La verdadera medicina, siempre según la tradición hipocrática, comienza con el conocimiento de las enfermedades invisibles, es decir, los hechos de los que el enfermo no habla, de los que él no tiene conciencia o que se olvida de sacar a la luz. Vale lo mismo para una ciencia social preocupada por conocer y comprender las verdaderas causas del malestar que se expresan a la luz del día a través de signos sociales difíciles de interpretar porque son en apariencia demasiado evidentes. Por ejemplo en el desencadenamiento de la violencia gratuita en los estadios o, más aún, en los crímenes racistas o en los éxitos electorales de los profetas de la desgracia, empeñados en explotar y amplificar las expresiones más primitivas del sufrimiento moral que son engendradas, tanto y más que por la miseria y la violencia inerte de las estructuras económicas y sociales, por todas las pequeñas miserias y las violencias suaves de la existencia cotidiana, escribe el sociólogo Pierre Bourdieu.

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