con las Cortes en 1789 la derogación de la ley Sálica, para que pudieran reinar hembras, pero aunque el rey y las Cortes aprobaran la derogación de la ley Sálica, dicha derogación no podía tener efectos, ya que tanto el rey como las Cortes se olvidaron de promulgar en forma este acuerdo de las Cortes sancionado por el monarca; y sin promulgación oficial, el acuerdo de las Cortes y el rey carece de legitimidad. Promulgación en forma, o sea, publicación, comunicación al pueblo, a la nobleza y a las otras casas reales europeas no la hubo. Fernando, en su enciclopédica ignorancia, no estaba al tanto de ese detalle legal. Carlos IV sin duda sí lo conocía pero dejó las cosas así, de modo que cuando llegase la ocasión si no había hijo varón Fernando tendría por sucesor en el trono a su hermano Carlos.


Carlos IV, tras la derrota de Napoleón, podía haber reclamado el trono de España que le fue arrebatado, pero no quiso. Continuó con su esposa María Luisa en el exilio en Roma. Ya eran dos viejecitos que paseaban del brazo por
jardines del Trastévere
los jardines del Trastévere o del Aventino. Al atardecer, el sol poniente tiñe de oro y rosa el oeste. Entonces Carlos apretando la mano de su esposa dice: «Por allí, detrás de aquellas nubes doradas, está España. ¿Te acuerdas de cuando éramos los reyes de España?». María Luisa, ya casi olvidado aquello, borroso el pasado en las neblinas de su ancianidad, mira a Carlos, le sonríe y se le llenan los ojos de lágrimas. Terminada la guerra de la Independencia, cuando Fernando recuperó el trono decidió establecer un sistema de gobierno totalmente absolutista, o sea que el único poder sería la voluntad del rey.