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jueves, 22 de diciembre de 2022

El Jesús de los villancicos

Escribe Leszek Kolakowski que “este dios ridículo, incapaz de salvarse a sí mismo de una muerte ignominiosa (así le vio la muchedumbre que se burló de su martirio en Jerusalén y los intelectuales paganos como Celso), este dios iba a convertirse no sólo en el símbolo más poderoso en la historia religiosa, sino también en un símbolo por medio del cual el hombre obtendría una aguda percepción de su propio destino. De nuevo, esto no es una mera especulación de los filósofos; Jesucristo, que, en su persona, en su vida y en su sufrimiento, en su opprobium y en el triunfo final de su resurrección, dio testimonio de la vergonzosa miseria y la infinita dignidad del hombre, es el Jesús real de la fe de los simples, el Jesús de los villancicos y de la pintura popular, un invencible protector celestial y, no obstante, un pobre como cada uno de nosotros”.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Tenía la verdad delante de las narices


Pilatos interroga a Jesús. Naturalmente, su idea del reino espiritual se le antoja más bien fantasiosa, pero perfectamente inofensiva. Por otra parte, el acusado no parece ni violento ni fanático; tiene prestancia, se expresa sobriamente. Pilatos está impresionado favorablemente por su serena dignidad; pronto le resulta evidente que Jesús es totalmente inocente de los crímenes que se le imputan. Pilatos lo repite varias veces: “No encuentro ninguna culpa en este hombre”. Pero los acusadores exigen su muerte, y el evangelista añade que al oír los gritos de la multitud “Pilatos se quedó más espantado que nunca”. 


Pilatos tiene miedo, no quiere cargar con un nuevo motín; sería el fin de su carrera. En el curso del interrogatorio, cuando Pilatos pregunta a Jesús por sus actividades, éste le responde: “Yo para esto he venido a este mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye mi voz”. A lo que Pilatos replica: “¿Y qué es la verdad?”. También él es un hombre educado, un romano cultivado; ha viajado, ha visto mundo, ha leído a los filósofos; a diferencia de ese hombre sencillo, de ese carpintero provinciano, sabe que hay muchos dioses y muchas creencias bajo el sol… Pero, ¡cuidado! Cada vez que la gente se pregunta “¿Qué es la verdad?”, normalmente es porque tiene la verdad delante de las narices, pero resultaría muy incómodo reconocerlo. Y también, en contra de su convencimiento íntimo, Pilatos cede a la voluntad de la muchedumbre y le entrega a Jesús para que sea crucificado. El problema para Pilatos no era determinar si Jesús era inocente o no. Esta cuestión era fácil de zanjar. No, el verdadero problema es que, a fin de cuentas, como todos nosotros, la mayor parte del tiempo, tenía la verdad delante de las narices, pero prefirió lavarse las manos. (La felicidad de los pececillos de Simon Leys)



miércoles, 4 de diciembre de 2019

Lo bello es asqueroso y lo asqueroso es bello



Al comienzo del Macbeth de Shakespeare las brujas pronuncian una sentencia que, al decir de Borges, “de manera bestial o demoníaca trasciende la razón de los hombres” y abre el camino del vasto desorden que llenará esas páginas tremendas: Fair is foul and foul is fair. “Lo bello es asqueroso y lo asqueroso es bello”. Shakespeare, de alguna manera, anunciaba con ello el nihilismo que se ha convertido en el alma de esta civilización. Ya todos parecemos querer negar nuestros errores no demostrando nuestra inocencia sino señalando los errores ajenos. Ospina dirá que “ya el hecho de que muchos incurran en una conducta descalifica a los otros para señalarla o censurarla. Sólo en ese sentido se ha impuesto la democracia, en su arbitrariedad estadística. Pero también la estadística se convierte a menudo en un instrumento falaz de manipulaciones y de desinformaciones. Todos los discursos del poder son tramposos, pero sólo los discursos del poder alcanzan efectivamente a las muchedumbres, ya que el progreso consiste en la capacidad de la técnica para permitir la manipulación espiritual de millones de seres humanos”.