Mostrando entradas con la etiqueta poderoso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poderoso. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de junio de 2026

La libertad total para los lobos es la muerte para los corderos

Tanto la libertad como la igualdad se encuentran entre las metas básicas que los seres humanos han buscado durante muchos siglos; pero la libertad total para los lobos es la muerte para los corderos, la libertad total de los poderosos, de los talentosos, no es compatible con el derecho a una existencia decente de los débiles y los menos dotados.
La igualdad puede exigir la limitación de la libertad de quienes desean dominar; la libertad, sin un poco de la cual no hay elección y por tanto no hay posibilidad de ser seres humanos, tal como comprendemos el término, tendrá que ser constreñida para dejar espacio al bienestar social, para alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos, alojar a los que no tienen hogar, para dejar espacio a la libertad de los otros, para permitir que se ejerza la justicia o la imparcialidad, escribe Isaiah Berlin en su libro El estudio adecuado de la humanidad.

viernes, 3 de abril de 2026

El culto de los santos

El culto de los santos no se inventó en la Edad Media, aunque fue entonces cuando se desarrolló notablemente. Se corre el riesgo de no entender nada de este aspecto fundamental del cristianismo posterior al año 1000 si no se tiene en cuenta la herencia de los primeros siglos.Todo procede del culto a los mártires, que durante un tiempo fueron los únicos santos venerados por los cristianos y que siguieron conservando en la Iglesia, incluso cuando se afirmaron otros modelos, un considerable prestigio. Pese a ciertas analogías superficiales, no tenían nada en común con los héroes griegos o romanos. En la Antigüedad clásica la muerte representaba una frontera impenetrable entre el hombre y los dioses. En la perspectiva cristiana, precisamente porque habían muerto como seres humanos, siguiendo a Cristo y fieles a su mensaje, los mártires tenían después acceso a la gloria del paraíso y a la vida eterna. El santo es un hombre mediante el que se establece un contacto entre cielo y tierra. Su aniversario conmemora su nacimiento al lado de Dios más allá de la muerte, y es la fiesta cristiana por excelencia, ya que renueva el sacrificio de salvación del único Mediador. Así, lejos de constituir la calderilla de la nueva religión o una concesión de la élite cristiana a las masas paganas para facilitar su conversión, el culto de los mártires enraizó en lo que el cristianismo tenía de más auténtico y de más original respecto a las religiones con las que por entonces competía.
Algunos grandes obispos del siglo IV, como Paulino de Ñola y Ambrosio de Milán, propusieron a los fieles y a las comunidades cristianas tomar como intercesores a esos hombres y a esas mujeres que habían merecido con su fe heroica tener a Dios como protector personal. Los honores cada vez más notables de que fueron objeto las reliquias con ocasión de las fiestas establecidas por el calendario y de las traslaciones ofrecieron a la comunidad urbana la ocasión de demostrar su unidad y de integrar a los grupos marginales, campesinos o bárbaros. Por medio de las procesiones se estrecharon nuevos vínculos entre la ciudad y los suburbia donde se encontraban los cementerios y también los martyria, pequeños santuarios que guardaban las reliquias de los mártires. Gracias a esta liturgia en pleno desarrollo, las mujeres, activas participantes en ella, salen de su aislamiento, mientras que los pobres se alejan de las tradicionales clientelas, en plena crisis a partir de finales del siglo IV, para ponerse bajo la protección de un santo y, más tarde, entrar en su familia. Pero también hay sitio para los poderosos. A partir de esta época y hasta finales del Medievo una de las obligaciones de los que ejercen el poder, en la sociedad cristiana, será la de levantar iglesias para guardar las reliquias de los siervos de Dios que han sido llevados de la tumba a los altares.

domingo, 11 de enero de 2026

Si lo público arrasase por completo a lo privado estaríamos ante el triunfo de la corrupción sin límite

Solo aquel que no necesita nada de los demás estaría libre de influencias del poder sobre él, y esa es la ventaja que parecen tener los ricos; pero hasta los más poderosos e influyentes están a merced del poder público, aunque tengan más medios que el resto para defenderse y para apañar cualquier exención o beneficio con quienes mandan. Ese comercio entre lo público y lo privado se llama corrupción, algo que aparece de modo necesario cuando las fronteras entre ambos espacios se violan. Es fácil deducir que si lo público arrasase por completo a lo privado no estaríamos tanto ante una epifanía de un socialismo como ante el triunfo de la corrupción sin límite alguno, porque lo público es una invención, pero lo privado es irreprimible, escribe el filósofo José Luis González Quirós.

sábado, 6 de septiembre de 2025

Stalin, el fundador de un imperio

Stalin era un heredero, un vencedor, el fundador de un imperio, y murió cuando era más poderoso que nunca, pocos años después de haber sido celebrado al cumplir 70 años como genio universal. Como sucesor de Lenin, Stalin había participado de la gloria de su célebre predecesor. No fue el único aspirante a esta filiación, pero, habiéndola conquistado por la astucia y por la fuerza, hizo de ella una prerrogativa casi indiscutida, eclipsando a sus rivales con su formidable poder antes de reducirlos por el asesinato o el exilio, o por ambos a la vez, como en el caso de Trotski. Su derecho a la sucesión se apoyaba sobre algo firme, el partido único, la ideología bolchevique, el terror y la policía política constituían el legado leninista. Stalin lo integró en un sistema de gobierno asiático, que coronó con el exterminio del campesinado so pretexto de que este era burguesía. Realizó tan bien esa maniobra política que hubiera podido reclamar tanto como el que más su derecho a la idea original, y tal vez con mayor razón, pues su principal carta de triunfo consiste en haber hecho durar ese régimen tan poco hecho para durar; en haber prolongado e incluso reimpulsado la ilusión revolucionaria al mismo tiempo que con ella forjaba una cadena de autoridad primitiva, pero no por ello menos obedecida. Trotski, en quien el hombre de letras pesaba más que el terrorista, casi seguramente hubiese naufragado. El discreto Bujarin hubiese dilapidado el patrimonio familiar en un retorno asaz moderado al capitalismo. Stalin hizo fructificar la herencia, añadiendo a esta su genio político propio, y atemperando al uno con la otra. El georgiano ganó la guerra, transformó la Unión Soviética en imperio y en superpotencia y dio a la idea comunista un resplandor sin precedentes. Su gobierno conoció entonces la respetabilidad que dan la victoria y la fuerza; su persona fue objeto de reverencia universal, y llegó a ser temido por doquier, incluso por quienes lo idolatraban. El Estado soviético se encontró en una posición más estable, no porque fuese menos arbitrario o menos despótico o porque hubiera cesado la represión de las masas; esta, por el contrario, se renovó; pero la tribuna del Kremlin presentaba a los mismos dirigentes en cada aniversario de Octubre, y la maquinaria burocrática adquirió un barniz moderno que no había tenido antes de la guerra un partido a la vez todopoderoso, y sin embargo diezmado sistemáticamente por un grupo mudable de fieles en torno de un jefe de grupo imprevisible. Así, todo contribuía a hacer creer que el día de la desaparición de Stalin la transmisión del poder soviético se efectuaría de manera menos dramática y menos conflictiva que después de la muerte de Lenin.
Su única obsesión fue conservar el poder y, para empezar, la vida, frustrando las conjuras que su desconfianza paranoica no dejaba de ofrecerle a su imaginación. En su vejez de potentado conservó las costumbres del conspirador y del aventurero, reforzadas por el hábito del poder absoluto. Vivía rodeado de guardias y soldados, no hablaba casi nunca en público, cambiaba de residencia y de itinerario, y hacía que otros probasen los platos que salían de su propia cocina. Ni siquiera su séquito más cercano y más antiguo, fuese político o familiar, estuvo libre de sus sospechas.El fiel entre los fieles, Mólotov, cuya mujer ya había sido arrestada, parecía ser la próxima víctima. El descubrimiento de la conjura de los médicos judíos, en enero de 1953, puso de manifiesto la vigencia intacta de los resortes del régimen, la ideología y el terror.
Referencia: El pasado de una ilusión (François Furet)

domingo, 6 de julio de 2025

La mayor parte de los sufrimientos humanos procede de la falta de caridad de los poderosos

Para Shakespeare la mayor parte de los sufrimientos humanos procede de la dureza, de la fría malignidad, de la falta de caridad de los poderosos. En la tragedia de Shakespeare ya no podemos consolarnos como los antiguos griegos pensando que esos males proceden de los dioses, sino que dichos infortunios son obra de otros hombres. Los grandes pecadores, los poderosos, no solo no son castigados en proporción a sus desaguisados, sino que a menudo no reciben ningún castigo o recibiéndolo demasiado tarde, después de haber tenido tiempo de perpetrar sus designios y de gozar del fruto de sus pecados. Cierto que Macbeth no duerme y que el remordimiento le corroe el alma. Pero esto el pueblo no lo ve; el escándalo subsiste íntegramente ante sus ojos. Macbeth continua la serie de sus crímenes. Macbeth reina.
Referencia: Sabiduría griega y paradoja cristiana…..Charles Moeller

lunes, 16 de septiembre de 2024

El hombre es siempre hombre

El hombre en todas las condiciones sociales, en todas las circunstancias de la vida, es siempre hombre, es decir, una cosa muy pequeña. Poco conocedor de sí mismo, sin formarse por lo común ideas bastante claras ni de la cualidad ni del alcance de sus fuerzas, creyéndose a veces más poderoso, a veces más débil de lo que es en realidad, encuéntrase con mucha frecuencia dudoso, perplejo, sin saber ni adónde va ni adónde ha de ir. Además, para él es a menudo un misterio qué es lo que le conviene, escribe el filósofo Jaime Balmes en su libro El criterio.

lunes, 24 de junio de 2024

No pueden prohibirle a nadie que vea lo que ve ni que crea en lo que cree

Escribe Selma Lagerlöf: Cada tarde, a las seis en punto, cesaba el trabajo dentro y fuera de las casas, que los hombres se descubrían la cabeza, las mujeres hacían una genuflexión y todos permanecían inmóviles el tiempo necesario para rezarle una oración al Señor. Aquellos que habían sido vecinos de la parroquia se veían obligados a reconocer que nunca Dios les había parecido más poderoso y más alabado que allí, cuando en las tardes de verano las guadañas se paraban de golpe y las rejas se detenían en medio de un surco y las carretas de cereales quedaban a medio descargar al primero de aquellos toques de campana. Era como si la gente supiese que a esa hora nuestro Señor, inmenso, todopoderoso y benigno, planeaba por la comarca con las nubes del crepúsculo para derramar bendiciones sobre la región entera.
—El maestro ha dicho que no hay que creer en esas cosas. —El maestro no puede prohibirle a nadie que vea lo que ve ni que crea en lo que cree.

domingo, 26 de mayo de 2024

Desean eliminar al rey sin poder

Jesús dijo a Pilatos: “Mi reino no es de aquí”. En el curso de la historia, los poderosos de este mundo quieren apropiarse de él, pero precisamente entonces es cuando peligra; quieren conectar su poder con el poder de Jesús, y justamente así deforman su reino, lo amenazan. O bien queda sometido a la persecución persistente de los dominadores, que no toleran ningún otro reino y desean eliminar al rey sin poder, pero cuya fuerza misteriosa temen.(La Infancia de Jesús de Benedicto XVI)



miércoles, 1 de marzo de 2023

Instrumentos de virtud

No se debe tener al rico por dichoso sólo por sus riquezas, dice San Basilio; ni al poderoso por su autoridad y dignidad; ni al fuerte por la salud de su cuerpo; ni al sabio por su gran elocuencia. Todas estas cosas son instrumentos de la virtud para los que las usan rectamente; pero ellas, en sí mismas, no contienen la felicidad.

miércoles, 22 de febrero de 2023

Los que ejercen autoridad intentan justificar su dominio con los símbolos morales

Los que ejercen autoridad intentan justificar su dominio sobre las instituciones vinculándolo, como si fuera una consecuencia inevitable, con los símbolos morales en que generalmente se cree, con los emblemas sagrados, con las fórmulas legales. Estos conceptos fundamentales pueden referirse a un dios o a varios dioses, al voto de la mayoría, a la voluntad del pueblo, a la aristocracia del talento y de la riqueza, al derecho divino de los reyes, o a las supuestas dotes extraordinarias del gobernante mismo. Los científicos sociales, siguiendo a Weber, llaman a esos conceptos legitimaciones, o a veces símbolos de justificación. Esos símbolos no forman ninguna esfera autónoma dentro de una sociedad; su significación social está en su uso para justificar la organización del poder y las situaciones que dentro de ella ocupan los poderosos, o para oponerse a ella. Su importancia psicológica está en el hecho de que se convierten en la base de la adhesión a la estructura del poder o de la oposición a ella (Wright Mills).

jueves, 22 de diciembre de 2022

El Jesús de los villancicos

Escribe Leszek Kolakowski que “este dios ridículo, incapaz de salvarse a sí mismo de una muerte ignominiosa (así le vio la muchedumbre que se burló de su martirio en Jerusalén y los intelectuales paganos como Celso), este dios iba a convertirse no sólo en el símbolo más poderoso en la historia religiosa, sino también en un símbolo por medio del cual el hombre obtendría una aguda percepción de su propio destino. De nuevo, esto no es una mera especulación de los filósofos; Jesucristo, que, en su persona, en su vida y en su sufrimiento, en su opprobium y en el triunfo final de su resurrección, dio testimonio de la vergonzosa miseria y la infinita dignidad del hombre, es el Jesús real de la fe de los simples, el Jesús de los villancicos y de la pintura popular, un invencible protector celestial y, no obstante, un pobre como cada uno de nosotros”.

jueves, 10 de febrero de 2022

El pueblo debe hacer guardar a sus gobernantes la Constitución


Para que un pueblo esté constituido, no basta que ese pueblo tenga un código fundamental, que él mismo se haya dado por medio de sus legítimos representantes. No basta que en ese código estén consignados los derechos del pueblo, y los de los ciudadanos, las garantías políticas que dan estabilidad a un gobierno, procurándole el concurso activo de toda la sociedad, y alejando hasta el menor peligro de tiranía o despotismo; no basta, en fin, que una nación haya dado su consentimiento para establecer como ley suprema esa Constitución; ni aún más, que haya luchado por ella hasta verla triunfante. Es preciso, necesario, indispensable, para que un pueblo teniendo una Constitución esté verdaderamente constituido, que comprenda esa Constitución; que tenga fe en que ella basta para hacerle feliz, que ame los principios que forman su base, que estime en todo su valor las consecuencias que de esos principios lógicamente se deducen, que sea celoso de los derechos que en ella hizo grabar y que tenga la energía y el valor necesarios para no permitir que se convierta ese código en una ley que nadie cumple, y en una especie de logogrifo que los poderosos pueden, a su gusto, interpretar de la manera que mejor les convenga.


Una Constitución que está sujeta a que el gobierno de un país la observe o no, sin temer las consecuencias de una transgresión por escandalosa que ella sea, equivale a una de tantas obras que en el mundo se han publicado, para dar a los gobernantes consejos que ellos ni piden, ni quieren, ni se tomarán el trabajo de seguir. La suprema ley de un pueblo necesita una sanción suprema también; no la que da un gobierno, ni la que tienen todas las leyes, dada por el poder público, y expresada por medio de una fórmula más o menos enérgicamente redactada; no, sino la sanción del pueblo mismo, manifiesta en su voluntad, inquebrantable, de guardar aquella Constitución, y hacerla guardar a sus gobernantes de grado o por fuerza; porque el pueblo no protesta guardar esa Constitución, sino que a él como soberano es a quien le prometen sus representantes en toda la esfera administrativa respetar y obedecer la ley suprema que no es más que la voluntad del pueblo, expresa el jurista y escritor mexicano Vicente Riva Palacio.

sábado, 24 de julio de 2021

El sufrimiento de los hombres procede de otros hombres

El pecado engendra la muerte, dice el apóstol Pablo. Y engendra también el sufrimiento. En el cristianismo el pecado va unido al dolor. El sufrimiento de los hombres no procede de lo alto, sino de otros hombres que, con su dureza, aplastan a los humildes, o del propio pecador, muerto espiritualmente por su culpa. La desaparición del dolor va unida a la desaparición del pecado. Hay que remontarse a la causa del sufrimiento, al pecado en nosotros o en los demás; hay que atraer al prójimo con la fuerza irresistible de la caridad, escribe Charles Moeller.
Aunque los hombres son malos, aunque se muestran lobos los unos contra los otros, Dios es bueno. Hagamos brillar la misericordia de Dios en nuestra caridad. No olvidemos las palabras de Porcia sobre la clemencia en el quinto acto del Mercader de Venecia. Las exigencias del judío que quiere vengarse de un cristiano, encarnan el mundo antiguo, con sus implacables limitaciones, su moral de toma y daca, y sus dioses sin misericordia: “Pido justicia y la tendré”, dice el hombre. Entonces Porcia revela un nuevo reino con estas palabras: “ La clemencia en si no se improvisa. Cae del cielo como una mansa lluvia sobre aquel que le es inferior; doblemente bienhechora, bendice al que da y al que recibe. Su poderío alcanza su máximo esplendor en el poderoso; conviene maravillosamente al monarca en su trono,mejor que su corona. El cetro real indica la fuerza de su poder temporal; es el atributo del respeto y la majestad, y en el reside el temor y el terror que inspiran los reyes. Más la clemencia está por encima de esa autoridad contenida en el cetro; tiene su trono en el corazón de los reyes y es atributo del propio Dios; y el poder terreno que se asemeja más al poder de Dios es aquel que tempera la justicia con la clemencia”.
Es evidente que aquí hay reminiscencias de Seneca, pero hay también un eco directo del Evangelio, dice Moeller. Al sufrimiento y al pecado solo cabe responder con la misericordia y la caridad: “En verdad os digo que este es mi nuevo mandamiento, que os ameis los unos a los otros como Yo os he amado”.

viernes, 6 de marzo de 2020

¿Por qué el Occidente ha sido tan poderoso?



Cuenta el profesor e historiador británico Niall Ferguson en su libro "Civilización. Occidente y el resto" que un miembro anónimo de la Academia de Ciencias Sociales de China manifestó que “en los últimos veinte años hemos comprendido que el corazón de vuestra cultura es vuestra religión, el cristianismo. Es por eso por lo que Occidente ha sido tan poderoso. El fundamento moral cristiano de la vida social y cultural fue lo que hizo posible el surgimiento del capitalismo y, luego, la exitosa transición a la política democrática. No tenemos ninguna duda de ello”.

domingo, 28 de abril de 2019

No se debe tener al rico por dichoso sólo por sus riquezas


No se debe tener al rico por dichoso sólo por sus riquezas, dice San Basilio; ni al poderoso por su autoridad y dignidad; ni al fuerte por la salud de su cuerpo; ni al sabio por su gran elocuencia. Todas estas cosas son instrumentos de la virtud para los que las usan rectamente; pero ellas, en sí mismas, no contienen la felicidad.

jueves, 11 de enero de 2018

El impulso que nos guía a la creación artística es tan poderoso que logramos satisfacerlo hasta en las circunstancias más difíciles.

El impulso que nos guía a la creación artística es tan poderoso que logramos satisfacerlo hasta en las circunstancias más difíciles. Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos prisioneros de campos de concentración alemanes escribieron poesía, compusieron música y pintaron; según Victor Frankl, esas actividades daban sentido a la miserable existencia de aquellos muertos en vida. Frankl y otros autores han señalado que esa explosión de creatividad en circunstancias excepcionales no suele ser el resultado de una decisión consciente para mejorar la vida o nuestra visión de las cosas por medio del arte. Al contrario, se presenta casi como una necesidad biológica, tan esencial como comer y dormir; de hecho, muchos artistas, cuando están abstraídos en su trabajo, se olvidan de las dos cosas.