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viernes, 31 de octubre de 2025

Dios no cancela a nadie


Robert Barron, filósofo estadounidense, hablando de la cultura de la cancelación dice que “los relatos de la resurrección del Señor revelan lo contrario de la cultura de la cancelación. A las mismas personas que lo habían negado, traicionado y abandonado, Jesucristo pronuncia la incomparablemente bella palabra shalom (paz, en hebreo). En cualquier narración convencional de una historia como esta, el personaje ofendido, que regresa del reino de los muertos, sin duda intentaría vengarse. Pero en la historia de los Evangelios, el hombre que había sido herido tan en profundidad como se pueda ofender a una persona, regresa con un amor que perdona. Si alguien en la historia de la humanidad ha merecido ser cancelado, es todo aquel que contribuyó a la muerte de Jesús. Pero en lugar de ello, se le concede el perdón. Lo cual implica que todo pecado se puede perdonar. Dios no cancela a nadie. Así que la cultura de la cancelación, que dice que todo está permitido pero que nada es perdonado, ha de ser contrarrestada por los cristianos. A la luz de la cruz, sabemos que muchas cosas no han de ser permitidas, pero a la luz de la resurrección, en principio todo puede ser perdonado”.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

La pérdida actual del sentimiento religioso ha convenido la muerte en una caída en las tinieblas

Georges Duby, uno de los más prominentes intelectuales franceses, escribe que “cuando nadie duda de la existencia del más allá, la muerte es un paso que se celebra ceremonialmente entre parientes y vecinos. El hombre cristiano posee la certeza de que no desaparecerá por entero mientras espera la resurrección, pues nada se detiene y todo prosigue en la eternidad. La pérdida actual del sentimiento religioso ha convenido la muerte en una prueba terrible, en una caída en las tinieblas y en lo desconocido. Ha desaparecido la solidaridad en torno al paso a mejor vida, y hoy todos se dan prisa para liberarse del cadáver. Más que la muerte, nuestros antepasados temían el juicio, el castigo del más allá y los tormentos del infierno. Miedo a lo invisible, en el fondo del hombre de hoy, que vacila al sentirse impotente ante el destino”.
“¿En qué formas se manifestaba el miedo a la muerte cerca del año mil?Me pregunto si los hombres de esos tiempos temían tanto a la muerte como nosotros. Ninguno duda entonces de que en el universo exista una parte invisible, imposible de conocer, ni que entre ella y el mundo de aquí abajo la frontera no sea infranqueable. La vida se prolonga después de la muerte y los muertos están siempre presentes, sobre todo durante las ceremonias en que se asocian a los vivos. Se los recuerda continuamente en esos lugares de oración que son los monasterios, una de cuyas funciones es, precisamente, la de servir a los muertos y ayudar a los almas a vivir en esa extensión cuya entidad exacta se desconoce pero que allí está esperándonos. La muerte es un pasaje, y ese paso se opera ceremonialmente. Y en esto creo que existe una diferencia profunda con nuestra cultura. La muerte nos resulta algo molesto,hay que desembarazarse de inmediato del cadáver. La transferencia al lugar de la sepultura se realiza de prisa. En la Edad Media, por el contrario, toda la familia, la servidumbre, los parientes, los vasallos, todo el mundo se reúne en torno del que va a morir. El agonizante debe realizar determinados gestos, despojarse y distribuir entre los que ama todos los objetos que le pertenecieron. Debe declarar, también, su última voluntad, exhortar a quienes le sobreviven para que se comporten mejor, y, en fin, someterse a todos los ritos que le conseguirán en el más allá una situación no muy desagradable. Y después se cuida atentamente el cuerpo del difunto. Se lo expone en un lecho ceremonial que se traslada pronto a la iglesia. Y en el templo, durante la vela fúnebre, se desarrolla un último rito, muy expresivo de la solidaridad que une en ese instante a los vivos y los muertos, un banquete. Todas las personas de la familia y de la zona son invitadas a reunirse alrededor de una mesa que preside aquel cuya alma se ha marchado al más allá. Se acercan los pobres y se les ofrece comida; aprovechan por última vez la generosidad del difunto.”

viernes, 29 de marzo de 2024

Todo hombre digno de ser llamado hijo del hombre carga su cruz

Todo hombre digno de ser llamado hijo del hombre carga su cruz sobre sus hombros y sube al Gólgota. Muchos, los más numerosos, alcanzan el primero, el segundo, el tercer grado, jadean, se desploman en medio de su marcha y no llegan a la cumbre del Gólgota (quiero decir a la cima de su deber; ser crucificados, resucitar, salvar sus almas). Desfallecen, la cruz les infunde miedo, no saben que la crucifixión es el único camino de la resurrección, que no hay otro, escribe Nikos Kazantzakis en su libro Carta al Greco.




domingo, 24 de diciembre de 2023

El siglo actual solo se salvará si vuelve de nuevo a la religión

Escribe Charles Moeller en su libro Sabiduría griega y paradoja cristiana que no hay más que una Sabiduría, la que procede de Dios. Todas las demás son parciales. Estimo que la única sabiduría capaz de impresionar a la juventud moderna, ya sea cristiana, ya crea no serlo, es la paradoja en el que sufrimiento y la dicha, la debilidad y la fuerza, la muerte y la resurrección, se unen en un maridaje misterioso. Lo que necesitan los hombres modernos es el “Mensaje Pascual”. 
El siglo actual solo se salvará si vuelve de nuevo a la religión. Tal dicen autores diversos como Kanters, Lecomte de Noüy, Koestler, Moeller…… Moeller se pregunta ¿Por que no advierten que puede responder a lo que buscan es el cristianismo?….¿por que, teniendo ojos, no ven? ¿Por que quieren ser cruzados sin cruz?

domingo, 9 de julio de 2023

Inmortalidad

La respuesta cristiana (al menos si uno cree) seguramente sea la que despliega mejores “efectos prácticos” de todas. Si no se excluye el amor, ni tan siquiera el apego hacia el cúmulo de aquello que de divino tiene lo humano (y no se excluye, como hemos podido comprobar en san Agustín y Pascal), si los seres concretos, no ya el prójimo, sino quienes nos son cercanos, son parte integrante de lo divino en la medida en que son salvados por Dios y están llamados a una resurrección concreta y personal, la doctrina cristiana referente a la salvación es la única que nos permite no sólo superar el miedo a la muerte, sino incluso la muerte misma. Al actuar de forma personal (no anónima ni abstracta), parece proponer a los hombres la buena nueva de una victoria por fin real; el logro de la inmortalidad personal que nos ensalza por encima de nuestra condición de mortales, escribe el filósofo francés Luc Ferry.

Resurrección de Carlos Bersabé

Y añade Ferry que si las promesas que me ha hecho Cristo, la Palabra encarnada que quienes nos han ofrecido testimonio fiable pudieron contemplar con sus propios ojos, son verdaderas; si la Providencia se hace cargo de mí como persona; si es así de humilde, mi inmortalidad será así de personal. Es, por tanto, la muerte misma y no sólo los temores que suscita en nosotros lo que, por fin, se vence. La inmortalidad ya no es esa realidad anónima y cósmica del estoicismo, sino una individual y consciente, la de la resurrección de las almas acompañadas de sus gloriosos cuerpos. Así, es la concepción del amor en Dios la que conferirá su sentido último a esta revolución llevada a cabo por el cristianismo a partir de los términos del pensamiento griego. Y es ese amor el que conforma el corazón de la nueva doctrina de salvación que demostrará ser al final “más fuerte que la muerte”.

sábado, 8 de abril de 2023

Sin la esperanza del domingo, tal vez nos veríamos abocados al suicidio

La muerte de Cristo el viernes, con la noche que se cierne sobre la Tierra, el velo del templo rasgado; y luego la incertidumbre que ha debido de ser, para los creyentes, algo tremendo. La incertidumbre del sábado en el que no sucede nada, en el que nada se mueve; y luego la resurrección del domingo. Es un esquema de una fuerza sugestiva ilimitada. Vivimos la catástrofe, la tortura, la angustia, luego esperamos, y para muchos el sábado no acabará nunca….Ese sábado de lo desconocido, de la espera sin garantías, es el sábado de nuestra historia. En ese sábado hay una mecánica a la vez de desesperación, Cristo asesinado cruelmente, amortajado, y de esperanza. La desesperación y la esperanza son dos caras de la misma moneda de la condición humana. Nos cuesta mucho imaginar el domingo, salvo (lo que es muy importante) en el ámbito de la vida privada. Los que tienen la alegría del amor han conocido esos domingos, ciertos momentos de epifanía, de transfiguración total…….Sin la esperanza del domingo, tal vez nos veríamos abocados al suicidio. Y el suicidio es algo totalmente lógico. Hay hombres y mujeres que han preferido el suicidio a la corrupción, a la traición de sus sueños, de sus utopías políticas. Es bien sabido que hay grandes artistas y grandes pensadores que han preferido dejar una vida que consideraban sucia, impura, corrupta. En el contingente destacado en Argelia, había jóvenes militares franceses a los que les metían en un cuarto con un prisionero árabe al que había que torturar y les decían: “Si no le toca, no le pasará nada. Nada, no podremos reprocharle nada. Decida usted. Ahora bien, sabemos que hay bombas en el pueblo; y si explotan no sólo matarán a nuestros camaradas, también matarán a los habitantes del pueblo. Usted verá lo que hace…”. Pues bien, unos cuantos (es otro tema tabú, pero está bien documentado) se suicidaron. Ojalá hubiera tenido el valor de hacer lo mismo, porque es la única solución válida para “ser humano” en esa situación. Los que eligen el suicidio son los que dicen: No habrá ningún domingo. No lo habrá para nosotros, ni para nuestra sociedad.
Un largo sábado  escrito por George Steiner
  

jueves, 2 de marzo de 2023

El juicio constante del hombre sobre Dios

La historia de la salvación es también la historia del juicio constante del hombre sobre Dios. No se trata sólo de interrogantes, de dudas, sino de un verdadero juicio.A eso se añade la intervención del espíritu maligno que, con perspicacia aún mayor, está dispuesto a juzgar no sólo al hombre, sino también la acción de Dios en la historia del hombre….. Hombre, tú que juzgas a Dios, que le ordenas que se justifique ante tu tribunal, piensa en ti mismo, mira si no eres tú el responsable de la muerte de este Condenado, si el juicio contra Dios no es en realidad un juicio contra ti mismo. Reflexiona y juzga si este juicio y su resultado,la Cruz y luego la Resurrección, no son para ti el único camino de salvación.

Pilato dice: “Yo no encuentro en él ninguna culpa” (Juan 18,38 y 19,6), y un momento después ordena: “Prendedlo vosotros y crucificadlo” (Juan 19,6). De este modo se lava las manos del asunto y hace recaer la responsabilidad sobre la violenta muchedumbre. Así pues, la condena de Dios por parte del hombre no se basa en la verdad, sino en la prepotencia, en una engañosa conjura. ¿No es exactamente ésta la verdad de la historia del hombre, la verdad de nuestro siglo? En nuestros días, semejante condena ha sido repetida en numerosos tribunales en el ámbito de regímenes de opresión totalitaria. Pero ¿no se repite igualmente en los parlamentos democráticos cuando, por ejemplo, mediante una ley emitida regularmente, se condena a muerte al hombre aún no nacido?

Cruzando El Umbral De La Esperanza  de Juan Pablo Ii 


jueves, 22 de diciembre de 2022

El Jesús de los villancicos

Escribe Leszek Kolakowski que “este dios ridículo, incapaz de salvarse a sí mismo de una muerte ignominiosa (así le vio la muchedumbre que se burló de su martirio en Jerusalén y los intelectuales paganos como Celso), este dios iba a convertirse no sólo en el símbolo más poderoso en la historia religiosa, sino también en un símbolo por medio del cual el hombre obtendría una aguda percepción de su propio destino. De nuevo, esto no es una mera especulación de los filósofos; Jesucristo, que, en su persona, en su vida y en su sufrimiento, en su opprobium y en el triunfo final de su resurrección, dio testimonio de la vergonzosa miseria y la infinita dignidad del hombre, es el Jesús real de la fe de los simples, el Jesús de los villancicos y de la pintura popular, un invencible protector celestial y, no obstante, un pobre como cada uno de nosotros”.

lunes, 19 de julio de 2021

El punto de vista político


Pensemos, dice Joseph Ratzinger, en la resurrección de Lázaro de Betania que nos narra el Evangelio de Juan. ¿Qué ocurre? Muchos judíos. creyeron en él, nos dice el evangelista. Van a los fariseos y les cuentan lo ocurrido, tras lo cual se reúne el Sanedrín para deliberar. Allí se ve la cuestión desde el punto de vista político. Se podía producir un movimiento popular que alertaría a los romanos y provocar una situación peligrosa. Entonces se decide matar a Jesús, el milagro no conduce a la fe, sino al endurecimiento. 

domingo, 24 de junio de 2018

El yacimiento de Cristo según Mantegna.


El yacimiento de Cristo es un tema poco frecuente; quizá porque es considerado un momento de íntima transición entre el sacrificio y la gloria. Pero posiblemente es el momento más humano de Cristo. No hay otro en el que esté tan desprotegido, más allá de la heroicidad de la Pasión y lejos todavía del instante dorado de la Resurrección. Incluso para el teólogo más avezado resulta difícil saber dónde reside la divinidad de este organismo inerte. El creyente puede aceptar la realidad de un Dios autosacrificado que luego revive. Pero el auténtico misterio está en el tramo intermedio. Ahí reside la más honda grandeza de la historia. Hay un momento crucial en el que Cristo ha abandonado su naturaleza divina y aún no la ha vuelto a recuperar. Es un cadáver en la fría mesa de disección, parecido a todos los demás cadáveres que yacen sobre la superficie rígida que ha tendido la muerte. Es sólo un hombre, y acaso sea éste el instante en el que se pronuncia Ecce homo. Creo que Mantegna, dice Rafael Argullol, es el primero en adivinar la condición única, mágica, de este instante de la Pasión. Dios está ausente de esta escena en la que las santas mujeres lloran su impotencia y su dolor. Pero, como contrapartida, la presencia del Cristo humano lo llena todo, un pobre cadáver que se apodera del universo. Mantegna intuye genialmente que tan sólo la profundidad espacial puede aproximarle a un misterio que concierne a la eternidad y, por tanto, al tiempo.
 Autorretrato de Andrea Mantegna 

El Cristo yacente ocupa un lugar singular en la pintura religiosa de Mantegna, el cual, al parecer, nunca quiso desprenderse de esta obra. El sufrimiento de las santas mujeres que lloran sobre el cadáver es la continuación atemperada del violento dolor expresado por ese mismo grupo femenino de la Crucifixión. Pocas pinturas renacentistas acogen un desespero semejante, reflexiona  Argullol,  con especial énfasis en la actitud vencida de la Virgen María. Entre el Cristo colgado en la cruz de la Crucifixión y el Cristo yacente apenas hay un territorio para la santidad. Sí lo hay, en cambio, para el inconformismo y la rebeldía. El punto de vista adoptado por Mantegna es completamente invasor y casi sacrílego, sigue contando Argullol, Cristo ha sido reducido a su naturaleza humana. Mantegna parece insistir, además, en el hecho de que es precisamente esta reducción la que otorga una especial grandeza a su personaje. El hombre que yace ante los ojos del espectador ha sido enfocado desde el ángulo más terrestre. El primer plano, los pies desnudos y horadados y, a partir de ellos, una abrupta perspectiva hacia el torso y la cabeza. Si el espectador se niega a jugar al juego de la perspectiva le aparecerá un hombre aplastado, deforme, hinchado, alejado por completo de la gracia de Dios. Aun aceptando el juego, es un cuerpo de difícil belleza, representado desde el ángulo menos favorecedor, en abierto contraste con la tradición estilizada occidental que culminará Velázquez. Fijémonos en la cara, tan extraña a la terrible contorsión del Cristo de Grünewald como al rigor mortis del de Holbein. Mantegna nos regala a un hombre que duerme, pero no plácidamente sino tenso y descontento. No hay muestras de la serenidad que debería haber en la cara del Redentor, una vez culminado su sacrificio. De nuevo, la suya es una hermosura enormemente difícil. Como la que se ve en las salas de disección.

jueves, 29 de septiembre de 2016

¿Resucitó Jesús de Nazaret?

Estaba ojeando un libro que el centro del mismo era que Jesús de Nazaret en realidad no había resucitado. En realidad, según la opinión del escritor, es una de esas falsedades para que la gente “votase” a favor del Cristianismo y abandonase las creencias al uso. 


¿Fue visto Jesucristo resucitado realmente después del tercer día y en los días siguientes o sólo se lo imaginaron los apóstoles y los demás testigos?


Opino que los apóstoles no dijeron afirmaciones contrarias a la verdad.No cabe pensar que mintieran, ya que todos murieron mártires como testigos de la resurrección, y ningún mentiroso muere por defender sus mentiras.


todos murieron mártires como testigos de la resurrección, y ningún mentiroso muere por defender sus mentiras