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sábado, 22 de agosto de 2026

La política condiciona la mayor parte de la vida humana y del destino personal de cada cual

“La política puede parecer algo muy alejado de las vidas comunes, como si constituyera un mundo aparte, pero su funcionamiento condiciona la mayor parte de las facetas de la vida humanas, y, en consecuencia , del destino personal de cada cual”, escribe José Luis González Quirós en La virtud de la política.
Gonzales Quirós añade que “el poder político está siempre alerta, tiende a excederse y nunca ha tenido más medios a su disposición para lograrlo que en las condiciones actuales, y es fácil que le acaben siendo más favorables en el futuro. Es necesario que frente a la tendencia al control desde arriba se consoliden mejores maneras de hacer política, pero sería imposible que eso llegara a suceder si se impusieran las ideas dogmáticas y cerradas que tratan de promover formas de absolutismo, de negación de la política.”
“La política es algo necesario. La política exigirá determinación y audacia, pero que no hará nada memorable si su actuación no está inspirada en la piedad hacia los demás, en consecuencia, en el empeño por contribuir a la consecución de un mundo cada vez más humano y menos ajeno.”
“El concepto moderno de ley supone la existencia de una capacidad de resistencia frente al poder, de una clase definida de límites del poder político que sirven, al tiempo, para reconocerla legitimidad de sus actuaciones y, como contrapartida, la existencia de ciertos derechos que el ciudadano puede reclamar para ponerse a salvo de dicciones que le parezcan arbitrarias o sin base legal.”


miércoles, 22 de abril de 2026

El saber que va unido a la virtud

Manifestaba Sir Tomas Moro que “el saber que va unido a la virtud tiene para mi más importancia que todos los tesoros de los reyes. Y si el prestigio del saber no va acompañado de una buena conducta, ¿qué otra cosa es sino estupenda y celebre infamia?…Forma su carácter quien lo eleva hacia la virtud y los bienes verdaderos.”

Tomás Moro

Hay que evitar, dice Moro, los precipicios de la soberbia y de la ostentación, caminando por las llanas praderas de la modestia. Que no deslumbre jamás a sus hijos el fulgor del oro; que no suspiren nunca por poseer lo que admiran en el prójimo. Quiere que practiquen “la piedad hacia Dios, la caridad para con el vecino y la modestia y humildad cristiana para consigo mismo. De esta forma el Señor premiará su vida con la inocencia; y en la certidumbre de esa espera no sentirán horror de la muerte”.



jueves, 22 de enero de 2026

El hombre caritativo no actúa ni buscando la aprobación, ni temiendo el rechazo

En los Ensayos morales, Pierre Nicole juzga que el hombre caritativo no actúa ni buscando la aprobación, ni temiendo el rechazo pues hace siempre su deber con el prójimo independientemente  de su disposición hacia él y atiende a un objeto estable y permanente, que es el de obedecer a Dios.
Complacernos en el amor que los hombres sienten por nosotros es un mal, “pero es un mal mayor sentir indiferencia por los hombres, ser insensible a sus bienes y a sus males, encerrarse en uno mismo”. De esta manera, “deseando practicar la caridad demasiado espiritualmente”, perdemos “el afecto humano, que constituye el lazo de la sociedad civil”. Por otra parte, continua Nicole, los “servicios reales” que presta la caridad en forma de “actos puramente interiores”, por medio de los cuales se honran todas las virtudes cristianas, son raros y excepcionales, pero “el comercio de la civilidad es ordinario y continuo”,lo que permitiría practicar la caridad cotidianamente en una escala menos espiritual y recogida y más social y efusiva. “Es necesario actuar con los hombres, dice Nicole, como con los hombres, y no como con los ángeles”. Es decir, tolerando las imperfecciones del “estado común” en que se funda “la amistad y la unión”.
La piedad ha de hacerse “amable a los mundanos”, y no lo conseguirá hasta que “los ame, desee servirlos y esté llena de ternura por ellos”. Hay que “purificar la civilidad, y no suprimirla”, volverse amable con los hombres no por amor propio, sino para servirlos mejor.


martes, 29 de abril de 2025

Los derechos

El ideal de la ciudadanía que permea nuestras democracias se funda en una lectura angelical de los derechos, asunto incontrovertible donde los haya que la cultura política que profesamos ha convertido en un artículo de fe. De los derechos, emanaría una dulzona y agradable sentimentalidad humanitaria, una pátina de legitimidad mediante la que combatir las oscuridades del mundo en que vivimos. Y ello con tal fricción que la máquina de producir derechos lleva a algunos activistas a imaginarse su jornada de cada día como una invitación de la providencia a viajar lo más lejos posible en la alfombra voladora de una ciudadanía fantástica, proteica, bienhechora.
Los derechos nos hacen ciudadanos en la medida en que somos capaces de compasión y piedad, de despertarla en los otros y de sentirla por ellos. Aquí, como en tantas cosas, Rousseau es una referencia inexcusable de cara a entender el actual emotivismo democrático.
Los derechos constituyen factores activos de igualdad y tolerancia en la exacta medida en que nos empoderan. La fabrica de plenitud y transparencia que es la cultura ha creado un modelo de ciudadanía basado en la igualdad y la diversidad, una imagen teórica del hombre vinculada con el empoderamiento y una moral perfeccionada en forma de tolerancia con cualquier manifestación de singularidad, escribe Luis Gonzalo Díez, profesor de Humanidades en la Universidad Francisco de Vitoria.


sábado, 22 de junio de 2024

Si no hay piedad en el alma del político, lo único que puede moverle es el medro personal, el peor egoísmo


La piedad no goza de una fama inmejorable, se suele presentar como un sentimiento de sumisión, como algo cercano a la hipocresía, hasta el punto de que medio ha desaparecido del lenguaje común. Preferimos caso siempre de hablar de empatía, porque muchos de los términos morales se han visto reducidos a pura emotividad, pero el lenguaje propio de la piedad, en especial en política, es el que habla de sentimiento ante el dolor, el error y la injusticia, ante la fragilidad y la debilidad de la vida de tantas personas, muy en especial cuando su desgracia dependa con claridad de errores y carencias que no les son imputables y sean consecuencia de decisiones de orden político. Y, si no hay piedad en el alma del político, lo único que puede moverle a ocuparse de asuntos generales es el medro personal, el peor egoísmo.
La piedad es la virtud que llega a sentir con el prójimo, a dolerse con él y también a alegrarse de su bien. Se trata de una emoción que se ha de colocar en la base de cualquier vocación política, eso deseo de ayudar de hacer algo que debiera ser hecho en beneficio de la comunidad.No existiría la política si no hubiese males y remedios, si no fuese posible imaginar y discutir con otros, pero eso debe hacerse bajo la inspiración de conseguir un bien general, y el impulso sentimental que siempre necesitan las acciones humanas viene dado por el amor y la piedad que se profesa hacia la comunidad de pertenencia. Todas las cualidades y virtudes de la acción política se inspiran en esa pareja de ideas y de ella dependen. Cuando no hay libertad hay sumisión y necesidad, no hay política, solo resignación. Cuando no hay piedad solo hay codicia, mentira y corrupción.
Referencia: La virtud de la política de José Luis Gonzalez Quirós.

lunes, 25 de marzo de 2024

La responsabilidad por la omisión de una acción que no nos es lícito realizar

Robert Spaemann escribe que la responsabilidad por la omisión de una acción que no nos es lícito realizar nos afecta lo mismo que la responsabilidad por aquello que no podemos realizar físicamente. Un buen hombre sería aquel cuya conciencia de que “no me es lícito hacer esto” se cambia en “no puedo (físicamente) hacerlo”. El antiguo legislador romano formuló esta misma idea con la lucidez que le caracteriza: “lo que va contra la piedad, contra el respeto debido al hombre, dicho brevemente, contra las buenas costumbres, debe ser considerado como imposible”.



domingo, 30 de octubre de 2022

Ese océano que solo se conoce siendo pez

El estudio cabal del hombre, como el estudio cabal de cualquier cosa, al final no deja opción. Y acabas queriendo conocer a Dios. Hasta al científico más recalcitrante, si es honesto y valiente, le cae ese dilema tan poco científico. Si no es que lo acaba rodeando, como el mar, por todas partes. El río de la conciencia humana, dado que es un océano ancestral, avanza en círculos. Empieza tan campante, con un borboteo; brota con fuerza tierra adentro de un manantial al que siempre da el nombre de Dios. Allí borbotea en una charca misteriosa tierra adentro, en la que brota, con todo su misterio y su piedad, la conciencia humana.

En todos estos manantiales de Dios nacen los distintos ríos de la conciencia humana. Luego comienzan los meandros y las dudas. Luego es una lenta lengua de agua. Luego empieza a sedimentarse el aluvión. Luego desemboca en el gran océano, y he aquí el Dios del Fin. En el gran océano del Fin, la mayor parte de los hombres se pierde. Pero Jesucristo se hizo pez porque tenía la otra conciencia del océano que es el fin divino de todos nosotros. Y luego, como un salmón, fue río arriba una vez más, contracorriente, para poder hablar desde las fuentes primordiales. Y ésta es la Historia, escrita con hache mayúscula, del hombre; para distinguirla de la escrita con hache minúscula. Estamos en la desembocadura de esta época nuestra, hundidos en el barro hasta las cejas, horrorizados ante la inmensidad del mar que nos aguarda. Eso, o al final del gran camino que recorrieron Jesucristo y san Francisco. Estamos al borde de un precipicio, horrorizados ante el gran vacío que se abre a nuestros pies. No hay auxilio que valga. Somos seres humanos, y para el ser humano no hay marcha atrás. Allá que vamos. Allá que vamos y que iremos, así que mejor ir voluntarios, para que el alma siga viva. Mejor ahogarse en esta terrestre naturaleza para así transfigurarse en pez. Piscis. Eso que conoce la piedad oceánica del fin. El estudio cabal de la humanidad es el hombre. Pero a la larga, vuelve a ser lo de antes, el hombre en relación con la deidad. Aunque no tiene que ser como era antes, aquella deidad específica del manantial de tierra adentro. Sino la vasta deidad del fin, ese océano que solo se conoce siendo pez. Seamos peces, pues, merece la pena intentarlo.
D. H. Lawrence.

domingo, 26 de septiembre de 2021

Si Dios está muerto, todo está permitido

La intención más profunda era la de no limitarse a contemplar la Naturaleza, el mundo, sino a poder construirlo por sí mismo, cuenta el filósofo Erich Fromm. “Para condensarlo en una sola frase el hombre quería ser Dios él mismo. Lo que Dios había logrado, también él lo podía lograr. Creo que la representación a la que todos hemos asistido, el entusiasmo que se produjo en el momento en que los astronautas pisaron con sus botas el suelo de la Luna, fue un acontecimiento religioso pagano, un primer paso por el camino en que el hombre se vuelve Dios y osa sobrepasar sus límites. También en los diarios cristianos se podía leer que éste es el suceso más grande desde la creación del mundo. Ahora bien, a los cristianos les resulta un poco imprudente afirmar que después de la creación del mundo haya ocurrido algo más importante que la encarnación de Dios. Pero eso se olvidó en el momento en que se vivenció subjetivamente como verdad que el hombre había superado las leyes que lo limitaban, había dejado atrás las leyes de la gravedad y caminaba por el infinito.


Dostoievski dice que“si Dios está muerto, todo está permitido”. La moral se había basado hasta entonces en el reconocimiento de Dios. “Si el hombre ya no cree en Dios, si Dios ya no es una realidad que imprima su sello en su pensamiento y en su conducta, hay en verdad que preguntarse si el hombre se ha vuelto total y directamente amoral, si ya no se orienta por ningún principio moral. En realidad, hay que tomar muy en serio esta pregunta. Y si uno es pesimista, puede querer significar con ello que eso es lo que ha ocurrido y que nuestra moral se va hundiendo cada vez más. Existen significativas diferencias entre nuestra época y las anteriores. Por ejemplo, en 1914 aún se respetaban dos reglas internacionales válidas, en la guerra no se mataban civiles y no se torturaban personas. Hoy se da como cosa natural que en todas las guerras se maten civiles, porque ya no se reconoce ninguna limitación al uso de la fuerza. Tampoco la técnica podría admitir tales distinciones. Mata en forma anónima, oprimiendo botones. Como ya no se ve al enemigo, no surgen sentimientos de piedad, de compasión. Y en segundo lugar, se tortura. Por supuesto, todos lo niegan, pero todos lo saben. La tortura es un instrumento ampliamente difundido para arrancar informaciones. Nos quedaríamos pasmados supiéramos en cuántos países se emplea la tortura”, escribe Erich Fromm.

domingo, 1 de noviembre de 2020

La religión como el camino de comunicación con la divinidad

Friedrich Schleiermacher (1768-1834), filósofo, discípulo intelectual de Spinoza y Kant, que centró su labor especulativa en el campo de la filosofía de la religión. Schleiermacher entiende la religión como el camino de comunicación con la divinidad. Para este autor, “la esencia de la religión consiste en el sentimiento de una dependencia absoluta”. 


Para Schleiermacher lo que define la religión es la experiencia que vive el hombre de ser creación de una divinidad que lo trasciende por completo. Por lo tanto, el creyente no comprende a Dios racionalmente, sino que lo siente, tiene una experiencia divina. Schleiermacher defiende que la religión es el sentimiento de presencia de lo divino, denominado por él “piedad”. La piedad es, por lo tanto, el sentimiento de dependencia, de unión con un principio radicalmente superior a cualquier fenómeno que veamos. Desde esta línea, Schleiermacher afirma que “el milagro es simplemente el nombre religioso de un evento. Cada evento, hasta el más común y natural, se convierte en un milagro, tan pronto como la visión religiosa del mismo puede ser dominante. Para mí, todo es un milagro”.



La religión suprema es para Schleiermacher el cristianismo. Esto es así debido a que, en la fe cristiana, Dios mismo se convierte en hombre y canaliza el sentimiento religioso de modo definitivo.


lunes, 4 de marzo de 2019

Trento

Concilio de Trento.
El Concilio de Trento concedió al pueblo cristiano lo que tanto había anhelado durante decenios: doctrina, formación, piedad y pastores. El concilio de Trento deseó fundamentalmente reformar el clero en su conjunto, y lo consiguió. Los obispos de finales del XVI fueron mejores que sus antecesores, tanto en el sentido de su responsabilidad religiosa, como en su formación, su sentido pastoral y sus exigencias morales. Su gran modelo fue san Carlos Borromeo, muerto en 1584. Los religiosos ocuparon un lugar decisivo y el gran modelo a seguir fue indudablemente la Compañía de Jesús.

Desde inicios del siglo XVI los nuncios eran sustancialmente
San Carlos Borromeo.
representantes del Papa como soberano temporal ante otros jefes de Estado. A partir de mediados de ese mismo siglo su misión se extendió también a la dimensión más propia de la reforma católica, procuraban que los obispos cumplieran e hicieran cumplir los decretos conciliares. Otro medio determinante de centralización eclesial fueron las llamadas visitas ad limina, es decir, las que todos los obispos locales tenían que hacer a Roma cada cuatro o cinco años para rezar ante las tumbas de los apóstoles, visitar al papa, dar cuenta pormenorizada del estado de sus diócesis y recibir las directrices correspondientes.

Laboa Gallego manifiesta que el protestantismo destruyó las imágenes y proscribió el arte religioso, a lo que la Iglesia católica opuso a esta concepción el esplendor de sus colores, de sus mármoles y de sus materiales preciosos. San Pedro Canisio escribió: “Los innovadores nos acusan de prodigalidad en la ornamentación de las iglesias; se parecen a Judas reprochando a María Magdalena derramar perfumes sobre la cabeza de Cristo”. A los argumentos de los
protestantes contra el papado contestaron muchos teólogos e historiadores, pero la respuesta más contundente fue la misma basílica de San Pedro. En su fachada, terminada en 1612 bajo el papa Pablo V, no hay más que un bajorrelieve, pero éste representa a Jesucristo entregando las llaves al príncipe de los apóstoles. La donación de las llaves expresará, pues, en lo sucesivo no solamente la fundación de la Iglesia, como decían los protestantes, sino también la creación del papado por el propio Jesucristo.


jueves, 20 de diciembre de 2018

La piedad católica de los siglos XIV y XV.

Beato Tomás de Kempis
El éxito del libro de devoción y ascética católico la Imitación de Cristo, escrito por Tomás de Kempis, demuestra que pervivía en Occidente un deseo por el ideal cristiano, hecho de pobreza, devoción y piedad personal. El historiador Émile-Guillaume Léonard cree que la reforma luterana surgió de la piedad católica de los siglos XIV y XV, pero también cree que es cierto todo cuanto se refiere a la reforma tridentina (es decir, la definida en el Concilio de Trento). De ahí vemos la necesidad de corregir las ideas, admitidas durante demasiado tiempo, de la decadencia de la Iglesia en los siglos XIV y XV, dice el historiador francés especialista en cristianismo Jean Delumeau. 

Delumeau escribe que en la Iglesia de Occidente existía un bloqueo en la cumbre que no se superará sino después del Concilio de Trento. Sin embargo, en la base, se reformaban muchas órdenes religiosas y surgían otras nuevas. Los capuchinos, las ursulinas, los teatinos y los jesuitas son anteriores al inicio del Concilio. Tras el descubrimiento de América se llevó a cabo en el Nuevo Continente un gran esfuerzo misionero. El apostolado de San Francisco Javier en la India y en el Japón se sitúa con anterioridad a la auténtica reorganización de la Iglesia romana. 

Concilio de Trento
Los historiadores polacos que han estudiado los siglos XIV y XV sostienen, de modo unánime, que se trata de una época de gran desarrollo de la Iglesia en su país, con acusada proliferación de las parroquias. Al mismo tiempo, más hacia el oeste, se ve, a nivel de la vida religiosa cotidiana, una multiplicación de los templos, las capillas, las imágenes, los retablos; como asimismo se desarrollan las cofradías y nacen las capillas de cantores, los belenes; como se manifiesta la popular devoción hacia el Niño Jesús, la Virgen, el Cristo crucificado.

jueves, 2 de marzo de 2017

Al Ejército de Flandes se le conoció siempre como “el Ejército Católico”

La avinagrada monja que escribió
s’Hertogenbosch
el relato de la estancia de los españoles en s’Hertogenbosch después de 1568 anotó todos los crímenes que razonablemente podían imputarse a los soldados, pero tuvo que admitir que “tenían un gran respeto por el Santísimo Sacramento y eran devotos en las iglesias y favorecían al clero y no le hacían daño”. Al Ejército de Flandes se le conoció siempre como “el Ejército Católico”; era el ejército del “Rey Católico”. 

Geoffrey Parker 
Cuenta el historiador británico Geoffrey Parker que en 1589 se estableció entre los soldados por bula papal una “Cofradía del Santísimo Sacramento”, y pronto se desarrollaron otras asociaciones religiosas para soldados, particularmente en las guarniciones de ciudad. Los enemigos se sorprendían siempre ante las muchas efigies religiosas, crucifijos, Agnus Dei y otras reproducciones parecidas que llevaban los españoles muertos en combate; mandas de muchos soldados a cofradías y monasterios que ellos apadrinaban y el dinero dejado para buenas obras y para distribuir en limosnas son testimonio de piedad, por lo menos, en el lecho de muerte. El soldado tenía que vivir con
el peligro diario de una muerte violenta y repentina; no debe extrañar que mantuviera fija la mirada en la posibilidad de ganar un más allá confortable en el que su iglesia le enseñaba a esperar. La caridad y la piedad estaban de hecho íntimamente asociadas entre las tropas con el temor a la muerte. En otras ocasiones se comportaban como brutos.

jueves, 1 de septiembre de 2016

El conocimiento instruye nuestro egoísmo para hacernos aceptar la realidad de otros seres.

El conocimiento instruye nuestro egoísmo para hacernos aceptar la realidad de otros seres. La virtud de la espléndida tradición caballeresca residía en su reconocimiento formal del derecho a la existencia no sólo de los inferiores, sino hasta de los enemigos, dice Richard Weaver.
Coloca al hombre en el lugar de Dios
La moderna fórmula de la rendición sin condiciones, primero empleada contra la naturaleza y después contra los pueblos, coloca despiadadamente al hombre en el lugar de Dios, usurpando su derecho ilimitado de disponer de las vidas ajenas. La caballerosidad fue una expresión radicalmente práctica de la básica hermandad de los hombres. Gozar de la suficiente imaginación para concebir cómo viven otros hombres y de la necesaria piedad para comprender que sus vidas forman parte de la pródiga creación es el fundamento mismo de la comunidad humana.
Comunidad humana.
Hay dos tipos de hombres para los que esta forma de caridad es impensable: el bárbaro, dispuesto a destruir lo diferente únicamente porque lo es, y el neurótico, que siempre está queriendo controlar a los otros, probablemente porque él mismo ha perdido la capacidad de integrarse. Sea como sea, la miopía que consiste en no conceder sustancia a otros pueblos u otras personas se plasma en la intolerancia del que piensa que los diferentes son menos dignos que él de consideración. La esperanza de reducir este espíritu fanático que amenaza con destrozar nuestro mundo depende de la capacidad de ceder ante lo que no es el yo.

La moderna fórmula de la rendición sin condiciones coloca despiadadamente al hombre en el lugar de Dios

La caballerosidad fue una expresión radicalmente práctica de la básica hermandad de los hombres.