Solo aquel que no necesita nada de los demás estaría libre de influencias del poder sobre él, y esa es la ventaja que parecen tener los ricos; pero hasta los más poderosos e influyentes están a merced del poder público, aunque tengan más medios que el resto para defenderse y para apañar cualquier exención o beneficio con quienes mandan. Ese comercio entre lo público y lo privado se llama corrupción, algo que aparece de modo necesario cuando las fronteras entre ambos espacios se violan. Es fácil deducir que si lo público arrasase por completo a lo privado no estaríamos tanto ante una epifanía de un socialismo como ante el triunfo de la corrupción sin límite alguno, porque lo público es una invención, pero lo privado es irreprimible, escribe el filósofo José Luis González Quirós.

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