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viernes, 19 de junio de 2026

Vivir de limosnas, de subvenciones, del trapicheo es indigno y discriminatorio

Todo lo que se refiere a la libertad es intocable para la dignidad del hombre. La libertad de opinión, de conciencia, de religión; la libertad para educar a los hijos son derechos que corren peligro de ser conculcados. Nadie puede ser obligado a actuar en contra de su conciencia, de sus principios. Nadie puede ser discriminado por su pensamiento político, por ser coherente con sus principios morales o religiosos, por querer transmitir unos valores a sus hijos. Nadie puede ser callado o señalado por expresar respetuosamente sus opiniones. También es inherente a la condición humana el derecho a poder trabajar, a ganar el sustento, a ejercitar sus habilidades, a ser útil a los demás. Vivir de limosnas, de subvenciones, del trapicheo es indigno y discriminatorio. No hay ciudadanos de segunda a los que se “les echa de comer”. Al igual que todos tienen que poder tener una vivienda digna, suya, conseguida con su esfuerzo. Poder ver que sus manos son útiles, capaces de dar un buen nido a los suyos.


lunes, 12 de agosto de 2024

La creación tiene marcado su destino, salvo el hombre

Pico compuso una oración que lleva por título Sobre la dignidad del hombre. Esta obrita representa un hermoso canto a la libertad y a la dignidad humana, un humanismo de la libertad y, como tal, puede ser considerada como un manifiesto del Renacimiento. En ella encontramos un concepto moderno de libertad, pues la dignidad del hombre no hay que buscarla en lo que es (esencia), sino en la capacidad de hacerse, en la posibilidad que tiene el ser humano de llegar a ser lo que quiera. Más aún, para Pico, la dignidad tiene su causa en Dios, creador de un ser extraordinario, por indefinido, capaz de devenir lo que él mismo se propone. El resto de la creación tiene marcado su destino, tiene una naturaleza fija, salvo el hombre. Su grandeza tiene origen en esta libertad, que le hace superior incluso a los propios ángeles, quienes no pueden cambiar la elección que hicieron cuando fueron creados. La naturaleza maleable del hombre encierra un sinfín de posibilidades que él puede desarrollar gracias al don de la libertad. Puede llegar a ser tanto el más perfecto de los seres como descender hasta lo más ínfimo, porque el que está llamado a la perfección, también puede, desoyendo ese clamor divino (libremente, porque no se puede hacer de otra manera), convertirse en el más indigno.Pico escribe que “el Padre puso en el hombre, desde su nacimiento, semillas de toda clase y gérmenes de toda vida. Los que cada cual cultivare, crecerán y fructificarán en él. Si los vegetales, se hará planta; si los sensuales, se embrutecerá; si los racionales, se convertirá en un animal celeste; si los intelectuales, será ángel e hijo de Dios”. Aunque capaz de todas las posibilidades, el hombre mirandoliano ha de aspirar a lo más alto, ya que la Divinidad lo ha hecho digno de ello.

viernes, 15 de diciembre de 2023

¿Quién puede decir con certeza que con un grito de auxilio la respuesta de la muerte es la correcta?

El filósofo francés Luc Ferry hablando de la eutanasia en un artículo que publicó Le Figaro escribe que “todo el mundo sabe que la enfermedad, o incluso la mera inclusión en un entorno hospitalario, es un factor notable de la depresión, cuyo primer síntoma es una mayor indiferencia hacia la propia vida: ¿es razonable, en estas condiciones, allanar el camino para el suicidio asistido? Las encuestas realizadas entre médicos en una decena de países occidentales muestran que más del 40% de ellos se han enfrentado a solicitudes de eutanasia. ¿Cuántos han respondido favorablemente? Nadie lo sabe, pero estas cifras muestran como mínimo que su práctica podría volverse más común si se legalizara, o incluso se fomentara.”
Añade que “tanto más como la tesis de los defensores de la “muerte digna” implica por su propio título que la dignidad humana está ligada a la autonomía y que, en la extrema dependencia psíquica y física o vejez y enfermedad. A veces puede hundirnos, esta dignidad podría de alguna manera perderse. Un ser humano sería a sus ojos indigno porque debilitado, su miserable estado lo habría privado de la belleza, el vigor y el encanto de la juventud en plena salud. Es esta convicción la que es indigna, de hecho repugnante. ¿Puede un ser humano perder su dignidad? Sin duda, por su culpa, comete infamias, ciertamente no porque sea viejo o esté enfermo”.
“Lejos de abogar a favor de esta autonomía individual ideal que santifican los partidarios del suicidio asistido, la apelación verdaderamente desesperada al otro muestra que, en este asunto, es esencialmente dependiente psicológica, moral y espiritualmente; de ​​lo contrario, además, excepto en el los casos más pequeños donde es físicamente imposible, y que uno evoca como si pudieran justificar una ley universal, simplemente se suicidaría sin apelar a los demás. De repente, es el problema ético de la respuesta brindada el que debe considerarse fundamental, mucho más que la verificación obsesiva de la calidad de la solicitud. ¿Quién puede decir con certeza que con un grito de auxilio la respuesta de la muerte es la correcta? Al menos lo dudaré. Basta pensar en los que amamos para estremecerse ante la idea de que, un día de desesperación, puedan caer en nuestras manos”.