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lunes, 16 de marzo de 2026

Revolución

Desde la explicación de Karl Marx en el siglo XIX, centrada en las contradicciones estructurales objetivas de los procesos sociales, hasta quienes las han considerado como meros episodios de violencia, el tema ha dado lugar a interpretaciones para todos los gustos. Theda Skocpol, autora de un estudio ya clásico de historia comparada de las tres grandes revoluciones en Francia, Rusia y China, las definió como “transformaciones rápidas y fundamentales de la estructura de clases y del Estado en una sociedad”, acompañadas, y en parte ayudadas, por revueltas y movimientos sociales desde abajo. En su definición, cuestionada y modificada por acontecimientos y enfoques posteriores, intervenían dos elementos decisivos. En primer lugar, la transformación tenía que ser social y política. Al cambio político, súbito y violento, debían acompañarle, en un corto o muy corto período de tiempo, transformaciones sociales profundas, la inversión sustancial de la situación anterior. Y era eso justamente lo que las diferenciaba de los golpes de Estado, de las revueltas palaciegas o de las rebeliones que no modificaban las bases sociales del poder político. En segundo lugar, las revoluciones sociales debían incluir algo más que una renovación planeada por una elite desde arriba; la lucha de clases, la insurrección popular, ocupaban de esa forma un espacio primordial en el cambio.
Las revoluciones cambian muchas cosas, entre ellas la jerarquía establecida entre las clases y los valores e instituciones sociales, pero, sobre todo, crean Estados más burocráticos, centralizados y represivos que los ya existentes, escribe Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

domingo, 8 de diciembre de 2024

Vivimos en la hora de los feelings

Alain Finkielkraut, miembro de la Academia Francesa, escribe que “vivimos en la hora de los feelings. Ya no existe verdad ni mentira, estereotipo ni invención, belleza ni fealdad, sino una paleta infinita de placeres, diferentes e iguales. La democracia que implicaba el acceso de todos a la cultura se define ahora por el derecho de cada cual a la cultura de su elección (o a denominar cultura su pulsión del momento). “Dejad que haga conmigo lo que yo quiera”; ninguna autoridad trascendente, histórica o simplemente mayoritaria puede modificar las preferencias del sujeto posmoderno o regir sus comportamientos. Dotado de un mando a distancia así en la vida como ante su aparato de televisión, compone su programa, con la mente serena, sin dejarse ya intimidar por las jerarquías tradicionales. Libre en el sentido de Nietszche cuando dice que dejar de avergonzarse de uno mismo es la señal de la libertad realizada, puede abandonarlo todo y entregarse gozosamente a la inmediatez de sus pasiones elementales. Su selección (trátese de Rimbaud o Renaud, Lévinas o Lavilliers) es automáticamente cultural.”
“La disolución de la cultura en el todo cultural no pone fin al pensamiento ni al arte. No hay que ceder a la lamentación nostálgica sobre la edad de oro en que las obras maestras se recogían a punta de pala. Antiguo como el resentimiento, este tópico acompaña, desde sus orígenes, la vida espiritual de la humanidad. El problema con que últimamente nos hemos tropezado es diferente, y más grave; las obras existen pero, tras haberse borrado la frontera entre la cultura y la diversión, ya no hay lugar para acogerlas y para conferirles sentido. Por consiguiente, flotan absurdamente en un espacio sin coordenadas ni referencias. Cuando el odio a la cultura pasa a ser a su vez cultural, la vida guiada por el intelecto pierde toda significación.”
“Ya no existen poetas malditos. Alérgica a cualquier forma de exclusión, la concepción preponderante de la cultura valoriza tanto a Shakespeare y Musil como el par de botas sublime y el caballo de carreras genial.”

martes, 24 de septiembre de 2024

Será lo más importante en nuestra vida aquello por que seamos capaces de morir

Decía José Ortega y Gasset en su libro El tema de nuestro tiempo que “el aparato que mejor registra la jerarquía de nuestros entusiasmos vitales es precisamente la muerte. Será lo más importante en nuestra vida aquello por que seamos capaces de morir”.

martes, 18 de julio de 2023

Cultural es sencillamente lo que nos gusta

Escribe el director de cine francés François Truffaut que “algunos profesores, periodistas o simples observadores a veces tienen la ambición de querer decidir ellos mismos lo que es cultural y lo que no lo es, y podéis estar seguros de que situarán Louisiana Story (1948) en la primera categoría y a Laurel y Hardy en la segunda. Ahora bien, yo creo verdaderamente que se ha de rechazar toda jerarquía de los géneros y considerar que todo lo que es cultural es sencillamente lo que nos gusta, nos distrae, nos interesa, nos ayuda a vivir. Todas las películas nacen libres e iguales, afirmó André Bazin. El cineasta más sensible al mundo, Jean Renoir, a quien no le gustaban demasiado las máquinas, no dejaba de citar esta frase de Pascal: “Lo que le interesa al hombre es el hombre””.

lunes, 11 de abril de 2022

El auge del Partido Comunista, en el Frente Popular, y de la Falange en el bando nacional

Uno de los fenómenos más llamativos de la guerra civil española, tras su inicio en julio de 1936, fue el explosivo auge del Partido Comunista, en el Frente Popular, y de la Falange en el bando nacional. Ello ha creado un cierto espejismo sobre la importancia de ambos partidos en la preparación de la guerra. Sin embargo esa importancia fue muy secundaria. El PCE sólo comenzó a influir en la política española tras la insurrección de octubre, y sobre todo desde las elecciones de febrero del 36; y con la Falange sucede algo parecido, pero mucho más acentuado, pues en aquellas elecciones quedó aislada de la derecha y no obtuvo ni un escaño, escribe el historiador Pío Moa.

José Antonio Primo de Rivera

La Falange, dice Moa, fue el partido más similar al fascismo que hubo en España, si bien no se reconocía fascista. Desde luego sus diferencias con el nazismo eran esenciales; no admitía el racismo ni el principio de “sangre y tierra”, se proclamaba abiertamente religiosa y exaltaba valores caballerescos, sin rendir culto a la violencia, aunque predispuesto a ella. José Antonio Primo de Rivera apreciaba poco a Mussolini, y muy poco a Hitler, lo cual no impedía a la Falange simpatizar con los fascismos, por su lucha contra el comunismo, su supuesta superación del liberalismo, y por los valores comunes de disciplina, patriotismo y jerarquía.

martes, 5 de abril de 2022

La confianza es el factor más importante para un partido político

En los Estados Unidos los dos grandes partidos poseen una fuerte impronta popular. No es sólo que cada uno de ellos puede recurrir a su historia para demostrar que hubo épocas en las que defendía a cualquier parte de la población oprimida. En la corona de laureles del partido republicano la hojas de su defensa en favor de los esclavos todavía no se han marchitado. Los demócratas cuidaron de los granjeros explotados, etc. Más importante es que en el presente toda su organización está bien arraigada en la masa del pueblo. Sus activistas han surgido del pueblo llano, subiendo a menudo a puestos dirigentes en el partido. Tenemos aquí algo semejante al sistema de la Iglesia católica en el sentido de que produce los mismos efectos; la jerarquía del partido, al descansar sobre un fundamento democrático, conserva la confianza del pueblo.La confianza es el factor más importante para toda formación de un partido. Es indefinidamente más importante que el más y mejor pensado de los programas, escribe el sociólogo alemán Werner Sombart. 



El partido, por razones obvias, debe velar constantemente por que las masas estén en una disposición favorable, ya que, naturalmente, su éxito en las elecciones depende de los votos de las multitudes.

martes, 4 de febrero de 2020

Con cuánta insolvencia de fondo y forma se hacen las leyes

Miguel Herrero de Miñón
Dice Miguel Herrero de Miñón, uno de los padres de la Constitución: “Si los constituyentes de 1978 pudimos consagrar algunos principios generales como los de legalidad, jerarquía, publicidad, irretroactividad, seguridad, responsabilidad e interdicción, ello fue posible, en gran parte, merced a la doctrina legal elaborada por el Consejo de Estado de décadas anteriores”. “Cuando veo con cuánta insolvencia de fondo y forma se hacen ahora las leyes, no puedo dejar de compararlo con el rigor técnico que preocupaba (…) a los funcionarios del tardofranquismo”. “El Estado franquista (…) era un verdadero Estado de derecho (…); pese a su precaria legitimidad, los poderes públicos actuaban según normas preestablecidas y donde jueces y funcionarios nos tomábamos muy en serio ese genio expansivo del gobierno de las leyes en lugar del gobierno de los hombres”.

domingo, 27 de enero de 2019

La Iglesia Católica tiene derecho a expresar públicamente sus ideas, exactamente el mismo derecho que los políticos.

Tanto los creyentes de la Iglesia Católica como sus jerarquías tienen pleno derecho a expresar públicamente sus ideas y sus preferencias políticas. Exactamente el mismo derecho que los políticos e intelectuales. Si la mayoría de los obispos elude las declaraciones políticas concretas no es porque no tenga derecho a hacerlas, sino por considerar que no les conviene, sea por creer que su misión no es esa o porque en su grey existen diversas tendencias. Pero esa autorrestricción es asunto estrictamente suyo. Aunque los obispos se ciñan al terreno moral, está clara la proyección indirecta de este sobre la política. Y ello vuelve más oportuna y necesaria la expresión de la Iglesia, porque los valores morales que defiende parecen bastante más sólidos, bastante más elevados, que los defendidos por los políticos.