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miércoles, 3 de junio de 2026

Caminante, ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes

Ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes

Sófocles habló en Atenas deleitándose en la libertad de pensamiento que le brindaba una política justa. Sin embargo, también advirtió del peligro de despreciar las leyes que son más antiguas que la ciudad, tan antiguas como el hombre. Hoy en día nos olvidamos que hay leyes tan antiguas como el hombre y nos desentendemos completamente de ello.
Podemos leer en el epitafio de los trescientos espartanos que dieron su vida defendiendo el paso de las Termópilas contra el invasor persa: “ Caminante, ve a decirle a Esparta que hemos muerto aquí por obedecer sus leyes” ( Las guerras médicas de Heródoto). Sócrates condenado a muerte injustamente no intentará escapar. La ley de la ciudad, aunque aplicada injustamente, le inspiraba respeto, e incluso amor.


jueves, 9 de octubre de 2025

Los estados decadentes fueron conquistados por invasores vigorosos

Maquiavelo no fue historicista, consideró posible restaurar algo parecido a la República romana o a la Roma de comienzos del Principado. Creyó que para hacerlo se necesitaba una clase gobernante de hombres valerosos, hábiles, inteligentes y talentosos que supieran aprovechar las oportunidades y utilizarlas, y ciudadanos que estuvieran adecuadamente protegidos, que fueran patriotas, orgullosos del Estado, ejemplos de las viriles virtudes paganas. Fue así como Roma subió al poder y conquistó el mundo, y fue la falta de este tipo de sabiduría y vitalidad y de valor en la adversidad, de las cualidades de los leones y, a la vez, de los zorros, la que a la postre causó su caída. Los estados decadentes fueron conquistados por invasores vigorosos que conservaban estas virtudes, escribe Isaiah Berlin, filósofo e historiador de ideas.

domingo, 20 de abril de 2025

Murió en un arrebato de abstracción

“Dice la leyenda que Tales se cayó a un pozo. El mago matemático que, según cuentan, predijo el eclipse solar del año 585 a. C., no vio bien el suelo que tenía delante de los pies. Cuando Siracusa fue conquistada en el año 212 a.C., los soldados invasores irrumpieron en el jardín de Arquímedes. Sus dispositivos mecánicos habían mantenido a raya a los agresores. Esta vez querían sangre, pero, inclinado sobre un problema de geometría de secciones cónicas, Arquímedes no oyó llegar a sus asesinos. Murió, por así decirlo, en un arrebato de abstracción”, narra George Steiner en su libro ¿Tiene futuro la verdad? 


sábado, 27 de enero de 2024

En la lucha contra el francés el pueblo español toma conciencia de su pertenencia a un ente superior

Sitios de Zaragoza, durante la Guerra de la Independencia española

Durante más de cinco años, el pueblo combatió en la guerra de Independencia Española  al invasor galo en una guerra distinta a cualquiera de las anteriores. El sacrificio de los españoles alcanzó límites insospechados. La carestía fue tal que escasearon incluso las patatas, el alimento popular por excelencia junto al pan, hasta el punto de que uno de los platos más comunes de la actual gastronomía nacional, la tortilla francesa, debe su nombre a que la falta de patatas durante la guerra de Independencia contra los franceses obligó a prepararla solo con huevo. Hubo batallas, pero lo decisivo fue una nueva forma de lucha en la que cada hombre era un enemigo y cada palmo de terreno un lugar hostil. La guerrilla imponía al ocupante una pesada carga, pues forzaba a sus tropas a una continua actividad que las desgastaba y desmoralizaba. Los españoles con su indomable deseo de expulsar de su tierra al invasor francés, unido al apoyo del cuerpo expedicionario británico comandado por Wellington, terminó por darles la victoria. 
Las reformas borbónicas trataron de hacer de España una nación. Pero los humildes habían permanecido ajenos a los afanes de los reyes. En la lucha contra el francés el pueblo toma conciencia de su pertenencia a un ente superior y distinto de la mera voluntad de los monarcas; expresa su rechazo a ser regido por un rey impuesto, y se erige en depositario de su propia soberanía.
Carlos III
Beneficiados durante siglos por el orden económico y social vigente en la América hispana, han aceptado la dependencia de España, pero cuando las reformas implantadas durante el reinado de Carlos III comenzaron a perjudicar sus intereses, convirtiendo en verdaderas colonias lo que, hasta entonces, habían sido en la práctica reinos en igualdad de condiciones con el resto de los que conformaban la Monarquía hispánica, se irritaron profundamente y dejaron de ser leales al orden vigente.La debilidad militar de la metrópoli, cada vez más evidente desde finales del siglo XVIII en las guerras sostenidas contra franceses y británicos, y claramente insostenible tras la derrota de la Armada española en Trafalgar, les anima a continuar dicho camino. La invasión francesa y el desmoronamiento del Estado borbónico les brinda una ocasión irrepetible para hacerlo. Quizá el triunfo inmediato del liberalismo en la península podría haber frenado el proceso, pero las Cortes de Cádiz no controlan un territorio sobre el que el rey francés José I parece sólidamente asentado en 1810. Se suceden entonces las primeras declaraciones de independencia. Venezuela la proclama en abril; Cartagena de Indias se subleva en mayo y Bogotá en julio; México se declara independiente en septiembre. América empieza a desligarse de España.Líderes carismáticos como Antonio José de Sucre, Simón Bolívar y José de San Martín alimentan la llama del naciente patriotismo americano.
Referencia: Breve historia de España II. El camino hacia la modernidad (Luis E. Íñigo Fernández)


domingo, 5 de diciembre de 2021

La unidad se la dio a España el cristianismo

Escribe Marcelino Menéndez Pelayo en Historia de los heterodoxos españoles que “Roma, sin anular del todo las viejas costumbres, nos lleva a la unidad legislativa, ata los extremos de nuestro suelo con una red de vías militares, siembra en las mallas de esa red colonias y municipios, reorganiza la propiedad y la familia sobre fundamentos tan robustos, que en lo esencial aún persisten; nos da la unidad de lengua, mezcla la sangre latina con la nuestra, confunde nuestros dioses con los suyos y pone en los labios de nuestros oradores y de nuestros poetas el rotundo hablar de Marco Tulio y los hexámetros virgilianos. España debe su primer elemento de unidad en la lengua, en el arte, en el derecho, al latinismo, al romanismo. Pero faltaba otra unidad más profunda: la unidad de la creencia. Sólo por ella adquiere un pueblo vida propia y conciencia de su fuerza unánime, sólo en ella se legitiman y arraigan sus instituciones, sólo por ella corre la savia de la vida hasta las últimas ramas del tronco social. Sin un mismo Dios, sin un mismo altar, sin unos mismos sacrificios; sin juzgarse todos hijos del mismo Padre y regenerados por un sacramento común; sin ver visible sobre sus cabezas la protección de lo alto; sin sentirla cada día en su hijos, en su casa, en el circuito de su heredad, en la plaza del municipio nativo; sin creer que este mismo favor del cielo, que vierte el tesoro de la lluvia sobre sus campos, bendice también el lazo jurídico que él establece con sus hermanos y consagra con el óleo de la justicia la potestad que él delega para el bien de la comunidad; y rodea con el cíngulo de la fortaleza al guerrero que lidia contra el enemigo de la fe o el invasor extraño, ¿qué pueblo habrá grande y fuerte? ¿Qué pueblo osará arrojarse con fe y aliento de juventud al torrente de los siglos? Esta unidad se la dio a España el cristianismo”.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Teodomiro, el primer rey de la Reconquista.

El territorio de Almería y Murcia formaba el señorío de la antigua colonia bizantina, ya no colonia pero sí factoría comercial vinculada a Bizancio. Dicho territorio estaba gobernado por Teodomiro, personaje al que unos autores suponen visigodo y otros bizantino. En el rescripto de paz entre Abdelaziz Ben Muza y Teodomiro, se dice «Teodomiro Ben Godos», es decir Teodomiro hijo de godos, pero esto en aquellos momentos significaría simplemente español. Un español forzosamente era godo, por la forma de gobierno de España; asimismo al español se le llamaba rumi, romano, o cristiano, porque por definición todo español era cristiano y perteneciente a la religión de Roma. Pero en la Crónica Mozárabe de 754 se nos presenta un Teodomiro belicoso, ya en los tiempos de Égica y Witiza, habiendo «vir belliger, qui in spaniae partes non modicas, Arabum intolerat necesdiu exageratos…». Teodomiro podía haber sido belicoso y haber matado en guerra muchos árabes, si era un visigodo en defensa del lugar de desembarco de los árabes en sus primeros tanteos para invadir España ya por Cádiz ya por Málaga; pero también ser un bizantino que hubiera defendido su base o factoría comercial de Cartagena, o del Mar Menor, ante las mismas incursiones árabes. 

Teodomiro, al tener noticia del comienzo de la invasión árabe, y de la derrota de don Rodrigo en Guadalete, decidió proteger su territorio, para lo que movilizó y armó a más de mil hombres de sus pueblos. Abdelaziz Ben Muza, cumpliendo las órdenes de su padre, se dirigía hacia el norte, hacia la importante ciudad de Zaragoza, con ánimo de llegar antes que alguno de los generales de Tarik. Teodomiro había concentrado su gente en Orihuela, y se dispuso a mantener a raya a los invasores. Pero Abdelaziz, aleccionado por su padre, no podía entretenerse en un largo asedio ni podía sacrificar en un combate innecesario a unos centenares de sus hombres, a los que necesitaba para llevar a cabo la empresa de Zaragoza, así que decidió pactar y seguir adelante. El pacto con Teodomiro es calificado por los analistas como uno de los documentos más curiosos de la época. En el momento de negociar se planteaba una situación jurídica sumamente complicada, pues Teodomiro no podía pactar como godo en nombre de la autoridad real visigoda, ya que la monarquía goda estaba sin rey sin corte, aunque aún quedasen provincias no ocupadas por los árabes. Pero tampoco podía pactar en calidad de bizantino, sin la menor relación con Bizancio. Entonces Abdelaziz resolvió la cuestión: si no puedes pactar como godo, ni tampoco como bizantino, debes pactar por ti mismo, como rey de su territorio, le planteó. Y así se hizo. Teodomiro asumió la función de rey, y por ello algunos autores le consideran el primer rey de la Reconquista. El único rey cristiano  de España en su momento.