lunes, 15 de junio de 2026

La economía de mercado es el sistema que mayor protección ha aportado al ciudadano

La economía de mercado es el sistema que mayor protección ha aportado al ciudadano, ya que es el que más riqueza genera y el que permite asumir, con una contribución vía impuestos, el coste asociado al mantenimiento de los sistemas de protección social, tanto para colectivos específicos, vulnerables, como para la generalidad de la población (educación y sanidad públicas.El pensamiento liberal nunca ha excluido la responsabilidad social, en su origen surgió precisamente contra los privilegios de la nobleza y del clero, las dos clases exentas de impuestos.
El economista Carlos Pérez de Eulate escribe que “cada día el pensamiento socialista exige condiciones más exigentes en el sector privado a medida que  se expande el sector público y aumentan los impuestos y contribuciones sociales. El sector privado siempre termina adaptándose, pero lo hace bien aumentando la productividad, lo que no siempre es posible, o no al ritmo deseado; o destruyendo tejido productivo, en última instancia, generando paro…..Una sociedad competitiva y avanzada tiene siempre un sistema financiero fiable y estable, y por supuesto, sostenible. Sostenible, es decir, rentable, pues si no fuera rentable no sería sostenible, sencillamente quebraría.La crisis de las Cajas de Ahorros de hace pocos años habrá servido para adoptar cierta prudencia en este tema. Parece que ahora es más popular, más socialista imponer impuestos específicos a los bancos (léase a sus accionistas, en su inmensa mayoría pequeños ahorradores), impuestos sobre ingresos, esto es, sobre el margen ordinario más comisiones y no sobre beneficios extraordinarios,  como se dice desde el gobierno (pero este tipo de tecnicismos siempre se omite). No parece que involucrarse en la gestión real y responsable resulte demasiado atractivo a la izquierda surgida de o influida por el populismo de los últimos decenios”.
El sistema económico no es algo estático, afirma Perez de Eulate, es una red de estímulos e incentivos, de relaciones complejas, en continuo cambio. La ciencia económica lo único que ha hecho es formalizar, o tratar de formalizar, estas variables. Primero de manera intuitiva, la “mano invisible”, de Adam Smith, luego de forma matemática, el “equilibrio general” de León Walras. El crecimiento, por lo tanto, podría ser muy superior si el mercado actuase más libremente y eso redundaría en una mejora del nivel de vida general. Pues, el objetivo no debe ser la igualdad de ingresos, ni siquiera la reducción de las desigualdades, sino la eliminación de la pobreza. Y frente a ésta se precisan redes de asistencia, políticas sociales, etc., pero,  principalmente, dinamismo económico, incentivos basados en la libertad de los agentes.

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