domingo, 28 de junio de 2026

Por la noche, afrontando un viaje lleno de riesgos, cruzaban la frontera

Escribe Stanislao Dziwisz que“en la antigua Checoslovaquia, en los primeros de la posguerra, la Iglesia Católica había sido prácticamente aniquilada. Los religiosos, deportados. Muchos 
sacerdotes deportados, asesinados, desaparecidos en la nada. Obispos condenados a la cárcel, enviados a los gulag. Los checoslovacos querían de todo, especialmente ejemplares de la Biblia, libros y manuales para la formación de sacerdotes. Al cabo de algún tiempo, como en su patria no podían hacerlo, imploraron a los obispos de los paises vecinos que ordenaran a sus seminaristas, que luego volverían a Checoslovaquia a ejercer su ministerio. El cardenal Wojtyla, que ya les estaba ayudando, se puso inmediatamente a su disposición.”
“Por la noche, afrontando un viaje lleno de riesgos, los seminaristas cruzaban la frontera. Al otro lado les esperaba alguien para llevarlos a Cracovia. Una vez allí, se procedía al reconocimiento. Cada uno de los jóvenes llevaba consigo la mitad del certificado que autorizaba la ordenación y que tenía que coincidir con la otra mitad, enviada previamente al arzobispo, como una pieza de puzzle con otra. Por fin, y siempre con el máximo sigilo, tenía lugar la ceremonia en la capilla privada. El cardenal imponía las manos sobre los jóvenes, convirtiéndolos en ministros de Cristo. Apenas se hacia de noche reemprendían el camino de regreso sin saber qué les aguardaba.”

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