El informe de la consultora Gallup sobre el empleo publicado en 2023, y según el cual hasta el 44% de los trabajadores afirman estar estresados. En total es un 13% más que en 2009, cuando se hablaba del 31%. En Estados Unidos, Canadá y el este de Asia se alcanzan niveles del 52%, mientras que en Europa se sitúa en el 39%. Quizá resulta aparentemente contradictorio observar datos como el de la consultora Gallup y pensar que avanzamos en la época de lo que algunos han llamado las grandes conquistas sociales y la mayor exposición de derechos individuales. Al menos en el contexto occidental. Para la psicóloga Lidia Martín, precisamente “en el ámbito laboral es donde posiblemente se han perdido derechos de manera muy clara en el último tiempo”. “Hay un exceso de énfasis en la súper productividad, se nos mira mal cuando cumplimos nuestros horarios tal cual vienen en el contrato, las empresas no suelen cuidar demasiado bien a los empleados porque prima el criterio económico sobre las personas y con las demandas de empleo que hay, las personas saben que dejar un empleo significa que generalmente hay decenas de personas en la puerta dispuestos a aceptar las mismas o peores condiciones”, agrega. Por eso, considera que “mucho del avance social a veces parece más cosmético que otra cosa”. “Solo hay que mirar a los contratos y las condiciones laborales que hay ahora en comparación con los que había hace 50 años. Se percibe un clima de precariedad laboral escalofriante, y eso es del todo desbordante. Ver la situación actual y no prever una mejoría está llevando a uno de los efectos más comunes del estrés, la ansiedad, que tiene que ver con llevar mal todas esas incertidumbres que se nos plantean por delante si la situación no cambia”, remarca.
Para Martín, es cierto que “el trabajo es una fuente posible de estrés, y cuando las condiciones en que se produce son abusivas, evidentemente se entiende que el desbordamiento tiene mucho sentido”. No obstante, matiza, “el trabajo no es necesariamente nuestra principal fuente de estrés”. “Las ocupaciones son una parte, sin duda, pero principalmente vivimos obsesionados con evadir el malestar, muchas veces incluso el esfuerzo y la frustración naturales que acompañan a las pequeñas cosas de la vida, y en un sentido nos estamos haciendo personas cada vez más frágiles que nos desbordamos con menos”, afirma la psicóloga. “No estamos diseñados para vivir tan rápido ni acometer tanto. Los ritmos naturales del ser humano son otros, y no los estamos respetando, ni siquiera cuando se trata del ocio, que se está comiendo nuestro tiempo para dormir, por ejemplo, o descansar, simplemente”, añade.En este sentido, Martín recuerda que “‘estrés’ significa ‘desbordamiento’ y el cuerpo suele avisar de lo que considera excesos a través de sintomatología diversa, lo que llamaríamos coloquialmente achaques”. “A veces el estrés viene por situaciones que se generan de forma ajena a nosotros. Suceden, y nosotros las sufrimos. Por ejemplo, una catástrofe natural, o tener que cuidar de un familiar enfermo crónico, que es algo que no se elige y hay que afrontar”, explica.


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