jueves, 11 de junio de 2026

El cancer de la soledad

Un filósofo danés comparaba al teórico que conoce su fe, pero que, a la hora de la verdad, no llega a vivirla, con un joven que se ha construido una espléndida mansión y se entrega a la tarea de amueblarla y dotarla con los últimos aditamentos y comodidades que ha logrado encontrar. Pero con estas ocupaciones y con las preocupaciones de la vida se olvida de algo esencial, encontrar la persona que acepte compartir con él las alegrías y los sinsabores de la vida. A pesar de la estupenda casa que se ha fabricado y amueblado no dejará de ser un hombre desgraciado. Lo único que podrá hacer por su amplia morada tan espléndidamente decorada es pasear por ella su soledad como por una sala de exposiciones, o quizá llevar a algún matrimonio amigo para hacerle admirar sus cuadros, su vajilla, los sillones, las alfombras, los inventos de su moderna cocina… Pero cuando el visitante se haya marchado, y la puerta se haya cerrado tras él, nuestro amigo se sentirá terriblemente solo y comprenderá la frialdad y lo vacío de todo lo que le rodea. Y esto, ¿por qué? Porque no ha tenido un verdadero encuentro con la persona que sería capaz de transformar esa casa en un hogar, un lugar para compartir, donde uno ama y se siente amado y protegido contra ese cáncer de la soledad, escribe Francisco Fernández-Carvajal.


No hay comentarios:

Publicar un comentario