Erich Fromm escribe en El amor a la vida que “hay hombres a los que se puede caracterizar diciendo que aman la vida, y otros que odian la vida. Los hombres que aman la vida son fáciles de reconocer por los demás, y no hay nada más atractivo que un hombre que ama y que vemos que ama no sólo algo o a alguien, sino la vida. Pero hay hombres que no aman la vida, sino más bien la odian. Lo que los atrae es lo no viviente y, en última instancia, la muerte.”

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