Todo lo que se refiere a la libertad es intocable para la dignidad del hombre. La libertad de opinión, de conciencia, de religión; la libertad para educar a los hijos son derechos que corren peligro de ser conculcados. Nadie puede ser obligado a actuar en contra de su conciencia, de sus principios. Nadie puede ser discriminado por su pensamiento político, por ser coherente con sus principios morales o religiosos, por querer transmitir unos valores a sus hijos. Nadie puede ser callado o señalado por expresar respetuosamente sus opiniones. También es inherente a la condición humana el derecho a poder trabajar, a ganar el sustento, a ejercitar sus habilidades, a ser útil a los demás. Vivir de limosnas, de subvenciones, del trapicheo es indigno y discriminatorio. No hay ciudadanos de segunda a los que se “les echa de comer”. Al igual que todos tienen que poder tener una vivienda digna, suya, conseguida con su esfuerzo. Poder ver que sus manos son útiles, capaces de dar un buen nido a los suyos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario