En Europa, el multiculturalismo se adaptó enseguida al discurso oficial de la Unión, aunque a escala nacional no siempre sucediera lo mismo. La diversidad de culturas siempre se había ensalzado como uno de los principales atractivos de la Comunidad supranacional. Lo único que había que hacer era extender el atractivo de las diferencias entre estados miembros al ámbito de cada nación para abarcar a las nuevas culturas inmigrantes recién incorporadas.El multiculturalismo se adaptaba a la perfección a este propósito, era una variedad sin antagonismos. Pero aunque cuadraba con la doctrina oficial que había consagrado el consenso como el método de la Comunidad, no encajaba con la realidad de la inmigración.
Ningún Estado miembro de la UE se había fundado a través de la inmigración extranjera, como Estados Unidos y Canadá, sociedades cuya prosperidad e identidad habían dependido por completo a lo largo de la historia de la llegada de colonos y migrantes de otras regiones del mundo. La inmigración de la posguerra es una cuestión completamente distinta. No solo porque tuvo una magnitud mucho más considerable, de alcance europeo. Sino, ante todo, porque en esta ocasión no fue una inmigración de origen intraeuropea, sino que, en esencia, fue el resultado de la descolonización de los territorios europeos del exterior y de la periferia semicolonial. Esto se tradujo, por supuesto, en que Europa se tuvo que enfrentar enseguida con una serie de tensiones raciales.
Lo importante no era la raza, sino la religión, aunque en la práctica no fuera sencillo aislarlas. Más de la mitad de los nuevos inmigrantes eran musulmanes. En consecuencia, la ideología del multiculturalismo sufrió una mutación funcional en Europa. El significado de la noción de cultura se alteró y dejó de aludir a los usos y costumbres populares para hacer referencia a los sistemas de creencias, de forma que el multiculturalismo se convirtió sobre todo en una doctrina de los valores de la diversidad interreligiosa en detrimento de los de la diversidad interétnica.
Referencia: El nuevo viejo mundo (Perry Anderson)


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