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martes, 21 de abril de 2026

Noche de San Daniel

Cuenta el historiador José Calvo que en la llamada Noche de San Daniel, los universitarios madrileños promovieron importantes tumultos, como consecuencia de la expulsión de don Emilio Castelar de su cátedra por haber escrito un duro artículo publicado en La Discusión, bajo el título de El Rasgo, en el que descubría la farsa montada por Narváez a propósito de la venta de bienes del Real Patrimonio. Narváez lo había presentado ante las Cortes como si de un grandioso acto de generosidad de la reina se tratase. Isabel II de España vendía su patrimonio para atender las necesidades públicas, cuando en realidad estaba embolsándose una parte importante de la venta de unos bienes que, por pertenecer al patrimonio, eran propiedad de todos los españoles. Hubo diputados que lloraron de emoción y quien la comparó con la otra Isabel reina de España, Isabel la Católica. La ira de Narváez ante el artículo de Castelar lo llevó a solicitar la expulsión de la Universidad Central del catedrático de Historia filosófica y crítica de España, a lo que el rector se negó. El asunto derivó en violentos altercados en la noche del 10 de abril de 1865, festividad de San Daniel.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Avaricia

El papa Francisco define la avaricia como una "forma de apego que impide al ser humano la generosidad" y que no solo afecta a los "grandes patrimonios”.Se trata de un "vicio transversal" que, según el Papa, "no tiene nada que ver con el saldo de la cuenta corriente. Es una enfermedad del corazón, no de la cartera".Si bien "podemos ser señores de los bienes que poseemos, a menudo ocurre lo contrario, son ellos los que nos poseen”.
"Algunos hombres ricos no son libres, ni siquiera tienen tiempo para descansar, tienen  que mirar por encima del hombro porque la acumulación de bienes también exige su custodia. Están  siempre angustiados porque un patrimonio se construye con mucho sudor, pero puede desaparecer en un  momento. Olvidan la predicación evangélica, que no afirma que las riquezas sean en sí mismas un  pecado, pero sí ciertamente son una responsabilidad", subrayó el Papa. La avaricia se dirige también con frecuencia al "apego a las cosas pequeñas", conformándose como "un apego que quita la libertad" y que en ocasiones "puede desembocar en formas de acaparamiento compulsivo o acumulación patológica”.
El Papa Francisco recomienda para curar la avaricia un "método drástico pero eficaz" de los monjes para recuperarse de esta "enfermedad", y no es otro que "la meditación de la muerte". "Por mucho que una persona acumule bienes en este mundo, de una cosa estamos absolutamente seguros y es que no cabrán en el ataúd. Nosotros no podemos llevar con nosotros los bienes”. Se trata de una reflexión que,  además, hace intuir no solo "la locura" de la avaricia, sino también "su razón más recóndita", pues "es un tentativo de exorcizar el miedo de la muerte. Busca seguridades que en realidad se desmoronan en el mismo momento en el que las agarramos”.

jueves, 1 de mayo de 2025

A los hijos se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes

Natalia Ginzburg en su libro Las Pequeñas virtudes escribe que “ en relación con la educación de los hijos pienso que se les debe enseñar, no las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia ante el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber”.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

La pérdida actual del sentimiento religioso ha convenido la muerte en una caída en las tinieblas

Georges Duby, uno de los más prominentes intelectuales franceses, escribe que “cuando nadie duda de la existencia del más allá, la muerte es un paso que se celebra ceremonialmente entre parientes y vecinos. El hombre cristiano posee la certeza de que no desaparecerá por entero mientras espera la resurrección, pues nada se detiene y todo prosigue en la eternidad. La pérdida actual del sentimiento religioso ha convenido la muerte en una prueba terrible, en una caída en las tinieblas y en lo desconocido. Ha desaparecido la solidaridad en torno al paso a mejor vida, y hoy todos se dan prisa para liberarse del cadáver. Más que la muerte, nuestros antepasados temían el juicio, el castigo del más allá y los tormentos del infierno. Miedo a lo invisible, en el fondo del hombre de hoy, que vacila al sentirse impotente ante el destino”.
“¿En qué formas se manifestaba el miedo a la muerte cerca del año mil?Me pregunto si los hombres de esos tiempos temían tanto a la muerte como nosotros. Ninguno duda entonces de que en el universo exista una parte invisible, imposible de conocer, ni que entre ella y el mundo de aquí abajo la frontera no sea infranqueable. La vida se prolonga después de la muerte y los muertos están siempre presentes, sobre todo durante las ceremonias en que se asocian a los vivos. Se los recuerda continuamente en esos lugares de oración que son los monasterios, una de cuyas funciones es, precisamente, la de servir a los muertos y ayudar a los almas a vivir en esa extensión cuya entidad exacta se desconoce pero que allí está esperándonos. La muerte es un pasaje, y ese paso se opera ceremonialmente. Y en esto creo que existe una diferencia profunda con nuestra cultura. La muerte nos resulta algo molesto,hay que desembarazarse de inmediato del cadáver. La transferencia al lugar de la sepultura se realiza de prisa. En la Edad Media, por el contrario, toda la familia, la servidumbre, los parientes, los vasallos, todo el mundo se reúne en torno del que va a morir. El agonizante debe realizar determinados gestos, despojarse y distribuir entre los que ama todos los objetos que le pertenecieron. Debe declarar, también, su última voluntad, exhortar a quienes le sobreviven para que se comporten mejor, y, en fin, someterse a todos los ritos que le conseguirán en el más allá una situación no muy desagradable. Y después se cuida atentamente el cuerpo del difunto. Se lo expone en un lecho ceremonial que se traslada pronto a la iglesia. Y en el templo, durante la vela fúnebre, se desarrolla un último rito, muy expresivo de la solidaridad que une en ese instante a los vivos y los muertos, un banquete. Todas las personas de la familia y de la zona son invitadas a reunirse alrededor de una mesa que preside aquel cuya alma se ha marchado al más allá. Se acercan los pobres y se les ofrece comida; aprovechan por última vez la generosidad del difunto.”

lunes, 22 de noviembre de 2021

No existe ninguna cultura que piense que la mentira es mejor que la verdad

No existe ninguna cultura ni moderna, ni antigua, ni atrasada, ni adelantada que piense que la mentira es mejor que la verdad, o que la cobardía es mejor que el valor, o que la avaricia es mejor que la generosidad; no existe. ¿Por qué? Porque son debilidades, contesta Fernando Savater, nadie miente por fuerza, se miente por debilidad; nadie es avaro porque tiene tanta fuerza que se siente seguro, sino porque se siente inseguro sobre el futuro y quiere asegurarse ante él; naturalmente nadie es cobarde por fuerza, sino todo lo contrario. Y como son debilidades, ninguna cultura en el mundo las sanciona como positivas porque el hombre lo que quiere es la plenitud y el triunfo de la excelencia.

martes, 9 de marzo de 2021

El lugar donde no hay nada que perder


“El Padre ofrece más de lo que se supone que un hombre al que se le ha ofendido puede dar; se da a sí mismo sin reservas. Los dos hijos lo son todo para él. Desea entregarles toda su vida……Para llegar a ser como el Padre, tengo que ser tan generoso como Él. Así como el Padre se da a sus hijos por entero, así yo tengo que darme por entero a mis hermanos y hermanas…Cada vez que avanzo un paso hacia la generosidad, sé que me muevo del miedo al amor. Pero al principio estos pasos son duros de dar porque hay demasiadas emociones y sentimientos que me retienen…..En esta paternidad espiritual hay un terrible vacío. No hay poder, ni éxito, ni fama, ni satisfacción fácil. Pero ese mismo vacío es el lugar de la verdadera libertad. Es el lugar donde no hay nada que perder, donde el amor no tiene ligaduras y donde puede encontrarse la verdadera fuerza espiritual”.(El regreso del hijo pródigo de Henri J. M. Nouwen).

miércoles, 20 de enero de 2021

Escuchar con alegría


Dorothy E. Stevenson escribe en El libro de la señorita Buncle que “pocos tenemos la generosidad necesaria para escuchar con alegría alabanzas dedicadas a talentos ajenos o la paciencia para oír hablar de los éxitos de quienes despreciamos”.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Un poema caballeresco

Philippe-Henri de Ségur.


Philippe-Henri de Ségur era descendiente de una familia de origen hugonote que se había distinguido sirviendo a Enrique IV, el marqués había abrazado la carrera militar destacando por su extraordinaria fuerza física y su excepcional valor. En la sangrienta batalla de Rocoux había recibido una herida de bala en el pecho y, durante el asedio de Lawfeld, a pesar de tener un brazo destrozado por un disparo de arma de fuego, había permanecido al frente de su regimiento conduciéndolo a la victoria. La pérdida del brazo no le impidió participar en la guerra de los Siete Años, ser nuevamente herido en la batalla de Clostercamp y acabar como prisionero de los prusianos. Diderot cuenta en una carta a Sophie Volland fechada el 6 de noviembre de 1760 que “Los dos ejércitos estaban ahora muy cerca el uno del otro. El marqués de Ségur estaba a punto de que lo mataran. El joven príncipe (prusiano) oye su nombre y corre en su ayuda. Ségur, ignaro, lo ve a su lado, lo reconoce y le grita: “Príncipe, ¿qué hacéis aquí? ¡Mis granaderos se encuentran a veinte pasos y van a disparar!”. “Señor”, le responde el joven príncipe, “he acudido al oír vuestro nombre para impedir que esta gente os mate”. Mientras hablaban, los dos ejércitos entre los que se encontraban hicieron fuego al mismo tiempo. Ségur sale del paso con dos sablazos y queda prisionero del joven príncipe que, mientras tanto, se ha visto obligado a retirarse. ¿No os asombra la generosidad de estos dos hombres, cada uno de los cuales ve solo el peligro que corre el otro, y que se olvidan de sí mismos hasta el punto de que si no los matan en ese mismo momento es por puro milagro?”. 


Anne-Madeleine de Vernon

De vuelta en Francia, Ségur había encontrado la forma de aumentar su modesto patrimonio llevando al altar a una huérfana de quince años con una conspicua dote y heredera de vastas propiedades en la isla de Santo Domingo. Anne-Madeleine de Vernon, que no era bonita, pero sí muy atractiva, demostró ser enseguida una excelente esposa y, al morir su suegro, no dudó en acoger a la madre de su marido, uniéndose estrechamente a ella y animando con su ayuda un salón frecuentado por grandes aristócratas, notables y literatos. La marquesa aseguró así la continuidad de la estirpe trayendo al mundo a dos varones. El mayor, Louis-Philippe, nació en 1753 y el menor, Joseph-Alexandre, tres años más tarde.


jueves, 7 de mayo de 2020

Marie Curie



Pierre y Marie Curie
Cuenta Ève Curie de su madre Marie Curie “tantos rasgos inverosímiles que quisiera relatar su vida como se cuenta una leyenda. En una nación oprimida nace una mujer pobre y hermosa. Una poderosa vocación le hace abandonar su patria, Polonia, para estudiar en París, donde pasa años de soledad y de angustia. Encuentra un hombre genial como ella y se casa con él. Su felicidad es de una calidad excepcional. Con tenaz y árido esfuerzo descubren un cuerpo mágico; el radio. Su descubrimiento, no sólo da nacimiento a una nueva ciencia y a una nueva filosofía, sino que ofrece a los hombres el medio de combatir una enfermedad horrenda. En el instante mismo en que la gloria de los dos sabios se extiende por el mundo se abate sobre Marie el dolor. Su extraordinario compañero le es arrebatado, en un instante, por la muerte. Con la angustia en el corazón y enfermo el cuerpo, continúa, sola, la obra emprendida, y amplía brillantemente la ciencia creada por el matrimonio. El resto de su vida no es más que una perpetua generosidad. A los heridos de la guerra les ofrece su devoción y su salud. Más tarde dará sus consejos, su saber y su tiempo a los alumnos, a los futuros hombres de ciencia llegados de las cinco partes del mundo. Cumplida su misión, muere, agotada, habiendo rechazado la riqueza y soportado los honores con indiferencia”.


“La inmolación de un ser que sabía darlo todo y que no supo tomar ni recibir nada; el alma, en fin, a la que nada logró alterar en su pureza excepcional; ni el éxito más extraordinario, ni la adversidad. Porque Marie Curie tenía esta alma y, sin sacrificio alguno, apartó de sí misma las ventajas que los auténticos genios pueden obtener de una fama inmensa.”


“En su último día, sigue contando Ève Curie, era todavía dulce, obstinada, tímida, curiosa de todos las rolan, como en los tiempos de sus oscuros comienzos. Con una muerte semejante no podía infringírsele sin sacrilegio, el duelo pomposo que los gobiernos ofrecen a los grandes personajes. Marie tuvo en un cementerio silvestre, entre las flores del estío, un entierro silencioso y sencillo, como si la vida que terminaba semejara a tantas otras. Hubiera querido tener los dones de un escritor para mostrar la eterna estudiante de la que Einstein dijo: La señora Curie es, de todos los seres célebres, el único que la gloria no ha corrompido”.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Cuando la sociedad prospera



En su libro, The Wealth of Humans, Ryan Avent manifiesta las lecciones que deberíamos aprender de siglos de lucha económica y política que nos condujeron de las innovaciones de la revolución industrial a las economías exitosas de la segunda mitad del siglo veinte. La prosperidad vino cuando los frutos de la productividad fueron  extensamente compartidos; la animosidad, la agitación política e incluso directamente la guerra, cosecharon una desigualdad descontrolada. Resulta obvio que la generosidad es una estrategia sólida.

Para Robert Putnam “todos los grandes avances de nuestra sociedad han llegado cuando hemos invertido en los hijos de los demás”. Tiene razón. Las mejores inversiones que se han realizado fueron la educación primaria universal del siglo XIX y la educación secundaria universal la del siglo XX.

martes, 12 de noviembre de 2019

Prefiero centrarme en lo mejor de la naturaleza humana


No quiero pensar en los depredadores de este mundo. Me consta que existen, pero prefiero centrarme en lo mejor de la naturaleza humana: la compasión, la generosidad, la voluntad de acudir en ayuda de los necesitados.

jueves, 5 de julio de 2018

Si en el mundo no hubiera más tontos que pícaros....

Si en el mundo no hubiera más tontos que pícaros, los pícaros no tendrían de quién aprovecharse para vivir, decía Samuel Butler. Otra cosa son las personas verdaderamente enfermas, las que sufren una extrema pobreza, los ancianos que se enfrentan a la soledad y el desamparo, así como tantas personas dependientes y que por los motivos que sean necesitan del buen corazón y de la solidaridad y generosidad de todos. Algo muy distinto a los parásitos sociales y los débiles de conveniencia que tienen mucha cara y poca vergüenza, porque viven a costa del trabajo, del tesón, del esfuerzo y de la bondad de los demás. Es intolerable que al bueno se le tome por tonto.

domingo, 29 de octubre de 2017

La solidaridad compartida y una cierta comunión de bienes constituyó una de las características del cristianismo primitivo.

Escultura de San Sotero Papa. Basílica de San Pedro del Vaticano
A mediados del siglo II Dionisio, obispo de Corinto, escribió una carta de profundo agradecimiento con motivo de la sustanciosa ayuda económica que el papa Sotero (166-174), nacido en Nápoles, les había enviado. Esta generosidad no constituía una novedad ni en el cristianismo ni en Roma. Aunque nunca pudo imponerse como norma la bolsa común, no cabe duda de que la solidaridad compartida y una cierta comunión de bienes constituyó una de las características del cristianismo primitivo. Por otra parte, desde sus primeros pasos la comunidad de Roma se había distinguido “por su generosidad sin límites para con todas las Iglesias necesitadas”, según Dionisio, aumentando por este motivo en la cristiandad la veneración y el reconocimiento hacia ella.