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jueves, 9 de octubre de 2025

Los estados decadentes fueron conquistados por invasores vigorosos

Maquiavelo no fue historicista, consideró posible restaurar algo parecido a la República romana o a la Roma de comienzos del Principado. Creyó que para hacerlo se necesitaba una clase gobernante de hombres valerosos, hábiles, inteligentes y talentosos que supieran aprovechar las oportunidades y utilizarlas, y ciudadanos que estuvieran adecuadamente protegidos, que fueran patriotas, orgullosos del Estado, ejemplos de las viriles virtudes paganas. Fue así como Roma subió al poder y conquistó el mundo, y fue la falta de este tipo de sabiduría y vitalidad y de valor en la adversidad, de las cualidades de los leones y, a la vez, de los zorros, la que a la postre causó su caída. Los estados decadentes fueron conquistados por invasores vigorosos que conservaban estas virtudes, escribe Isaiah Berlin, filósofo e historiador de ideas.

miércoles, 30 de abril de 2025

Una tendencia muy fuerte de eliminar el alma

“En los últimos años hay una tendencia muy fuerte de eliminar, sin sustitución adecuada, la palabra y el concepto de “alma”. Si la palabra “alma” desapareciera de nuestro uso vivo, se nos cerraría la comprensión de una fracción impresionante de la literatura, del pensamiento religioso, de lo que ha sido la vida real y el lenguaje humano durante “, escribe Julián Marías, filósofo y ensayista español.
“La vitalidad o “alma corporal” es aquello de donde manan todos los actos; la vitalidad, ascendente o descendente, es “contagiosa”, nutre todo el resto de nuestra persona, y como una savia animadora asciende a las cumbres de nuestro ser, manifiesta Julián Marías. Esa cumbre, el centro último y superior, lo más personal de la persona es lo que llamamos espíritu, el conjunto de actos íntimos de que nos consideramos actores y protagonistas; por ejemplo, la voluntad o los actos de pensamiento…..Entre vitalidad y espíritu se interpone la zona del alma, en la cual todo dura y se alarga en el tiempo.” 

viernes, 11 de febrero de 2022

Quien no experimenta ninguna alegría por su propia vida preferirá destruir la vida

Erich Fromm, destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista de origen judío alemán escribe que “lo que atrae es siempre lo vivo. Una persona es atractiva por su vitalidad. La gente cree hoy, así decimos nosotros los hombres y nuestra industria del maquillaje se lo hace creer a las mujeres, que es amada y atractiva si se colorea el rostro de ésta o aquella manera, según determinadas reglas, o lo frunce de un modo especial o imita una cierta expresión que considera muy de moda e interesante, y son muchos los que caen en eso, por lo común gente con poca personalidad. En realidad hay sólo una cosa atractiva, y es la vitalidad. Se puede observar que dos personas destinadas a enamorarse se atraen mutuamente porque el deseo de agradar y de atraer hace que se muestren más vitales que de costumbre. Y lo lamentable en muchos casos es que luego de lograr su fin, cuando ya se “tienen”, su deseo de parecer vitales disminuye mucho y después, de golpe, cambian totalmente, hasta que por último, pasado un tiempo, dejan de amarse. Incluso ya no saben por qué se enamoraron, pues ya no son los mismos. El otro ya no es hermoso, porque ya no tiene la belleza que la vitalidad había impreso en su rostro”.


Erich Fromm

Quien no experimenta ninguna alegría por su propia vida, se vengará y preferirá destruir la vida, más bien que aceptar que no puede darle ningún sentido a la propia, dice Fromn, está fisiológicamente vivo, pero anímicamente muerto. Surge así el placer activo de la destrucción y la pasión por aniquilar a todos, incluso a sí mismo, más bien que aceptar el hecho de que uno ha nacido pero no encuentra la manera de ser un hombre vivo. Éste es un sentimiento muy amargo para quienes lo experimentan, y no es mera especulación suponer que el deseo de destruir es una reacción casi forzosa.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Tender solo a conservar esta vida significa ahogarla



Fabrice Hadjadj, filósofo y director del Instituto Anthropos de Friburgo, afirma que “la oración que pide morir en lugar de los demás no es una oración que se pueda imponer a otros. No dudo de que el papa Francisco ha podido, y debido, desde lo más hondo de su corazón, pedir a Dios que tome su vida de pastor si con ello podía salvar a su grey. Lo que es importante comprender es que la vida no puede reducirse solo a conservar la propia vida terrena. Tender solo a conservar esta vida significa ahogarla, cortar las alas al pájaro para que no vuele, prohibir al individuo que conozca la verdad de su ser comunitario y la grandeza del sacrificio. Se puede tener una salud de hierro y tirarse por la ventana. La salud no basta a la vitalidad. Es lo que Nietzsche comprendió muy bien; la obsesión por la salud y la felicidad es una perspectiva de los que están enfermos. Los que están bien, los que rebosan de salud, buscan el lugar donde gastar su energía, algo o alguien al que dar la vida y entregar la propia vida”.

lunes, 25 de noviembre de 2019

A veces se convierte a las instituciones en un simulacro

Tendemos a presuponer que las instituciones se sostendrán automáticamente incluso frente a los ataques más directos. Dice Timothy Snyder que el error consiste en presuponer que los gobernantes que han accedido al poder a través de las instituciones no pueden modificar ni destruir esas mismas instituciones, aunque eso sea exactamente lo que han anunciado que van a hacer. A veces se priva a las instituciones de vitalidad y de funciones, se las convierte en un simulacro.

Timothy Snyder
Escribe el profesor de la Universidad de Yale Timothy Snyder que si los abogados hubieran cumplido la norma de que no puede haber ejecución sin juicio, si los médicos hubieran aceptado la regla de que no puede practicarse una operación sin consentimiento, si los empresarios hubieran acatado la prohibición de la esclavitud, si los burócratas se hubieran negado a realizar el papeleo que tuviera que ver con el asesinato, el régimen nazi habría tenido muchas más dificultades para cometer atrocidades.

martes, 2 de julio de 2019

Sacerdotes casados


En la Iglesia católica ya hay sacerdotes casados. Las Iglesias católicas de rito oriental, unidas a Roma, cuentan con sacerdotes casados y con sacerdotes célibes, tradición que se ha mantenido. También en el mundo anglosajón hay antiguos clérigos anglicanos, episcopalianos, luteranos y otros que estaban casados al convertirse al catolicismo y a los que se les ha permitido seguir como sacerdotes católicos.


 “Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana”.


El problema en las Iglesias de Occidente es que la edad media del clero es cada vez mayor, sin que haya una renovación suficiente. Esta renovación depende menos del celibato sacerdotal que de la vitalidad religiosa de donde deben surgir las vocaciones. Es significativo que los católicos asiáticos, que representan el 11% del total de fieles de la Iglesia, aporten hoy casi el 30% de los seminaristas, y los africanos, que son el 17,8% de los católicos, den lugar al 27% de los seminaristas. En cambio, los católicos europeos son el 21,8% del total, y sus seminaristas representan algo menos del 15%.



En Europa y en América la escasez de vocaciones sacerdotales es solo uno más de los indicadores religiosos que están en números rojos, desde la asistencia a la misa dominical a la fortaleza de los matrimonios. Hay un miedo al compromiso definitivo, tanto en el sacerdocio como en el matrimonio.