Un obstáculo hubo de superar Roma antes de lanzarse decidida a la conquista total del mundo conocido. En el norte de África, Cartago, una antigua colonia de los fenicios, pueblo de comerciantes originario de la costa oriental del Mediterráneo, albergaba aspiraciones semejantes. Por ello la lucha entre ambas potencias sólo podía ser a vida o muerte. Tres contiendas, las conocidas como Guerras Púnicas, libraron los romanos contra los cartagineses entre los siglos III y II a. C. La victoria fue para Roma y sus consecuencias fueron decisivas. No sólo Cartago desapareció como gran potencia. Con ella murió la posibilidad de inclinar a Occidente hacia la civilización oriental. La victoria romana lo fue también de una forma de entender la sociedad humana sobre otra. La unidad construida sobre la comunidad de ideas y valores, asentada sobre un firme sistema constitucional, esencia de la que llegará a ser la forma de ver las cosas propia del mundo occidental, se reveló más fuerte que la simple unidad de sangre. La nación política se había impuesto sobre la nación étnica. Occidente, por segunda vez, como lo hiciera en la llanura de Maratón, o en las aguas de Salamina, durante las Guerras Médicas, había triunfado sobre Oriente.
Referencia: Breve historia del mundo (Luis E. Íñigo Fernández)

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