viernes, 9 de enero de 2026

La persona cínica puede decir hoy una cosa y mañana la contraria

Para  Oscar Wilde el cínico es el hombre  que conoce el precio de todas las cosas y el valor de ninguna. El personaje de Vautrin, en Papá Goriot, de Balzac dice que “un hombre que se jacta de no cambiar nunca de opinión es un hombre que quiere ir siempre en línea recta, un necio que cree en la infalibilidad. No hay principios, solo acontecimientos. No hay leyes, solo hay circunstancias. El hombre superior adopta los acontecimientos y las circunstancias para poder manejarlos”.
La persona cínica no es incoherente, sino extremamente coherente con su colección de principios. Puede decir hoy una cosa y mañana la contraria, todo depende del precio que haya que pagar en cada caso, manifiesta el escritor Rafael Gomez Perez.
Un ejemplo de hasta dónde ha llegado el virus del cinismo es la casi desaparición del lenguaje usual de la palabra honor. La expresión palabra de honor casi solo se usa para describir un tipo de escote en trajes de mujer. La vacuna contra el virus del cinismo está inventada desde hace siglos, se llama honradez, dice Gomez Perez. Viene de honor. La persona honesta responde de sus actos, tanto cuando de ellos se derivan ventajas o premios como cuando ha de arrepentirse y, en su caso, reparar o pedir perdón. Pero en la cultura del cinismo quien se comporta de ese modo, honrado y responsable, puede parecer ingenuo o “inmovilista”.

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