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viernes, 21 de agosto de 2026

Muchos hombres no faltan a los mandamientos, pero no los cumplen

Las relaciones de Dios con los hombres, constituidas por la paternidad y, respectivamente, la filiación, y el amor, núcleo esencial del cristianismo. La paternidad es entendida de manera nueva, hecha esencialmente de misericordia; de Dios respecto de los hombres, del padre humano respecto de los hijos; la palabra del hijo prodigo la ejemplifica, escribe el filósofo Julián Marías.
Hay un puesto en los niños que no se encuentra en ninguna otra parte, la ternura, la necesaria aproximación o semejanza con ellos para entrar en el reino de los cielos, la terrible gravedad de escandalizar a los “pequeños”.
Y no se olvide todo lo que lleva consigo la figura de María, la relación esbozada entre ella y su prima Isabel, y los dos hijos en gestación; el puesto de la maternidad, prolongada virtualmente desde la cruz hacia San Juan.
Con el Nuevo testamento no tenemos la impresión de algo ajeno, distante, como sucede con lo griego y lo romano. Sin particular esfuerzo, sin comentario en lo esencial, el Nuevo Testamento es inmediatamente inteligible, reconocemos en él nuestra propia vida.
La gran innovación del cristianismo es la radical insistencia en el amor, muy superior a la que podamos encontrar en otras culturas y religiones.El Nuevo Testamento está lleno de referencias al amor, en todos los contextos imaginables.
Se dice que Dios es amor; los mandamientos se reducen en amar a Dios y al prójimo, y lo que hace que sean mandamientos religiosos, no meramente normas, es su fundamento en el primero, “amar a Dios sobre todas las cosas”, en rigor, no se “cumplen” los mandamientos más que si se hace por el primero. Aparte de él, se podría decir que muchos hombres “no faltan” a los mandamientos, pero no los “cumplen”.
Referencia: La educación sentimental de Julián Marías

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Lo que parece ser, realmente es


Existe una persona, un lugar y un tiempo trascendentes en el mundo material. La creación ha recibido a Dios en la persona de Jesucristo. Afirma Ireneo en Contra las herejías que “la propia creación de Dios, que depende para su existencia del poder, el arte y la sabiduría de Dios, ha engendrado a Dios”. “Lo que parece ser, realmente es”. San Efrén el Sirio afirma que “María llevó al Niño en silencio, ¡y en Él estaban ocultas todas las lenguas! José lo llevó en sus brazos, ¡y en Él  se ocultaba una naturaleza más antigua que cualquier cosa antigua!… Siendo Altísimo, bebió la leche de María, ¡y de su bondad beben ahora todas las criaturas! Él es el pecho de la vida y el aliento de la vida”. La encarnación no es solo un acontecimiento pasado, sino una realidad continua.

domingo, 31 de agosto de 2025

Dios se ha hecho en cierto modo dependiente del hombre

“Dios necesita la libertad humana, escribe Benedicto XVI. No puede redimir al hombre, creado libre, sin un “si” libre a su voluntad. Al crear la libertad, Dios se ha hecho en cierto modo dependiente del hombre. Su poder está vinculado al “si” no forzado de una persona humana. Así, Bernardo mustia como en el momento de la pregunta a María el cielo y la tierra, por decirlo así, contienen el aliento. ¿Dirá “si”? Ella vacila….¿Será su humildad tal vez un obstáculo?…..”Hágase en mi según tu palabra”. Es el momento de la obediencia libre , humilde y magnánima a la vez, en la que se toma la decisión más alta de la libertad humana.”

sábado, 26 de marzo de 2022

Historia del nacimiento del Amor

Simone Weil

*Siempre que hay amor hay belleza sensible. No es concebible una religión sin signos, y esos signos son bellos. La misa actúa sobre el alma por una belleza análoga a la de las obras de arte. La virtud, la santidad de un ser humano aparecen exteriormente como belleza sensible en la expresión del rostro, o en los gestos, las actitudes, la voz o cualquier aspecto de su comportamiento. Las ciencias encierran belleza sensible. No hay amor real en el cual la parte del alma que está más estrechamente unida al cuerpo no participe, y el bien sólo puede llegar hasta ella en forma de belleza. 

Historia del nacimiento del Amor. Hijo de la Abundancia, es decir la plenitud divina, y de la Miseria, es decir la miseria humana. Poros (vía, camino, expediente, recurso), lo Abundante (?), dormía ebrio de néctar. La Miseria se une con él a favor del sueño… (Seguramente una tradición muy antigua, pues el nombre Poros es inexplicable. Pero en todo caso es Dios). «(El Amor) es siempre miserable, seco y magro, cubierto de harapos, descalzo, sin abrigo, durmiendo en el suelo, sin lecho, durmiendo ante las puertas y en los caminos, al aire libre, porque debido a la naturaleza de su madre tiene siempre a la privación (ἔνδεια) por compañía». (Banquete, 203 c-d). Cf. versos de Dante sobre la Pobreza. Bodas de San Francisco con la Pobreza, viuda de Cristo. Muy joven, la dama por la cual partió a la guerra contra su padre es aquella a quien como a la muerte nadie abre la puerta voluntariamente. Y ante su cortejo espiritual en presencia del Padre, se unió a ella, luego día a día la amaba más fuerte. Ella, privada de su primer marido durante mil cien años y más había sido despreciada y obscura y hasta aquel había quedado sin pretendientes. No servía de nada saber que era intrépida aun ante Plutón, aun al sonido de la voz de aquel que da miedo al universo entero. No servía de nada que fuese fiel y altiva, al punto que donde María permaneció en tierra, ella, con Cristo, subió hasta la Cruz. (Paraíso, Canto XL). “A causa de su padre, emprende contra todo lo que es bueno y bello siendo audaz, activo, siempre tenso, cazador temible… No es de naturaleza mortal ni inmortal… Muere y resucita por la naturaleza que tiene de su padre… Ama la sabiduría pues nació de un padre sabio y hábil, de una madre ignorante y miserable…”. (Banquete, 203 d-204 b). El pensamiento de la mediación desempeña un papel esencial en Platón, pues como lo dice en el Filebo: “Hay que tener cuidado de no ir demasiado pronto a lo uno”. “Poros, el Camino, la Sobreabundancia, hijo de la Sabiduría… Después del festín, la Miseria vino a mendigar, como se acostumbra los días de fiesta, y se mantuvo cerca de las puertas. Poros, ebrio de néctar, entrando en el jardín de Zeus, atontado, se durmió. La Miseria concibió el propósito, a causa de su desamparo (ἀπoρία) de tener un hijo de Poros. Se extendió a su lado y concibió al Amor”. (Banquete, 203 b-c).


*La fuente griega de Simone Weil


sábado, 25 de diciembre de 2021

La entrada de Dios en el mundo no tiene lugar sin la libertad del hombre


La entrada de Dios en el mundo no tiene lugar sin la libertad del hombre. Ello se debe a que su presencia “como El mismo”, la cual no puede producirse sin la libertad de aquel para quien está presente. Así, para la encarnación de Dios, tuvieron que abrirse primero los “portones antiguos” de un corazón humano, del corazón de María “salve raíz, salve, puerta por la que entró la luz al mundo”. Y , del mismo modo, el adventus Domini,tiene lugar siempre y solo a través de las puertas de los corazones humanos; “alzad las puertas, abrid el portón, preparad el templo de vuestros corazones”. Robert Spaemann.

viernes, 24 de diciembre de 2021

El Nacimiento de Cristo


A finales del siglo XVIII e inicios del XIX vivió en Alemania Ana Catalina Emmerick. Dios le concedió revelaciones místicas de la vida de Jesús, San Juan Pablo II la beatificó en 2004.A continuación comparto el relato de Ana Catalina Emmerick sobre lo que vio del nacimiento de nuestro Señor:


"He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el aire, a cierta altura de la tierra. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho".
"El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía".
"Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María”.
"Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos".
"Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo".
"Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo".
"María fajó al Niño: tenía solo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. ‘¡Ah, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!’".
"He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos".
"Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte”.


"A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados".
"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros".
"Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: ‘No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre’".
"Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando: ‘Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad’".
"Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba".
Feliz Navidad.


domingo, 31 de enero de 2021

La Gruta de la Leche


Una periodista de la BBC en Belén acudió a uno de los lugares más especiales de la ciudad donde María dio a luz al Dios hecho Niño, la Gruta de la Leche.Lo ha encontrado casi vacío por el coronavirus y las restricciones.Según la tradición, en esta gruta donde hoy hay una iglesia, la Sagrada Familia se escondió cuando supo que soldados de Herodes acudían para matarles. Allí, María protegió al bebé y le alimentó. Hoy es un lugar de espiritualidad maternal, femenina, también infantil. Una familia que protege a su bebé es un desafío para el poder político, sus reyes violentos, sus soldados con espadas. La vida sale adelante y desafía a la muerte.


Naomi Zimmerman, una monja franciscana que trabaja muy cerca, dice que le inspira que aún se dan milagros allí. “Aquí hay milagros de vida, de niños, de salud de las mujeres… es uno de mis lugares preferidos“, asegura.En una oficinita junto a la iglesia guardan cientos de cartas emocionadas, de personas de todo el mundo agradeciendo la acción de Dios y la Virgen sobre ellos. Dan gracias, por ejemplo, por haber tenido un bebé después de varios abortos naturales. Una mujer escribe en francés que lloró en la gruta, que sus lágrimas fueron sus oraciones… y dos meses después quedó embarazada. Una brasileña a la que habían declarado infértil conoció la Gruta por televisión, pidió el polvo, rezó y dio a luz a una niña llamada Gabriela.


Cuenta la periodista que una religiosa monta guardia en la capilla a todas horas y reza por la paz. Es una de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, cuyo monasterio se conecta con la Gruta de la Leche. Este santuario, junto con otros 11, forma parte de la red “Doce estrellas en la corona de la Virgen María Reina de la Paz”, que son doce espacios de oración en los lugares del mundo donde hay conflictos, con capillas en Kazajistán, Bosnia Herzegovina, Costa de Marfil, Corea del Sur, Filipinas y otros países.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Adviento.

Penelope Stokes en su libro “El café de los corazones rotos” escribe sobre el Adviento:

"Boone, que se había criado como católico mientras que yo renacía una y otra voz en la iglesia baptista, intentó inculcarme el sentido del Adviento.

El periodo liminar, solía llamarlo. El umbral entre la oscuridad y la luz, entre el presente y el futuro inmediato. La transición, el tiempo de la espera. Nunca lo había entendido. Los baptistas no celebramos el Adviento, nos lanzamos de cabeza a las Navidades, al niño en el pesebre, a los pastores y a los reyes magos, a la estrella de Belén y a los coros celestiales. Supongo que no nos gusta mucho lo de esperar y, desde luego, no somos lo bastante sofisticados como para apreciar lo que Boone denominaba “los regalos de la oscuridad”. 

Los baptistas nos centramos en la luz, y lo principal es darle al interruptor, pase lo que pase. Pero por fin comenzaba a entenderlo. Pensé en María, demasiado joven y demasiado inocente, embarazada, atemorizada y avergonzada… porque ¿quién se iba a tragar semejante historia? ¿La visita de un ángel y una virgen embarazada? En el mejor de los casos, sería un sueño o una visión. En el peor, una crisis neurótica. En cualquier caso, una excusa muy boba para un pecado que podría costarle una lapidación. Me imaginaba a la perfección cómo pudo ser la realidad. 

Por primera vez en la vida, vi más allá de los alegres motivos decorativos, de los regalos y de toda la parafernalia. Vi a una adolescente exhausta, con una barriga que parecía un barril, entrar en Belén sobre una mula incómoda y terca. La vi hacer cola durante horas mientras se le hinchaban los tobillos para pagar unos impuestos que no podían permitirse. La vi ponerse de parto en un establo porque todas las hospederías estaban ocupadas y, de todas formas, no tenían dinero para pagar una habitación. 


Sin comadrona, sólo con la ayuda de un carpintero de manos encallecidas que no tenía ni idea de lo que hacer durante un parto. María no escuchaba los cánticos celestiales que recorrían los campos, asustando a las ovejas y a los pastores, ni tampoco tenía noticias de esos reyes ricos que viajaban desde Oriente con caros regalos. Sólo era consciente de la oscuridad, el frío y el dolor. Sólo sentía la sangre, la suciedad del establo y el pánico del parto. Sólo escuchaba a su alrededor las quejas de los animales que sacaban de sus cuadras y las oraciones desesperadas de José, que suplicaba que ni ella ni el bebé muriesen, que sobrevivieran todos para ver el nuevo amanecer. El tiempo de la espera. La oscuridad. El miedo. La trémula esperanza que, de algún modo, sobrevivió con tenacidad contra todo pronóstico…".