En el Mediterráneo, entre 1801 y 1805, durante las guerras berberiscas, se intenta acabar con la piratería, que debilita el comercio marítimo de Estados Unidos y de las naciones europeas, a pesar de los distintos acuerdos firmados con el Imperio otomano. En 1801, Thomas Jefferson se niega a una nueva petición de tributo exigida por el pachá de Trípoli. Este último, como venganza, inicia las hostilidades y destruye la fragata estadounidense Philadelphia. Entonces, el presidente de Estados Unidos decide replicar, sin pedir previamente el acuerdo del Congreso, y ordena que se bombardee Argel y Trípoli. El Congreso aprueba a posteriori la operación y decide mantener las tropas de la US Navy en el Mediterráneo.

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