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viernes, 7 de agosto de 2026

Declive demográfico de Occidente

El declive demográfico de Occidente tiene su origen básicamente en las dos corrientes ideológicas que han marcado el devenir de nuestras sociedades desde la década de 1960, el marxismo y el liberalismo, las cuales se unen bajo una bandera común, la del aborto convertido en derecho fundamental, los llamados derechos LGTBI, los también denominados derechos reproductivos, la ideología de género y el feminismo radical. Estas corrientes han penetrado e invadido la sociedad occidental actual, caracterizándose por haber moldeado la conciencia moral de buena parte de sus habitantes, quienes, desasidos de la necesaria formación humana, moral y cristiana y por tanto de criterios sólidos de actuación en un mundo cada vez más complejo debido a la hegemonía de grandes grupos mediáticos, tecnológicos y financieros, se han entregado de lleno a postulados diametralmente opuestos a la dignidad de la persona y a la defensa de la vida, del matrimonio como unión indisoluble entre hombre y mujer y del fomento de la familia abierta a la vida y a la educación de los hijos en sintonía con la ley natural, escribe Santiago Jáuregui, profesor de Derecho Internacional Privado de la Universidad de Navarra.


martes, 23 de septiembre de 2025

La Verdad católica y la verdad masónica

Si en la masonería la Verdad proviene del hombre, en la fe católica la Verdad es revelada al hombre por Dios. Cuando para el católico todo hace referencia a la ley natural, para el masón el derecho, la ética, son relativos y provienen de la concepción humana de la sociedad. 
La noción de “secreto” articula todo el recorrido masónico, en virtud de ello la Verdad está reservada a algunos iniciados, mientras que en la religión católica, es revelada por Dios y anunciada a todos (en particular a los más humildes y los más pequeños), sin distinción alguna. Para la masonería, la felicidad y la Verdad estaban disociadas. La Verdad masónica es algo inaccesible, mientras que la felicidad se podía encontrar en la tierra. La felicidad masónica no participa de trascendencia alguna. No existe ningún “paraíso masónico” y todo se juega en este mundo. La concepción masónica de la felicidad era puramente social y no espiritual. Puesto que, para la masonería, la Verdad no es trascendente, no conduce a la felicidad.Si la felicidad de la Humanidad depende de un trabajo secreto realizado por un pequeño grupo de “elegidos”, es necesario que ese grupo influya sobre la marcha de la Humanidad.
La masonería reposa sobre la práctica de un ritual y sobre principios que excluyen toda referencia a otra ley, como se extrae del ritual de iniciación de Derecho Humano, que precisa que “la masonería es una institución que no procede más que de sí misma”. Ello conduce al rechazo de todo lo que pudiera ser concebido como principio superior, como ley natural, de ahí el combate entre el orden masónico y la civilización cristiana. Paul Gourdeau, antiguo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, afirma que “lo que es importante que comprendamos hoy es que el combate que se libra actualmente condiciona el porvenir, más todavía, el devenir, de la sociedad. Reposa sobre el equilibrio de dos culturas; la una fundada sobre el Evangelio y la otra sobre la tradición histórica de un humanismo republicano. Y estas dos culturas son fundamentalmente opuestas. O la Verdad es intangible y revelada por un Dios en el origen de todas las cosas, o se encuentra fundamentalmente en las construcciones del hombre, siempre cuestionables en cuanto perfectibles hasta el infinito”. 
Algunos representantes de la Iglesia Católica manifiesta que “la masonería ensalza el relativismo doctrinal. Dicho de otra manera, las verdades profundas concernientes al hombre y su destino no pueden ser conocidas con certeza. En ese sentido, no existe ni Verdad definitiva ni Verdad universal. El creyente por el contrario, afirma que Jesús es el camino, la Verdad y la vida."La orden masónica mixta internacional Derecho Humano no profesa dogma alguno. Trabaja en la búsqueda de la Verdad”. Afirmar que no se debe profesar ningún dogma, ¿no es acaso, en esencia, una afirmación dogmática? No reposa, de hecho, sobre la experiencia, ni es demostrable en el sentido racionalista. Además, sobre la cuestión de la Verdad, la masonería, cuando afirma su inaccesibilidad, es tan dogmática como la Iglesia cuando proclama que la Verdad ha sido revelada. La doctrina masónica se opone frontalmente a la de la Iglesia católica al sostener de manera perentoria que, aunque la Verdad le fuese revelada al Hombre, éste seguiría sin poder aprehenderla. “No le basta al Hombre situarse en presencia de la Verdad para que ésta pueda ser inteligible”. 

Referencia: Por qué dejé de ser masón (Serge Abad Gallardo)

martes, 20 de mayo de 2025

La ley natural está escrita en el corazón humano

Los teólogos españoles del siglo XVI  creían, con San Pablo, que la ley natural está escrita en el corazón humano, y disponían por tanto de una sólida base sobre la cual establecer unas normas de conducta internacionales moralmente vinculantes aun para quienes jamás habían oído hablar del Evangelio(o lo habían rechazado). Se atribuía a estos pueblos el mismo sentido básico del bien y del mal, tal como se resume en los Diez Mandamientos y en la ley dorada*, que algunos teólogos casi identificaban con el derecho natural, a partir del cual podían establecer las obligaciones internacionales. Del reconocimiento de la posesión del derecho natural de los indígenas resultó otra importante conclusión. Ciertos teólogos definían el derecho natural como la única herencia de los seres humanos, antes que como posesión de hombres y bestias por igual. Esta idea sirvió de “base para una teoría de la dignidad humana y la distancia que separaba al hombre del resto de los animales y del mundo creado”. Un erudito concluye que esta visión del derecho natural como algo común a todos los seres humanos, y solo en posesión de los seres humanos, condujo “a la firme creencia en que los indígenas del Nuevo Mundo, al igual que otros pueblos paganos, tenían sus propios derechos naturales, cuya violación no podía ser justificada por ninguna civilización superior o incluso una religión superior”.
Referencia:Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental (Thomas E. Woods)
*Regla de oro o ley dorada son denominaciones para un principio moral general que puede expresarse como trata a los demás como querrías que te trataran a ti, o no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. 

domingo, 3 de noviembre de 2024

La ley eterna y la ley natural son inconmutables y universales

Ley divina como base de la justicia humana. Obra de Jacob Jordaens 

La ley eterna y su trasunto la ley natural son inconmutables y universales. La ley humana está condicionada a las situaciones de la vida y cambia con los tiempos. Pero también ella encuentra su medida en la ley eterna. Es justa y legítima la ley temporal en cuanto deriva de la ley eterna. La ley impera la justicia. Una ley injusta no sería ley. Las leyes injustas son más bien nulas: nam mihi lex esse no videtur, quae iusta non fuerit. Todo lo que es justo procede de la ley eterna. Su imperio no es exterior y despótico; por el contrario, expresa el orden vivo y la paz de todas las cosas, sancionados por la Sabiduría creadora y ordenadora del universo.
Referencia: Historia de la Ética de Victoria Camps.


viernes, 22 de diciembre de 2023

La naturaleza tiene una finalidad y un orden interno propio

Gracias a la experiencia y al estudio del medio natural, reconocemos que la naturaleza tiene una finalidad y un orden interno propios, con sus leyes, sus ritmos y ciclos. Ese orden interno viene a ser como una “gramática” que debemos respetar si queremos relacionarnos adecuadamente con la naturaleza. En palabras de Benedicto XVI, “el ambiente natural no es sólo materia disponible a nuestro gusto, sino obra admirable del Creador y que lleva en sí una “gramática” que indica finalidad y criterios para un uso inteligente, no instrumental y arbitrario”. Comprendemos que la propia libertad no es absoluta y lleva al respeto de ese orden inscrito en la naturaleza. 

El profesor Gregorio Guitián escribe que “los seres humanos no somos un elemento artificial de este mundo; no nos hemos creado a nosotros mismos ni nos hemos situado en este mundo por una decisión de nuestra libertad. Somos parte de la creación. Y si es así, ¿no es coherente que el ser humano también posea un orden y finalidad internas, como una “gramática” intrínseca que lo orienta a un objetivo que ha de alcanzar de manera inteligente y libre? En el ser humano hay más que cuidado de la salud. En nuestro corazón encontramos un deseo irresistible de felicidad. Aunque todo el mundo busca la felicidad, hay mucha infelicidad en este mundo. Eso es percibido por todos como un mal, como la privación del bien adecuado al ser humano. No todo aquello que el hombre ama y estima ser la clave de la felicidad lo es en realidad, ni todos los caminos que parecen llevar a la felicidad terminan en ella, las apariencias y los espejismos abundan. Personas de todos los tiempos que han perseguido una vida de placer, bienestar y riquezas afirman desde lo más íntimo de sus corazones que son infelices.La experiencia de toda persona que sufre en carne propia los estragos del mal moral puede servir para captar que existe un orden moral no subjetivo”. 
La ley natural está presente en el corazón de todo hombre y establecida por la razón y es algo a lo que todos tenemos acceso directo porque forma parte de nuestra naturaleza.Cada persona cuenta con las fuerzas de la razón y del corazón para esa búsqueda.Existe el testimonio de la vida de miles y miles de hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, se han esforzado por vivir conforme a ese orden moral. Son personas que han alcanzado una excelencia humana de vida, un amor y una felicidad tales, que causa admiración al mundo y es imposible de negar. 



jueves, 14 de julio de 2022

La idea de la Ley Natural


En la Etica a Nicómaco de Aristóteles, se habla de la existencia de la justicia de dos formas: “legal” (convencional) y “natural”. La primera encuentra su expresión en la ley positiva, adaptada a las necesidades particulares de una sociedad dada, por lo que difiere de una nación a otra, mientras que la segunda es uniforme para toda la humanidad. Zenón, fundador de la escuela estoica dijo que “el principio fundamental de la política y de la ética estoicas es la existencia de una ley universal y de alcance mundial, que es una con la razón, en la naturaleza y en la naturaleza humana”. La humanidad tiene sus leyes universales y eternas, al igual que el mundo físico. El elemento revolucionario implícito en la filosofía estoica se basaba en la controversia de que los principios fundamentales del orden social no están sujetos a cambios porque se encuentran enclavados en el orden natural. En el corazón de este orden está la igualdad de hombres y mujeres, de los hombres libres y de los esclavos. La libertad consiste en vivir según las leyes de la naturaleza. En los tres siglos que separaron a Aristóteles de Cicerón, la idea de la Ley Natural ganó una amplia aceptación en el mundo mediterráneo, aunque su apogeo llegaría mucho después, en los siglos XVI y XVII en Europa, donde ayudaría a los juristas y a los teóricos de la política a independizar sus disciplinas de la teología.
El Bosco, Tríptico del carro de heno 
A medida que el territorio romano se expandía alrededor de la cuenca del Mediterráneo, formularon un Derecho de Gentes (ius gentium) que sintetizaba las reglas compartidas por todas las naciones que conocían. Bajo la influencia de la filosofía estoica, el Derecho de Gentes, gradualmente, se fusionó con el Derecho Natural (ius naturale); el proceso culminó a principios del siglo III N. E., cuando la ciudadanía romana se extendió a todos los súbditos del imperio. Así surgió un postulado fundamental del pensamiento occidental, que el bien y el mal no son conceptos arbitrarios sino normas enraizadas en la naturaleza y, por lo tanto, que se imponen a toda la humanidad; los problemas éticos deben resolverse referidos a la Ley Natural, la cual es racional y va más allá de la ley positiva (ius civile) de las sociedades individuales. Un elemento esencial de la Ley Natural es la igualdad del hombre, específicamente, la igualdad ante la ley, y el principio de los derechos humanos, que incluye los derechos a la propiedad, que antecede al Estado y, por lo tanto, son independientes de él. Quinientos años después, estas ideas se convirtieron en la piedra angular de la democracia occidental. Una defensa teórica de la propiedad privada como rasgo distintivo de la Ley Natural, sin embargo, no fue desarrollada completamente hasta los siglos XVI y XVII, en la época de Jean Bodino y Hugo Grocio. Pero es evidente que la idea se les ocurrió a los romanos, a partir del argumento de Cicerón de que el gobierno no podía interferir en la propiedad privada porque había sido creado para protegerla.


domingo, 19 de septiembre de 2021

Cicerón creía en un Dios que explica el orden del universo


El eclecticismo de Cicerón está orientado por un gran sentido común que le convierte en referente obligado en muchos temas, sin ir más lejos en la distinción entre ley natural y ley civil. Su lenguaje nos resulta familiar. De hecho, él inventó muchos de los conceptos filosóficos que utilizamos normalmente, escribe Carlos Goñi, cuando habla de la ley natural como lex non scripta, ley no escrita, fundamentada en la naturaleza humana y, por consiguiente, fundamento de la ley civil o positiva. Entre la ley natural y la positiva, está el ius gentium, o conjunto de normas que se desprenden de la ley natural y que son admitidas por todos los pueblos. Cicerón también metió las narices en temas teológicos. Cree en la existencia de un Dios que explique el orden del universo. Así como Dios, que es Razón, rige el mundo, del mismo modo el hombre debe regirse por su razón, que es lo más divino que hay en él. Su razón lo llevará a adecuarse a la naturaleza, a vivir según la virtud, tanto individual como socialmente, y a alcanzar la felicidad.


lunes, 18 de enero de 2021

Los mandamientos son sendas abiertas para un camino de perfección


*Aquel que es la fuente de la felicidad del hombre, fiel a su amor por el hombre, le da su Ley para restablecer la armonía originaria con el Creador y todo lo creado, y aún más, para introducirlo en su amor.



El bien es obedecer a Dios, caminar humildemente con él practicando la justicia y amando la piedad. Ordenándolo a su fin con sabiduría y amor, mediante la ley inscrita en su corazón, la ley natural. Ésta no es más que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Dios dio esta luz y esta ley en la creación. Después lo hizo en la historia de Israel, particularmente con las diez palabras, o sea, con los mandamientos del Sinaí.Los mandamientos no deben ser entendidos como un límite mínimo que no hay que sobrepasar, sino como una senda abierta para un camino moral y espiritual de perfección, cuyo impulso interior es el amor (cf. Col 3, 14). Así, el mandamiento "No matarás", se transforma en la llamada a un amor solícito que tutela e impulsa la vida del prójimo; el precepto que prohíbe el adulterio, se convierte en la invitación a una mirada pura, capaz de respetar el significado esponsal del cuerpo.

*Fuente: Veritatis Splendor de Juan Pablo II


domingo, 13 de diciembre de 2020

La ley natural es permanente



La ley natural es inmutable, permanente a través de la historia. Las normas que la expresan son siempre substancialmente válidas. Es la base necesaria para la edificación de las normas morales y la ley civil.

viernes, 17 de julio de 2020

Trasbordo ideológico inadvertido



Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de la Plata (Argentina), advirtió sobre el fenómeno cultural del “trasbordo ideológico inadvertido” y propuso la que considera la mejor forma para afrontarlo. El concepto alude a la corriente que busca, por distintos medios, cambiar el sentido común de la gente.

“En el caso de los jóvenes es claro. Lo hacen todos, es lo que piensan todos. También están en los medios de comunicación esos programas de opinión donde hay varios que hablan y discuten pero todos siempre en contra de la ley natural, de la ley de Dios”. “O esos medios que exponen diariamente los amoríos fugaces de la gente de la farándula y sabemos que siempre hay señoras que se interesan por esas cosas. Uno va pensando que, después de todo, hasta está bien”, explicó.

Mons. Héctor Aguer
“Tenemos elementos, tenemos instrumentos, tenemos el Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, para mostrar bien, claramente, cuál es el cuerpo de doctrina y de práctica que la Iglesia ofrece”. “Y entonces sí podremos hablar de un diálogo con el mundo que no sea un diálogo para abdicar de las convicciones o ponerlas entre paréntesis sino para ayudar a otros a que, finalmente crean en Jesucristo, la gran misión de la Iglesia”, concluyó Mons. Aguer.

martes, 7 de enero de 2020

La felicidad se logra siguiendo la ley natural



La felicidad, decía Tomás de Aquino, se logra siguiendo la ley natural que la razón es capaz de descubrir; si se rechaza la ley natural, la conducta inmoral será irracional y contra natura. La conducta no racional se adopta por motivos egoístas, cuando se tiene una idea equivocada, o miope, de la felicidad (ejemplos son el crimen, la codicia o la pereza).

domingo, 22 de julio de 2018

La religión forma parte de la Ley Natural.


La religión, la adoración debida a Dios, forma parte de la Ley Natural. Que es una obligación que la razón humana asume incluso sin ninguna revelación divina, lo prueba el hecho religioso, la realidad, testificada por los antropólogos, de que todos los pueblos primitivos tuvieron una religión. Esos científicos, dedicados al estudio del comportamiento de los seres humanos, de sus usos y costumbres, no han descubierto ningún pueblo, raza o nación que no practicase alguna forma de religión. La única excepción digna de tenerse en cuenta ha sido la de algunas tribus salvajes tan degeneradas que carecían de dignidad humana, rebajadas como estaban al nivel de las bestias. Esto, dicho sea de paso, responde eficazmente a los modernos paganos, que piensan que la religión es una invención humana, un escalón en la evolución, una forma que el hombre primitivo tuvo de enfrentarse a una situación de inseguridad. ¿Cómo explicar entonces que sean los pueblos menos evolucionados, o los más retrasados, los que carezcan de religión o muestren un sentido religioso menos desarrollado? Hasta en las formas de religión más idolátricas se conservó la creencia, más o menos vaga, en una deidad suprema, testimonio de la existencia de una Ley Natural que trataba de abrirse paso entre las brumas del intelecto.

lunes, 27 de febrero de 2017

Derrocar a los tiranos sugiere que el gobernante ha de responder a la confianza que se le tiene.

Tomás  de Aquino
Es evidente que sería un anacronismo el pintar a santo Tomás  de Aquino haciendo declaraciones sobre el totalitarismo del siglo XX. Pero si por totalitarismo entendemos la teoría de un Estado absoluto, fuente de moral y único árbitro de lo bueno y lo malo, de la verdad y la falsedad, debemos decir que el totalitarismo es incompatible con la teoría política de santo Tomás. Es verdad que Santo Tomas a veces habla del individuo como de una “parte” de la comunidad, considerada como un “todo”, y que establece una comparación entre la subordinación de un miembro físico, un brazo, por ejemplo, a todo el cuerpo, y la subordinación de un ciudadano individual al bien de la comunidad toda. Pero ciertamente no consideró que los derechos del Estado sobre sus miembros fueran absolutos. Ya que no por otra causa, su fe en el destino sobrenatural del hombre y en la posición de la Iglesia le hubieran impedido aceptar la noción del poder absoluto del Estado. 

Pero, haciendo a un lado su fe en la misión divina e independiente de la Iglesia, su teoría de la legislación no se presta a ser usada en una teoría política totalitaria. Pues el santo consideraba que la función de la ley humana positiva era, primariamente, definir claramente y apoyar, por medio de sanciones temporales, la ley natural, cuando menos en todos los casos en que es necesario para el bien público. Por ejemplo, si tomamos el precepto del Decálogo, “No matarás”, vemos que es obviamente muy vago. ¿Qué acciones han de ser consideradas como “asesinato” y qué muertes no han de ser clasificadas como tales? Una de las funciones de la ley humana positiva, es decir, de la Ley del Estado, es definir tales conceptos tan claramente como sea posible y decretar las sanciones temporales que la ley natural no proporciona, dice Frederick Copleston. Desde luego, esto no significa que la legislación deba limitarse a definir prohibiciones que pueden ser más o menos claramente deducidas de la ley moral. 

Copleston añade que la legislación debe ser compatible con
Copleston 
la ley moral. Dado que la función de la legislación es promover el bien común, el criterio para distinguir la bondad y la maldad, dentro de la legislación, es su relación,discernida por la razón, con ese fin. Pero no se sigue que todo precepto y toda prohibición de la ley moral deban estar incorporados a la legislación; existen muchos casos en que esto no conduciría al bien público y haría más mal que bien. Empero, el Estado no está autorizado en ningún caso a aprobar una legislación que vaya en contra de la ley natural. “Toda ley humana tendrá carácter de ley en la medida en que se derive de la ley de la naturaleza; y si se aparta en un punto de la ley natural, ya no será ley, sino corrupción de la ley”, dirá Santo Tomas. Y santo Tomás exigía naturalmente de los gobernantes cristianos que respetaran la ley divina positiva, interpretada por la Iglesia. Desde este punto de vista acerca de la relación entre la ley humana positiva y la ley moral natural, se concluye que las leyes justas tienen obligatoriedad para la conciencia. Por otra parte, las leyes injustas no la tienen. 
Legislador


Santo Tomás afirma que una ley es injusta cuando impone cargas a los ciudadanos, no para el bien común, sino para satisfacer la avaricia o la ambición del legislador; si al establecer la ley, el legislador va más allá de sus poderes; o si se imponen cargas (impuestos, por ejemplo) en forma injusta y desproporcionada. “Tales leyes son más bien violencias por eso no obligan en el foro de la conciencia, si no es para evitar el escándalo y el desorden” manifiesta Santo Tomas. Las leyes también pueden ser injustas por contravenir la ley divina positiva, y “nunca es lícito observar estas leyes”. Por lo que respecta a aquellos que persisten en promulgar leyes injustas, se trata de “tiranos”, y los gobernantes de este tipo pueden ser legítimamente derrocados, ya que son culpables de abusar
Tiranos del siglo XX
de su posición y de su poder, a menos que haya razón para creer que la rebelión daría como resultado un estado de cosas tan malo como el que se trataba de remediar. La opinión de que es legítimo derrocar a los tiranos sugiere que el gobernante ha de responder a la confianza que se le tiene y no puede abusar de ella.

las leyes justas tienen obligatoriedad para la conciencia. Por otra parte, las leyes injustas no la tienen. 

una ley es injusta cuando impone cargas a los ciudadanos, no para el bien común, sino para satisfacer la avaricia o la ambición del legislador

Las leyes también pueden ser injustas por contravenir la ley divina positiva, y “nunca es lícito observar estas leyes”.

jueves, 8 de septiembre de 2016

No es lícito hacer el mal para conseguir el bien.

El otro día me comentaban varios amigos hablando del terrorismo islámico que estos fundamentalistas, a pesar de los asesinatos que cometían, como estos hechos los realizaban en nombre de Alá y tenían la idea de que su actuación respondía a los deseos de Dios, el final de estos hombres era gozar de la presencia del Altísimo a pesar de las masacres inhumanas que realizaban.

Juan Pablo II.
Sin embargo la opinión de mis contertulios se encontraba equivocada y me baso para dar este punto de vista en la encíclica Veritatis Splendor de Juan Pablo II.

No es lícito, ni aun por razones gravísimas, dice  Juan Pablo II,hacer el mal para conseguir el bien.Las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección.

La razón por la que no basta la buena intención, sino que es necesaria también la recta elección de las obras, reside en el hecho de que el acto humano depende de su objeto, o sea si éste es o no es "ordenable" a Dios, al único que es "Bueno", y así realiza la perfección de la persona. Por tanto, el acto es bueno si su objeto es conforme con el bien de la persona en el respeto de los bienes moralmente relevantes para ella.

el bien de la persona


El “mal intrínseco” no es lícito hacer el mal para lograr el bien (cf. Rm 3, 8). Así pues, hay que rechazar la tesis, según la cual sería imposible calificar como moralmente mala según su especie,su "objeto",la elección deliberada de algunos comportamientos o actos determinados prescindiendo de la intención por la que la elección es hecha o de la totalidad de las consecuencias previsibles de aquel acto para todas las personas interesadas. El elemento primario y decisivo para el juicio moral es el objeto del acto humano, el cual decide sobre su “ordenabilidad” al bien y al fin último que es Dios. Tal “ordenabilidad” es aprehendida por la razón en el mismo ser del hombre, considerado en su verdad integral, y, por tanto, en sus inclinaciones naturales, en sus dinamismos y sus finalidades, que también tienen siempre una dimensión espiritual; éstos son exactamente los contenidos de la ley natural y, por consiguiente, el conjunto ordenado de los bienes para la persona que se ponen al servicio del bien de la persona , del bien que es ella misma y su perfección. Estos son los bienes tutelados por los mandamientos, los cuales, según Santo Tomás, contienen toda la ley natural.

domingo, 21 de agosto de 2016

Que la Religión es una cosa privada es una ofensa contra contra la propia razón.

Cardenal Muller.
La divisa más importante del laicismo,la Religión es una cosa privada, es una ofensa brutal contra los derechos del hombre, y, por tanto, contra la propia razón, ya que todos los actos esenciales del hombre han de corresponderse con su naturaleza social, y desde dicha visión nunca son meramente privados, sino que tienen un significado público y social, manifestó el cardenal Muller en una  reciente conferencia.

Mas aún,sobre la base de la Ley natural, la Iglesia, en estrecha unión con otros grupos sociales, debe enfrentarse al Estado o a una determinada ideología totalitaria que quiera suprimir o eliminar la religión o la libertad de conciencia, tal y como el  Concilio Vaticano II ha dejado claro en su Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis Humanae.


El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del reposo (Laborem exercens del Papa Juan Pablo II)

todos los actos esenciales del hombre han de corresponderse con su naturaleza social, y desde dicha visión nunca son meramente privados, sino que tienen un significado público y social


miércoles, 22 de junio de 2016

Los juristas europeos en la Edad Media desarrollaron los derechos naturales derivados de la ley natural.

El otro día escribí sobre John Locke como el gran defensor de los derechos naturales inherentes al hombre.Un atento lector me llama la atención y escribe manifestando que el reconocimiento de los derechos naturales ya era una preocupación de los juristas europeos mucho antes de este filósofo y médico ingles.

Y tiene razón.Tal como explica el historiador Kenneth Penningtonl los juristas europeos habían desarrollado un sólido vocabulario de derechos derivados de la ley natural. En el período comprendido entre 1.150 y 1.300 definieron el derecho a la propiedad, a la defensa, al matrimonio y al procedimiento legal como raíz de una ley natural, no positiva, así como los derechos de los no cristianos. Situando oportunamente estos derechos en el marco de la ley natural, podían afirmar, y así lo hicieron, que ningún príncipe humano podía privar a los individuos de estos derechos naturales. El príncipe carecía de jurisdicción sobre los derechos basados en la ley natural; y en consecuencia, estos derechos eran inalienables. 


Estos principios tienen resonancias claramente modernas, si bien su origen  se debe a los pensadores cristianos medievales, que sentaron los cimientos de la civilización occidental tal como hoy la conocemos.

 juristas europeos en la Edad Media

los juristas europeos medievales desarrollan un sólido vocabulario de derechos derivados de la ley natural