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sábado, 23 de noviembre de 2024

Soberbia

Según el psiquiatra Enrique Rojas, la soberbia es la pasión desenfrenada sobre uno mismo, la trampa del amor propio, la falta de humildad y de lucidez. Se trata de un sentimiento de valoración en el que la persona concentra su foco de atención en ella misma porque se considera excelente, única y muy por encima de los demás.  Desde la psicología y la filosofía, se establece una distinción difusa entre la soberbia y el orgullo. Algunos conciben a este último con un sentido más positivo y emocional desde el que podemos valorarnos y valorar a los demás y que a veces es fácil de disimular; mientras que la soberbia es concebirse a uno mismo como superior a los otros por el hecho de ser sí mismo, razón por la que además le deben respeto y admiración.En la soberbia, los otros no existen. Ahora bien, quien no tenga cuidado con su orgullo puede ir más allá y acabar cultivando actitudes soberbias.Así, la soberbia es amiga del orgullo, la vanidad, las ansias de poder, el narcisismo y el egocentrismo. Todo le queda pequeño. Quien tiene soberbia tan solo está centrado en sí mismo, no da valor a las opiniones de los demás porque está ciego; sin embargo, sí que necesita un feedback constante sobre la imagen que están proyectando a los otros. Lo que ocurre es que las estrategias que pone en marcha para recibirlo son muy sutiles.
Detrás de la soberbia hay miedo, escribe la psicóloga Gema Sánchez Cuevas, miedo a no ser capaz, a no ser bueno, suficiente o reconocido. Y ante la incapacidad de asumirlo, de aceptar esos temores y heridas, se maquillan. Por esta razón, la soberbia sirve para “equilibrar” esos vacíos y como mecanismo de defensa porque ayuda a rechazar antes que ser rechazado.Así, quien es soberbio no suele admitir sus errores porque hacerlo le recuerda que no es tan perfecto como pensaba y como consecuencia será muy difícil que pida perdón porque considera que nunca se equivoca. Al igual que también piensa que lleva la razón porque incurre en la falacia de la autoridad.No obstante, al soberbio le importan mucho la opinión y la atención de los demás, aunque se muestre indiferente, por lo que lleva a cabo ciertos comportamientos para obtenerlas.


lunes, 6 de mayo de 2024

Tanto envase tenemos que lo superfluo nos parece suficiente

El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo, el físico más que el intelecto y la misa más que Dios, escribe el periodista uruguayo Eduardo Galeano. Tanto envase tenemos que lo superfluo nos parece suficiente, hemos vaciado nuestra parte racional de nuestra caja de pensamiento para llenarla de migajas de información y prejuicios, dice Martín Rojas, los cuales solo pretenden implantarnos ideas de consumo y egocentrismo para seguir alimentando la premisa de fijarnos por encima y no a profundidad, desechando el fondo de las cosas, lo verdaderamente importante y esencial.
Nos enganchamos, añade Rojas, con ideologías que resultan ser atractivas y de fácil salida, cuando en realidad poco a poco y silenciosamente van dañando a la persona. Somos una sociedad sobreexpuesta a resolver todo con violencia y a pensar con el menor esfuerzo. Con el aborto las madres aprenden a matar a sus hijos, con la eutanasia los hijos aprenden a matar a sus padres, con la eugenesia el gobierno aprende a matar a sus futuros ciudadanos, con los divorcios aprendemos a evitar el compromiso, con las redes sociales aprendemos a estar más solos, con la tecnología aprendemos a ser más inútiles, etc. Chesterton decía que a cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Para no servir a amos debemos servir a las leyes.

El hombre es libre, política y jurídicamente libre, sólo cuando está sometido a la impersonalidad de las reglas generales porque si no vuelve a estar sometido a la voluntad arbitraria de otros hombres, éste es el argumento que marca toda la historia de la libertad. Ya lo sabía Cicerón: legum servi sumus ut liberi esse possimus. Era verdad entonces, y sigue siendo verdad hoy, para no servir a amos debemos servir a las leyes.
Giovanni Sartori


Stalin liquidó a casi todos sus compañeros de promoción revolucionaria. Y desde el principio de los años treinta nadie hubiera osado oponerse si, en hipótesis, lo hubiera hecho ordenando que todos los revolucionarios nacidos en Rusia antes de 1890 deben ser fusilados. El premio Principe de Asturias de Ciencias Sociales Giovanni Sartori se pregunta ¿esta ley hubiera sido aplicable también a él? Sí; como Stalin había nacido en 1879, el principio de la generalidad de la ley la hacía "debida" también para su persona. Lo que hubiera sido un freno más que suficiente tanto para él como para cualquier otro déspota. Para el caso es irrelevante que Stalin hubiera podido violar en su favor el principio de la generalidad de la ley, estableciendo que él era una excepción. El tema sigue siendo que una ley omniinclusiva le habría afectado incluso a él. La ley protege a todos si el que la dicta está sometido a los mismos daños y castigos que su ley impone a los otros. Si no, la ley es sólo una orden que puede ser útil y necesaria para otros objetivos, pero que ya no es un instrumento de libertad en la ley, y que incluso puede convertirse en arbitrio en nombre de la ley.