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lunes, 17 de agosto de 2026

Los verdaderos artífices de la Reconquista fueron los campesinos y pastores

Alfonso II el Casto
Cuenta el historiador Fernando García de Cortázar que “empujados por los monarcas asturianos, los pobres labriegos se enrolan en una empresa que debería durar siete siglos, la recuperación de la herencia visigoda. Entre los patrocinadores de la aventura sobresale Alfonso II el Casto, que funda en las montañas una nueva capital, Oviedo, a semejanza de la añorada Toledo. Simultáneamente un nutrido de clérigos mozárabes, huidos del sur, reorganiza el reino con el patrón toledano y, en los valles Cántabros, Beato de Liébana defiende con su palabra y sus escritos la fe de los cristianos. La difusión de la tumba del apóstol Santiago inflama a los creyentes norteños con la conciencia de la predilección divina, al tiempo que la puesta en marcha del camino de peregrinaje a impulsos de Sancho III el Mayor de Navarra abre una importante vía de relaciones con el resto de Europa, rompiendo anteriores aislamientos.” 
“Durante los siglos en que el poder militar estuvo del lado del Islam, los protagonistas de la historia hispana no se encuentra ni en la corte ni en los monasterios. Los verdaderos artífices del lento caminar de los reinos cristianos hacia el sur son los anónimos campesinos y pastores que, poco a poco, pueblan las tierras desiertas de la Alta Meseta castellana y los valles al pie de los Pirineos.”
“La España nacida en 1469 es todavía un simple bosquejo pero la unión permite estrechar lazos conforme se alcanzan las metas trazadas, siglos antes, por cada reino: Granada, Nápoles, Navarra. A la par, el descubrimiento de América ofrecía un mundo lleno de oportunidades y el Imperio de Carlos I y Felipe II hacía cabalgar a los españoles por las tierras de Europa, aun a costa de la ruina castellana.”


viernes, 24 de diciembre de 2021

El Nacimiento de Cristo


A finales del siglo XVIII e inicios del XIX vivió en Alemania Ana Catalina Emmerick. Dios le concedió revelaciones místicas de la vida de Jesús, San Juan Pablo II la beatificó en 2004.A continuación comparto el relato de Ana Catalina Emmerick sobre lo que vio del nacimiento de nuestro Señor:


"He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el aire, a cierta altura de la tierra. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho".
"El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía".
"Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María”.
"Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos".
"Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo".
"Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo".
"María fajó al Niño: tenía solo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. ‘¡Ah, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!’".
"He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos".
"Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte”.


"A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados".
"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros".
"Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: ‘No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre’".
"Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando: ‘Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad’".
"Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba".
Feliz Navidad.


lunes, 4 de marzo de 2019

Trento

Concilio de Trento.
El Concilio de Trento concedió al pueblo cristiano lo que tanto había anhelado durante decenios: doctrina, formación, piedad y pastores. El concilio de Trento deseó fundamentalmente reformar el clero en su conjunto, y lo consiguió. Los obispos de finales del XVI fueron mejores que sus antecesores, tanto en el sentido de su responsabilidad religiosa, como en su formación, su sentido pastoral y sus exigencias morales. Su gran modelo fue san Carlos Borromeo, muerto en 1584. Los religiosos ocuparon un lugar decisivo y el gran modelo a seguir fue indudablemente la Compañía de Jesús.

Desde inicios del siglo XVI los nuncios eran sustancialmente
San Carlos Borromeo.
representantes del Papa como soberano temporal ante otros jefes de Estado. A partir de mediados de ese mismo siglo su misión se extendió también a la dimensión más propia de la reforma católica, procuraban que los obispos cumplieran e hicieran cumplir los decretos conciliares. Otro medio determinante de centralización eclesial fueron las llamadas visitas ad limina, es decir, las que todos los obispos locales tenían que hacer a Roma cada cuatro o cinco años para rezar ante las tumbas de los apóstoles, visitar al papa, dar cuenta pormenorizada del estado de sus diócesis y recibir las directrices correspondientes.

Laboa Gallego manifiesta que el protestantismo destruyó las imágenes y proscribió el arte religioso, a lo que la Iglesia católica opuso a esta concepción el esplendor de sus colores, de sus mármoles y de sus materiales preciosos. San Pedro Canisio escribió: “Los innovadores nos acusan de prodigalidad en la ornamentación de las iglesias; se parecen a Judas reprochando a María Magdalena derramar perfumes sobre la cabeza de Cristo”. A los argumentos de los
protestantes contra el papado contestaron muchos teólogos e historiadores, pero la respuesta más contundente fue la misma basílica de San Pedro. En su fachada, terminada en 1612 bajo el papa Pablo V, no hay más que un bajorrelieve, pero éste representa a Jesucristo entregando las llaves al príncipe de los apóstoles. La donación de las llaves expresará, pues, en lo sucesivo no solamente la fundación de la Iglesia, como decían los protestantes, sino también la creación del papado por el propio Jesucristo.