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jueves, 17 de septiembre de 2026

¿Tú qué harías?

En un célebre experimento intelectual, el filósofo Peter Singer sugiere que te imagines que vas de camino al trabajo y que, de pronto, te topas con un niño que se está ahogando en un estanque. No hay nadie más por allí cerca, y si no te metes y lo rescatas, el niño morirá. Por desgracia, el agua estancada echará a perder tu elegante traje nuevo. La pregunta que Singer plantea es, ¿tú qué harías?. Pues echas a correr y lo salvas, por supuesto. ¿Qué clase de monstruo inmoral antepondría un traje a un niño? Sin embargo, Singer utiliza ese ejemplo para darle la vuelta al argumento, lo que él sugiere es que, de hecho, la amplia mayoría de nosotros somos monstruos. Cada año, millones de personas mueren a consecuencia de males de fácil prevención, derivados de vivir en situación de pobreza. Sin embargo, nosotros seguimos comprándonos ropa nueva y comiendo en restaurantes, a pesar de que ese dinero podría utilizarse para evitar que otros murieran.El planteamiento de Singer se utiliza con frecuencia en el entorno intelectual para demostrar la inmoralidad que subyace en nuestra preocupación por las víctimas. No nos decidimos a prestarles ayuda hasta que no las tenemos delante y podemos verles la cara. Sin embargo, esta historia tiene una segunda parte que solemos olvidar, la de las locuras que estamos dispuestos a hacer cuando nos ponen delante una víctima clara.
Vamos a plantearnos un escenario similar, pero con cierto giro dramático. Ya no es un estanque junto a lo que pasamos, sino una presa, y el niño está atrapado por la corriente, que lo arrastra hacia la compuerta de evacuación del agua. No hay nadie más cerca, y la única manera de salvar al pequeño es abriendo la presa, lo que vaciaría el embalse. Aquí viene la trampa, si lo hacemos, inundaremos el pueblo que hay valle abajo, destrozando hogares y provocando que otras personas se ahoguen. ¿Salvarías al niño, incluso si esto implica la posibilidad de matar a muchos más? A todos nos gusta creer que saldríamos indemnes de este dilema moral, pero lo cierto es que, cuando estamos frente a frente con el sufrimiento manifiesto de una víctima, nos ciega la miopía moral. Ignoramos el dolor potencial de otros inocentes porque el impulso irrefrenable de salvar a la víctima evidente nos obliga a ello. Al igual que en el caso del superhéroe que destruye la ciudad para salvar a los rehenes, las auténticas consecuencias de nuestros actos solo se vuelven nítidas al verlas en retrospectiva.

lunes, 24 de agosto de 2026

Marx creía que los individuos son un reflejo del mundo en el que viven

Karl Marx
Karl Marx era un judío burgués en una ciudad predominantemente católica, de un país cuya religión oficial era el protestantismo evangélico. Murió ateo y apátrida, habiendo dedicado su vida a predecir el derrocamiento de la burguesía y la disolución del Estado-nación. En este distanciamiento de la religión, de la estructura de clases y de la nacionalidad personificaba la alienación, a la que identificaba como maldición infligida por el capitalismo sobre la humanidad. Tal vez este respetable alemán de clase media pueda parecer poco representativo de las masas oprimidas, pero su emblemática posición social no hubiese sorprendido al propio Marx, que creía que los individuos son un reflejo del mundo en el que viven.
Su hija Leonor afirmaba que su padre “era un narrador de historias incomparable, excepcional”.

domingo, 2 de agosto de 2026

El sistema no teme al pobre que tiene hambre, teme al pobre que sabe pensar

“El votante es quien sube y justifica al político. El tema de interés es ese votante boto, que es mayoría, patrocinador de su propia desgracia”, dice Agustín Perozo. Decía Paulo Freire: “El sistema no teme al pobre que tiene hambre, teme al pobre que sabe pensar”. Ponerlo a pensar correctamente es el desafío.Predomina la visión pragmática de que si el país marcha, la corrupción resulta aceptable. La mente de quienes se autoengañan resuelve esta disonancia cognitiva “aceptando la mentira como una verdad”. “Sabemos que nos mienten. Saben que nos mienten. Saben que sabemos que nos mienten. Sabemos que saben que sabemos que nos mienten. Y aún así, siguen mintiendo”, escribe Alexander Solzhenitsyn.
Albert Camus escribió que “cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizá sea aun más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones frustradas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; cuando poderes mediocres pueden destruirlo todo, pero ya no saben convencer; cuando la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión, esta generación ha tenido, en sí misma y alrededor de sí misma, que restaurar, a partir de sus negaciones, un poco de lo que hace digno el vivir y el morir”.

jueves, 16 de julio de 2026

Esa buena fortuna que a menudo sonríe al simple

Si en una botella metemos media docena de abejas y el mismo número de moscas y las colocamos horizontalmente, con su base hacia la ventana, comprobaremos que las abejas persistirán hasta morir de cansancio o de hambre en su esfuerzo por descubrir la salida a través del vidrio, mientras que las moscas, en menos de dos minutos, habrán salido a través del cuello por el lado opuesto. El amor de las abejas a la luz es su verdadera inteligencia, que en este experimento constituye su ruina. Imaginan que la salida de toda prisión está donde la luz brilla con más claridad; y actúan persistiendo en una actuación demasiado lógica. Para ellas el vidrio es un misterio que nunca han encontrado en la naturaleza; carecen de experiencia de esta atmósfera; y cuanto mayor es su inteligencia , más inadmisible e incomprensible aparecerá el obstáculo extraño. Mientras que las estúpidas moscas, a quienes les tiene tan sin cuidado la lógica como el enigma del cristal, hacen caso omiso de la llamada de la luz, revoletean frenéticamente acá y allá y favorecidas por esa buena fortuna que a menudo sonríe al simple, que encuentra la salvación donde el sabio perece, terminan necesariamente por descubrir la abertura amiga que les devuelve su libertad.


miércoles, 3 de junio de 2026

Caminante, ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes

Ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes

Sófocles habló en Atenas deleitándose en la libertad de pensamiento que le brindaba una política justa. Sin embargo, también advirtió del peligro de despreciar las leyes que son más antiguas que la ciudad, tan antiguas como el hombre. Hoy en día nos olvidamos que hay leyes tan antiguas como el hombre y nos desentendemos completamente de ello.
Podemos leer en el epitafio de los trescientos espartanos que dieron su vida defendiendo el paso de las Termópilas contra el invasor persa: “ Caminante, ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes” ( Las guerras médicas de Heródoto). Sócrates condenado a muerte injustamente no intentará escapar. La ley de la ciudad, aunque aplicada injustamente, le inspiraba respeto, e incluso amor.


domingo, 10 de mayo de 2026

Los suicidios representan más de 1 de cada 100 muertes en el mundo

Las personas que murieron por suicidio en 2023, se estimó que rondaba los tres cuartos de millón.Eso significa que los suicidios representan más de 1 de cada 100 muertes en el mundo. Pero un mundo donde tantas personas mueren por suicidio no es inevitable. Lo sabemos porque las tasas mundiales de suicidio han disminuido aproximadamente un 40 % desde la década de 1990.

miércoles, 8 de abril de 2026

Maravillarse con la fragilidad de nuestro paso por la tierra

Para la escritora Liliana Colanzi, “nosotros somos criaturas efímeras.El planeta que conocemos va a desaparecer, la gente que conocemos va a desaparecer. Aunque la idea de la finitud, de que en algún momento nos vamos a morir, he querido transformar ese momento de espanto en otra cosa, en maravillarse con la fragilidad de nuestro paso por la tierra”.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Imaginemos que nos enteramos de que nunca moriremos

Imaginemos que nos enteramos en este momento de que nunca moriremos. No pasaremos después de la muerte a un más elevado modo de vida, como nos enseña la fe cristiana; sino que siempre viviremos tal cual ahora somos, sin dolor y sin hacernos viejos. Quien tenga la suficiente fantasía para imaginar lo que esto significa, comprenderá enseguida que sería una catástrofe. Alguno quizá podría vivir a gusto hasta los doscientos años; pero al ser infinito, cada momento, cada alegría y cada encuentro humano caería poco a poco en la intrascendencia. Todo lo que ahora hacemos, podríamos hacerlo igualmente mañana o pasado mañana; todo daría completamente igual. Pero el momento presente tiene justamente valor porque nunca volverá. En una vida sin fin nada sería valioso. Tenemos así una situación paradójica, sin la preocupación por una vida amenazada por el final no cabe una existencia plena. Ni la autoconservación ni el placer son el verdadero sentido de la vida, ya que, de una parte, deberíamos desear vivir eternamente, y de otra, esa vida no sería valiosa. Por lo demás, ni la conservación ni el placer los queremos a cualquier precio. Uno puede sacrificar su vida por otro, y puede, como dice Brecht, “tener más miedo a su mala vida que a la muerte”, escribe Robert Spaemann, filósofo alemán.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

La familia, el lugar donde nacen los niños y mueren las personas


Lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros se explica por la familia, aseguraba Freud. “El lugar donde nacen los niños y mueren las personas, donde el amor y la libertad florecen, no es en una oficina, ni en un comercio, ni en una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”, manifiesta Gilbert K. Chesterton. Kropotkin decía que “la defensa más común de la familia es que, en medio de tensiones y cambio de vida, resulta un sitio pacífico, cómodo y unido. Pero es posible otra defensa de la familia sabiendo que no es pacífica ni cómoda ni unida”. Chesterton aceptaba el desafío de convivir con personas dispares, que enseñan “a amar lo distinto y lo incómodo”. De ahí su grandeza incontestable. “Las primeras cosas deben ser las mismas fuentes de la vida, el amor, el nacimiento y la infancia; y estas son siempre fuentes resguardadas, que fluyen en los tranquilos patios del hogar”.
Afirmaba Chesterton que “el hogar no es un lugar pequeño, sino el alma misma de las personas”. “Nosotros tenemos muchas más esperanzas en las familias humanas y en su poder de encontrar la felicidad que quienes desean prevenir los nacimientos; podemos estar equivocados, pero no podemos ser mórbidos”.Gilbert Chesterton defiende que “si la humanidad no se hubiera organizado en familias, no habría podido organizarse en naciones”. 

domingo, 13 de julio de 2025

Por más que lo ponga a prueba, va a seguir creyendo

Para el rabino Abraham Skorka “el hombre religioso, aun en las peores circunstancias, va a continuar hablándole a Dios, como ocurrió con miles de personas que entraron en la cámara de gas en la que iban a morir gritando: “Oye Israel, el Eterno nuestro Dios, el Señor es uno”, que es nuestra proclama de fe. Pese a todo, seguían creyendo en Él. En nuestro ritual de oraciones para el Día del Perdón, incluimos un relato acerca de un escrito que se encontró entre las ruinas del gueto de Varsovia, donde el autor cuenta que murieron su mujer y sus hijos y él es el único sobreviviente de su familia. Se dirige a Dios con mucho dolor y en uno de los párrafos le dice que por más que lo ponga a prueba de esa manera, va a seguir creyendo en El. Ésa es la verdadera fe.

domingo, 2 de marzo de 2025

Es terrible haber nacido en la URSS y tener que vivir en Rusia

Svetlana Aleksiévich (Premio Nobel de Literatura en 2015) escribe:“Es terrible haber nacido en la URSS y tener que vivir en Rusia”; “Antes mataba Stalin, ahora matan los mafiosos”; “De repente, llegaron los embutidos a las nuevas tiendas. Todos corrimos a verlos, pero también vimos los precios. ¡Y qué precios! Así fue como el capitalismo entró en nuestras vidas”; “Llegó la Perestroika y los maestros nos dijeron que olvidáramos todo lo que nos habían enseñado antes y que ahora leyéramos los periódicos”; “Todo parecía el decorado de una vida que no era la nuestra”; “Mi tiempo terminó antes de que acabara mi vida. Uno tiene que morir cuando muere su tiempo”; “Hoy en día tiene más valor una gota de petróleo que una gota de sangre”; “Usted escribirá algo, se imprimirá su libro, la buena gente lo leerá y derramará unas lágrimas. Pero la gente mala, que es a quien de verdad concierne todo esto, lo pasará por alto… ¿A ellos qué les importa?”.
“Ay, pueblo ruso, qué poco te gusta morir de tu propia muerte” (Gogol), “Van a la muerte cantando / aunque hayan llorado antes” (Guzenko).


miércoles, 29 de enero de 2025

Lejos de huir de la realidad Tolkien trataba de la realidad última de la vida humana

Paul Goodman realiza una defensa de El Señor de los Anillos publicado en el Daily Telegraph. Lejos de huir de la realidad, argüía Goodman, Tolkien trataba de la realidad última de la vida humana. Toda la humanidad tiene una cosa en común, “los lectores y el escritor de este artículo, y también la señora Greer: todos vamos a morir”. Aquí, sin duda, radica la razón más persuasiva del éxito constante de El Señor de los Anillos. El viaje circular de la Comarca a Mordor y de nuevo a la Comarca es ante todo un envejecimiento, o, mejor dicho, un crecimiento. Según Goodman, los diferentes aspectos del argumento del libro “llevan a conclusiones tan verdaderas como comunes; que crecer es doloroso, pero no puede evitarse, que implica decisiones duras que tomamos libremente; que las decisiones tienen consecuencias, y que ni siquiera las buenas nos devolverán el pasado”. “Aunque el libro no toca muchas facetas de la experiencia humana, prosigue Goodman, sí explora las más importantes. La señora Greer se equivocaba al insinuar que Tolkien no tiene nada que decir sobre la guerra o la política, aunque tal vez lo que tiene que decir a ella no le guste”. Goodman concluía este artículo insinuando que la clave de El Señor de los Anillos era su “sensibilidad religiosa”, “la sensación de que al final hay una beatitud de la que disfrutar, aunque no se encuentre en la Tierra Media ni en esta tierra”. Y aunque no cabe la menor duda de que tiene puntos débiles, ¿de verdad superan a sus méritos la amplia visión, la fecunda imaginación, el poder rítmico de gran parte del texto? No.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

La pérdida actual del sentimiento religioso ha convenido la muerte en una caída en las tinieblas

Georges Duby, uno de los más prominentes intelectuales franceses, escribe que “cuando nadie duda de la existencia del más allá, la muerte es un paso que se celebra ceremonialmente entre parientes y vecinos. El hombre cristiano posee la certeza de que no desaparecerá por entero mientras espera la resurrección, pues nada se detiene y todo prosigue en la eternidad. La pérdida actual del sentimiento religioso ha convenido la muerte en una prueba terrible, en una caída en las tinieblas y en lo desconocido. Ha desaparecido la solidaridad en torno al paso a mejor vida, y hoy todos se dan prisa para liberarse del cadáver. Más que la muerte, nuestros antepasados temían el juicio, el castigo del más allá y los tormentos del infierno. Miedo a lo invisible, en el fondo del hombre de hoy, que vacila al sentirse impotente ante el destino”.
“¿En qué formas se manifestaba el miedo a la muerte cerca del año mil?Me pregunto si los hombres de esos tiempos temían tanto a la muerte como nosotros. Ninguno duda entonces de que en el universo exista una parte invisible, imposible de conocer, ni que entre ella y el mundo de aquí abajo la frontera no sea infranqueable. La vida se prolonga después de la muerte y los muertos están siempre presentes, sobre todo durante las ceremonias en que se asocian a los vivos. Se los recuerda continuamente en esos lugares de oración que son los monasterios, una de cuyas funciones es, precisamente, la de servir a los muertos y ayudar a los almas a vivir en esa extensión cuya entidad exacta se desconoce pero que allí está esperándonos. La muerte es un pasaje, y ese paso se opera ceremonialmente. Y en esto creo que existe una diferencia profunda con nuestra cultura. La muerte nos resulta algo molesto,hay que desembarazarse de inmediato del cadáver. La transferencia al lugar de la sepultura se realiza de prisa. En la Edad Media, por el contrario, toda la familia, la servidumbre, los parientes, los vasallos, todo el mundo se reúne en torno del que va a morir. El agonizante debe realizar determinados gestos, despojarse y distribuir entre los que ama todos los objetos que le pertenecieron. Debe declarar, también, su última voluntad, exhortar a quienes le sobreviven para que se comporten mejor, y, en fin, someterse a todos los ritos que le conseguirán en el más allá una situación no muy desagradable. Y después se cuida atentamente el cuerpo del difunto. Se lo expone en un lecho ceremonial que se traslada pronto a la iglesia. Y en el templo, durante la vela fúnebre, se desarrolla un último rito, muy expresivo de la solidaridad que une en ese instante a los vivos y los muertos, un banquete. Todas las personas de la familia y de la zona son invitadas a reunirse alrededor de una mesa que preside aquel cuya alma se ha marchado al más allá. Se acercan los pobres y se les ofrece comida; aprovechan por última vez la generosidad del difunto.”

martes, 22 de octubre de 2024

Conciencia del tiempo

La música es una delicia debido a su ritmo y su flujo, pero en cuanto detenemos el flujo y prolongamos una nota o acorde más allá de su tiempo, el ritmo se destruye. Dado que la vida, de modo similar, es un proceso que fluye, el cambio y la muerte son sus partes necesarias. Esforzarse por su exclusión es esforzarse contra la vida.
La simple experiencia del dolor y el placer alternos no es, en modo alguno, el núcleo del problema humano. La razón por la que queremos que la vida signifique algo, que busquemos a Dios o la vida eterna, no es simplemente que tratemos de alejarnos de una experiencia inmediata del dolor, como tampoco por esa razón adoptamos actitudes y papeles como hábitos de autodefensa perpetua. El verdadero problema no procede de ninguna sensibilidad momentánea al dolor, sino de nuestros maravillosos poderes de memoria y previsión, en una palabra, de nuestra conciencia del tiempo.
Si para disfrutar de un presente agradable debemos tener la seguridad de un futuro feliz, estamos pidiendo la luna. Carecemos de esa seguridad. Las mejores predicciones se basan todavía en la probabilidad más que en la certeza, y sabemos perfectamente que cada uno de nosotros va a sufrir y morir. Entonces, si no podemos vivir felizmente sin un futuro asegurado, es que, desde luego, no nos adaptamos a vivir en un mundo finito donde, a pesar de los mejores planes, ocurrirán accidentes, y cuyo único final es la muerte.

martes, 24 de septiembre de 2024

Será lo más importante en nuestra vida aquello por que seamos capaces de morir

Decía José Ortega y Gasset en su libro El tema de nuestro tiempo que “el aparato que mejor registra la jerarquía de nuestros entusiasmos vitales es precisamente la muerte. Será lo más importante en nuestra vida aquello por que seamos capaces de morir”.

jueves, 15 de agosto de 2024

Se lo llevó, dice la Sabiduría, para que la maldad no pervirtiera su inteligencia o el engaño sedujera su alma

                                         John H. Newman


                          
No os extrañéis cuando veáis que los buenos y generosos, o los celosos y llenos de obras excelentes son tomados por Dios en mitad de su camino. Es difícil de entender. Pero quién sabe si no habrán sido arrebatados "a facie malitiae", y librados así de un mal futuro. “Se lo llevó, dice la Sabiduría, para que la maldad no pervirtiera su inteligencia o el engaño sedujera su alma; pues la fascinación del mal empaña el bien, y los vaivenes de la concupiscencia corrompen la mente inocente. Alcanzó en breve la perfección y en corto tiempo llenó largos años. Su alma era del agrado del Señor; por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad. Lo ven las gentes y no lo comprenden; no caen en cuenta que los elegidos del Señor encuentran gracia y misericordia, y que Él visita a sus santos” (cfr. Sap IV, 11-15). Duro es soportar que tal hombre desaparezca. Es cruel para los amigos, triste incluso para los extraños, y sorprendente para el mundo. Y sin embargo es mucho mejor morir así que permanecer vivo para un día de pecado.
Referencia: Discursos sobre la fe del Cardenal John H. Newman


domingo, 2 de junio de 2024

Había empleado su poder dejando que los demás decidieran todo a su antojo

¡Hijo de Dios! Eso si que no, pues de otro modo no lo habrían crucificado, a menos que él lo hubiese querido. Pero ¡Tal vez lo hubiese querido! Era extraño y espantoso que él hubiera querido sufrir. Si hubiese sido realmente el Hijo de Dios, nada le habría sido más fácil que evitar el suplicio. Mas el no quería evitarlo. Quería padecer y morir de la manera más atroz, no evitar eso. Y eso había sucedido, y había transformado en realidad su voluntad de ser liberado. Había hecho que lo soltaran a él, a Barrabas, en su lugar. Había ordenado: “Poned en libertad a Barrabas y crucificadme a mi”…..
Había empleado su poder de la manera más singular. Lo había empleado sin usarlo, dejando que los demás decidieran todo a su antojo, sin intervenir él en lo más mínimo y, no obstante, había conseguido que triunfara su voluntad, que era la de ser crucificado en lugar de Barrabás.
Barrabas de Pär Lagerkvist

sábado, 1 de junio de 2024

A todos nos toca sufrir

Agustín Echevarría, doctor en Filosofía, con premio extraordinario (Universidad de Navarra, 2010) hablando sobre el sufrimiento manifiesta que “en distintos momentos de la vida, nos toca sufrir. Y finalmente todos morimos. La pregunta entonces no es si podemos evitar sufrir o no, sino si sufrimos con sentido o sin él. Todos los grandes filósofos han visto en esto una opción radical. O al sufrimiento no se le puede encontrar ningún sentido, y entonces la existencia misma es absurda, o si, por el contrario, la existencia tiene un sentido, entonces el sufrimiento tiene que tenerlo también, aunque no siempre seamos capaces de encontrarlo. Naturalmente que la posibilidad de encontrar un sentido al sufrimiento está vinculada con tener una perspectiva trascendente de la existencia. Si esta fuera la única vida, entonces el sufrimiento es un mal absoluto del que hay que buscar escapar a toda costa….Por otro lado, la tentación del creyente es querer encontrar un sentido demasiado lineal en los acontecimientos, y entonces interpretar todo sufrimiento como un castigo o como un mensaje unívoco de Dios, cuando en realidad la mayoría de las veces el sentido del sufrimiento no se descubre hasta el final, porque se trata de un proceso que tenemos que experimentar por completo.
No hay ningún mal que sea tan absoluto que no pueda obtenerse ningún bien a partir de él. Más para Dios. Pero esto no quiere decir que Dios use los males como medio para obtener bienes mayores, como si fuera una especie de titiritero maquiavélico que instrumentaliza nuestra libertad y nuestro sufrimiento para fines que nada tienen que ver con nuestro bien. Dios no quiere el mal, porque este es un no ser, una ausencia de perfección, y Dios es la causa solo de lo que tiene algún ser o perfección. Él lo permite porque respeta nuestra naturaleza, que es falible. Pero una vez que el mal se produce, puede servir de ocasión para obtener bienes que quizás de otro modo no se habrían producido. Vemos que muchas veces nosotros somos capaces de hacer esto, de sacar el bien de situaciones que en principio parecían desfavorables y desoladoras. Mucho más cabe suponer que Dios, que es omnipotente y providente, es capaz de hacerlo.



domingo, 5 de mayo de 2024

Cuanto más nos acercamos a la tumba, más la muerte se aleja de nuestro pensamiento

Escribe Axel Munthe en su libro La historia de San Michele que “Dios, en su misericordia, ha hecho la muerte invisible a los ojos del hombre. Sabemos que está ahí, a nuestra espalda, como nuestra sombra; que nunca nos pierde de vista y, sin embargo, nunca la vemos y rara vez pensamos en ella. Más extraño es todavía el que cuanto más nos acercamos a la tumba, más la muerte se aleja de nuestro pensamiento. Realmente, era preciso un Dios para obrar tal milagro. Rara vez hablan de la muerte los viejos. Sus velados ojos parecen no querer ver más que lo pasado y lo presente. Poco a poco, mientras la memoria se debilita, lo pasado se va haciendo más indistinto y se vive casi por entero en lo presente. De ahí que, si sus días son tolerablemente indolentes, como quiere la naturaleza, los viejos sean, por regla general, menos infelices de lo que creen los jóvenes. Sabemos que debemos morir. En realidad es lo único que sabemos de lo que nos aguarda. Todo lo demás es pura suposición, la mayor parte de las veces equivocada. Como niños perdidos en el bosque, vamos a tientas por el camino de nuestra vida en la feliz ignorancia de lo que nos espera de un instante a otro, sin saber qué penas habremos de afrontar, qué aventuras más o menos emocionantes encontraremos antes de la Gran Aventura, la más emocionante de todas, la aventura de la muerte. De vez en cuando, perplejos, arriesgamos una tímida pregunta a nuestro destino, pero sin obtener respuesta, porque las estrellas están demasiado lejanas. Cuanto antes nos percatamos de que nuestro sino está en nosotros mismos y no en las estrellas, tanto mejor para nosotros”.
“Tenemos que sufrir solos las penas lo mejor que podamos; no está bien intentar echarlas sobre los demás, sean hombres o mujeres. Solos debemos librar nuestras batallas y herir lo más fuerte posible, puesto que somos combatientes natos. La paz vendrá un día para todos, paz sin deshonor, aun para el vencido si ha intentado desempeñar su papel hasta el fin.”

sábado, 6 de abril de 2024

Un modo sutil de expresar que todo termina con nosotros

“La falta de hijos, que provoca un envejecimiento de las poblaciones, junto con el abandono de los ancianos a una dolorosa soledad, es un modo sutil de expresar que todo termina con nosotros, que sólo cuentan nuestros intereses individuales. Así, objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos. Vimos lo que sucedió con las  personas mayores en algunos lugares del mundo a causa del coronavirus. No tenían que morir así.”, escribe el papa Francisco en Fratelli Tutti, y añade que “no advertimos que aislar a los ancianos y abandonarlos a cargo de otros sin un adecuado y cercano acompañamiento de la familia, mutila y empobrece a la misma familia. Además, termina privando a los jóvenes de ese necesario contacto con sus raíces y con una sabiduría que la juventud por sí sola no puede alcanzar.”