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domingo, 6 de julio de 2025

La mayor parte de los sufrimientos humanos procede de la falta de caridad de los poderosos

Para Shakespeare la mayor parte de los sufrimientos humanos procede de la dureza, de la fría malignidad, de la falta de caridad de los poderosos. En la tragedia de Shakespeare ya no podemos consolarnos como los antiguos griegos pensando que esos males proceden de los dioses, sino que dichos infortunios son obra de otros hombres. Los grandes pecadores, los poderosos, no solo no son castigados en proporción a sus desaguisados, sino que a menudo no reciben ningún castigo o recibiéndolo demasiado tarde, después de haber tenido tiempo de perpetrar sus designios y de gozar del fruto de sus pecados. Cierto que Macbeth no duerme y que el remordimiento le corroe el alma. Pero esto el pueblo no lo ve; el escándalo subsiste íntegramente ante sus ojos. Macbeth continua la serie de sus crímenes. Macbeth reina.
Referencia: Sabiduría griega y paradoja cristiana…..Charles Moeller

viernes, 31 de diciembre de 2021

¿Por que el hombre es capaz de reinar sobre el mundo y ejercer esa soberanía?


El hombre es una imagen de Dios sobre la tierra. El verdadero problema filosófico es saber porque el hombre es capaz de reinar sobre el mundo y ejercer esa soberanía. Porque el hombre es libre, mientras que los demás seres no lo son. ¿Cuales son las raíces de esta libertad? Estas se encuentran en su inteligencia y su razón, que le permiten dirigirse y elegir, y por otra parte lo disponen a las influencias de las virtudes y gracias divinas. San Bernardo hace del libre albedrío la imagen por excelencia de Dios, pues siendo tal su naturaleza que no se le puede disminuir sin destruirlo, está en nosotros como una perfección inamisible, eterna en cierto modo, y semejante a la de Dios mismo.

domingo, 24 de octubre de 2021

En ausencia de Dios reinan los fantasmas


Novalis afirmó que en ausencia de Dios reinan los fantasmas. En ninguna época de la historia humana, escribe el autor colombiano William Ospina, hubo tal vez tantos fantasmas como en esta sociedad industrial empapelada de iconos, cuyas multitudes pasan los días oyendo voces de vivos y de muertos que son en realidad surcos de acetato y bandas magnetofónicas, deseando seres vivos y muertos que son en realidad mancha de tinta incapaces de satisfacer los deseos que suscitan, viendo vivir a seres vivos y muertos que son en realidad rayos de luz. Lo peor es que cada vez nos miramos menos los unos a los otros porque esos cubos de cristal vertiginosos de imágenes son más interesantes y a la vez no exigen de nosotros más que docilidad y pasividad.


lunes, 11 de noviembre de 2019

Amadeo de Saboya


El rey Amadeo de Saboya nació en Turín el 30 de mayo de 1845. Era hijo del rey Víctor Manuel II de Italia. Llegó a reinar en España como consecuencia de una carambola política, que había sido urdida bajo las faldas de la masonería, escribe el historiador Bruquetas de Castro. El nuevo Parlamento español había proclamado la Constitución de 1869, que pronosticaba una monarquía constitucional, por lo que enseguida se buscaron pretendientes al trono. Hubo muchos al principio, pero poco a poco fueron descartándose porque no parecían candidatos idóneos. Finalmente, el general Prim propuso a Amadeo de Saboya, argumentando que era un buen aspirante por ser latino y católico, además de masón, como también era Prim. En sus apenas tres años de reinado debió enfrentarse a situaciones muy difíciles, como fueron las conspiraciones borbónicas y la oposición republicana, además de otra guerra carlista, las revueltas coloniales, sobre todo en Cuba, y los conflictos internos de los diferentes partidos políticos.



Cuenta Bruquetas de Castro que al salir del Congreso, tras haber jurado como monarca constitucional, alguien le indicó: “Majestad, ahí está don Miguel de Cervantes", señalando hacia la estatua del escritor. Amadeo I contestó: "No se preocupe; pronto pasaré a visitarle”, creyendo que el tal Cervantes era un personaje de la corte. Amadeo renunció al trono en 1873, y volvió a Italia con la opinión de que los españoles eran imposibles e ingobernables, mientras los españoles pensaban de él que era un inepto e incompetente.