La incorporación de la mujer al trabajo en la retaguardia durante la I Guerra Mundial y su mayor asunción de responsabilidades públicas contribuyó a que, en el período de entreguerras, el sufragio femenino fuese adoptado por la gran mayoría de los países europeos entre 1918 y 1939. Solo Francia hasta el fin de la II Guerra Mundial, Italia (1946) y Suiza (1971, después de que un referéndum rechazase la ampliación del sufragio a las mujeres en 1959), además de Grecia (1930, con restricciones) constituyeron sonadas excepciones. Norteamérica, los dominios británicos, y buena parte de las repúblicas sudamericanas, empezando por Uruguay (1927) siguieron la ola.
En Gran Bretaña o en EE. UU., tras la experiencia de la incorporación masiva al trabajo durante la II Guerra Mundial, muchas mujeres opusieron creciente resistencia a volver al hogar.
Referencia: Las utopías pendientes (Xosé M. Núñez Seixas)

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