sábado, 27 de junio de 2026

Ideología y política hacen que la historia se vea constantemente alterada de manera tendenciosa

La historia es un campo minado, expuesto al capricho ideológico y a los intereses políticos. A la mínima que se baje la guardia aparece una vía de fuga por la que la ficción, la leyenda, la deformación, en fin, casi siempre interesadas, ocupan el lugar de la verdad histórica y la encubren. Historia y ficción se ven así enmarañadas, solapadas, confundidas, y distinguirlas supone un gran esfuerzo de erudición.
Ideología y política, hacen, sea como fuere, que la historia, cuyo fin es la verdad histórica (la historia solo lo es si es verdadera), se vea constantemente distorsionada, alterada de manera tendenciosa, por los intentos de justificación, solo aparentemente históricos, de las posiciones de estos distintos grupos de interés (ideológicos o políticos). La lucha por la historia, es decir, la lucha por ganar la verdad histórica, le puede interesar a toda facción o grupo para mantener su hegemonía frente a otros en el presente (sea con fines políticos, sea con fines ideológicos), escribe el filósofo Pedro Insua.

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