jueves, 22 de enero de 2026

El hombre caritativo no actúa ni buscando la aprobación, ni temiendo el rechazo

En los Ensayos morales, Pierre Nicole juzga que el hombre caritativo no actúa ni buscando la aprobación, ni temiendo el rechazo pues hace siempre su deber con el prójimo independientemente  de su disposición hacia él y atiende a un objeto estable y permanente, que es el de obedecer a Dios.
Complacernos en el amor que los hombres sienten por nosotros es un mal, “pero es un mal mayor sentir indiferencia por los hombres, ser insensible a sus bienes y a sus males, encerrarse en uno mismo”. De esta manera, “deseando practicar la caridad demasiado espiritualmente”, perdemos “el afecto humano, que constituye el lazo de la sociedad civil”. Por otra parte, continua Nicole, los “servicios reales” que presta la caridad en forma de “actos puramente interiores”, por medio de los cuales se honran todas las virtudes cristianas, son raros y excepcionales, pero “el comercio de la civilidad es ordinario y continuo”,lo que permitiría practicar la caridad cotidianamente en una escala menos espiritual y recogida y más social y efusiva. “Es necesario actuar con los hombres, dice Nicole, como con los hombres, y no como con los ángeles”. Es decir, tolerando las imperfecciones del “estado común” en que se funda “la amistad y la unión”.
La piedad ha de hacerse “amable a los mundanos”, y no lo conseguirá hasta que “los ame, desee servirlos y esté llena de ternura por ellos”. Hay que “purificar la civilidad, y no suprimirla”, volverse amable con los hombres no por amor propio, sino para servirlos mejor.


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