Cuenta Ana Catalina Emmerick que “a la hora del nacimiento del Niño Jesús, los Reyes Magos tuvieron una aparición maravillosa. Ellos eran servidores de las estrellas y tenían en lo alto de una montaña una torre piramidal chata, que en parte era de madera, donde siempre estaba uno de ellos con varios sacerdotes para observar las estrellas; escribían todo lo que ocurría y se lo comunicaban unos a otros. Esta noche creo que he visto en esta torre a dos de los Reyes; el tercero, que vivía al oriente del Mar Caspio, no estaba con ellos. Lo que ellos observaban siempre era una constelación determinada en cuyo aspecto veían cambios y recibían visiones del cielo. Hoy por la noche vi la imagen que ellos habían distinguido; estaba en diversos cambios. No la veían en una estrella sino en la figura formada por varias estrellas, que se movían. Vieron un hermoso arco iris sobre la luna, que estaba en uno de sus cuartos. Encima del arco iris estaba sentada una doncella que tenía la pierna izquierda como si estuviera sentada encima de ella, mientras que la derecha le colgaba recta hacia abajo y apoyaba el pie en la luna. En el arco iris apareció a la izquierda de la doncella una vid y a su derecha un haz de espigas de trigo. Delante de la doncella vi aparecer, o levantarse, o brillar con más fuerza, la figura de un cáliz como los que se usaron para instituir el Santísimo Sacramento.Surgiendo de este cáliz vi aparecer un Niñito,y sobre él un disco claro como una custodia vacía de la que salían rayos como espigas. En este cuadro tuve el concepto del Santísimo Sacramento. En la mano derecha del Niñito que surgía del cáliz crecía una rama en la que floreció como una flor una iglesia octogonal con una gran puerta dorada y dos puertecitas laterales. La doncella movía con su mano derecha el cáliz, el niño y la Hostia y se inclinó adelante, hacia la iglesia en cuyo interior estaba yo mirando. Al mirar la iglesia por dentro me pareció grandísima. Al fondo, pero dentro de la iglesia, vi una aparición de la Santísima Trinidad y sobre ella se alzó la torre de la iglesia, que al final configuró una ciudad totalmente brillante, tal como suelo ver la Jerusalén celestial. Mientras miraba dentro de la iglesia, vi salir muchas más cosas de este cuadro, pero ya no me acuerdo cómo iban seguidas, ni tampoco recuerdo ahora de qué forma se les mostró a los Reyes Magos que el Niño había nacido en Judea. A esa misma hora, el tercer rey, que vivía más alejado, vio en su patria el mismo cuadro. Los Reyes Magos al verlo se llevaron una alegría indecible; reunieron enseguida tesoros y regalos y formaron su caravana. Tardaron unos días en reunirse los tres. En los últimos días antes del nacimiento de Cristo yo venía observando gran actividad, y que veían todas clase de visiones en su torre estrellera.
Referencia: El nacimiento de Cristo según las visiones de la Beata Ana Catalina Emmerick

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